martes, 14 de abril de 2026

LA FUERZA LA TENEMOS NOSOTROS

Creo que va a siendo hora de que vuelva a hablar de Política, o lo que sea que estamos viviendo en estos últimos años. Para ello voy a dedicar esta entrada a hablar del marco en el que vivimos en eso que llaman Occidente, que no es más que una idea supremacista y difusa de intentar perpetuar unos valores, que distan mucho de ser aquello que transmiten los medios y los políticos. 
Lo primero es comprender realmente qué es una democracia liberal, como la que tenemos en España.
Las democracias liberales surgen de la Ilustración y su intento de que la burguesía pueda acceder al poder. Alguien me hablará del concepto de ciudadano y otras zarandajas, que no tuvieron más remedio que ir  aceptando las élites económicas, para maquillar su toma del poder. Si nos fijamos, las primeras democracias liberales permitían exclusivamente el voto a un determinado de personas (merece la pena indagar como eran las elecciones en EEUU tras la independencia o sobre los problemas, cuando no la imposibilidad de votar a las personas negras durante buena parte del siglo XX). En Gran Bretaña a principios del siglo XIX sólo podían votar alrededor del 5% de los hombres y, siendo este porcentaje del 60% en 1884. 
Por tanto, los sistemas liberales no pretendían, en un principio, que todos los ciudadanos tuviesen voz y voto. Más bien se trataba de  que las élites económicas burguesas tuviesen acceso legítimo al poder. 
De manera progresiva este derecho abarcó a más parte de la población, hasta llegar al sufragio universal. Sin embargo, a pesar de este cambio formal, algo no varió: el sistema se fraguó y sigue cimentando para que las élites económicas detenten el poder. Aunque nuestros medios de comunicación, que no de información, intenten ocultarlo una y otra vez. 
Esta codicia burguesa tuvo un freno tras la Segunda Guerra Mundial (2ª GM)  en la que los dirigentes occidentales vieron las orejas al lobo con  la expansión de la URSS y la fuerte implantación de los partidos comunistas en Occidente. Baste recordar que tras la 2ª GM en Francia hubo protestas y movilizaciones masivas para mejorar la calidad de vida de los franceses, con un gran protagonismo del partico comunista francés,que llegó a ser el más votado. Tampoco conviente olvidar la fuerte implantación del PCI en Italia. Fruto de ese miedo nació el Plan Marshall, que elevó el nivel de vida de los europeos y permitió que la clase trabajadora disfrutará de un bienestar que hasta ese momento no había conseguido.
A pesar de todo conviene no olvidar que esta democracia liberal nació con un único fin: permitir el acceso al poder a las élites económicas burguesas. 
Con la caida de la URSS,  a pesar de que en un referéndum celebrado en ese país más de las tres cuartas partes de los votantes estuviesen a favor de su continuidad, los que realmente detentaban el poder en las democracias liberales volvieron a su antiguo sueño de acaparar toda la riqueza posible en sus manos.
Antes de seguir me gustaría hacer unas aclaraciones.
Durante décadas la URSS tuvo el segundo PIB del mundo, al igual que la RDA estuvo durante bastante tiempo entre las 10 mayores economías mundiales. 
Por mucho que nos hablen de dictaduras soviéticas y películas de espías, en la URSS existían cauces de participación ciudadana, entre ellos el referéndum.
Tras la caídas de los gobiernos del Europa del Este se impuso la ideología  económica de la Escuela de Chicago y de la de Austria, descartando a Keynes y sus teorías de la intervención del estado en el reparto de la riqueza, que eran las predominantes hasta entonces en Occidente. 
Aunque la Escuela de Chicago y la Austriaca no coinciden en determinadas cosas, si coinciden en lo esencial la libertad de mercado total, la nula o escasa intervención del estado, la bajada de impuestos... Lo que estamos viviendo ahora. En ambos casos defienden las bondades del mercado, que no deja de ser la imposición del gran capital a todos los aspectos de la vida humana.
Por supuesto, estas corrientes que se imponen influyen en las democracias burguesas, diluyendo la socialdemocracia y satanizando a todo aquel que se apartase de los intereses del gran capital. 
Sin embargo, como era previsible, estos sistemas que consisten en que cada vez haya menos parte del pastel para los ciudadanos, han ido creando un malestar en buena parte de los ciudadanos, que han visto que las respuestas tradicionales no sirven para llevar una vida digna. 
Antes de seguir me gustaría hablar tratar un aspecto.
