martes, 31 de julio de 2012

LA FALSA LEY NATURAL

Antes de comenzar con el tema de hoy me gustaría rectificar la rectificación que realicé hace varios días.
En una entrada de hace unos días asumí como inevitable el rescate de España, el rescate total. Expuse con pesar como mis cálculos se habían ido al garete, pues pensaba que nuestro país e Italia eran, en cierta forma, los bastiones inexpugnables que la U.E., o la zona euro, no dejarían caer. Parece ser, con estos tipos nunca se sabe, que, al fin, los diferentes organismos de la U.E. han decidido concentrar todos sus instrumentos para que eso no ocurra. Me alegro, aunque considero que se ha hecho muy tarde, de tener que hacer esta rectificación a mi rectificación. Parece que toda la recua de mamandurrias que se ha apoderado de nuestros destinos empiecen a utilizar la lógica y deba desdecirme de lo escrito hace unos días. Me alegro no por cierta soberbia intelectual, más bien me alegro porque estas presuntas acciones contra los especuladores, fomentados por la propia U.E. y por parte de los países que la integran, tienden a conseguir algo tan importante para el presente y el futuro de los españoles como que una cuarta parte de nuestro presupuesto, aproximadamente, no tenga como destino pagar unos intereses cuantiosísimos, fruto de un laissez faire absurdo y hasta cierto punto criminal.


Dicho esto, me gustaría abordar la cuestión que me traigo entre manos para este día.
Un día de este fin de semana quedamos con unos amigos a los que hacía tiempo que no veíamos. El plan, estupendo: comer algo mientras nos contábamos nuestras alegrías y cuitas, para acabar con un baño en una garganta de aguas frías y cristalinas. Tras el chapuzón, ¡Dios, que rica estaba el agua!, la conversación sobre las toallas derivó hacia el Tema: la estafa. Nuestra amiga expuso como uno de los tipos que dice pertenecer y seguir los dictados de la Escuela de Chicago (los grandes teóricos de esta forma de economía patológica que padecemos) se mostraba indignado cuando al leer The Economist leía la palabra burbuja (léase burbuja financiera, no la que hacen los niños con los pomperos). El fulano en cuestión, del que desconozco nombre y filiación, argumentaba que el Mercado se encargaba per se de corregir esas desviaciones y que no debía, ni podía, utilizarse la palabra burbuja. Obviamente, los cuatro adultos que allí nos encontrábamos sentíamos una estupefacción desmesurada ante semejantes declaraciones.
Al día siguiente, vete tú a saber como, el argumento volvió a mi cabeza y fue motivo de un breve análisis (ya sabe el lector que en mi caso los análisis han de ser breves, debido a mis limitaciones funcionales) que expondré a continuación:
En cierta forma el anónimo "indignado" tiene razón: los excesos de los especuladores se pagan y, por la ley del Mercado (ya veremos a continuación que esto de la ley de mercado constituye una soberana estupidez) todo tiende, a mayor o menor velocidad (he aquí uno de los problemas), hacia un punto sostenible y real.
Este "ideólogo" en el fondo defiende una ley natural, al que él, pomposamente, denomina de mercado. Seguramente con un ejemplo sea capaz de explicar, al menos lo intentaré, porque hablo de ley natural.
Imaginemos un ecosistema en que una cierta clase de herbívoro ha visto disminuir, por la causa que sea, a sus depredadores naturales, unido a la abundancia de alimento. Con total probabilidad la consecuencia de lo expuesto con anterioridad será un aumento sustancial, muy sustancial, en el número de herbívoros en ese hábitat. Este aumento sustancial de los animales en cuestión suele terminar acarreando situaciones de escasez que llegará bien por no encontrar nuevas zonas de pasto, agotando los recursos; o bien, aunque aumenten su zona de alimentación, aumento que siempre tendrá un final, por agotar, igualmente, todos los recursos. En definitiva, la escasez llegará y los muchos individuos de esa especie, posiblemente los más débiles, acabarán muriendo, lo que contribuirá a devolver el equilibrio al ecosistema. 
Esta explicación, donde he obviado a los depredadores y su más que presumible aumento ante unas condiciones favorables, ilustra a la perfección que lo que lo el fulano que leía The Economist denominaba autorregulación del mercado no es más que una ley natural. Lo cual nos lleva a desarrollar las primeras palabras del párrafo anterior, aquellas que decían: en cierta forma el anónimo indignado tiene razón. Para hacerlo seguiremos con el ejemplo de los herbívoros, aunque ahora les dotaremos de inteligencia para dar mayor sentido al mismo.


Pongamos que los herbívoros poseen metacognición, son capaces de anticipar el futuro, lo que les permitiría planificar su futuro. ¿Cree el lector que los citados animales seguirían multiplicándose hasta llegar a un punto que muchos de ellos morirían de inanición? (¡Vale! Además de metacognición les he dotado de la capacidad de controlar su natalidad). Que cada cual busque la respuesta más adecuada a esta pregunta.
No importa tanto la conclusión a la que llegue el lector, como el hecho de que los herbívoros no tienen una inteligencia suficiente para prever las consecuencias en el futuro de sus actos. Y es en este aspecto donde encontramos la gran diferencia: ¿cómo unos tipos pueden apelar a una ley natural, cuando los seres humanos somos conscientes de esa ley y podemos adaptarla para que un gran número de individuos de nuestra especie puedan sobrevivir? O, traducido al cristiano, ¿cómo unos tipos pueden apelar a la no intervención de los seres humanos en un aspecto creado por y para los seres humanos, como es la economía tal como la concebimos?
Lo que unos fulanos, que se consideran la élite de la humanidad por sus "conocimientos", defienden como certeza no es otra cosa que aplicar las leyes naturales a cierta parte del funcionamiento de la Economía (digo a cierta parte porque estos tipejos se olvidan, intencionadamente, de lo finito de los recursos que nos proporciona la Tierra). Toda la estructura ideológica, que no científica, que aportan estos tipos se basa en principios naturales, convenientemente elegidos y disfrazados con términos técnicos, que esconden su indigencia intelectual y moral. 
Diría más, el término competitividad, eje central de todo el entramado ideológico de estos petrimetres, se corresponde con una visión, simplista y estulta, de lo que ocurre en la Naturaleza. Estos "genios" embutidos en trajes costosísimos, recogen como una única realidad natural la competencia entre especies y miembros de una misma especie. Sin embargo el estudio de los diferentes ecosistemas nos demuestra que además de la competencia existe una colaboración, buscada o no, entre especies y miembros de muchas especies, que permite la supervivencia de los diferentes individuos de las mismas. En resumen: de nuevo vuelven a interpretar la realidad de manera parcial e interesada. Tampoco se puede esperar mucho más de esta carroña intelectual y moral. 


Me gustaría concluir con algo que he citado de pasada y que considero fundamental para comprender el presente y el futuro, al menos según lo interpreto yo. Cuando hablé del aumento de población de los herbívoros escribí sobre la posibilidad de aumentar el terreno donde encontrar comida, pero que, indefectiblemente, debido a que siempre se encuentra un límite a esa expansión, las consecuencias sobre la población serían las mismas que si no se encontraran esos ricos pastos de manera inmediata, la escasez y el hambre terminaría por mermar el número de individuos de la especie. Pues bien, como defiendo desde hace tiempo, los neoliberales se encuentran en ese periodo de búsqueda de nuevos lugares para alimentarse, pero, les guste o no, al final no encontrarán comida y el equilibrio volverá a imponerse. En román paladín: sus ideas, nunca teorías, se han demostrado absurdas y desprovistas de cualquier tipo de valía. Tras copar el poder de manera progresiva, o abrupta en los últimos tiempos, desde principios de los 80, la propagación de su credo todo se ha convertido en un sindiós. Ellos siguen buscando nuevos pastos, intentan, y por el momento lo consiguen, que las consecuencias de sus disparates las paguemos la mayoría de los ciudadanos, no así los más acaudalados, para poder mantener su ley natural. Pero como dije, la expansión tiene un límite y todo acaba volviendo a un equilibrio que haga compatible la existencia de la especie con las circunstancias que le rodean. Es cuestión de tiempo, tal vez menos del que pensamos, aunque esto último puede considerarse más como un deseo que como una certeza, pero estas teorías que llaman de libre mercado, otra falacia más, acabarán arrinconadas. El libre mercado, que seguirá existiendo, será embridado y formará parte de una estructura económica más amplia, donde se vuelva, con las pertinentes correcciones, a un sistema más parecido al existente antes de la llegada al poder de Reagan y su cómplice británica. Tal vez el ejemplo más claro lo tenemos en una parte significativa de América Latina.
El lector podrá alegar, justificadamente, que en este caso apelo a la ley natural, mientras que para criticar a esta panda de botarates he utilizado aspectos como la inteligencia y la metacognición. Cierto. Pero estos tipejos, que defienden una parte de las leyes que rigen todo el devenir de la vida sobre la Tierra, están empujando en esa dirección, por lo que la respuesta que obtendrán no puede ser otra que la que la naturaleza proporciona a situaciones como la descrita. Así de simple.
Un saludo.

domingo, 29 de julio de 2012

EL EJEMPLO CATALÁN

Me gustaría explicar con un ejemplo, el catalán, como funcionan las élites políticas de nuestro país y las consecuencias para todos nosotros.
Artur Mas, candidato de CiU, fue elegido el 23 de diciembre de 2010 Presidente de la Generalidad de Cataluña. Mas representa a la perfección en que consiste un gobierno neoliberal patriota (similar al que tenemos en el Gobierno de España actualmente). Tal vez baste algún vídeo y varios enlaces para definir cuales son sus prioridades y no sea necesario aburrir al lector con palabras y frases. Veamos si lo consigo.

Declaraciones de bomberos catalanes realizadas en febrero de 2012 advirtiendo sobre los problemas que se avecinaban este verano:



Poco después de acabar el mayor incendio forestal de este año en Cataluña, que ha costado cuatro vidas, además de un número cuantioso de hectáreas de bosque calcinada, nos encontramos con los siguiente:


El secretario de Convergencia Democrática de Cataluña, el mayor de los dos partidos que componen la coalición que sustenta a Artur Mas, aparece implicado en un caso de corrupción. Recordemos que Oriol Pujol es hijo de Jordi Pujol, lo cual dice mucho de la capacidad regenerativa del partido al que pertenece.

En noviembre de 2011 CiU, con la colaboración del PP elimina el impuesto de Sucesiones, que se está planteando recuperar (al menos eso llevan diciendo desde mayo). Dicho impuesto beneficia, especialmente, a las grandes fortunas.


