martes, 14 de abril de 2026

LA FUERZA LA TENEMOS NOSOTROS

Creo que va a siendo hora de que vuelva a hablar de Política, o lo que sea que estamos viviendo en estos últimos años. Para ello voy a dedicar esta entrada a hablar del marco en el que vivimos en eso que llaman Occidente, que no es más que una idea supremacista y difusa de intentar perpetuar unos valores, que distan mucho de ser aquello que transmiten los medios y los políticos. 
Lo primero es comprender realmente qué es una democracia liberal, como la que tenemos en España.
Las democracias liberales surgen de la Ilustración y su intento de que la burguesía pueda acceder al poder. Alguien me hablará del concepto de ciudadano y otras zarandajas, que no tuvieron más remedio que ir  aceptando las élites económicas, para maquillar su toma del poder. Si nos fijamos, las primeras democracias liberales permitían exclusivamente el voto a un determinado de personas (merece la pena indagar como eran las elecciones en EEUU tras la independencia o sobre los problemas, cuando no la imposibilidad de votar a las personas negras durante buena parte del siglo XX). En Gran Bretaña a principios del siglo XIX sólo podían votar alrededor del 5% de los hombres y, siendo este porcentaje del 60% en 1884. 
Por tanto, los sistemas liberales no pretendían, en un principio, que todos los ciudadanos tuviesen voz y voto. Más bien se trataba de  que las élites económicas burguesas tuviesen acceso legítimo al poder. 
De manera progresiva este derecho abarcó a más parte de la población, hasta llegar al sufragio universal. Sin embargo, a pesar de este cambio formal, algo no varió: el sistema se fraguó y sigue cimentando para que las élites económicas detenten el poder. Aunque nuestros medios de comunicación, que no de información, intenten ocultarlo una y otra vez. 
Esta codicia burguesa tuvo un freno tras la Segunda Guerra Mundial (2ª GM)  en la que los dirigentes occidentales vieron las orejas al lobo con  la expansión de la URSS y la fuerte implantación de los partidos comunistas en Occidente. Baste recordar que tras la 2ª GM en Francia hubo protestas y movilizaciones masivas para mejorar la calidad de vida de los franceses, con un gran protagonismo del partico comunista francés,que llegó a ser el más votado. Tampoco conviente olvidar la fuerte implantación del PCI en Italia. Fruto de ese miedo nació el Plan Marshall, que elevó el nivel de vida de los europeos y permitió que la clase trabajadora disfrutará de un bienestar que hasta ese momento no había conseguido.
A pesar de todo conviene no olvidar que esta democracia liberal nació con un único fin: permitir el acceso al poder a las élites económicas burguesas. 
Con la caida de la URSS,  a pesar de que en un referéndum celebrado en ese país más de las tres cuartas partes de los votantes estuviesen a favor de su continuidad, los que realmente detentaban el poder en las democracias liberales volvieron a su antiguo sueño de acaparar toda la riqueza posible en sus manos.
Antes de seguir me gustaría hacer unas aclaraciones.
Durante décadas la URSS tuvo el segundo PIB del mundo, al igual que la RDA estuvo durante bastante tiempo entre las 10 mayores economías mundiales. 
Por mucho que nos hablen de dictaduras soviéticas y películas de espías, en la URSS existían cauces de participación ciudadana, entre ellos el referéndum.
Tras la caídas de los gobiernos del Europa del Este se impuso la ideología  económica de la Escuela de Chicago y de la de Austria, descartando a Keynes y sus teorías de la intervención del estado en el reparto de la riqueza, que eran las predominantes hasta entonces en Occidente. 
Aunque la Escuela de Chicago y la Austriaca no coinciden en determinadas cosas, si coinciden en lo esencial la libertad de mercado total, la nula o escasa intervención del estado, la bajada de impuestos... Lo que estamos viviendo ahora. En ambos casos defienden las bondades del mercado, que no deja de ser la imposición del gran capital a todos los aspectos de la vida humana.
Por supuesto, estas corrientes que se imponen influyen en las democracias burguesas, diluyendo la socialdemocracia y satanizando a todo aquel que se apartase de los intereses del gran capital. 
Sin embargo, como era previsible, estos sistemas que consisten en que cada vez haya menos parte del pastel para los ciudadanos, han ido creando un malestar en buena parte de los ciudadanos, que han visto que las respuestas tradicionales no sirven para llevar una vida digna. 
Antes de seguir me gustaría hablar tratar un aspecto.
La publicidad de este sistema democrático burgués, a través de los medios de comunicación, que no de información, nos han hecho creer que vivimos en el mejor de los mundos posibles y que el marco democrático, en el cual el ciudadano vota cada cierto tiempo para elegir sus representantes, resulta el mejor posible. 
Para empezar, votar no significa democracia. Baste recordar que durante la dictadura franquista votaba. Las democracias representativas, como las occidentales, se basan en que unos partidos políticos presentan unas propuestas políticas antes de las elecciones, que son las que, según ellos, van a guiar su quehacer. Nada más lejos de la realidad. Recuerden los dos últimos presidentes del Gobierno de este país y la cantidad de mentiras que contaron para llegar al poder, incumpliendo una y otra vez sus propuestas. Nos han hecho confundir democracia con depositar una papeleta en una urna y este aspecto resulta fundamental.
Es más, nos han hecho creer que la democracia burguesa es un lugar donde se respetan los derechos humanos y somos poco menos que la paloma de la paz, contraponiéndonos a otros sistema dictatoriales. 
Resulta que estos sistema burgueses han masacrado el mundo durante siglos, expropiando a otros países, bien a través del colonialismo o del postcoloniasmo. Generando golpes de estado, ejecuciones de presidentes elegidos democráticamente, asesinatos masivos, sólo porque gobiernos elegidos democráticamente no comulgaban con los intereses económicos de las democracias burguesas de Occidente. Veamos algunos ejemplos
Patrice Lumumba Presidente de la República Democrática del Congo en 1960, que quería que las riquezas de su país fuesen gestionadas por y para los congoleños. Lumumba fue asesinado y descuartizado fruto de las conspiraciones de EEUU y Bélgica, la potencia colonial. Seguramente, si personas como Lumumba hubiesen tenido éxito no existiría un numero de emigrantes tan alto en África. ¡Ojo! El número de migraciones internas en África son mucho más numerosas que las que llegan a Europa.
Podíamos hablar de Haz Ali Razmara, presidente elegido democráticamente en Irán, a mediados del siglo XX. Tuvo la sorprendente idea de nacionalizar el petróleo de su país e intentar subir el nivel de vida de sus conciudadanos. Como era de esperar Gran Bretaña y EEUU orquestaron un golpe de estado que acabó con su vida y la subida al poder del Sha, más afín a las ideas e intereses de Occidente.
Podíamos hablar de Muamar el Gadafi, ese "dictador" que consiguió que su país tuviese la mayor renta per cápita de África, con un nivel de alfabetización o de Sanidad que hubiese sido la envidia de la España franquita durante varias décadas. Solo tuvo una mala idea, intentar que los países africanos no utilizasen el dolar como moneda de cambio. A cambio, Occidente organizó una guerra civil, que aún continua, donde las fuerzas del ISIS tienen un papel destacado, y se venden personas como esclavos. 
También es posible continuar mencionando a quién luchó y venció a las tropas sudafricanas, que intentaban expandir, con apoyo de las democracias burguesas, su régimen de apartheid en Angola. En efecto, fueron las tropas cubanas castristas las que pararon la expansión del apartheid. 
No, no existe esa pretendida superioridad moral de "nuestra" democracia burguesa. Existe propaganda y supremacismo. Supremacismo porque nos presentan a los países que no comparten nuestro sistema político económico como unos seres y países subdesarrollados e incapaces de hacer nada por si mismos. Alguno se tiene que haber llevado una gran sorpresa con Irán y su capacidad tecnológica a la hora de abordar la agresión que ha sufrido. Posiblemente el lector ya lo sepa, pero en Irán más de la mitad de los estudiantes universitarios son mujeres, en concreto el 60%, cuestión que la propaganda occidental ha obviado. Parece que el régimen "machista" no lo es tanto.
Ni tan siquiera en nuestro propios países el respeto de los derechos humanos constituyen, en ocasiones, una prioridad; pero ese es un tema que dejaremos para otro día.
Volvamos al tema que nos ocupa hoy, las democracias burguesas.
A medida que el sufragio se hace universal, las diversas opciones políticas con capacidad para acceder al poder, en general dos, a lo sumo tres, se van alternando en el poder o, en algunos casos, no, porque el mismo partido gobierna durante décadas; sirve de ejemplo el Partido Liberal Democrático en Japón. 
Estos partidos, tras la 2 Guerra Mundial, aceptaban unas normas de juego establecidas, por la cual la riqueza se repartía, aunque de manera desigual, y los ciudadanos tenían un buen nivel de vida, además de una serie de servicios esenciales para mejorar su calidad de vida, pagados con sus impuestos, como Sanidad, Educación, pensiones de jubilación...
Todo funcionaba de manera correcta hasta que llegan tres personajes, M. Thatcher y Ronald Reagan, delator de compañeros actores durante la Caza de Brujas, y Mijaíl Gorbachov. El último, demolió la URSS, con la connivencia de los otros dos, que empezaron a aplicar políticas de privatizaciones y recortes de derechos de los ciudadanos, por el bien del mercado, que de manera automática iba a redistribuir la riqueza. 
¿Por qué es tan importante la caida de la URSS? Porque los verdaderos dueños de las democracias burguesas, las grandes fortunas, ya no temen que el modelo socialista pueda implantarse en Occidente. Alguien dirá: ¿que puede aportar el modelo soviético a las democracias occidentales? Tal vez cuestiones como sanidad y educación universal y gratuita, incluidas las guarderías y la universidad; la jubilación de las mujeres a los 55 años y de los hombres a los 60. Un piso y un trabajo asegurado. Un año de baja de maternidad pagada, un mes de vacaciones pagado...