La publicidad de este sistema democrático burgués, a través de los medios de comunicación, que no de información, nos han hecho creer que vivimos en el mejor de los mundos posibles y que el marco democrático, en el cual el ciudadano vota cada cierto tiempo para elegir sus representantes, resulta el mejor posible. 
Para empezar, votar no significa democracia. Baste recordar que durante la dictadura franquista votaba. Las democracias representativas, como las occidentales, se basan en que unos partidos políticos presentan unas propuestas políticas antes de las elecciones, que son las que, según ellos, van a guiar su quehacer. Nada más lejos de la realidad. Recuerden los dos últimos presidentes del Gobierno de este país y la cantidad de mentiras que contaron para llegar al poder, incumpliendo una y otra vez sus propuestas. Nos han hecho confundir democracia con depositar una papeleta en una urna y este aspecto resulta fundamental.
Es más, nos han hecho creer que la democracia burguesa es un lugar donde se respetan los derechos humanos y somos poco menos que la paloma de la paz, contraponiéndonos a otros sistema dictatoriales. 
Resulta que estos sistema burgueses han masacrado el mundo durante siglos, expropiando a otros países, bien a través del colonialismo o del postcoloniasmo. Generando golpes de estado, ejecuciones de presidentes elegidos democráticamente, asesinatos masivos, sólo porque gobiernos elegidos democráticamente no comulgaban con los intereses económicos de las democracias burguesas de Occidente. Veamos algunos ejemplos
Patrice Lumumba Presidente de la República Democrática del Congo en 1960, que quería que las riquezas de su país fuesen gestionadas por y para los congoleños. Lumumba fue asesinado y descuartizado fruto de las conspiraciones de EEUU y Bélgica, la potencia colonial. Seguramente, si personas como Lumumba hubiesen tenido éxito no existiría un numero de emigrantes tan alto en África. ¡Ojo! El número de migraciones internas en África son mucho más numerosas que las que llegan a Europa.
Podíamos hablar de Haz Ali Razmara, presidente elegido democráticamente en Irán, a mediados del siglo XX. Tuvo la sorprendente idea de nacionalizar el petróleo de su país e intentar subir el nivel de vida de sus conciudadanos. Como era de esperar Gran Bretaña y EEUU orquestaron un golpe de estado que acabó con su vida y la subida al poder del Sha, más afín a las ideas e intereses de Occidente.
Podíamos hablar de Muamar el Gadafi, ese "dictador" que consiguió que su país tuviese la mayor renta per cápita de África, con un nivel de alfabetización o de Sanidad que hubiese sido la envidia de la España franquita durante varias décadas. Solo tuvo una mala idea, intentar que los países africanos no utilizasen el dolar como moneda de cambio. A cambio, Occidente organizó una guerra civil, que aún continua, donde las fuerzas del ISIS tienen un papel destacado, y se venden personas como esclavos. 
También es posible continuar mencionando a quién luchó y venció a las tropas sudafricanas, que intentaban expandir, con apoyo de las democracias burguesas, su régimen de apartheid en Angola. En efecto, fueron las tropas cubanas castristas las que pararon la expansión del apartheid. 
No, no existe esa pretendida superioridad moral de "nuestra" democracia burguesa. Existe propaganda y supremacismo. Supremacismo porque nos presentan a los países que no comparten nuestro sistema político económico como unos seres y países subdesarrollados e incapaces de hacer nada por si mismos. Alguno se tiene que haber llevado una gran sorpresa con Irán y su capacidad tecnológica a la hora de abordar la agresión que ha sufrido. Posiblemente el lector ya lo sepa, pero en Irán más de la mitad de los estudiantes universitarios son mujeres, en concreto el 60%, cuestión que la propaganda occidental ha obviado. Parece que el régimen "machista" no lo es tanto.
Ni tan siquiera en nuestro propios países el respeto de los derechos humanos constituyen, en ocasiones, una prioridad; pero ese es un tema que dejaremos para otro día.
Volvamos al tema que nos ocupa hoy, las democracias burguesas.
A medida que el sufragio se hace universal, las diversas opciones políticas con capacidad para acceder al poder, en general dos, a lo sumo tres, se van alternando en el poder o, en algunos casos, no, porque el mismo partido gobierna durante décadas; sirve de ejemplo el Partido Liberal Democrático en Japón. 