Mientras esto ocurre se producen situaciones tan absurdas como la siguiente, en teoría para ahorrar dinero:


Posiblemente algún lector pensará que no tengo en cuenta la contribución que Cataluña hace al resto del país. Este aspecto, que me parece politiqueo barato, pues no es ni la comunidad que más aporta ni son todos los catalanes, se desmontan con noticias como la que sigue:


Sí querido lector, la Generalidad ha preferido mantener unos mínimos altos para quedar exento de declarar el impuesto de patrimonio, lo que supone una pérdida significativa para las depauperadas arcas catalanas. ¿A quién favorece? Seguramente que no a los funcionarios de prisiones a los que les dobló el precio de las comidas.

Un saludo.

viernes, 27 de julio de 2012

RELATOS CORTOS ESTIVALES

La cuarta plaza en la final de las Olimpiadas le dejó un muy mal sabor de boca. La gloria se le había escapado por centímetros. El trabajo, el sacrificio de años no se había visto compensado por la anhelada presea. El diploma de finalista le pareció escaso premio. Cuando al día siguiente, a punto ya de abandonar la Villa Olímpica, le comunicaron que el subcampeón de la prueba había dado positivo en el control antidoping una cascada de sentimientos contradictorios se agolparon en su interior. Al final la medalla había llegado, aunque fuera de aquella manera. Sin embargo, no podía dejar de pensar en su rival, ahora defenestrado, al que conocía, superficialmente, por compartir los servicios de aquel gurú de la medicina deportiva sobre el que recaían sospechas por su práctica poco convencional.

Por un instante revivió cual había sido su forma de entender la vida: el diálogo como forma de resolver los conflictos, mayores o menores, que habían surgido durante su vida de adulto. Sus hijos no habían visto programas televisivos o películas donde la violencia apareciera. Había ocupado mucho tiempo de su vida en enseñar a sus pequeños a resolver los conflictos de manera pacífica. Ahora él se encontraba allí, frente al cuerpo agonizante del director de la sucursal bancaria que pretendía quedarse con su casa, el esfuerzo de tantos años de trabajo. Extrajo el largo cuchillo de cocina del abdomen del otrora dicharachero trabajador de banca y volvió a hundirlo para robarle el último hálito de vida.

Cuando su único hijo, lo más importante que le había pasado en la vida, según él decía, comenzó a estudiar la carrera de Historia sintió una pequeña decepción. Él hubiera preferido que su descendiente fuera arquitecto o ingeniero; pero el tesón de su vástago le había hecho desistir de sus aspiraciones. Sintió algo de alivio cuando le comunicó que se especializaría en Historia Contemporánea, más concretamente en el siglo XX español. "Al fin comprendería la gran obra llevada a cabo por ese gobernante por el que sentía tanta admiración y que tanto bien había hecho a España", pensó el padre con satisfacción. Pero la alegría se tornó primero en preocupación y luego en enfado cuando su hijo le intentaba hacer ver que su idolatrado líder era un ventajista con una única preocupación: seguir detentando de forma omnímoda en el país, no importándole los medios para conseguir tal fin. La conmoción inicial dio paso, de manera rápida, a un enfrentamiento abierto con su hijo. Años después su hijo ha publicado varios libros sobre el asunto, y él, que decía que lo más importante que le había pasado en la vida era su hijo, hacía bastante tiempo que no le veía. Seguramente si le hubiera visto en los últimos años habría cambiado algo su frase y hubiese incluido a su nieta, a la que no conocía, entre las cosas más importantes que le habían pasado en su vida.

Su carrera profesional podía considerarse un absoluto éxito. Los temas que cantaba sonaban en todas las emisoras en todo momento. Cada concierto tenía asegurado un lleno, por muy grande que fuera el recinto. Entre la gran mayoría de compañeros de profesión poseía un reconocimiento, tanto por su carrera como por sus manifestaciones públicas a favor del derecho de autor. La última vez que se convocó un acto público contra la piratería tuvo el honor de ser el portavoz del colectivo al que pertenecía. Tras aquella manifestación de compañeros, una vez que llego a su lujosa casa, a través de Youtube pudo contemplar el vídeo de aquel chaval de 16 años, del que tanto le habían hablado. Un crío, con una guitarra, había grabado con una cámara de vídeo de ínfima calidad la interpretación de una canción compuesta por el mismo. La calidad de la misma le abrumó. Un chaval, que no había llegado a la mayoría de edad, había ideado un tema de una complejidad y belleza que él jamás había alcanzado en más de diez años de profesión. Por un momento sintió que toda su vida profesional constituía una gran estafa, diseñada para hacer rica a la industria discográfica y, de paso, a él. Durante unos días la imagen y la música de aquel crío le perseguía y le turbaba, pero su ritmo de trabajo acabó por enterrar aquel recuerdo por mucho tiempo.
 Diez años después, de manera casi traicionera, volvió aquella voz y aquella imagen a su mente. Él seguía siendo un cantante de éxito, sin embargo aquel chaval, que tanto le conmocionó en su momento, no había conseguido salir de su anonimato. Esa fue la última vez que se acordó de aquel vídeo.

Su capacidad de soñar despierto se había agotado hacía tiempo. El cóctel multicolor de pastillas que ingería diariamente le permitían realizar lo que los doctores consideraban una vida normal, que consistía básicamente en hacer lo que hace una persona normal. Intuía desde hace tiempo que algo no funcionaba bien, pues todo en el día a día se reducía a cumplir con rutinas. Un buen día, sin mayor explicación, decidió no volver a llenar el pastillero. Durante varios días tuvo extrañas sensaciones, que él definió como el mono generado por la supresión de la toma de los medicamentos. En cuestión de poco más de una semana todos los efectos secundarios desaparecieron, o se situaron en un nivel que no interfería con su vida. Meses después comprobó lo que hacía tiempo intuía: no había necesidad alguna de depender de complejas moléculas diseñadas en algún laboratorio farmacéutico para poder seguir viviendo; viviendo las mismas rutinas de siempre.

No entendía nada de arte, de pintura o de cuestiones similares. El sistema educativo no le atrajo nunca y pronto empezó a perpetrar pequeños hurtos, que se convirtieron en robos de bastante mayor cuantía en pocos años. Ahora se encontraba allí, frente a aquel cuadro que debía hacer desaparecer de aquel museo para dárselo, a cambio de una sustancial suma de dinero, a aquel rico amante del arte. Sin embargo algo le turbaba en aquella obra. La atracción que sentía por ella no la había sentido jamás ante ningún otro objeto, por muy caro que éste fuese. En ese momento tomó la decisión: ese cuadro debía pasar a ser de su propiedad. Días después su cliente, además de darle una cuantiosa cantidad de dinero, le mostró su gratitud por haber conseguido dicha obra para él. La copia que ahora tenía entre sus manos el millonario era de tal calidad que hubiese engañado a un altísimo porcentaje de expertos. De esta manera comenzó a forjar una de las mejores colecciones de arte del mundo; de arte robado.

jueves, 26 de julio de 2012

CONSTRUYAMOS UN PRESENTE PARA UN LARGO FUTURO (II)

Ayer dejamos la cosa en los supuestos ideológicos que han de regir los destinos de este país, y seguramente lo de cual otro. Dichos supuestos, basados en la redistribución de la riqueza que permita acceder a una serie de servicios básicos, mucho más elevados que los actuales, han de marcar como ha de ser el desarrollo y la construcción de nuestra sociedad. Para hoy habíamos dejado como conseguir que estos principios rectores se lleven a cabo en la realidad. 
No constituye secreto alguno que para poner en práctica un modelo democrático basado en la justicia social, en la justicia a secas diría yo, se necesita por un lado dinero y por otro predisposición. Sobre el dinero trataremos a continuación; sobre la predisposición a uno le parece claro que cuando los ciudadanos reciban y conciban que existen alternativas una buena parte de ello no dudarán en considerar esta opción como viable y deseable. A diferencia de estos gobiernos y economistas patológicos, que ofrecen recortes de derechos como fórmula infalible para crear riqueza, no en repartirla, matiz fundamental, sin basarse más que en suposiciones, que además no han funcionado jamás, propongo algo cuyos resultados se pueden constatar en muy breve periodo de tiempo y no necesitan que se crean en ello como un dogma de fe.
De entrada deberíamos replantearnos el modelo de estado que pretendemos. No cabe en cabeza humana que en un estatuto de autonomía se deleguen competencias, que a su vez han sido delegadas o transferidas por el Estado, a otras entidades como las Diputaciones, por poner un ejemplo. Esta delegación o solapamiento de competencias supone una degeneración del sistema político, que nos sale por un pico a todos los ciudadanos españoles. La simplificación de la administración en lo que respecta a entidades politicas se plantea como necesario. Hace bien poco veía un programa donde varios senadores de distintos partidos reconocían que lo que hacían en esa cámara no servía para nada. Uno de los senadores cifraba en 4.500 millones de euros anuales el costo del Senado y las Diputaciones provinciales. Sobre la centralización de ciertas competencias: Sanidad, Educación, Dependencia... para conseguir un mínimo común para todos los ciudadanos no tengo duda alguna. Las CC.AA. deberían encargarse de gestionar los recursos materiales y humanos para adecuar la respuesta a las características de sus territorios, pero nada más. Por ahí podíamos seguir ahorrando en cargos, carguillos y carguetes ocupados por amigos, generalmente inoperantes, del político estulto de turno. Si a ellos le unimos que todo lo referido a urbanismo debería volver al Estado, evitando, al menos en cierta medida, que mediante la distancia e impersonalización del funcionariado la corrupción urbanística, esas que salpican por igual a empresarios y partidos políticos, a la hora de plantear destruir espacios naturales que son de todos, por ejemplo.
Hablando de corrupción, el mundo de la política debería limitar el número de mandatos a todas aquellas personas que ocupan un cargo a dos. No pudiendo permanecer nadie más de un tiempo prudencial, pongamos un período de entre 15 o 18 años, en esta actividad de manera ininterrumpida (el caso de Beteta, el fulano que jocosamente dijo que los cafés se habían acabado, es un ejemplo de ello. El pollo lleva 29 años ininterrumpidos ostentando cargos políticos).