Ya, pero no había libertad. ¿Qué entienden por libertad en los países occidentales? Cualquiera que conozca las declaraciones de Edward Snowden, o haya leído su libro, "Vigilancia permanente", sabrá que las agencias gubernamentales investigan donde y lo que no deben investigar. Documentos como los publicado por Julian Assange demuestran el nivel de corrupción del sistema y su verdadero rostro. El éxito de las democracias occidentales no se sustenta en su supuesta legitimidad democrática,más bien en caricaturizar a otros sistemas, a través de los medios de comicación, pasando de puntillas, cuando no obviándola, por la podedumbre propia, como aparece en los papeles Epstein.
Como he dicho, se trata de caricaturizar al "enemigo" y por eso nunca te dirán que en la URSS, como en muchos países comunistas, los ciudadanos participaban desde la base, a través de sus empresas, por ejemplo, pudiendo llegar a ser representante electo. Por ejemplo, Nilita Jruschov fue obrero metalúrgico.
¿A nadie le sorprende, por ejemplo, que en 2021 en Rusia más del 60% de la gente siente nostalgia de la época comunista?
Pero esta no es la cuestión que intento desarrollar. Retomemos el tema.
Tras la caída del muro y el embate neoliberal se inició lo que estamos viviendo ahora con mayor intensidad: la distribución de la riqueza está concentrada en cada vez menos manos y, por ende, el aumento de la pobreza de la ciudadanía aumentó. ¿Por qué ocurrió esto? Fácil de explicar. Las élites económicas lanzaron campañas a favor de la privatización y de las bajadas de impuestos, para conseguir crear más riqueza (sea eso lo que sea) y que esta se reparta de manera automática entre todos los ciudadanos, o entre la mayoría de ellos. Para difundir esta idea pusieron a sus maporreros, pseudoeconomistas y pseudoperiodistas a bombardearnos con estas ideas en los medios de comunicación, vendiéndolo como la única alternativa. Por supuesto, esta visión del mundo no se sustentaba en ningún argumento científico, solo en la ambición de una minoria extractiva. 
¿Por qué digo esto? Porque existen estudios que defienden los contrario, como este, y, sobre todo, porque las economías que más han crecido en las últimas décadas han sido las comunistas, como la China o la de Vietnam, o aquellas en las que el estado ha dirigido ese crecimiento con planificaciones estatales, como Corea del Sur (el caso de Samsung y su desarrollo, siguiendo las directrices de desarrollo marcadas por las dictaduras militares, que durante casi tres décadas gobernaron el país es digno de estudio)  o Singapur. Basta ver la diferencia de crecimiento entre los dos países más poblados del mundo, dede mediados del siglo XX, uno con economía capitalista, India, y otro con una economía comunista como China (los datos son de CaixaBank, nada sospechoso de ser un ente izquierdista).
Esta concentración de capital en las democracias burguesas contribuyó a que los ciudadanos tuviésemos cada vez peores condiciones de vida y que buscasen alternativas a esta situación, que los partidos "tradicionales" no les ofrecían. Además, estos partidos tradicionales se habían enfrascasdo, una parte de ellos, en historias woke, que iban más allá de la plena igualdad, se trataba de vertebrar todo en función de determinados aspectos, obviando las necesidades de las personas de a pie, que veían como no encontraban respuestas a sus cada vez mayores problemas. Además, las élites gobernantes, bien las que gobiernan los distintos países, bien los que se aferran al sillón, aunque sea cambiando de cargo (Rutte, Von der Leyen, a la que pillaron con el carrito de los helados, Kaja Kallas, Nadia Calviño, de Guindos, Michelle Bachelet, António Gutérres, Christine Largarde...) han formado un club exclusivo, donde poca importancia tienen las necesidades de los ciudadanos, sólo su visión conspiranoica de las relaciones internacionales y mantener o aumentar todos los privilegios resultan cruciales.
Es entonces cuando aparece, tras décadas en la marginalidad, la extrema derecha de Trump, Bolsonario, Milei, Orban (y la de su sucesor, que simplemente es un tipo del partido de Orban que se cabreo con él), Abascal, Meloni, Netanyahu (este tipo surgió antes en un país con una mayoría supremacista, racista y colonialista, basada en el sionismo, que en poco o nada difiere de la ideología de Adolf Hitler).
El ciudadano de a pie busca soluciones dentro de un marco político, las democracias burguesas, en los nuevos partidos, pues los clásicos han demostrado su incapacidad para solucionar cuestiones acuciantes como la seguridad económica, la vivienda, el deterioro de los servicios... Estos líderes de extrema derecha basan su discurso en la crítica a un sistema que no funciona, en culpar de ello a los inmigrantes, que, en realidad, son explotados por los empresarios, y a una supuesta izquierda (hace falta tener valor para llamar a los partidos socialistas que quedan en Occidente izquierda), que con su discurso woke está acabando con una serie de valores, que los mismos tipos de extrema derecha se pasan por el forro de sus caprichos cuando les interesa. En el fondo, toda esa extrema derecha no va a acabar cn el funcionamiento económico que ha llevado a esta situación, pero si grita mucho y atrae a muchos ciudadanos descontentos.
Esa extrema derecha llega al poder, presentando diversas caras. El caso de Meloni es el más asimilable a lo conocido hasta ahora en las democracias occidentales, a pesar de su intento fallido de reformar el funcionamiento del poder judicial, para tener las manos más "libres". Otros, como Trump o Milei, resultan ser dos personajes cuya gran virtud es su logorrea, que intenta ocultar su absoluta incapacidad para resolver ninguno de los problemas existentes, al contrario. Llegan al poder y sus actos contradicen lo que prometieron en campaña electoral, con unas consecuencias nefastas para los ciudadanos. No sólo eso, ni tan siquiera son capaces de acometer con éxito lo que prometieron, en algún caso, según ellos, expertos. Los dos países que más empresas han perdido en 2024 y 25 han sido: en primer lugar Hungría y en segundo Argentina
La gente no ha votado a estos tipos porque sean lo mejor, sino por cambiar. Una argentina me dijo hace no mucho, que la mayoría sabía que Milei era un personaje, pero que querían acaba con el kichnerismo, el clientelismo. Acabaron con él, pero salieron de Málaga para entrar en Malagón.
Llegados aquí, una vez descrito el panorama, conviene reflexionar sobre qué ha llevado a que personajes como estos, o la hija de Fujimori en Perú, hayan llegado al poder o estén cerca de él. Lo importante en este caso es el marco, la democracia liberal. Se trata de un sistema que permite votar cada cierto tiempo a los representantes (democracia repesentativa) que se comprometen a cumplir un programa electoral. Estos políticos solo pueden llegar a la cima de sus partidos y tener posibilidades de gobernar, si sus programas no dañan a las élites económicas y, en muchos casos las favorecen. El ejemplo más claro lo tenemos en EEUU, una auténtica plutocracia. En este país sólo puedes optar a ciertos cargos públicos, entre ellos el de presidente, si tienes detrás un respaldo económico mayúsculo. Eso que llaman donacione son realizadas tanto en pequeñas cantidades, por ciudadanos de a pie, pero, sobre todo, se hacen en grandes cantidades por parte de millonarios y de grandes empresas. Obviamente, estos magnates y corporaciones no dan dinero de manera altruista, buscan su propio beneficio. Este beneficio no es otro que acaparar cada vez más dinero. 
Alguien podrá decir que en España y en Europa no pasa. Error. Para pasar el filtro se debe contar con el apoyo mediático de algún grupo de comunicación o de varios, que vendan el producto que es el candidato. Estos grupos de comunicación pertenecen a grandes corporaciones económicas, que, de nuevo, buscan su propio beneficio. El lector puede bucar a quién pertenecen los medios de comunicación y verá que pertenecen a grandes grupos, bancos y ciertos nombres muy conocidos. 
Por tanto, el elector, que busca soluciones a sus problemas y constata que los partidos de toda la vida no solucionan sus problemas, busca solución en los nuevos partidos de extrema derecha, que son más de lo mimo, porque el sistema no permite crear opciones que reforme ese marco, pues perjudicaría a los que realmente lo manejan. El problema es realmente la democracia liberal. Y con esto no estoy defendiendo una dictadura. Me refiero a que los cauces de participación suponen una tomadura de pelo, incluso si se milita en un partido o en un sindicato mayoritario, donde los dirigentes no reman a favor del trabajador. Los cauces de participación suponen solo, como en las "democracias" del siglo XIX un embudo para que las élites económicas sigan teniendo el poder.
Solo la organización desde abajo, con el fin de demoler el funcionamiento del sistema actual, podrá conseguir algo. 
Voy a terminar con un ejemplo, que expone la fuerza de la organización desde abajo. Existe un cierto colectivo en este país, he trabajado varias veces con ellos, incluso de voluntario, y tengo un colega que lleva trabajando tres décadas con ellos de manera ininterrumpida, que cuando tiene algún problema manda a sus representantes a hablar con el alcalde o politico de turno. Generalmente consiguen lo que quiereN sin ningún exabrupto ni nada parecido (mi amigo salvó su trabajo de mediador durante la crisis de 2008 así). La cosa funciona de esta manera:. los encargados de negociar por parte del colectivo le plantean al político de turno algo como esto: o conseguimos... o todos los votos del colectivo que represento van para otro politico. En el caso de mi amigo bastó una pequeña reunión. En otro que conozco sobre la ubicación de determinados negocios que regentan también fue suficiente con una única reunión. 
Organizarnos, no solo para cambiar ciertos aspectos, si no el marco general, superando estas democracias liberales, buscando formas de representación directas, de abajo a arriba, que contribuyan a la distribución real de la riqueza debe ser el verdadero objetivo. Votar cada cierto tiempo no supone que vivimos en una democracia. Más bien se trata de una ilusión, creada para que nada cambie, y si lo hace sea a favor de los que tienen la sartén por el mango y es por esa desesperación que surgen botarates como Trump, Milei y compañía, porque se busca soluciones dentro de un sistema que no las puede dar.
Concluyo con una reflexión. Cada vez que los trabajadores hacen una huelga, los que en teoría crean la riqueza, no son capaces de crear nada. La fuerza la tenemos nosotros, los ciudadanos y los trabajadores.