La profesionalización de los encargados de dirigir los órganos de control: Tribunal de Cuentas, Banco de España, Fiscalía, Tribunal Constitucional... contribuiría a que el primer patán, amigo del presidente de turno, no ensucie y entorpezca el funcionamiento del sistema y, por ende, de la democracia. Dicha profesionalización se basará en que los técnicos de las diferentes materias, trabajadores de la Administración, dirijan los organismos que han de velar por el cumplimiento leal de lo dispuesto en la Constitución.
Por supuesto el endurecimiento de las penas por corrupción, con la creación de una figura delictiva que podría ser perfectamente algo parecido a delito contra la ciudadanía, con consecuencias, graves, penales debería ser una de las necesidades para limpiar esta clase política nepotista y endogámica. Dicha figura se aplicaría tanto al político como al corruptor, generalmente un empresario. Diez años de cárcel,como mínimo, serviría para que más de uno se planteara su forma de actuar.
Pero no sólo los políticos, y los empresarios, deberían cambiar su forma de actuar. La progresividad real de los impuestos directos con una mayor carga impositiva, muy superior a la actual, para las grandes fortunas y las grandes empresas permitirían recaudar más dinero, sangrando menos al que menos tiene. La bajada de impuestos indirectos, como el I.V.A. y de las tasas, especialmente aquellas indispensables como las universitarias, deberían ser una realidad. Todas estas medidas se deberán complementar con una persecución eficaz del fraude, multiplicando, al menos, por cinco la plantilla de inspectores y técnicos de Hacienda, contribuiría a que tanto las grandes fortunas, como el ciudadano de a pie, tenga más dificultades para defraudar. Aunque en un principio la persecución del fraude se debería centrar en los grandes defraudadores, una minoría que roba a todos los ciudadanos una cantidad que ronda las 3/4 partes de lo defraudado. Las penas para estos grandes defraudadores no deberían ser menores de 10 años de cárcel.  De igual manera deberían existir campañas de persecución del fraude a pequeña escala con posterioridad. Tal vez, cuando contemplemos que los servicios funcionan mejor a todos nos cueste un poco menos contribuir al sostenimiento de los mismos. Esta progresividad incluso se debía extender a asuntos como las sanciones. Por ejemplo: para una persona con 100.000 euros de ingresos anuales una multa de 100 euros por exceso de velocidad supone bien poco. Esa misma sanción para una persona con unos ingresos de 12.000 euros anuales supone bastante más.



Respecto a recaudar y redistribuir recursos parece oportuno que las religiones se financien por sus propios medios, aquél que lo desee que afloje la mosca en el cepillo de la iglesia, mezquita..., pero jamás debería salir ni un sólo céntimo de dinero público destinado a subvencionar credos. De igual manera los maestros y profesores de religión deberán salir de los centros públicos y privados concertados, siendo sustituidos por docentes de Lengua o Matemáticas. Sobre si la Iglesia o cualquier otra institución religiosa debe pagar el I.B.I. no hay duda alguna: unos 3.000 millones de euros anuales son necesarios para implementar políticas de igualdad.
De igual manera el dinero destinado a formación, gestionado por sindicatos y C.E.O.E, si mal no recuerdo unos 8.000 millones de euros, con un índice de colocación en torno al 5%, debería desaparecer, encargándose las oficinas del I.N.E.M. de la gestión de tal dinero, mejor dicho de una cuarta parte de ese dinero. A este respecto deberían desaparecer las diferentes oficinas de empleo autonómicas, siendo gestionado todo por el Estado a través del citado I.N.E.M.
Los partidos políticos recibirían menos dinero público, aproximadamente la mitad, y las campañas electorales, pagadas por el Estado, consistirían en introducir los programas electorales de cada partido en los buzones que todos tenemos y en espacios y debates televisivos y radiófonicos gratuitos. El resto es dinero del contribuyente desperdiciado. Por supuesto fundaciones como FAES o IDEAS, entre otras, pertenecientes a partidos políticos dejarían de recibir cualquier tipo de subvención pública.
El incumplimiento deliberado del programa electoral por parte de los partidos que alcancen el poder debería constituir un delito, creándose una figura penal al respecto. Los políticos deben aprender que al salir elegidos lo hacen para defender los supuestos que figuran en su programa electoral, no para seguir en la poltrona a cualquier precio.
Aspectos como la supresión progresiva de las centrales nucleares, se podía empezar por Garoña (ya se aumentó la capacidad de producir electricidad de Almaraz en previsión del cierre de la vetusta central burgalesa), y la apuesta decidida por las energías renovables, que en algunas circunstancias ya suponen el 20% de la energía producida deberían ser centrales en la nueva política. Las energías renovables, cuya forma de producción resulta cada vez más eficiente, contribuirán a una menor dependencia de recursos fósiles y a una mejor conservación de nuestro medio. Alguien podrá alegar que producir energía nuclear resulta más barato. Resulta lógico pensar que unos residuos que duran más de 10.000 años, periodo que deben estar controlados, a la larga no resultan tan baratos, ni seguros. 
El aumento del transporte de mercancías por tren, que además deberá usar más la electricidad y menos recursos fósiles, supondrá un abaratamiento de los costes de las mercancías, una forma más ecológica de realizar el acarreo de mercancías, una menor dependencia del petróleo y la reactivación de zonas más o menos deprimidas. En ese sentido los planes de la U.E. ya apuestan por ello, incluso en nuestro país, aunque olvidando algunas de las zonas más deprimidas económicamente de nuestro país.
Los gastos en investigación deberían suponer un porcentaje importante, nunca menor del 2,5% del P.I.B. Contrariamente a lo que está ocurriendo se debería tender a que, al menos, se mantengan año a año. No creo necesario subvencionar a empresas que inviertan en investigación, pues están invirtiendo en sus subsistencia y en futuras ganancias.


Si se podrá ayudar a empresas, siempre pequeñas y medianas, que aumenten su plantilla, con un reducción, por ejemplo de un 10 o 20% en las cotizaciones sociales durante un año. Es una forma de premiar a los que invierten en ampliar su negocio y no sólo piensan, quedarse con las ganancias, en repartir ganancias. En este aspecto, huelga decirlo, la reforma laboral debería ser derogada y tender a un reparto del trabajo, como ocurren en Alemania, cuando éste falte. Menos horas, menos sueldo, pero no al paro, siempre que exista motivo justificado, supervisado tanto por los sindicatos como por la administración pertinente.
La optimización del uso del agua, especialmente en aspectos como el riego de las tierras de producción, mediante la aplicación de sistemas de riego eficiente, que eviten tanto pérdidas como el riego a manta, debería constituir otro de los aspectos fundamentales. Igualmente la tendencia progresiva a consumir abonos y pesticidas naturales abaratarían los costes de estos y, por ende, los de producción de los productos agrícolas. De igual manera se deberían potenciar las industrias de transformación de productos agrícolas, creando un tejido industrial propio en este sector, que permita a los propios agricultores presentar un producto final elaborado a los mercados. La vigilancia y reducción de los márgenes de los asentadores y grandes superficies comerciales (que pueden llegar a ser lo mismo) facilitaría una mejora en el dinero recibido por los agricultores por sus productos y una disminución en el precio final de los mismos, de la que nos beneficiaríamos todos.
Cuidar el turismo, nuestra primera industria, debería ser una prioridad y para ello es fundamental no destrozar nuestra riqueza medioambiental. Todas las actuaciones deben ir encaminadas a ofrecer unos servicios de calidad, pudiendo hacer partícipes a los turistas de una diversidad que debe ser un sello de calidad y distinción. No todo el mundo quiere Sol y playa y a esos también hay que cuidarles. Al igual que a nuestros hijos y nietos, que deben recibir, al menos, lo mismo que recibimos nosotros.
La creación de una banca pública constituye otro de los aspectos fundamentales. A pesar de que nos quieren vender como cierta la estupidez de que lo privado siempre funciona mejor, no tenemos más que mirar hacia nuestro sistema financiero, al internacional le ha pasado exactamente lo mismo, para comprobar que se trata de una mentira y que, en muchos aspectos, lo privado mejora cuando tiene competencia pública.
Se ha de perseguir con saña, con multas astronómicas, especialmente si reinciden, a aquellos oligopolios que pactan la alteración el precio final de los productos para aumentar el margen de sus beneficios. Como he dicho en el párrafo anterior lo privado no funciona mejor que lo público. Diría más, cuando lo público desaparece, por ensalmo se comprueba que los precios de los productos y servicios suben de manera ¿incomprensible? En este país tenemos ejemplos varios por ejemplo el del precio y la calidad del ADSL, de los más lentos y caros de toda Europa, o el precio de los carburantes, los terceros más caros antes de impuestos de toda la U.E. No debería temblarle el pulso al gobierno de turno a la hora de volver a hacer públicas grandes empresas que en su día lo fueron y que con su privatización ha contribuido a encarecer y empeorar la oferta al consumidor.


La inversión en Sanidad, Educación y Dependencia debe aumentar significativamente, a pesar de que hasta hace bien poco la sanidad española, una de las mejores del mundo, funcionara con una cantidad de dinero muy pequeña en comparación con otras muchas, que funcionaban peor. La gran calidad en muchos aspectos de los científicos relacionados con la medicina españoles deja bien a las claras que cuando se invierte el beneficio repercute no sólo en los ciudadanos, también en la economía real.
Asunto aparte lo constituye la política exterior española, que fluctúa en función de las filias y fobias del presidente del Gobierno de turno. Un consenso básico en aspectos como la ayuda al desarrollo, nuestro papel en lugares tan siniestros como al O.T.A.N, el asunto de Gibraltar, nuestra visión de la U.E... deberían gozar de un consenso sólido, que no varíe en función de amistades o enemistades personales, lo que nos ha llevado a que distintos personajes que dicen representarnos no ridiculicen urbi et orbe.
La persecución y supresión de paraísos fiscales, entre ellos la figura de las entidades de tenencia de valores extranjeros, creación propia española que permite cosas como la siguen:


http://elpais.com/diario/2011/02/27/economia/1298761201_850215.html

Esto acompañado de un impuestos sobre los movimientos financieros, así como la subida de impuestos a las rentas del capital, llegando a igualarse a las del trabajo, contribuirá decisivamente a llenar las arcas de nuestras administraciones.
En el fondo, y olvidando muchas cuestiones, se trata de repartir lo que hay en el país, contribuyendo al bienestar colectivo en función de los recursos, invirtiendo estos recursos no sólo en el bienestar del ciudadano, si no en construir un futuro mejor para todos.
Un saludo.

miércoles, 25 de julio de 2012

CONSTRUYAMOS UN PRESENTE PARA UN LARGO FUTURO (I)

Hace unos días leía en el blog que Manuel Marín publica en El Huffington Post una entrada donde el autor reflexionaba sobre los "fallos" que hemos tenido como país y la necesidad de reconocerlos para empezar a construir algo nuevo y sólido. 
Debo reconocer que Manuel Marín me parece una de las personas con la cabeza mejor amueblada de este páramo económico, intelectual y moral en que se está convirtiendo este lugar que llamamos España y, por tanto, sus reflexiones, al menos su capacidad de autocrítica que ha de servir de base a algo nuevo y mejor para todos los ciudadanos que conformamos esta nación, me parecieron bastante atractivas. Algo nuevo, y constructivo, bajo un Sol  implacable que agosta España con la colaboración inestimable de politicastros, especuladores y supuestos economistas, más preocupados por sacar la cabeza para reclamar lo suyo que por cualquier otra cuestión. 
Si alguien desea leer lo escrito por el ex presidente del Congreso de los Diputados aquí dejo el enlace del texto al que me he referido:


Contrariamente a la reflexión y el sosiego constructivo del mencionado Marín, el Tribunal Superior de Justicia de las Islas Baleares dicta una sentencia donde obliga a de devolver al presidente de dicha comunidad el dinero recibido por su parte y por la de sus consejeros y afines en concepto de subida de sueldo. Dicha subido de sueldo, de un 25%, se superponía temporalmente a la bajada de sueldos de los funcionarios. 


Estas dos formas tan dispares de entender la misión, y visión, de las personas que se dedican, o han dedicado, a la política muestran las dos caras de la moneda del asunto: en un lado podemos situar a los que conciben la política como una forma de mejorar la vida de los ciudadanos y en el extremo opuesto podemos encontrar a una mayoría muy cuantiosa que conciben la política como una forma de medrar personalmente, al más puro estilo de los pícaros españoles del Siglo de Oro, pero con coche oficial y con tarjeta de crédito.
Sobre estos últimos mucho se ha hablado y se seguirá haciendo, por lo que no me parece oportuno hacer perder el tiempo al amable lector profundizando sobre el tema. Mucho más atractivo me resulta la postura autocrítica del ex político y la idea de empezar a construir algo nuevo, donde todos tengamos cabida y una mayor calidad de vida y en ello nos vamos a embarcar en esta entrada. Entrada, que dividiré en dos partes, publicadas en días consecutivos, que concibo como una segunda parte de la publicada de manera inmediatamente anterior a ésta; pues, si se sale del euro, algo habrá que hacer para cambiar el rumbo que nos ha traído hasta estas procelosas aguas.


Desde mi modesto punto de vista lo primero que nos hemos de cuestionar es el modelo social que queremos para todos los ciudadanos de este país. Cualquier otra cuestión política, económica... debe subordinarse al modelo de sociedad que deseemos crear. Obviamente, como el lector habitual habrá intuido, mi modelo se basa en un sector público poderoso que ofrezca al ciudadano, a cambio de impuestos, sanidad pública de calidad (aún mejor que la que teníamos hasta hace bien poco, una de las mejores y de las más baratas del mundo, todo un ejemplo de gestión, mejorable, pero que nos ha de servir de punto de partida), educación pública de calidad y gratuita, al menos, hasta la llegada del estudiante a la universidad. A ello se ha de unir una política tendente a facilitar la vida de todos aquellos discapacitados, enfermos crónicos y demás circunstancias que pueden marcar el devenir de cualquier compatriota. La dotación de recursos personales y materiales que mejoren la calidad de vida, así como la inclusión, deberían convertirse en otro de los ejes de esa política social (política que no consiste en otra cosa que en trabajar por y para el bienestar de los ciudadanos, sea cual sea su poder adquisitivo). A ello se puede unir aspectos como la revisión de las pensiones misérrimas que perciben una parte de nuestros ancianos. Ancianos que, en muchos casos, han trabajado como mulas, consiguiendo con ello todo lo que estos petimetres, de escaso intelecto y menor moral, nos quieren quitar. La Dependencia, al menos desde mi punto de vista, contiene aspectos que exceden a los meramente económicos. La creación de servicios especializados para atender cuestiones mucho más frecuentes de lo que parecen a simple vista como la violencia de hijos contra padres, el tratamiento psicoeducativo de personas con trastornos que anteriormente se denominan caracteriales y otra multitud de aspectos obviados hasta el momento conformarían esa Dependencia, con un marcado acento psicopedagógico/asistencial.


Aspectos como el derecho a la vivienda, no hablemos ya del derecho al trabajo, deben ser los ejes sobre los que gire cualquier política que se precie de considerarse una política basada en la justicia social.
Parece obvio que este modelo, propuesto a grandes trazos, choca con el ideal imperante en buena parte de Europa y puede sonar a utopía, mucho más en nuestros días; a un anhelo de alguien bienintencionado sentado cómodamente frente a un ordenador. Nada más lejos de la realidad.
Para comprobarlo desarrollaré una segunda parte dedicada a como gestionar los recursos, que como bien sabe el lector son limitados y más cuando sólo se mira a un lugar, hacia abajo, para captar esos recursos, que son los de todos y deberían ser para todos. Pero este aspecto, por cuestiones de espacio, y de vaguería, lo dejaremos para la entrada siguiente.
Un saludo.

martes, 24 de julio de 2012

NOS VAMOS PORQUE QUEREMOS, NO PORQUE NOS ECHEN

Debo reconocer que nunca pensé que nuestros "socios" nos dejaran caer. Alegaba para ello, torpe de mi, que tras nuestro rescate se debería producir el de Italia y que eso tiene tela, no olvidemos que el país transalpino pertenece al G-8, el grupo de países más ricos del mundo. Pero nada de lo que a simple vista puede parecer racional tiene cabida en las mentes de los políticos europeos, impregnados de ese pensamiento neoliberal cuyas consecuencias estamos sufriendo, capaces de depauperar países enteros por motivos ideológicos y electorales. 
Partamos del hecho de que nuestros representantes políticos, elegidos por los ciudadanos españoles, no lo olvidemos, conforman una casta de ineficaces y estultos personajes, cuya mayor virtud reside en su capacidad para atacar al adversario, dando igual que estos tipos estén en la oposición o que detenten el poder desde hace décadas. La consigna siempre parece ser: la culpa la tiene el de la acera de enfrente (aunque en realidad la gran mayoría se encuentre en la misma acera). Prueba de esta estulticia y esta forma de hacer son aquellas manifestaciones que Cristobal Montoro le espetó a una diputada de Coalición Canaria en las que defendía el consabido cuanto peor mejor para nosotros. A las que añadió, con un cierto tono de chulería, que cuando llegaran al poder ellos arreglarían el desaguisado. Parece meridianamente claro que el interés por los ciudadanos pasa a un segundo plano cuando se trata de acercarse o mantenerse en el poder, lo importante es auparse, y si es posible no bajarse, a la poltrona.


Hecha esta afirmación deberíamos empezar a considerar el contexto en el que nos movemos; para ello nada mejor que refrescar las declaraciones de dos compatriotas nuestros que se hallan a distinto lado del problema. En primer lugar haremos mención a lo dicho ayer por ese tipo que llegó al Gobierno con una aureola de genio, especialmente entre aquellos que militan en la ortodoxia neoliberal, y que ha resultado una fiasco absoluto, como ya preveíamos muchos, Luis de Guindos (existe una gran diferencia entre pertenecer al bando de los que tienen manos libres para hacer lo que desee y situarse en el otro bando, el de la gestión del bienestar público). Este neoliberal convencido no ser ruborizó ayer cuando declaraba que las decisiones del mercado, paso de escribirlo con una mayúscula inicial, son IRRACIONALES y volvió a solicitar ayuda del B.C.E. para INTERVENIR EN LOS MERCADOS, ¡con un par!
Lo de la irracionalidad de los mercados tiene mucha más importancia de lo que parece, pues el tal de Guindos puede definírsele como un seguidor irredento, por lo menos hasta ayer, de la ortodoxia neoliberal y de los postulados de la Escuela de Chicago, que defiende la racionalidad de los mercados, de los inversores, vete tú a saber como llegaron a esa conclusión. Parece que el alopécico político ha comprobado, cuando le ha tocado gestionar los recursos de todos, que esta idea constituye una estupidez de tamaño mayúsculo. Pero no contento con ello ha ¿demandado? ¿exigido? ¿suplicado? que se intervengan los mercados. Milton Friedman se debe revolver compulsivamente en su tumba, ¡un seguidor suyo apela a la intervención de los estados frente al mercado! ¡Anatema! O no. A nadie con dos dedos de frente se le puede ocurrir que un sistema montado para ganar dinero de manera cuantiosa y cuanto más rápidamente mejor sirva a los intereses de los ciudadanos. Pero, por desgracia, existen muchos personajes con dedo y medio de frente en nuestro mundo, siendo porcentualmente el número de ellos muy alto en las grandes esferas del poder.


Dejemos aquí al incapaz Luis de Guindos, atrapado por su propia miseria intelectual, y rescatemos a Joaquín Almunia, ése que lleva medrando años y años en la Comisión Europea, aproximadamente desde que perdió unas elecciones generales en España. El Comisario de la Competencia defendió la intervención, no intervención, del Banco Central Europeo, recurriendo a su independencia, y defendió, de manera velada, que nuestro Desgobierno recurra a los fondos de rescate. Traducido al cristiano: no se debe cambiar el estatus del Banco Central Europeo, ineficaz y creado para favorecer a la banca, y sí acudir a un dinero prestado por otros estados, con los procesos lentos y contradictorios que conlleva. Entre estos procesos y contradicciones se encuentran los intereses políticos de los gobernantes de aquellos países que deben "dar" ese dinero, especialmente cuando las elecciones, y los resultados de las mismas, están cercanas.
El diseño europeo, de corte neoliberal, con un B.C.E. que supedita la situación de los estados a la inflación, o presunta inflación, y que aporta dinero a los bancos, no a los estados, con una Comisión Europea compuesta por unos tipos que siguen la ortodoxia neoliberal a pies juntillas, y que han sido nombrados mediante componendas varias, con un parlamento europeo ninguneado y con unos gobernantes europeos que miran, casi de manera exclusiva, para dentro de las fronteras que constituyen su país resulta un claro fiasco, más interesado en la ortodoxia neoliberal y los votos que en el bienestar de los ciudadanos europeos.
Por su parte, como ya comenté en una anterior entrada, quienes mayores ventajas sacan del euro son los países más competitivos y potentes, abriéndose una brecha cada vez más grande entre países del Norte y  Centro de Europa y los meridionales. Los préstamos de Alemania, Francia y otros países a estados en desarrollo constituyen una forma de asegurar mercados y se recuperan con creces.
Parece una obviedad escribir que el euro beneficia a unos pocos y depaupera a otros muchos, entre ellos a nosotros, a los ciudadanos españoles.
Si en su momento me pareció una desgracia que Zapatero y Berlusconi gobernaran España e Italia, cuando la crisis empezó a tocar a ambos países, hoy no tengo duda alguna de que la inacción de ambos, que deberían haber echado un órdago a Merkel y Sarkozy, amenazando con abandonar el euro (algo así como lo que hicieron Monti y Rajoy hace poco, pero a lo bestia y desde el principio), ha supuesto una rémora que estamos pagando los ciudadanos de ambos países.
Pero aún no es tarde. El abandono del euro parece el único camino lógico a tomar. Sé que no lo harán nuestros pusilánimes gobernantes, pero parece la opción más adecuada. Nuestra deuda pública, no así la privada, es asumible (inferior a la de gran parte de los países de la U.E.). La emisión de moneda y la compra de deuda por parte del banco emisor español, la devaluación de la moneda, lo que nos permitiría ser más competitivos, a cambio de comprar más caro, entre otras medidas, supondría aplicar las recetas de toda la vida para intentar solventar los problemas del país. Que nadie espere que esas medidas tengan efecto inmediato sobre el país. Durante un periodo de tiempo que puede ser de uno o dos años las cosas irían mal, pero, como se ha demostrado repetidamente (creo que tenemos un ejemplo magnífico en Islandia), una política económica dedicada a coger las riendas de los problemas, reconduciéndolos para mejorar la situación general de los ciudadanos, merece la pena.