martes, 31 de marzo de 2026

ROMANCE I


IDOLATRÍA


Me siento hoy muerto, sonámbulo.

Umbrías alcantarillas

constituyen mi  jardín,

mi yácija y mi sangría

El tiempo muda en silencio

mientras, invierto mi vida 

recolectando amapolas,

  ya en primavera marchitas.

 El olor nuevo de jara,

esparcido entre la brisa,

 y en el aire que me falta,

duele, cruzando esquinas

de este cuerpo casi anciano,

surge de forma obsesiva

 un resumen nebuloso.

Mil imágenes vividas

asoman desordenadas,

nombres, orgasmos y risas

que aparecen de improviso,

aunque no se lo permita.

Y también nacen los sueños,

ilusión nueva y sentida,

quebrando flores y olores.

Primavera que germina

salvaje, lúcida, inmensa,

en el subsuelo que habita

esta vieja alma acartonada

que, a ratos, se muestra altiva

y burlona en la desgracia,

que aún siente que camina

con firmeza hacia un nombre,

hacia una ignorada risa,

quiza hacia nuevos orgasmos,

para completar una lista

sin amapolas ni jara,

donde te vea dormida,

en mis sábanas, desnuda.

Entonces escribiría

una lista con tus labios,

con tu voz y tu saliva, 

con tu olor y nuestro desëo

con tu cuerpo denso encima

para diluir el pasado

en mi nueva  idolatría.









 



sábado, 3 de enero de 2026

INTRODUCCIÓN

Los últimos días  los había pasado lejos, muy lejos, de su lugar de residencia. En realidad, físicamente no se había desplazado de su casa, no le apetecía conocer gente nueva ni seguir protocolos manidos y, en cierta forma, fuera de lugar para él. Había permanecido en su entorno de confort, simplemente había pergeñando su futuro que pretendía se desarrollase lejos de esos muros, de esa localidad, de esa... vida. 

Hizo recuento de personas a las que había conocido en su estancia en esa zona del país, que ahora consideraba poco más que un exilio autoimpuesto, y, sorprendentemente, fue capaz de enumerar una lista de cierta consideración de nombres, rostros y experiencias compartidas. Y, sin embargo, sentía que nada le ataba allí.

Consideró que, tal vez, no había realizado un esfuerzo suficiente para encajar en aquel lugar, tras más de dos décadas; pero de inmediato  descartó esa posibilidad porque, de otra manera, no hubiese conocido a tanta gente y, en su fuero interno, poseía la certeza de que aquello que un día le llevó a ese lugar y le retuvo durante mucho tiempo, ya no constituía un imperativo, ni tan siquiera una excusa, para dilatar su estancia en aquella cárcel sin muros y, desde un punto de visto estético, con unos barrotes preciosos construidos sobre una naturaleza cambiante e hipnótica. 

De manera simple, tal vez muy simple, todo se resumía en la necesidad que sentía de quererse y, por qué no decirlo, de sentirse querido. 

Recordó como llegó aquí, dejando atrás todo lo que le proporcionaba estabilidad: pareja, familia, amigos, en pos de un trabajo que sabía le proporcionaría la seguridad que tanto anhelaba. Su pareja le acompañó año y medio después y allí conformó su propia familia, que en un momento dado, fruto de la ambición (aún resonaban en su memoria esas palabras: "tengo que mirar por mi futuro") se vino abajo, no por el desgaste lógico de las relaciones, si no por la necesidad ajena de apropiarse de todo lo material, e incluso de lo inmaterial. Años después, cuando todo se revirtió, pensó en la mezquindad de la codicia y de las personas codiciosas; así como en la importancia de persistir en la lucha hasta encontrar el momento adecuado para conseguir lo pretendido o, como en este caso, más de lo pretendido en un principio. 

De esta experiencia extrajo varias conclusiones, pero, sin duda, la más importante se puede sintentizar  en la importancia de poderse mirar todas las mañanas al espejo sin culpa, no necesitando adherirse a causas externas, y en muchos casos difusas, para justificar los actos realizados. 

Conoció después mujeres, incluso de alguna se enamoró, pero, con excepción de Elena, por la que, a fecha de hoy, no sabe muy bien si siente algo (hace poco comenzó a creer que aquellas personas a las que se ha amado y no te han hecho daño, o excesivo daño, siempre forman parte de uno mismo, sin conocer con exactitud la palabra exacta que define a esa pedacito que aún vive dentro de nosotros).

A pesar de su deseo (convicción) de mudarde, había ordenado su casa como hacía años no lo hacía; rescatando incluso las ganas de volver a enfrentarse con su guitarra o con su cámara de fotos, ambas olvidadas en algún rincón de la indolencia. Pensaba que, de alguna manera, ese orden externo era el reflejo de un orden interno que, desde hacía unas semanas, sentía que se iba imponiendo en su vida, después de un largo tiempo de ir trampeando como podía el día a día.  Existía dentro de él, cada vez de manera más palpable, un sentimiento extraño que aunaba la claridad de propósitos con una especie de limpieza interior, lo que no impedía que sintiese en muchas ocasiones, esa sensación de tristeza, de la que buscaba huir. 

Poseía la certeza de que esos momentos de claridad representaban la única salida posible a esa situación de enmohecimiento vital en la que se encontraba desde hacía años. Esa claridad generaba momentos de lucided, de limpieza, en los que volvía a sentirse ilusionado, optimista e incluso alegre. Períodos en los que parecía navegar sobre el tiempo con la facilidad del que sabe que engrana los segundos de manera correcta. Esos instantes borraban ese cajón oscuro en el que habitaba, bien por indiferencia,  bien debido a las circunstancias, o bien a cuasa de una conjunción de ambas.