El peligro de la inflación, debido a la emisión de dinero, posiblemente a cascoporro, no parece constituir el mayor problema, especialmente en una economía agonizante, en la que no consume ni el tato.
Si que puede suponer un problema la pérdida del valor de nuestros ahorros en función del tipo de cambio que se aplique a la nueva moneda, sea ésta la peseta o no. Lo que antes sabíamos que valía 166 pesetas y pico ahora puede valer bastante menos, lo que conllevaría que nuestros ahorros valieran menos. La política de devaluación conllevaría este "efecto secundario".
Pero todo esto lo explica el profesor Navarro mejor que yo:

http://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2012/07/24/%C2%BFpor-que-la-sabiduria-convencional-esta-equivocada/

Sin embargo, a pesar de éste y otros inconvenientes, como la dificultad inicial para financiarse muy probablemente no nos abocarían al desastre al que nos conduce esta aberración político/financiera en la que participamos gustosos, al menos nuestras élites. De nada sirve intentar construir algo nuevo y más grande si se olvida y menosprecia a los ladrillos que deben sustentar el edificio: los ciudadanos. Esta unión, o pretendida unión, se diseñó para poder aplicar una serie de ideas neoliberales y no para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos, por tanto parte de una idea fascistoide, totalmente alejada de la realidad del ciudadano y de la democracia. Estas teorías económico patológicas, que hablan del mercado y su bondad, se han mostrado como una estupidez soberana, fruto de mentes limitadas y sin escrúpulos.
Alguien podrá alegar que hemos recibido mucho dinero de la U.E., lo cual es verdad, por lo que ahora podemos parecer unos desagradecidos. ¿Desagradecidos por abandonar el euro, que no la U.E., que tanto nos ha dado? Nosotros también hemos contribuido a enriquecer a los países donantes, por ejemplo comprando sus productos. Y, por otra parte, a nadie se le ocurre seguir siendo amigo de aquel que desde hace tiempo se dedica a mortificarle. La cosa es así de sencilla. Y, le guste o no a Mariano Rajoy, los ciudadanos españoles buscamos, como dice la Constitución del 78, que los gobernantes defiendan a sus ciudadanos y no se dejen llevar por ideas esquizofrénicas que condenan a sus conciudadanos, a muchos, a la miseria. 
Tal vez falte una segunda parte referida a lo que debemos hacer nosotros como colectivo que forma un país, España, pero eso llegará otro día.
Un saludo.

lunes, 23 de julio de 2012

A PROPÓSITO DE LA NUEVA LEY DEL ABORTO

Vaya por delante que sobre el tema del aborto no mantengo una opinión que pudiéramos definir como de izquierdas. Tengo serias dudas sobre el asunto, aunque ninguna sobre aspectos como la despenalización del aborto en los casos en que haya serias dudas sobre la viabilidad del feto o sobre el supuesto que afecte a la seguridad de la madre.Sin embargo, no considero un avance social el aborto libre. Sé que esta postura sorprenderá a algún lector, especialmente si no me conoce, aunque en mi descarga, si es que hace falta descargar algo, puedo alegar que tal vez por la creencia que tengo de que la dignidad humana debería ayudar a todo el mundo a vivir en condiciones dignas el aborto en muchos casos no debería ser necesario. La sociedad, el sistema, debería facilitar que todos y cada uno de los niños nacidos tuviesen una calidad de vida como poco aceptable.


Esta aclaración, imprescindible, ha de servir para crear el andamiaje sobre el cual sustentar toda la entrada.
Al lector no se le escapará que las declaraciones del tipo que alardeaba hace unos treinta años de ser más de derechas que su padre, el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, han servido de detonante para plasmar negro sobre blanco mis ideas al respecto y la consiguiente crítica a las palabras que respecto al tema  que nos ocupa hoy dijo el tipo que creo la macrodeuda que sufre la ciudad de Madrid.
A pesar de que parte del mensaje que intento transmitir sobre mi forma de pensar respecto al aborto a algún lector despistado le pueda sonar de manera similar a las realizadas por el enemigo íntimo de Esperanza Aguirre, la diferencia es abismal, tanto en el fondo como en la forma. Fundamentalmente porque en mi caso considero que la hipocresía no forma parte del mensaje. Me explico.
Alberto Ruiz-Gallardón, y todas las asociaciones que secundan las palabras del tipo en cuestión, consideran que el respeto a la vida consiste en dejar que la gente nazca y evitar que la gente se quite la vida cuando considera que sus condiciones de vidas hacen inviable seguir en este mundo. Aunque a estos fulanos, a los que tanto se les llena la boca con la palabra vida, se les olvida, seguramente de manera intencionada, el período de la vida que va desde el nacimiento hasta la muerte. Si las personas sufren hambre, maltratos físicos o psíquicos, no pueden pagar las medicinas, tener una casa, un trabajo a ellos eso se la trae al pairo, amparándose en que estos avatares forman parte del sistema en que vivimos, No sólo eso, para limpiar su negra conciencia dedican parte de sus esfuerzos a realizar caridad con las personas que sufren los infortunios referidos con anterioridad, pero de cambiar el mundo para que exista una mayor justicia social nada de nada. 
¡Naced, permaneced en el mundo todo el tiempo posible y en ese tiempo ya se verá si pertenecéis a los buenos, nosotros los creyentes, o sois merecedores de los castigos aberrantes que nuestro Dios os envía por vuestros pecados! Éste podía constituir un resumen de la filosofía de todos, o la gran mayoría, de los personajes que defienden esta forma de entender la vida, que tanto se ha de cuidar, al menos durante dos o tres momentos de ella.


Mi idea de la vida dista millones de años luz de la expuesta en los párrafos anteriores. La vida de un ser humano, nacido o no, debe regirse por la dignidad. Dignidad que implica el acceso a unos mínimos de calidad en su vida, esos de los  que el Desgobierno al que pertenece Gallardón nos está desposeyendo. Resulta ofensivo escuchar como los presuntos adalides de la vida, generalmente asociados a la parte más ultramontana de la Iglesia Católica, no alzan la voz contra las condiciones de vida a la que nos abocan estos teóricos de la Economía Patológica. Este aspecto parece importar bien poco. La dignidad del ser humano, aunque ellos no lo quieran reconocer, camina por otro lado. Derechos como la alimentación (¿recuerda el lector las declaraciones del Defensor del Pueblo de Andalucía donde proponía que no se cerrasen los comedores escolares en verano porque para un determinado número de alumnos suponía la única comida del día?), la educación de calidad, la sanidad, y el acceso a las medicinas, el trabajo, la vivienda... constituyen condiciones indispensables para los seres humanos. De igual manera que los padres pasen el mayor tiempo posible con sus hijos debería considerarse un derecho de los pequeños y de sus progenitores. Esta miserable concepción de la Economía, patológica se mire por donde ser mire, que aparca a los niños en guarderías, colegios, actividades extraescolares, etc, para que los padres puedan trabajar a cambio, en muchas ocasiones, de un salario indigno, no pudiendo participar durante, al menos, cinco días de la semana en el crecimiento del niño, del que los abuelos, en muchas ocasiones, tienen mucho más conocimiento, constituye otra forma de mutilar los derechos de unos y otros. En resumidas cuentas: la vida debe regirse por unos mínimos materiales y afectivos, cuestión que suele olvidarse con bastante frecuencia y que parece importar bien poco a los teóricos de la Economía Patológica neoliberal.


La vida no puede considerarse exclusivamente llevar a buen término un embarazo o no suicidarse, realmente me refiero a la eutanasia, porque en el transcurso del tiempo que va desde el nacimiento, se considere éste cuando se considere que se produce, hasta la muerte, por la causa que sea, es donde se vive. Me da igual lo que diga un libro u otro al respecto (aunque seguramente todos los libros religiosos hablen de la dignidad de la vida, de toda, de los seres humanos, pero la parte más recalcitrante de nuestra sociedad se aferre a ciertos aspectos que aparecen en esos libros sagrados, reales o no, para justificar su inacción ante las injusticias, para justificar el estatus quo, que tanto les beneficia a ellos), considero que esta mutilación de la realidad constituye un acto de fariseísmo, en muchos casos buscado para contentar a una minoría de seguidores. 
Me gustaría concluir con una reflexión. El ex alcalde de Madrid habla de llevar a término embarazos donde el feto tenga graves malformaciones (reconozco que en este caso y por lo que he visto en mi trabajo, no tengo ninguna duda sobre lo beneficioso del aborto. El sufrimiento de niños condenados a morir por su patología a corta edad, con una calidad de vida increíblemente mala, debido a los problemas asociados no es deseable a nadie). Señor Gallardón: ¿usted o el Desgobierno al que pertenece está en condiciones de aportar todos los recursos necesarios para que estos niños tengan la mejor calidad de vida posible? Seguramente, como vemos día a día, no. Entonces, si la respuesta se puede resumir con una adverbio de negación, ¿cómo cojones tiene la osadía de defender esa postura? Volvemos a lo anteriormente expuesto: estos sepulcros pintados de blanco no tienen interés alguno por el período de vida que transcurre mientras se vive.
Un saludo.

sábado, 21 de julio de 2012

NUEVAS REFLEXIONES

Una de las cruces, o supuestas cruces, de nuestra sociedad española parecía ser la tardía edad a la que los jóvenes abandonaban su hogar, incluso teniendo trabajo. Tras la llegada de esta crisis, estafa, no sólo los jóvenes siguen en el hogar paterno (esta tendencia parecía haber variado hasta que llegó la estafa), ahora familias enteras deben regresar para compartir vivienda con sus mayores. Aún a riesgo de equivocarme, uno empieza a considerar que la concepción que de la familia se tiene en este país, que en algunos casos puede suponer una cierta distorsión sobre lo que ocurre en otros lugares, conlleva una forma de protección ante un sistema feroz, basado en los vínculos de sangre (teóricamente el vínculo más fuerte existente). Una última reflexión sobre este tema: la familia nuclear, modelo de familia capitalista/industrial, se está transformando en nuestro país, en determinados casos y motivados por la necesidad, en familia extensa (modelo, generalmente, asociado a una sociedad preindustrial y agrícola). Hasta en este caso han conseguido que se retroceda varias décadas. 