No se trataba de un propósito pasajero o caprichoso; al contrario, todo constituía parte de un proyecto vital innegociable e imprescindible, que iba más allá del cambio de entorno. Se trataba solo de revivir antes de que la voragine de los años le atrape de manera irreversible.

Sin embargo, este tiempo no había discurrido en balde. Había vivido, disfrutado, sufrido, amado, odiado, luchado, perdido, ganado, conocido gente variopinta, alguna incluso poco recomendable para el estándar oficial, viajado, escuchado, hablado... con mucha más intensidad y en muchas más circunstancias que mucha de la gente que conocía. Y eso lo apreciaba. No necesitaba que muriese nadie para identificar un modelo de lo que fuere. Tal vez, todo se redujese a eso, a seguir viviendo, experimentando sin la sujeción de lo que ahora le maniataba de manera real o sólo en su mente.


lunes, 1 de septiembre de 2025

LA VIDA EN EL PUEBLO

 Yo soy un urbanita, que lleva mucho tiempo viviendo en un pueblo. En un pueblo normal, con sus casas bajas, sus perros, sus ovejas y sus comadres que te preguntan quién ha fallecido cuando tocan a  muerto. Como aún no conozco a todo el personal, y muchos menos sus motes: Los Tejares, los Chuminillos, los Follacabras (creo que estos provienen de familia de pastores, pero no estoy muy seguro)..., me limito a responder que el muerto no soy yo y que poco más puedo contar. Las mujeres me suelen mirar de manera un poco rara tras la respuesta. Aún no sé si  porque piensan que soy gilipollas o porque están cerciorándose de que el muerto no soy yo. A saber.

Por cierto, anécdota real. La panadería del pueblo, como otras tiendas, es un lugar donde hablar de lo divino y lo humano. En una ocasión, que esperaba mi turno para comprar el pan, dos ancianas  hablaban sobre el nuevo cura y el comentario unámime de ambas es que "daba los entierros muy bien". Uno se imagina como, tras la misa y el pésame, las viejas del lugar alzan carteles con una puntuación del 1 al 10 valorando la actuación del sacerdote tras el ejercicio de sus funciones funerarias. "Pues yo le doy un siete porque la misa ha sido muy larga"; "Pues yo un 9 porque se ha dirigido muy bien a la familia y ha dado muy la mano cuando lo de la paz"...

 De manera paulatina me he acostumbrado a lo que significa vivir en una población sin grandes avenidas, carente de centros comerciales o de lugares donde vender oro al mejor precio. Realmente, para adaptarme he sufrido un proceso que comenzó cuando descubrí que los huevos no nacen en las trastiendas de los supermercados y provienen de unos animales, casi mitológicos en la gran ciudad, que responden al nombre de gallina. Un auténtico trauma iniciático, que me abrió un universo nuevo y fascinante: las gallináceas.

El mundo de la gallina y su macho, el gallo, resulta alucinante para el neófito rural. Cuando los foráneos vienen al pueblo donde vivo, a disfrutar del "turismo rural", suelen sorprenderse de que el gallo cante a las cinco o a las seis de la mañana. De hecho, algunos creen que se trata de una atracción más, sufragada por el ayuntamiento de la localidad, para dar más veracidad a la experiencia rural que están viviendo. Pues no. El ayuntamiento del pueblo solo financia el acto de tirar la cabra desde el campanario, los encierros de toros de 876 kilos, en los que siempre pillan a un turista que andaba escaso de reflejos porque no había dormido bien a causa del gallo que le había despertado a las cinco menos diez de la mañana y, por último, una actividad de alto riesgo denominada: Migas gratis para todos. En dicho acto los ancianos recobran una lozanía olvidada y son capaces de apartar a su paso, bien de un certero empujón, bien de un puñetazo, al más musculado joven de la localidad y todo por poder repetir un segundo o tercer plato de migas.

El gallo canta muy pronto porque lo hicieron así de hijo de puta. No hay más explicación. De hecho, existe una expresión en español que se refiere a la hora en que se duermen las gallinas, que indica que dicho animal inicia su descanso nocturno muy pronto. ¿Y por qué hacen esto? Porque el hijo de puta del gallo las despierta tempranísimo. Existen estudios recientes de afamados biólogos que defienden que las gallinas ponen huevos a diario para manifestar que están hasta los mismísimo de tener que madrugar día sí, dia también por culpa del puto gallo.

A muchos turistas les surge una duda existencial cuando descubren los árboles frutales: ¿Ese fruto con forma de higo se come? Respuesta: Nooo, están puestos ahí por la Diputación Provincial, para justificar su existencia y las dietas de sus políticos. Los higos, las naranjas, las cerezas... crecen en fincas secretas donde trabajan los adolescentes de los pueblos que han sido castigados por no querer estudiar. Es cierto, se sigue practicando el trabajo infantil, pero, por suerte, nadie en los pueblos se va de la lengua y el negocio viene bien a todos. Seguro que todos habéis oido hablar de las dificultades  de los maestros rurales (los que dan clase a los niños de 3 a 12 años), pero ninguno habréis escuchado que los pofresores rurales (los que trabajan con adolescentes a partir de 12 años) tienen dificultades en sus aulas. Ya sabéis el porqué. 

En realidad todo lo anterior es una broma podéis comer fruta de los árboles o moras de las zarzas en verano. Eso sí, no estaría de más saber dónde está el centro de salud más cercano o en qué pueblo está situada la farmacia de guardia ese día. Aunque, si no estáis seguros, siempre podréis dar a pobrar esa fruta a ChatGPT, que os podrá asesorar sobre su idoneidad.

Existe todo en mundo en el turismo rural: la compra de productos típicos del o de los pueblos. El típico pan de pueblo y sus dulces caseros, muchos de ellos más secos que el ojo de un tuerto, pero que todo el mundo comerá en el trabajo con gusto y fruición, porque "los he comprado en la panadería  del pueblo, que era un local pequeño y con el horno al fondo". Con ese discurso te puedes comer un dulce hecho de piñones y más seco que el Sahara o un pan un poco duro, pero que tras tres días no puede usarse aún como arma por parte de los antidisturbios, porque "Este es el pan de toda la vida. El que comían nuestros abuelos y nuestros padres. Esto es sano. Así estaban ellos". Pues yo no sé como vivían entonces, pero casi todos, unos años después tenían artrosis, hernias de diferentes tipos, problemas de diabetes... 

El turista rural también tiene querencia por queserías, lugares donde se venden productos derivados del cerdo, en especial si es ibérico, y tiendas de souvenirs, generalmente regentadas por un tipo que vino al pueblo para tener calidad de vida, estafando a los visitantes con la venta de productos, la mayoría de ellos sin utilidad alguna, a los que quintuplica el precio. 

Resulta curioso que esa misma gente, sobre todo ellas, que han pasado meses sojuzgadas por la operación bikini sean capaces de comprar antes de irse, cuatro panes, porque duran mucho, siete kilos y medio de dulces típicos del pueblo para repartir, un queso de oveja curado, uno de cabra, también curado, un queso fresco de cabra, "para cenar", un tarro grande de queso de oveja en aceite y veinticinco sobres loncheados de productos ibéricos varios, "porque esto dura mucho". Ha comenzado la operación "Hasta después de Navidades comer en grandes cantidades".

Me sigue fascinando la capacidad de los visitantes rurales de hacer colas cuando  se encuentran en lo rural: cola para comer en el restaurante, cola para visitar tal sitio, cola para ver mear una vaca... ¡Fascinante! Sin  embargo, ninguno de ellos se interesa por la gran atracción turística, eso que les volvería locos de atar, y para lo cual, seguramente, no se encuentran preparados: la frecuencia de los transportes públicos. Que un autobús pase una o, si hay mucha suerte y estás cerca de una gran población, dos veces al día resulta algo impresionante e indescrifable para la gente de ciudad.  O ese deporte de riesgo que es utilizar el transporte en lugares como el que vivo, Extremadura. Realidad incomprensible, que decía la canción. No pueden comprender que en los pueblos no exista el Bus buho y que lo más parecido que tenemos aquí es el Mariano y el Fermín, que se ponen hasta arriba de farlopa cuando salen de fiesta y, en ocasiones, llevan los ojos más abiertos que  un adolescente cuando ve un cuerpo desnudo por primera vez. 

Una pena, no cojan el tren, porque eso si supone una aventura. No se sabe cuándo sale, dónde te quedarás tirado en medio de la meseta en julio, con una ola de calor, se desconoce también cuando llega, siempre tarde para coger el enlace pertinente, o si te tendrás que tirar del tren en marcha porque algo se ha incendiado. Un lujo para los amantes del riesgo y de las emociones. De hecho, queridos turistas, en el tren que sale a las 10,04 se puede ver un cartel que invita a no usar ese medio de transporte a las personas con problemas coronarios y a los que tengan el colon irritable (a estos últimos por lo que puede ocurrir durante viaje que aún les puede cabrear más y eso no resulta bueno para el colon).

Ahora voy a contar una anécdota verídica que protagonicé. Volvía hacia mi casa con un amigo, tras catar las cervezas de rigor, y dos tipos con unas bolsas de un supermercado, al que se habían aventurado a ir desde su casa rural, volvían a ésta, o lo intentaban. Como muchos sabrán en una parte de los pueblos, la más antigua, el urbanismo lo han diseñado unos amigos del Mariano y del Fermín tras salir con ellos de fiesta. Calles pequeñas, estrechas, recovecos, nada tiene un orden y concierto determinado... Estos dos visitantes, más perdidos que Franco en el desfile del 1 de mayo de la URSS, nos preguntaron por la casa rutal tal. En mi pueblo existen varias casas rurales y algunas tienen el mismo apellido, lo que varía es si son Encantos de..., El mirador de..., La flatulencia de... por lo que yo no tenía ni idea. Mi amigo, del pueblo de toda la vida, sí que sabía cuál era, aunque llegar a ella resultaba un poco complicados, por lo intrincado. En ello tuve la feliz idea de decirles a la pareja de exploradores que podían utilizar el GPS del móvil para llegar. La cara de gilipollas que pusieron cuando se dieron que un paleto les estaba diciendo que usaran las nuevas tecnologías para llegar a su destino en una mierda de pueblo tuvo su aquel. Aún no sé si era porque estaban agradecidos, abochornados por no haberlo pensado o es porque tocaban  a muerto y alguien les estaba preguntando por detrás si sabían quién había fallecido. 

Recordad, queridos urbanitas, cuando vayáis a un pueblo observar, saludar, haced e id a los mismos sitios que van los lugareños, excepto si se trata de la familia de los Follacabras, por si acaso.





sábado, 23 de agosto de 2025

CUADERNO DE VIAJES (SENEGAL)

 Viajar supone traspasar la zona de confort, en mayor o menor medida. Cuanto más nos alejemos de nuestros patrones diarios y más desconocida resulte la compañía mayor nivel de incertidumbre existirá en este acto voluntario de curiosidad y exploración.

Desde hace tiempo considero que existen demasiados países semejantes, con personas semejantes y con costumbre semejantes, que confluyen en un centro comercial similar a otro ubicado a 2.000 kms o en una franquicia de comida o bebida, de nombre inglés. Esto mismo lo sentí, en cierta forma, cuando volví a Marruecos veinte años después, y formé parte del tráfico alocado o visité, por desgracia, un centro comercial en Casablanca. 

Tal vez por ello, y por la épica de la aventura que suponían las primeras ediciones del Dakar, qEue acababan en ese mítico Lago Rosa, tenía entre ceja y ceja, desde hacía algunos años, visitar Senegal. Una parte del globo lo suficientemente lejana, y pobre, que me permitiría ver, y sentir, algo distinto a las aglomeraciones informes que caminan en pos de un selfie en el monumento o lugar natural de turno. Y en uno de esos raptos de improvisación, cuyos resultados pueden considerarse óptimos, me apunté a un viaje al país africano, con tiempo insuficiente como para que la vacuna de la fiebre amarilla alcanzase su nivel de eficacia óptimo.

Resulta extraño que alguien como yo, cada vez más asocial, se embarque en una aventura en la que la primera premisa siempre es conocer gente nueva. Aprendí mucho, y añoré mucho, a mi hijo cuando cogemos las olas, crear y no contemplar, la importancia de la Historia... Nada que no se deba a mi lugar en el mundo.


La verdad que ya en el avión sufrí un baño de realidad: una docena de personas blancas y una gran mayoría de personas africanas. Íbamos a su tierra, los extranjeros allí éramos nosotros. Extranjeros con alto poder adquisitivo para ellos, pero foráneos al fin al cabo.

Intuyo que siempre viajamos con nuestra brújula y cuando llegamos en la estación húmeda desde un país que está atravesando una ola de calor, que acabó devorando parte del mismo, sentimos la curiosidad sobre la frecuencia y la cantidad de esas lluvias, tan necesarias como inexistentes, pocos días después en España.

Existe siempre una barrera entre el turista que, ante lo desconocido, se parapeta en un buen hotel, lejano a la realidad de las gentes y los lugares que, por qué no decirlo, nos asustan un poco, por no saber lo que puede ocurrir. Esa distancia se puede romper de alguna manera, siempre de manera controlada, hablando sobre la realidad del país y del contintente con los guías, que nos transmiten su visión particular y, en ocasiones, enriquecedora. Es absurdo ir a un lugar lejano y volver sin saber que la poligamia resulta harto frecuente en el país o que la religión musulmana, mayoritaria, convive en paz con el catolicismo y que los practicantes de ambas creencias conservan un transfondo de creencias animistas en su interpretación del mundo. 

Resultaría igualmente imperdonable desconocer que las mafias que trasladan hasta España a los que puedan pagarlo (entre 700 y 1000 euros) también realizan sus campañas de publicidad para captar usuarios de sus servicios, que a veces sólo consiste en darles una vuelta uno o dos días, para volver al punto de origen o a algún lugar cercano, previo pago íntegro del pasaje. Ni tan siquiera la Guardia Civil, que allí se encontraba para formar a la Policía de Senegal e intentar parar este tráfico humano, conseguirá nada. Demasiada pobreza. Demasiado dinero llega de los inmigrantes que lo han conseguido y que mandan una cantidad, ridícula en España, exorbitante allí, a costa de compartir casa con muchas personas, de jornadas de trabajo durísimas en invernaderos. La gente sólo ve el "´éxito". Prefiere olvidarse de los ahogados, muchos, de los estafados por las mafias, de las penurias, que muchos no conocen en Senegal, eso es cierto, de los que llegan a España, para poderse permitir enviar ese dinero. Sólo ven al blanco, a mí, que se hospeda en un resort, y que vive a cuerpo de rey. Eso lo ven todos los lugareños que trabajan allí, los más afortunados del entorno, pues tienen un buen trabajo, con días de descanso y un salario digno, para lo que se estila en Senegal. El blanco que va, que vuelve, que puede dejar generosas propinas, que gasta mucho dinero en la tienda del hotel. El modelo a seguir. No para todos, porque existen personas que quieren construir una patria nueva, en la que las riquezas sirvan para mejorar la calidad de vida de las personas que han nacido en su país. 



Las excursiones  constituyen un acercamiento, siempre incompleto, a la realidad. Resulta curioso ver los católicos en su iglesia el domingo con sus vestimentas de fiesta, de colores vivos y alegres, para acudir a la misa más importante de la semana. El mismo rito que aquí con la idisioncrasia del lugar, con la iconografía senegalesa e, incluso, con los cepillos para pedir construidos con la madera local y la forma típica de allí. 

Como en Egipto, los ríos con vertidos de todo tipo, pero sobre todo de plástico: botellas, bolsas... Cada vez que veo algo así pienso en lo que aquí nos venden sobre el reciclaje y el complejo de culpa que intentan infundirnos. Los animales, como aquí hace bastantes décadas, junto a las casas, en condiciones de salubridad muy mejorables. Y la lluvia intermitente,  todo lo contrario que los vendedores, que resultan perennes, parte consustancial del ecosistema. 

Casas de una planta, pequeñas, muy pequeñas, con tejado plano, construidos con bloque de hormigón, sin seguir ninguna pauta de urbanismo. Hogares separados de manera arbitraria, no siempre se apoyan en otros, y calles en las que el asfalto sólo  existe en las películas que ven a través de las antenas parabólicas que se observan, con bastante frecuencia coronando los hogares, los ojos hacia Occidente, junto con los móviles. Antenas parabólicas, las mismas que en Marruecos hace 25 años, las mismas que en el sur de Egipto. El mundo, la distracción, la uniformidad.