La carga sistemática contra el funcionariado por parte de los economista patológicos y su tropa de acólitos, caracterizados por su infame nivel intelectual y gran desconocimiento de la realidad (que procuran no conocer para no juntarse con la chusma que somos la ciudadanía), parece no tener fin. Las acusaciones de molicie, ineficacia, ausencias injustificadas y la más ridícula: tener trabajo para toda la vida, que calaron, y han calado, en una parte de la ciudadanía, han servido para que esta tropa de indocumentados, que a uno le da la impresión de que encajaban en la definición de imbécil que realizó, si mal no recuerdo, Itard hace unos dos siglos, carguen contra los empleados públicos. Resulta curioso que una tropa de trabajadores ineficaces, ociosos y malos malísimos hayan sido capaces de llevar a los tribunales, por robo, fraude y demás tropelías, a algunos de los defensores de la idea de que los trabajadores públicos son un recua de vagos. Si de verdad los trabajadores públicos somos una recua de vagos y a ellos les han pillado robando no hay duda: estos tipos, los políticos corruptos que cargan contra el funcionariado, son tan imbéciles que hasta una panda de vagos descubren sus trapicheos. Sobre la escasez intelectual de los que cargan contra el funcionariado no hay duda: esta panda de vagos ya avisó sobre los efectos de la burbuja que se estaba creando y otros vagos, los Técnicos de Hacienda, han demostrado que se pueden ajustar las cuentas sin tocar un pelo al ciudadano medio. Parece que, a pesar de su holgazanería, los trabajadores públicos, sin apenas esfuerzo poseen una capacidad para interpretar la realidad mucho mayor que los defensores de lo privado.

La empresa privada que iba a encargarse de reclutar a los encargados de velar por la seguridad de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, y gestionar la misma, no ha podido "reclutar" a la gente suficiente para realizar tal cometido. De hecho no ha conseguido contratar ni a la mitad de la gente necesaria. Obviamente, el estado ha debido movilizar sus recursos, militares, para deshacer tal entuerto. De nuevo lo de todos debe servir para cubrir la incapacidad de lo privado, A fecha de hoy espero con impaciencia que algún imbécil de los que defienden la bondad de lo privado, por el mero hecho de ser privado, justifique lo ocurrido. Posiblemente culpabilice de ello a algún funcionario. Aunque lo más probable sea que se olviden de este fracaso, como se olvidan  del fracaso que supuso la privatización del Correo británico o la cantidad de accidentes y la disminución pasmosa en la velocidad media de los trenes británicos tras la privatización de ambos servicios.

Los ciudadanos españoles nos hemos echado a las calles para reivindicar nuestros derechos. La estafa que supuso el ¿programa electoral? del P.P., la desvergüenza e inutilidad de sus ministros, no hablemos de la de Rajoy, que unido a las decisiones, de corte neoliberla/fascista, han encrespado a una parte significativa de los ciudadanos españoles, motivaron una respuesta masiva. Excusas como la herencia recibida del anterior gobierno (imagino que se referirán al rescate de la Comunidad Valenciana), la incomprensión de los mercados, la ausencia de toma de decisiones del B.C.E. (aspecto que comparto) y otra serie de excusas que alejan la problemática de ellos llevan a afirmar que su inutilidad e incompetencia no tienen fin. En el fondo, y en la superficie, estos hijos del neoliberalismo siguen las directrices de los teóricos de tal sistema: si algo no funciona la culpa es el del empedrado. Sin embargo, ninguno de estos mequetrefes intelectuales tiene la sensata idea de pirarse a su puta casa y renunciar a un sueldo público, del que no merecen ni un euro. Medrar hasta la muerte parece ser la consigna.

Los Técnicos de Hacienda han realizado una propuesta para recortar gasto, y aumentar la recaudación, que afecta esencialmente a los más ricos, y a los grandes defraudadores, que son los mismos. Su jefe, Cristobal Montoro (el que no se había enterado de los políticos de la Comunidad Valenciana había solicitado un rescate), se ha dedicado a hacer el caldo gordo a los Mercados (especuladores) aventando que nuestro país, su Administración, no tiene un puto euro. Lo más curioso del asunto reside en que este político profesional, incapaz  de nada que no sea empobrecer al ciudadano, no ha realizado declaración alguna sobre esta propuesta de los funcionarios que dirige. Sin embargo, este hombre de marcado carácter neoliberal, no ha duda en quejarse de la escasa capacidad recaudatoria de nuestro sistema, un 35% del P.I.B. ¿Alguien se acuerda de cuando este personaje defendía, hace unos meses, la necesidad que tenía nuestro país de bajar los impuestos? Lo malo de ser un deseahogado zafio no es parecerlo, es demostrarlo día a día sin rubor alguno.

Siguiendo con los profesionales que trabajan en el Ministerio de Hacienda, el número de funcionarios dedicados a perseguir el fraude en nuestro país es, aproximadamente, una décima parte de los existentes en Francia o Alemania. Si consideramos que la población de ambos países duplica, grosso modo, la de nuestro país se necesitaría un incremento aproximado de un 500% en el número de personas que se dedicaran a perseguir el fraude. Ni Aznar incrementó el número de inspectores y técnicos, ni Zapatero lo hizo significativamente y este Gobierno, a pesar de la ínfima tasa de reposición de esos cuerpos, lo hará. ¿Cómo puede haber imbéciles que defiendan que la subida impositiva supone la fuga de capitales para justificar el fraude de las grandes fortunas? ¿No sería más correcto aumentar el número de personas que persigan a estos ladrones que nos roban a todos?

El líder de la oposición alemana, el socialista Sigmar Gabriel, defiende, por segunda vez en poco tiempo, que Alemania, a pesar de ser el gran "pagador" ha obtenido 450 mil millones de euros limpios (una vez descontado lo aportado a la U.E.) por su pertenencia a la U.E. Parece que no todo se puede medir en préstamos inmediatos, leoninos generalmente, ni en países cumplidores o no. A lo mejor declaraciones como las del líder de la oposición alemana explican porque Grecia aumenta su presupuesto de Defensa, mientras baja el de Educación o Sanidad. Posiblemente la obligación de comprar armamento germano haya contribuido a conformar esa masa de 450 mil millones de euros.

Juan Carlos Uno, rey campechano, ha defendido a capa y espada, no se podía esperar menos de un rey, las medidas del Desgobierno encabezado por Mariano Rajoy Brey. Si a esto le unimos el alarde que realizó durante un viaje de "trabajo" de su especial predisposición para el mismo, a pesar de sus problemas de cadera, no resulta difícil pensar que este tipo (que se ha bajado el sueldo testimonialmente) vive tremendamente alejado de la realidad, si es que alguna vez la conoció. No parece necesario necesario utilizar espacio en este blog para contar la gran cantidad de veces que muchos de nosotros hemos ido a trabajar en condiciones más que precarias, debido a enfermedades, conduciendo nosotros mismo nuestros vehículos y, en más de una ocasión, teniendo que hacer la comida al llegar a casa (a nosotros no nos invitan a comidas de trabajo). Este tipo, y lo que representa, cada vez resulta más innecesario en un país que agoniza, fruto entre cosas de la corrupción, de la que parece conocer bastante por la implicación en la misma de gente muy cercana a él.

Parece que la nueva Ley de Costas que va a impulsar el Desgobierno del P.P., que accedió al poder mintiendo sobre sus intenciones, impulsará el desarrollo del urbanismo y la privatización de espacios públicos, que sin lugar a dudas favorecerá a muchos de sus amiguitos. Dice el refrán que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, pero en este caso el dicho debería rezar: el inepto amoral es el único que emprende una política que ha fracasado para beneficiar a sus amiguitos. Parece innecesario que extiendan un modelo basado en lo inmediato, en la rapiña y en la destrucción de ecosistemas que nos pertenecen a todos los ciudadanos, para beneficiar a unos pocos. Si quieren hacer algo por la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos que donen su cuerpo a la ciencia. 

viernes, 20 de julio de 2012

INFINIDAD DE ESTRELLAS QUE SON NOSOTROS

Necesito desintoxicarme mentalmente, aunque sea de manera temporal, de todo lo que acontece en nuestro país. Sé que por ello no van a dejar de existir los problemas y que, en breve, volveré a escribir sobre todo aquello que atenaza la vida de la gran mayoría de los ciudadanos españoles, pero, por un momento, me apetece dirigir la mirada hacia otro lugar. Qué mejor lugar para dirigir la vista que el cielo nocturno, casi limpio de contaminación lumínica, que se observa desde el pequeño balcón de mi casa. 
Uno de los pequeños placeres de la vida consiste en observar quedo, sin prisas, la bóveda celeste, limpia  de nubes que limiten su visión. Como el lector bien sabe, este pequeño proceso conlleva la aparición progresiva de una miriada de pequeños puntos luminosos que parecen querer borrar la profunda oscuridad, tiñendo progresivamente de blanco la gran mayoría del lienzo que en un principio parecía sostener un número limitado, casi asequible, de estrellas. En cuestión de pocos minutos el firmamento parece devolver un mensaje de infinitud que, de rebote, nos recuerda nuestro limitado espacio físico y temporal en ese decorado cuasi eterno. La sensación de impotencia, de pequeñez, ante ese panorama, sustentado en distancias abismales, leyes invariables y procesos de nacimiento, muerte y resurrección, aparece indefectiblemente, como disparada por un resorte ancestral que navega en nuestros genes. Sin embargo, esta sensación de pertenencia prestada se diluye cuando todo se somete a la razón. Nosotros formamos parte, y somos consecuencia, de todo aquello que vemos cuando alzamos la vista en una límpida noche estival. Cada uno de los átomos que conforman nuestro ser nacieron en ese Universo inabarcable. Incluso nuestra consciencia, que nos permite reflexiones como la que desgrano en este momento, ha sido construida a base de pequeños compuestos químicos nacidos en esa mayúscula eclosión de decadencia y regeneración de soles, nubes de polvo inabarcables, fuentes de energía y reacciones meridianamente conocidas. Sí, nosotros constituimos parte de ese entramado, aunque nos sintamos indefensos, minúsculos, en ese tablero de ajedrez que funciona independientemente de nuestra existencia. 