Y también la misma población predominamente joven. La natalidad unida a una mejor Sanidad, muy  lejana a la nuestra, pero mejor que hace cinco décadas, conforma un crecimento de África, una fuerza informe y vital, dispuesta a lo que fuere para intentar lo que desea. Pero también una fuerza joven, en algunos casos, conscientes de sus necesidades como colectivo, panafricanos, que admiran a los militares del Sahel que han tomado el poder, expulsado a los soldados franceses y yanquis y han nacionalizado sus riquezas. Oficiales que en su lucha contra Boko Haram  iban destrozado a la bestia islámica y que contemplaron con estupor como sus gobiernos les detuvieron en su empuje militar, para perpetuar una guerra, la compra de armas. Ante esa coyuntura no dudaron en derrocar a sus corruptos y proocidentales gobiernos y volver a intentar que las riquezas de sus países se usen en beneficio de sus propios habitantes. 

Las guerras, los vendedores de armas, la miseria no sólo es patrimonio de África. La misma mentira nos venden aquí con el rearme contra Rusia. En todos los lugares las élites utilizan la misma excusa para beneficiar a unos pocos. 

Los gobiernos occidentales, léase Macron y EEUU en este caso, las élites extractivas del país y los viejos cultos, como el de los niños bardos, que eran "enterrados" dentro de los baobabs, pues no habían cultivado la tierra y no tenían derecho a  ser enterrados en ella. Con esta creencia se acabó en 1970, diez años después de su independencia de Francia, con muchas críticas de parte de los senegaleses que atribuyeron una sequía que ocurrió pocos años después a haber acabado con esta costumbre.

Los baobabs, monstruos colosales algunos de un tamano excepcional. Los baobabs de El Principito, que perdieron todo su magia para mí, o tal vez cobró otra forma de misticismo, cuando estuve dentro de uno de 900 años, el más antiguo del país. En ese hueco inmenso, cuya acceso se hacía por un pequeño hueco a casi un metro y medio de altura, en su momento hubo cadáveres de niños bardos. Dentro de sí acogía la muerte de los que no tuvieron tiempo de vivir, la vida de los extraños que nos adentramos desde el presente. Fuera de él existía la veneración animista de los senegaleses y la utilidad de su fruto, el pan de mono, en forma de infusión, como tratamiento de la gastroenteritis. 




Gorée, la Isla de los esclavos, una más de las esclaverías que comenzaban en Senegal y recorrían el Golfo de Guinea. Portugueses, holandeses, ingleses y franceses compitiendo por hacerse con el monopolio de la venta de esclavos en América. Esclavos cuya captura y primera venta hacían otras tribus negras (los europeos no se aventuraron a colonizar África hasta fines del XIX). Desde el siglo XVI al XIX entre quince y veinte millones de personas negras fueron vendidas como esclavos- Una parte de ellos, como ocurre ahora con las pateras que salen de Senegal, morían en el viaje. La pimera vez que se declara la peste en África fue en una esclavería por las condiciones de hacinamiento e insalubridad.

Europa, esquilmando África de todas las maneras posibles desde el siglo XVI hasta ahora mismo. Europa no representa ningún tipo de ejemplo para nadie. Ni antes ni ahora. 

Gorée, la Isla de los Esclavos, y de los vendedores. Camisetas de Senegal, pulseras, imanes, objetos  de arte, telas, ropa típica... Regateo hasta la estenuación si se desea.



No impresiona tanto ver animales salvajes en libertad, tal vez los zoológicos y los medios han restado, por lo menos a mí, una parte de sorpresa al ver cerca de ti jirafas, monos, rinocerontes, impalas... Tal vez lo más impresionante resultó lo que no se encontraba en libertad: los cocodrilos, con su quietud inquietante, o las hienas, que, desde mi punto de vista, desprendían un aura de acecho, de oportunismo. 

Bañarse en un manglar, sin cocodrilos ni nada por el estilo, resulta una experiencia divertida, agua de mar en intricado callejero formado por la vegetación. Aves marinas, en esta época más escasas, y el conductor de una de las barcas que nos llevo pescando con sedal y pan varios peces en muy poco tiempo. Aguas ubérrimas, como todo el país,  pesar de seguir cultivando el mijo (el cereal del país) con una mula y un arado en muchos lugares. 

La estación húmedad se hizo realidad una noche. Una tormenta de tres o cuatro horas, en la que la cantidad de agua y de rayos parecían competir para llegar a una cantidad infinita, nos mostró la cara más real de esa época. Por el día, desde el autobús, pudimos contemplar como todas las calles de los pueblos y ciudades que hasta el día anterior eran tierra, habían mudado su orografía, convirtíendose en buena parte en grandísismos charcos, donde los mosquitos podían obtener un hábitat muy confortable. Los mismos mosquitos que transmiten la fiebre amarilla y otras enfermedades como el paludismo.

Esa noche, ya en el hotel, pudimos ver y sufrir como una grandísima  cantidad de un tipo de termitas se hicieron dueñas del hotel durante un buen período de tiempo. La lluvia de la noche anterior había provocado que se moviesen corrientes de aire y movido con ellas a los insectos. Al menos eso nos contó una guía española. La invasión acabó como llegó, casi de improviso, con un montón de insectos en el suelo muertos. Algo impesable en la tan ordenada Europa.

Un hotel nuevo en un país lleno de deshechos de Europa: coches, neumáticos, ropa, medicamentos que llevé para mi y dejé antes de volver. Tal vez en ese aspecto sí que reciclen todo lo que nosotros no queremos usar ya. La basura de unos es la felicidad de otros, por desgracia. 

Dakar. Tal vez no lo vimos con detenimiento, de hecho no vimos el Lago Rosa, porque, según nos contaron, el uso no adecuado de sus recursos, unido a la temporada del año, parece que afectan a esta cualidad del lago. Un motivo para volver algún día, si sigue ahí. Obviando en esa próxima el monumento al Renacimiento Africano, cuyo mayor interés es la vista completa que desde arriba, después de subir 198 escalones, se obtiene de la península en la que está ubicada la ciudad de Dakar.



Como nos dijó uno de los guías:"Africa tiene su ritmo. Si no se hace hoy, ya se hará mañana"; pero, además, tiene el encanto de lo que queda lejos de nuestro día a día; de nuestra concepción del mundo: de nuestro monótono y, hasta el momento previsible, siglo XXI europeo.















domingo, 22 de junio de 2025

HABITACIÓN 403

 - ¿Qué ha dicho el doctor? - preguntó el hombre, que frisaba los cincuenta, entrando en la habitación en la que dos camas se encontraban ocupadas por dos hombres, uno  anciano y otro de unos veinte años menos,  ambos con goteros.

- La evolución es buena, pero lenta. Aún tendrá que permanecer unos días más hospitalizado - respondió la mujer interpelada - ¿Que te ha dicho de tu padre?

- Parecido. Seguirá aquí unos días, hasta que puedan darle el alta con garantías. Parece que no quieren un segundo reingreso - contestó con una entonación que no podía ocultar el cansancio, a pesar de su voz grave. 

-  Habrá que armarse de paciencia - alego ella, a modo de colofón. - Mira, están dormidos. Parece que la visita del doctor ha actuado como un analgésico.

- Creo que voy a aprovechar para bajar a la cafetería del hospital a tomar algo. ¿Te apuntas? - preguntó el recien ingresado en la habitación.

- ¡Gracias! Creo que te voy a acompañar, Pablo. Me vendrá bien despejarme un poco, aunque para ello deba tomar ese brebaje insufrible que en este lugar sirven bajo el nombre de café - acepto ella.

Ambos se encaminaron al ascensor, ella tras coger su bolso y asegurarse de llevar su móvil, para acceder hasta la planta baja, donde se encontraba ese lugar que durante estos últimos días les había servido para comer, cenar o, como en este caso, tomarse un café, siempre, con la excepción de esta ocasión, cada uno por su cuenta. Tras casi una semana coincidiendo, y casi conviviendo en ocasiones, en la habitación donde se encontraban hospitalizados el marido de ella y el padre de él, por primera vez habían decidido compartir un ratito de desahogo o desconexión lejos de los dos enfermos, que seguían durmiendo en la 403 del bloque C.  

Eso no impedía que en las esperas en el pasillo de la cuarta planta del bloque C, bien porque debían limpiar la habitación, asear o cambiar a los enfermos o por cualquier otra cuestión, no se hubiesen producido conversaciones entre ellos, donde habían descrito sus respectivas situaciones vitales a su  interlocutor. "Dos islas perdidas", dijo Gema cuando escuchó la narración, más o menos detallada, de los últimos quince años de la vida de Pablo. Y él pensó, aunque se guardó mucho de manifestarlo en voz alta, que tendría una gran suerte la persona que llegase a formar un archipiélago con ella. 