No, no somos un mierda en comparación con lo que nuestra vista puede captar en un cielo nocturno. Somos parte de ese cielo nocturno. Con total probabilidad el azar nos ha traído hasta aquí, aunque sea para destrozar el hogar del que emergimos y al que debemos todo, pero ese azar se construye con las mismas sustancias y reacciones básicas que conforman todo lo que podemos abarcar con nuestros ojos y con nuestro pensamiento. 
La consciencia, que nos lleva a plantearnos lo limitado de nuestra existencia frente al panorama abrumador y, aparentemente, invariable que aprehendemos a través de la observación, puedo suponer un freno para comprender nuestra pertenencia a todo lo que admiramos. Una pequeña jugarreta de nuestro cerebro, posiblemente diseñado, a través de experimentos evolutivos, para comprender e identificarse con los inmediato, lo abarcable, pero no para considerar que formamos parte de un todo que nace, crece, se destruye y vuelve a nacer. 
El sodio y el potasio, necesarios para que los impulsos eléctricos de nuestras neuronas se transmitan entre ellas, permitiéndonos, entre otras cosas, aprehender la realidad, no dejan de constituir un ejemplo de que formamos parte de ese todo que nos abarca y al cual pertenecemos. 
El miedo, enamorarnos, deprimirnos... cualquier respuesta humana que consideremos se construyen a través de reacciones químicas y físicas a pequeña escala, pero regidas por los mismos fundamentos que sostienen cualquier rincón ignoto de ese Universo, casi perenne, que nos cobija y que, como especie, intentamos explicar desde la ciencia o desde la teología. 


Comprender que formamos parte del engranaje de esa maquinaria, que nos presta, en cantidades minúsculas, su esencia para vivir parece un paso necesario para ubicarnos en este mundo. Nuestra consciencia constituye un accidente, maravilloso accidente, que podemos aprovechar para imbuirnos de la realidad o para construir realidades paralelas que, generalmente, conllevan sufrimiento para una parte de los seres humanos que permanecemos atrapados en este maravilloso planeta. 
El antropocentrismo, generador de una distorsión cognitiva, que conlleva la falsa creencia de sentirnos superiores a seres vivos y objetos inertes que nos rodean, o inferiores, cuando se trata de enfrentarnos, por ejemplo, con lo que existe allí "arriba", no nos permite ubicarnos en nuestro lugar como parte integrante, una más, ni mejor ni peor, de este todo que constituye todo lo que existe en el Universo. 
Considero que no debemos perder de vista este hecho, pues la pérdida de referencias nos aboca a caminar a ciegas, buscando la legitimidad en nuestra consciencia a todos aquellos actos que atentan contra nuestros iguales y contra este planeta, que envenenamos un poco más cada día que pasa. Cualquier teoría religiosa, política, económica... que encierre en el baúl del olvido quiénes somos y de dónde venimos aboca a una parte de la humanidad a sufrir, a padecer y, en muchos casos, a morir de manera gratuita. 
No pretendo que busquemos una comunión con las estrellas, con el Sol o la Luna, no creo en ello, hay demasiado charlatán por metro cuadrado en este mundo, pero sí considero importante que recordemos que formamos parte de un sistema, muchísimo más amplio, basado en el equilibrio, construido con ladrillos de muy pocas clases anclados con una argamasa de fuerzas diversas que han permitido que estemos aquí, leyendo esta extraña entrada. Cuanto más nos separemos de esta visión y más incidamos en teorías antropocéntricas difusas más nos alejaremos de la realidad y más sufriremos. Todo lo que conocemos, y pertenecemos, es fruto de un equilibrio, más o menos inestable. Cuanto más nos alejemos de ese equilibrio las consecuencias para nosotros serán más terribles. La destrucción del planeta, el hambre, la miseria, la muerte debida a condiciones de vida inhumanas constituyen ejemplos palmarios de como la ambición, la desmesura, en resumidas cuentas, el alejamiento de ese equilibrio, sustituido por teorías políticas y económicas de nula validez. 


Tal vez, sólo tal vez, cuando alguien nos intente vender la moto de sus ideas deberíamos utilizar un filtro que cuestione si esos postulados, generalmente presentados como buenos que te cagas, responden a la realidad, la única, que dicta que formamos parte de algo más grande y que somos fruto de un equilibrio nacido de la experimentación y el azar. Si aquello que nos presentan habla de dioses inescrutables o de leyes de funcionamiento de la sociedad, bien políticas o económicas, que se alejan de ese equilibrio que nos ha traído hasta aquí, no hay duda: alguien, intentando burlar la realidad, quiere arrimar el ascua a su sardina, al menos hasta que las sardinas se extingan.
Me ha quedado una entrada demasiado rara, entre filosófica y panfletaria, pero me gustaría que el lector alzara la vista una noche cualquiera hacia el firmamento y, si la contaminación lumínica los permite, otee el infinito finito. Lo que ocurra después será su propia experiencia.
Un saludo.

jueves, 19 de julio de 2012

NI UN PASO ATRÁS

Ayer me comentaban que los controladores aéreos se deben estar partiendo de risa con todo lo que ocurre en nuestro país. Añadiría yo que alguno habrá dicho para sus adentros: "que se jodan". Aunque esto sólo es una suposición. 
Tal vez sea bueno aclarar que la persona con la que hablaba ayer en un principio defendía que los controladores aéreos constituían una clase de privilegiados para los que los recortes de derechos que sufrían tenían justificación plena. Tras una conversación con éste que suscribe y una reflexión pertinente me dijo que los controladores lo único que hacían era luchar por unos derechos adquiridos legalmente y que el ataque a este colectivo, con las conocidas mañas del presuntamente corrupto Pepiño Blanco, era una forma de enemistar al ciudadano con unos trabajadores, pero, como se ha podido comprobar en poco tiempo, que tras ellos irán los demás. En definitiva, lo que yo intentaba transmitir. 
Existe una cierta probabilidad de que el lector siga considerando al colectivo de los controladores aéreos unos privilegiados. Está en su derecho. Sin embargo, yo le propongo una reflexión: ¿Consiguieron esos derechos de manera ilegal? ¿Realizan mal su labor? Y una última ¿cree el amable lector que en su caso usted no lucharía por mantener esos derechos adquiridos legalmente? 


Puede que alguien alegue: "en estos tiempos de crisis esos megasueldos son amorales". Depende como se mire. Los controladores aéreos, trabajadores por cuenta ajena ayudan de manera crucial a que este país sea más rico, mucho más rico. Especialmente si tenemos en cuenta que el turismo es la primera empresa del país y que una parte significativa de las personas que deciden pasar unos días, o más, en nuestro país, llegan vía aérea. Podría hacer incluso una pregunta demagógica: ¿quién genera más beneficio a este país: los controladores o los que han gestionado, cobrando mucho más dinero, las cajas de ahorros? ¿Quién generar más beneficio a este país: los controladores o una mema que insulta a los parados? 
Pero el asunto de hoy no versará sobre los controladores y las dotes dictatoriales del iluminado Pepiño Blanco. Aunque si sirva para introducir el tema: la capacidad del sistema neoliberal para enfrentar a unos trabajadores, o colectivos sociales, con otros.
Tras los controladores aéreos los funcionarios nos convertimos en el siguiente colectivo (aún recuerdo como el marrullero Pepiño Blanco largaba, sin ningún rubor, una mentira tras otra contra nosotros en el programa La Noria). Antes, perdón por la falta de rigor temporal, se había demonizado a los inmigrantes (curiosamente se solían olvidar de que muchos trabajaban ilegalmente, porque el empresario no les había dado de alta en la Seguridad Social). Igualmente, por esas fechas los parados constituían poco más o menos un colectivo de vagos, cuya única ambición era vivir del cuento (se pudo comprobar hace pocos días en el Congreso como la hija de una afortunado y aéreo político, política ella también por sus grandes méritos y capacidades, ofendía a este colectivo de ciudadanos, mostrando su forma de pensar, que podíamos calificar como fascista/elitista/estulta). A la par los ancianos también se convirtieron en blanco de esta caterva de personajes neoliberales por su alto gasto en medicina (poco parecía importarles que las farmacéuticas inflaran el precio de los fármacos, como se pudo comprobar cuando el gobierno del artista anteriormente conocido como ZP aprobaron un Real Decreto que consiguió por ensalmo que una parte de los fármacos usados bajaran de precio cantidades que, en algún caso, llegó al 60%). Tampoco podemos desdeñar el ataque sufrido por los trabajadores por cuenta ajena. Los economistas patológicos y sus mamporreros políticos tildaban a todo el colectivo de trabajadores como poco menos que unos vagos redomados incapaces de producir nada de nada a un precio competitivo. En este caso se olvidaban, de manera casual, de que los beneficios del capital habían aumentado escandalosamente, en detrimento de los rendimientos del trabajo, y que estos beneficios no se volvían, en muchos casos, a reinvertir, pues una parte de ellos iban destinados a los gestores o a los accionistas. Curioso, el trabajador pierde poder adquisitivo, las empresas ganan cada vez más, al menos algunas de ellas, y el problema reside en el trabajador. Seguro que algún economista patológico ortodoxo sabría dar alguna explicación, pero seguro que mi hijo también tendría la capacidad de hacer lo mismo y sus argumentos tendrían el mismo peso intelectual.


Esta pequeña lista de colectivos contra los que ha cargado el sistema neoliberal/fascista que se ha hecho con el poder y que no desea soltarlo, en el fondo nos incluye a todos, pero los ideólogos de la miseria moral y material han tomado la precaución de ir clasificando y separando al personal, buscando con ello debilitarnos y confrontarnos a los unos con los otros. El famoso divide y vencerás.
El ataque al sindicalismo, por otra parte anquilosado e ineficiente (espero, como predije hace tiempo, que este ataque genocida a los derechos de los ciudadanos sirva como acicate para que se vuelvan a organizar ideológicamente, defendiendo realmente los derechos de los trabajadores, olvidándose de las premisas neoliberales en las que tan cómodamente se mecieron durante muchos años), constituye otro ejemplo de este ataque contra la unión de colectivos para reivindicar no sólo mantener derechos, sino para conseguir aún más. Las élites económicas en escasas ocasiones han concedido nada sin una lucha previa.
En el fondo se trata de una estrategia calculada: intentan imponer sus ideas, las de siempre: el que más tiene debe poseer aún más y los demás que arreen, pergeñando un ataque global hacia el ciudadano, utilizando para ello batallas contra diferentes colectivos, no contra el conjunto de la ciudadanía. Además se utiliza a los mamporreros mediáticos, los estultos tipos que no dudan en insultar a todo aquél que se pone a tiro y en manipular los hechos a su conveniencia, para presentar como verdadero algo que sólo representa una parte de la realidad, la que ha ellos les interesa. A este respecto me hizo mucha gracia escuchar a Sáenz de Buruaga como aliñaba con datos propios, contradiciendo a la propia Delegada del Gobierno, la marcha minera por Madrid. Resulta curioso que este ¿periodista? se apellido igual que aquel coronel que recibió a pie de escalerilla a Franco a su llegada a Tetuán para ponerse al frente de las tropas africanas en el inicio de la Guerra Civil que sufrió nuestro país.
Parece claro cual es la estrategia del poder económico y sus pelamanillas de la política, de los medios de comunicación, que no de información, y de la Economía Patológica. Y, ¿cuál debe ser la estrategia del ciudadano? Parece clara.


En primer lugar identificar al enemigo, que además de los especuladores, el gran capital, los banqueros... son la clase política que perpetra las injusticias y todos los mandriles mediáticos y economistas patológicos que abundan por doquier. Ellos, todos, conforman el gremio contra el que debemos luchar. 
Alguien podrá alegar que utilizo la palabra enemigos, que no suena muy bien, o que tal vez tenga una connotación bélica. Querido lector, los fulanos que pretenden, y lo están consiguiendo, robarnos derechos a nosotros, malear a su manera el futuro de nuestros hijos y hacer pagar a nuestros padres, que han trabajado como mulas, los errores cometidos por sus ideas, que no teorías, económicas, sólo pueden ser considerados como enemigos. La destrucción, la miseria, la deshumanización de los ciudadanos no sólo ocurre en periodos de guerra. Y a ello nos están abocando esta panda de irreverentes gilipollas que dicen poseer la verdad.
En segundo lugar debemos ser conscientes de que cualquier reivindicación de cualquier colectivo ciudadano forma parte de nuestras reivindicaciones. Cualquier robo de derechos a cualquier colectivo nos hará a todos más indefensos. Debemos intentar igualarnos por arriba, no por abajo. Los derechos adquiridos de ciertos colectivos habrán de servirnos como acicate para saber que se puede conseguir más. No se necesitan banderas, consignas o escudos, sólo se necesita ser consciente de lo que se desea y de que todos vamos en el mismo barco.
Se acercan tiempos de salir a la calle, hoy mismo lo voy hacer yo, y de exigir lo nuestro, lo que pretenden robarnos para que sus estúpidas y depauperadoras ideas, que revisten de palabras técnicas, sigan adelante, antes de que llegue el colapso total. No debemos quedarnos de brazos cruzados y debemos luchar para acabar con la imposición de unas ideas salvajes, crueles y dementes. Cualquier idea, cualquier forma de hacerse notar y de que ellos noten que estamos allí, frente a ellos, es válida. Nuestra angustia, nuestra rabia, nuestra ira debe convertirse en lo que vean cada vez que se contemplen en un espejo (iba a escribir cada vez que piensen sobre lo que están haciendo, pero es mucho suponer que sean capaces de tal acto). Si a ellos les duele lo que hacen, eso dicen, nosotros vamos a buscar que no se olviden de ese dolor que están provocando a ciudadanos que nada tienen que ver en sus tramas políticas, en sus tramas de corrupción ni en sus tramas y complicidades con el sistema financiero. En el fondo a nosotros nos duele que mientan. Que mientan durante las campañas electorales, que mientan cuando llegan al poder, cuando están en la oposición. Que mientan hasta cuando respiran.
NI UN PASO ATRÁS. Siempre adelante, a por ellos; a por sus mentiras; a por nuestros derechos.
Un saludo.

martes, 17 de julio de 2012

LA RIQUEZA LA CREA EL CONSUMIDOR

En estos días inciertos, en que vivir es un arte, como decía la canción de mis paisanos, Celtas Cortos, los mismos que nos llevan a la ruina nos quieren hacer creer que todo gira en torno a la competencia y a la capacidad de emprender e innovar. No sólo eso, de igual manera nos repiten, de manera machacona y artera, que los que crean la riqueza, signifique este término lo que signifique, son los empresarios. 
Sobre el significado de riqueza podríamos hablar mucho, tal vez lo haga algún día, pero simplemente le dejo al amable y sufrido lector una reflexión: destrozar el patrimonio natural para crear puestos de trabajo supone, según estos fenómenos de la Economía Patológica crear riqueza. ¿Alguien ha cuantificado la cantidad de dinero que se pierde al destrozar el paraje natural en cuestión (cuyo valor también puede cuantificarse en dinero, como nos enseñan muchos naturalistas)? ¿Alguien ha cuantificado que a cambio de unos empleos, generalmente con una duración determinada en el tiempo, se destruye lo de todos, para que unos pocos saquen unos ciertos beneficios? 
Pero este es el asunto que hoy deseo exponer y por ello dejo aquí las reflexiones sobre este respecto.
Me gustaría centrarme en aquel mantra que repiten una y otra vez, tal vez para intentar convencerse de que poseen una verdad innegable, los Economista Patológicos que se han apoderado de la humanidad: los que crean riqueza son los empresarios.


 Repita el amable lector conmigo una y otra vez para intentar convencerse: los empresarios son los que crean riqueza. Ponga a dicho mantra un sonido extraño de fondo y vuelvo a recitarlo sin pensarlo dos veces. ¿A qué esta necedad suena ahora mejor? Hagámoslo otra vez, pero esta vez pondremos de fondo la famosa canción de Manolo Escobar, "¡Qué viva España!". ¡Rediós! ¿No se siente mejor y más patriota. Pues olvídese del asunto, porque se trata de un torpe montaje de estos mentecatos que han estudiado en las famosas Universidades chachilerendi y en las Escuelas de Negocios, que como bien indica su nombre, son un negocio para los que salen de ellas.
Si bien queda claro que un empresario, a no ser que se trate de un autónomo que sólo trabaja él en su negocio (en definitiva, un trabajador por cuenta propia), depende del trabajador para "crear esa riqueza", aún hay otro punto que ridiculiza ese mantra que casi, casi nos hemos llegado a creer. Un empresario, e incluso unos trabajadores que realizan su desempeño laboral en cualquier empresa, no constituyen más que un proyecto bienintencionado hasta el momento en que alguien compra sus productos. En definitiva, el que crea riqueza no es el empresario, este sólo pretende ganar dinero, lo cual no es ilícito, ni tan siquiera el trabajador, que realiza una parte de un producto que le es encomendada, es el consumidor el que crea riqueza consumiendo los productos. Todos: empresarios, trabajadores, gobiernos, economistas de medio pelo y demás patulea dependen de que sus productos sean adquiridos por el consumidor. Por tanto, no le demos más vueltas, el verdadero creador de riqueza es el ciudadano, o el conjunto de ciudadanos, que adquieren los productos, unos necesarios y otros totalmente superfluos. Sin nosotros ya pueden producir lo que les salga de la entrepierna y aspirar a la nominación de mejor empresario del año, que si nadie lo compra su gran valía y su gran capacidad de riqueza se queda en un anhelo.


La estrategia del poder, tanto económico como político, se basa, una vez más, en hacernos creer a los ciudadanos que no poseemos la capacidad de decisión suficiente. Lo han intentado, y por el momento lo han conseguido, con la democracia, haciéndonos creer que la Economía Patológica que defienden se encuentra en un escalón superior al poder de decisión político de los ciudadanos. Lo están intentando de igual manera con el aspecto tratado hoy, haciéndonos creer que los buenos, y útiles, son aquellos que ganan mucha pasta, o al menos lo intentan. Pero todo se trata de una gran mentira, la enésima de estos genocidas. Mentira que busca acomodar la realidad a sus propios intereses económicos, no lo olvidemos nunca.
Alguien podrá alegar que la inexistencia de ¿emprendedores? y empresarios nos abocaría a la miseria. El día a día nos demuestra que esta consigna oculta una falacia mayúscula. El mayor problema de este país, tras el paro y como consecuencia de la ruina bancaria de las entidades crediticias, reside en la imposibilidad que tienen muchos ciudadanos de consumir, incluso productos de primera necesidad. El descenso del consumo en una sociedad occidental, donde el sector servicios constituye el mayor sector productivo, conlleva la pérdida de miles y miles de puestos de trabajo. La no adquisición de productos conlleva el cierre de comercios y la disminución de plantillas de los mismos (cuando me refiero a comercios no hablo en exclusiva del ultramarino de la esquina, me refiero a cualquier negocio encaminado a ofrecer un producto o servicio al  ciudadano o a empresas). Obviamente este descenso del consumo repercute en la industria (ayer mismo escuchaba el caso de Peugeot en Francia, que debido a la bajada, cuantiosa, en las ventas debía despedir a miles de personas). Una y otra cuestión se van retroalimentando hasta conformar una espiral de la que se puede salir difícilmente.
Puede parecer una análisis simplista, en el que no utilizo términos técnicos (ni los sé ni quiero aprenderlos), pero, generalmente, los hechos resultan bastante simples, le pese a quien le pese, y la realidad, por mucho que se empeñen en edulcorarla, no admite muchas interpretaciones. Basta una explicación tan simple como ésta para comprender que los ciudadanos, por obligación o por decisión propia, tenemos mucho más poder de decisión y de crear riqueza que cualquier empresario.


Se podrá alegar, tal vez con cierta justificación, que en este caso nos vemos obligados a reducir nuestro consumo. Cierto. Pero no es menos cierto que si en época de "vacas gordas" decidimos no consumir el resultado es el mismo. El sistema se basa en producir y, sobre todo, en consumir. Por tanto, los que fomentamos el funcionamiento del mismo somos los ciudadanos que adquirimos productos, necesarios o no. De hecho, como el lector sabrá la publicidad no sólo tiene como finalidad que consumamos un producto en detrimento de otro, la creación de la necesidad de adquirir un producto también entra dentro del campo de acción de este campo. Muchos de los productos los consumimos porque una campaña publicitaria nos crea la necesidad de tener tal o cual cosa, ir a un crucero, ver tal película... En otras palabras, se trata de incitarnos a consumir cosas, en muchos casos, totalmente superfluas e innecesarias. Ellos sí que tiene consciencia de que nosotros, los ciudadanos, tenemos ese poder de crear riqueza.
Me gustaría concluir con un ejemplo que puede servir para ilustrar la tesis que he desarrollado durante la entrada.
Seguramente el amable lector recordará que no ha mucho existían una multitud de tiendas de discos y de vídeoclubs que, por arte de la descarga de música y películas a través de Internet, han desaparecido. Una nueva forma de consumo ha acabado con una buena parte de un negocio que, obviamente, sostenía el consumidor. ¿Quién tiene el poder y crea la riqueza?
Un saludo.