Después de pedir dos cafés con hielo, cualquier cosa para mitigar el sabor de ese mejunje resultaba válida, se sentaron en una mesa al lado de un ventanal, cuyas vistas terminaban unos ocho o diez metros más allá,  donde arrancaba uno de los edificios, el bloque A, del hospital. A ninguno de los dos pareció importarles mucho esa limitación paisajística, pues ella comenzó a hablar y él parecía escuchar con toda la atención que no tuvo durante su época de estudiante de secundaria. 

- Esto resulta duro. Tantos días aquí. Los hijos lejos, con su vida hecha y sus obligaciones. Hace tiempo desistieron de venir. Los ingresos de Fidel en los últimos diez, doce años resultan frecuentes y ellos no pueden, ni deben, hacerse cada poco ochocientos km en el caso de uno y más de  dos mil quinientas en el caso de la otra cuatro, cinco o  seis veces al año, como poco. Estoy agotada, Pablo - contó ella, acompañando las palabras con un gesto con las manos, que servía para reafirmarse en su cansancio casi eterno. 

- No sé muy bien que decir, Gema. Entiendo ese sentimiento de cansancio, pero, sobre todo, el de soledad ante esta situación repetitiva, que te lleva a enfocarte en el otro, olvidándose de uno mismo. Por momentos aparece la sensación de que la vida se escapa entre los dedos, sin dejarte elegir aquello que deseas hacer. Comprendo lo que vives, mi padre, como sabes, ha estado hospitalizado unas cuantas veces los últimos tres o cuatro años y resulta demoledor, y más estando solo en este trance, como nos ocurre a nosotros - concluyó mirando a los ojos cansados de color verde de ella.

- Sabes, durante muchos años la vida con Fidel solo puede calificarse como buena o muy buena, depende de las temporadas. Él tiene dieciséis años más que yo y gracias a ello me enseñó muchas cosas de la vida y, sobre todo, viví muy bien a su lado. Viajes continuos, buenos hoteles y grandes restuarantes, ropa de calidad... Todo lo que alguien, sin distinción de sexo, puede desear. A cambio de ello renuncié a mi vida profesional, pero tuve la suerte, y en ocasiones la  preocupación, de ver crecer a mis dos hijos y criarlos yo, sin intermediarios. Sin embargo, ahora, la larga enfermedad de Fidel, que cada vez agrava más su capacidad de raciocinio, y la distancia a la que se encuentran mis hijos, me han dejado en una situación de soledad, en la que tengo la compañía de mi marido en cuerpo, pero no en alma. Esa persona de la que me enamoré hace muchos años se encuentra en un lugar lejano, irrecuperable y ahora convivo con alguien distinto, surgido de una enfermedad que ha carcomido su esencia. A veces me pregunto si cuando le llamo por su nombre y me responde  hablo con la misma persona que conocí y con la que tantos recuerdos maravillosos tengo.

- Resulta todo demasiado complicado. La soledad, la exigencia continua,  la imposibilidad de ser uno mismo, de realizarse, aunque sea mínimante - reflexionó Pablo. 

- Cierto. Tú no tienes pareja en estos momentos y yo, aunque tengo a mi marido cerca, siento un vacío que me empuja a una sima sin salida. Todos los problemas los hemos de asumir en soledad, gastando unas energías y un tiempo que comienzan a mostrar sus límites a nuestras edades - argumentó ella. - Yo aún necesito vivir, disfrutar, sentir...

- Te comprendo perfectamente. Una mujer atractiva, culta y agradable como tú no creo que tuviese problemas para ello en otras circunstancias, pero... El sentimiento de responsabilidad, del deber hacia otras personas nos sumerge en un laberinto del que sólo el final de la otra persona puede sacarnos medianamente indemnes. Pero mientras el tiempo se acaba y los sentimientos, los deseos, las necesidades se diluyen, despersonalizándonos un poco más aún - dijo él. 

-  Cierto - dijo ella, mientras miraba con detenimiento los rasgos de la cara del hombre que se encontraba enfrente, lo que la permitió constatar algo que ya sabía, pero que no se había detenido a considerar: ese tipo, de voz grave, y en ocasiones un poco alocado, le resultaba muy atractivo. Le hubiese gustado que las circunstancias distasen mucho de las que les había llevado a establecer un vínculo de complicidad ante la situación que estaban viviendo, pero las circunstancias no podían cambiarse.

- Me gustas mucho - comentó con su voz profunda y a la vez cautivadora. - Espero que no consideres que me aprovecho de tus circunstancias de debilidad o de la necesidad de alguien que te arrope. No es cierto. Simplemente has conseguido encender dentro de mí algo que llevaba bastante tiempo extinguido por completo.

- No sé que decir. Por un lado me resulta halagador. El hecho de sentirme importante para alguien, para ti, me genera una maravillosa sensación. Pero, por otra parte, como has dicho, la obligación, el deber me produce... - respondió Gema mientras con sus hombros generaba un mensaje de incertidumbre, de duda.

- Resulta curioso, que te muestres como alguien pasivo, que recibe halagos y que se debe a otra persona, obviando lo que sientes - razonó Pablo.

- Me gustas. Me resultas atractivo. ¿Eso es lo que quieres escuchar? - contestó. - Pero no es el momento.

- ¿Por qué? - preguntó, con una firmeza que sorprendió a ambos.

- Ya te respondí antes: por el deber - explicó escuetamente. 

- ¿Y el deber hacia ti? - repuso él.

Ella se limitó a volverse a encogerse de hombros.

- Intentémoslo. ¿Qué podemos perder? - propuso mientras cogía las manos de Gema.

- Tengo tantas dudas, tantos miedos y, sobre todo, tendría tantos remordimientos por dejar a Fidel en esa situación - argumentó sin soltar las manos que él le había ofrecido.

- Yo en tu lugar también las tendría. Egoístamente solo te puede decir que dejes decidir a tu corazón, a tu necesidad o a ambos - contestó. - Nunca pensé que de mi boca saliese esto, ni tan siquiera me planteé que podría decirlo, pero me alegro de que, por enésima vez, mi padre fuera hospitalizado; de otra manera jamás te hubiese conocido. No sé si para ti posee algún sentido lo que acabo de decir, pero para mí resulta algo así como la luz que anuncia el final del tunel. 

- La luz que anuncia el final del tunel - repitió ella. - ¿Y si después acaba la vía y nos espera el  abismo?

- ¿Un abismo como en el que nos encontramos ahora? - argumentó Pablo. 

- ¿Y Fidel? ¿Qué pasará con Fidel? - respondió Gema.

- No soy yo quien debe responder a esa pregunta. Pero, me dijiste que la decisión de internarle en una residencia la tenías tomada desde hace tiempo y que sólo te quedaba por dar el paso, el más duro, de decidirte por una. Tú no puedes cuidar de él como lo harán en un buen geriátrico. Su situación cognitiva muy deteriorada. Sus olvidos, incluso a veces de tu nombre. Sus respuestas, en ocasiones violentas cuando se siente perdido. Sus caídas frecuentes, debido a la torpeza motriz que  la enfermedad le causa. Necesita un tipo de atención muy específica que tú no le puede proporcionar y lo sabes - adujo con voz pausada. - Además, siempre podrás visitarlo en esa residencia y ayudarle en lo que necesite. Su patología seguirá un proceso que llevará a Fidel a no reconocerte y, probablemente, a acabar encamado. Lo siento, suena duro, pero no he dicho nada que no hayas pensado tú.

- Lo sé - contestó, acompañando las palabras con un gesto de asentimiento con la cabeza. Un gesto que parecía abrir la puerta a una realidad necesaria y tantas veces aplazada por ese sentimiento del deber, por una fidelidad mal entendida y, por qué no decirlo, por un miedo a qué va a ocurrir cuando en la casa sólo resida ella. Sólo su voz y las sombras de los recuerdos plagados de ausencias. 

- Siento algo por ti. Algo muy poderoso, que me hace desear venir a este jodido hospital todas las mañanas. Vamos a intentarlo - dijo sin dudar.

- ¿Qué pensarías si fuese a ti a quién abandonara, en vez de a Fidel? -  preguntó 

- Obviamente, no me gustaría. No te puedo contestar otra cosa. Pero en este asunto soy Pablo, que sólo aspira a que la persona que ama, tú, le corresponda. En las relaciones siempre hay vencedores y vencido, que, a veces,  en función de las circunstancias son los mismos. Intuyo que, decidas  lo que decidas, siempre  vas a perder de alguna manera - reflexionó. - Si me rechazas te reprocharás no haberte dado una oportunidad. Si me aceptas, sentirás, al menos al principio, que has dejado al hombre con el que has compartido experiencias, hijos... en una residencia, mientras tú disfrutas de la vida.

- Lo has descrito perfectamente.

- Creo que deberías tomar una decisión que suponga el menor daño para ti - argumentó.

Ella calló en su turno de respuesta. Tras unos segundos de duda se limitó a acercar sus labios a los de él y le dio un beso fugaz.

domingo, 15 de junio de 2025

HABLEMOS, INCLUSO DE EDUCACIÓN (II)

En la entrada anterior comentamos la importancia del entorno para el adecuado desarrollo del alumno. Obvié hablar de aspectos como la adolescencia y, en ocasiones, sus consecuencias en la motivación del alumno hacia todo lo referido a la Educación. De igual manera, no me adentré en cuestiones como el absentismo escolar, que, por experiencia personal, sé que en determinados colectivos constituye una constante. por no alargar en demasía  la entrada. No constituyendo, hoy tampoco, el objetivo de este post.

El tema que abordaré en esta ocasión es uno que a muchos profesionales de la Educación nos preocupa: el sobrediagnóstico.

¿Qué entiendo por sobrediagnósitico? Este concepto hace  referencia al gran número de niños, alumnos, que tienen un diagnóstico,  recogido en el manual diagnóstico y estadístico DSM-5, realizado por un profesional. Hasta aquí todo normal, pues todo se rige por unos patrones iguales para todos. Pues sí, pero no. Para explicarlo voy a contar una breve historia personal.

Hace unas semanas mi padre ingresó en un hospital con una más que posible neumonía, pero, el médico me dijo que tenían que realizar un cultivo para determinar que bactería lo había provocado y asegurarse. En efecto, tras realizar un cultivo, tuvieron la certeza objetiva de que un neumococo había causado la enfermedad. ¿Y esa misma certeza objetiva no ocurre en cuando los profesionales utilizan el DSM-5?  Pues, desgraciadamente, no. Puedo contar casos de alumnos diagnosticados por distintos profesionales de manera diferente ante un mismo hecho. El de profesionales de la medicina o de la psicología cuyo índice de alumnos con TDAH diagnosticados es asombrósamente alto (recuerdo uno en un curso al que acudí que alardeaba de ser el segundo profesional de la sanidad que más casos de TDAH diagnosticaba y tras asistir a sus charlas no me extrañó). De igual manera es vox populi el elevado número de alumnos que son considerados niños con trastorno del espectro autista. Uno recuerda a Ángel Rivière, que en paz descanse, hablando del continuum que suponía el autismo, pero para algunos no se trata de un continuum, más bien lo han convertido en un totum revolutum. 

Tal vez cuando Leo Kanner, a mediados del siglo pasado, hizo referencia, por primera vez en la historia, a unas personas con unas características determinadas, autistas, apuntó a unos conceptos rígidos y a un tipo de patología severa, pero de ahí a lo de ahora hay un tramo muy extenso.

¡Ojo! No estoy diciendo que no existan personas con TDAH, TEA o cualquier otra patología, lo que defiendo es que al no existir una prueba objetiva, alguien puede diagnosticar a un niño con un TEA y otro profesional pueda decir que, por el momento, sólo puede considerar que tiene un retraso en la adquisición del habla. 

Hasta aquí la exposición de un hecho, pero no su explicación, que resulta crucial para compernder y abordar el problema. Así, a vuelapluma, se me ocurren tres causas fundamentales, que no resultan excluyentes:

- Considerar al individuo como un ente aislado.

- La necesidad de diagnóstico a toda costa por parte de algunos profesionales.

- Cuestión económica.

El primer apartado puede retrotaernos a la entrada anterior si tenemos en consideración la importancia del entorno, de la familia, en especial a tempranas edades. Para ilustrarlo voy a utilizar un ejemplo.

Imagine el lector que una persona anciana que vive en una residencia ingresa 4 o 5 veces con neumonía en un hospital en un período de tiempo breve, pongamos tres meses. Los médicos se pueden plantear que ocurre en el organismo de esa persona para infectarse continuamente y hacer un estudio  exhaustivo al paciente o también pueden considerar que en el lugar donde vive esa persona hay un problema que lleva a ese paciente a ingresar en el hospital con frecuencia. Una hipótesis no invalida a la otra; solo se trata de buscar una respuesta a un hecho. Pues bien, una parte de los profesionales que diagnostican a nuestros niños optan por la primera hipótesis: el estudio exhaustivo del paciente. Lo cual, de manera impepinable, conlleva poner una etiqueta, dar un diagnóstico. 

¿Cambia esto algo? Por lo general, no. Al contrario, pone una etiqueta al niño, que, en muchos casos, no le va a favorecer. Y, por mi experiencia, la medicación, en un número significativo de niños, pasado el momento incial, no varía la conducta de estos niños, en especial los que tienen ciertas caracaterísticas. 

 ¿Cambia el entorno del niño, que con ciera frecuencia es el generador de ese tipo de problemas o el acrecentador de los mismos? Misma respuesta: por lo general, no. Es más ese entorno ya puede tener, no digo que sea siempre, ni mucho menos, una excusa para no variar nada, porque es una cosa interna del niño.

Por supuesto, existen profesionales que, casualmente, detectan en un gran porcentaje de los niños que pasan por sus manos algún trastorno, por lo general, siempre el mismo, y que arrastran una cierta fama entre los profesionales de la  Educación de la zona. Por ejemplo uno que conocí en un curso sobre niños e hiperactividad, impartido por el mismo, que alardeaba de ser uno de los profesionales que más niños había diagnosticado de TDAH en España, se encontraba, según el, en el podio (no voy a decir en qué lugar, por no dar más pistas), ejerciendo su labor en una localidad que no se encuentra entre las 35 ciudades más pobladas de España. Podría poner algún otro ejemplo, pero este, por ilustrativo y porque sé que entre sus propios compañeros médicos, algunos con la misma especialidad, tiene una fama horrible, resulta suficiente.

Sobre el último punto: la cuestión económica reflejar que se mueve mucho dinero en este mundo. Desde laboratorios farmacéuticos, que venden mucho metilfedinato, por ejemplo, bajo ciertos nombres comerciales, hasta, por lo que yo veo en mi entorno próximo, profesionales ajenos al sistema educativo y al sistema público, que tienen ahí un nicho de trabajo, en  muchas ocasiones pagados con las becas anuales del MEC de ayuda a los niños con NEE, y que, en ocasiones, realizan una labor que poco o nada ayuda a que haya una línea única de trabajo con el niño, creando incluso tensiones con los centros educativos. Me viene una anécdota a ese respecto sobre un centro de estudios cuyo diagnósticos defienden que si en un test tiene problemas en algún aspecto, lo relaciona con un áreas cerebral y su mal funcionamiento. Así, sin TAC, resonancias ni na de na. Por mis coj... morenos. 

Uno recuerda cuando empezó a estudiar Magisterio y cuando comencé Psicopedagogía, lo diferente que veían dos profesionales un mismo problema. Cuando yo comencé a formarme como maestro existía, y existe, una cosa llamada Dificultades de Aprendizaje. En los lejanos 90 se atribuía a algo denomina disfunción cerebral mínima. ¿Qué era eso? Nadie lo sabía, pero hacía que muchos niños, en especial en EEUU, tuvieran que recibir una atención especial.

En el 2000, estudiando Psicopedagogía, ya con experiencia laboral, di con dos grandísimos profesores, Jesús Sánchez y José Orrantia. Éste último nos explicó que esas dificultades de aprendizaje producidas por una disfunción cerebral mínima, se habían convertido, sobre todo en EEUU, en un grandísimo negocio: desde editorial,  tanto de experto como de materiales específicos, como de profesionales y entidades. Lo que demuestra que no hay nada nuevo bajo el Sol.

Me gustaría concluir esta entrada, creo que habrá al menos otra, haciendo referencia a que el diagnóstico clínico no debe ser lo que debe guíar nuestra labor. Como desde principios de la década de los 80, informe Warnock, queda reflejado, lo importante son las necesidades educativas y para intentar dar respuesta a esas necesidades debemos trabajar, con el apoyo de todos los implicados en el proceso: desde la inspección a las familias, pasando por equipos directivos, orientadores, ATEs, PT, AL, tutores, especialistas. Si alguno de los pilares sobre los que se asienta ese trabajo falla, habrá un problema a medio/largo plazo.

Un saludo.