Estos partidos, tras la 2 Guerra Mundial, aceptaban unas normas de juego establecidas, por la cual la riqueza se repartía, aunque de manera desigual, y los ciudadanos tenían un buen nivel de vida, además de una serie de servicios esenciales para mejorar su calidad de vida, pagados con sus impuestos, como Sanidad, Educación, pensiones de jubilación...
Todo funcionaba de manera correcta hasta que llegan tres personajes, M. Thatcher y Ronald Reagan, delator de compañeros actores durante la Caza de Brujas, y Mijaíl Gorbachov. El último, demolió la URSS, con la connivencia de los otros dos, que empezaron a aplicar políticas de privatizaciones y recortes de derechos de los ciudadanos, por el bien del mercado, que de manera automática iba a redistribuir la riqueza. 
¿Por qué es tan importante la caida de la URSS? Porque los verdaderos dueños de las democracias burguesas, las grandes fortunas, ya no temen que el modelo socialista pueda implantarse en Occidente. Alguien dirá: ¿que puede aportar el modelo soviético a las democracias occidentales? Tal vez cuestiones como sanidad y educación universal y gratuita, incluidas las guarderías y la universidad; la jubilación de las mujeres a los 55 años y de los hombres a los 60. Un piso y un trabajo asegurado. Un año de baja de maternidad pagada, un mes de vacaciones pagado...
Ya, pero no había libertad. ¿Qué entienden por libertad en los países occidentales? Cualquiera que conozca las declaraciones de Edward Snowden, o haya leído su libro, "Vigilancia permanente", sabrá que las agencias gubernamentales investigan donde y lo que no deben investigar. Documentos como los publicado por Julian Assange demuestran el nivel de corrupción del sistema y su verdadero rostro. El éxito de las democracias occidentales no se sustenta en su supuesta legitimidad democrática,más bien en caricaturizar a otros sistemas, a través de los medios de comicación, pasando de puntillas, cuando no obviándola, por la podedumbre propia, como aparece en los papeles Epstein.
Como he dicho, se trata de caricaturizar al "enemigo" y por eso nunca te dirán que en la URSS, como en muchos países comunistas, los ciudadanos participaban desde la base, a través de sus empresas, por ejemplo, pudiendo llegar a ser representante electo. Por ejemplo, Nilita Jruschov fue obrero metalúrgico.
¿A nadie le sorprende, por ejemplo, que en 2021 en Rusia más del 60% de la gente siente nostalgia de la época comunista?
Pero esta no es la cuestión que intento desarrollar. Retomemos el tema.
Tras la caída del muro y el embate neoliberal se inició lo que estamos viviendo ahora con mayor intensidad: la distribución de la riqueza está concentrada en cada vez menos manos y, por ende, el aumento de la pobreza de la ciudadanía aumentó. ¿Por qué ocurrió esto? Fácil de explicar. Las élites económicas lanzaron campañas a favor de la privatización y de las bajadas de impuestos, para conseguir crear más riqueza (sea eso lo que sea) y que esta se reparta de manera automática entre todos los ciudadanos, o entre la mayoría de ellos. Para difundir esta idea pusieron a sus maporreros, pseudoeconomistas y pseudoperiodistas a bombardearnos con estas ideas en los medios de comunicación, vendiéndolo como la única alternativa. Por supuesto, esta visión del mundo no se sustentaba en ningún argumento científico, solo en la ambición de una minoria extractiva. 
¿Por qué digo esto? Porque existen estudios que defienden los contrario, como este, y, sobre todo, porque las economías que más han crecido en las últimas décadas han sido las comunistas, como la China o la de Vietnam, o aquellas en las que el estado ha dirigido ese crecimiento con planificaciones estatales, como Corea del Sur (el caso de Samsung y su desarrollo, siguiendo las directrices de desarrollo marcadas por las dictaduras militares, que durante casi tres décadas gobernaron el país es digno de estudio)  o Singapur. Basta ver la diferencia de crecimiento entre los dos países más poblados del mundo, dede mediados del siglo XX, uno con economía capitalista, India, y otro con una economía comunista como China (los datos son de CaixaBank, nada sospechoso de ser un ente izquierdista).
Incluso el alcalde de New York, Zohran Mandani, además de subir impuestos a los más ricos, propone abrir cinco supermercados públicos, como los existentes en Bielorrusia, para mejorar la calidad de vida de su conciudadanos.
Pero sigamos con el presente en nuestas democracias burguesas, porque de otra forma nos vamos a eternizar con ejemplos alternativos a lo que nos venden.
Como resulta evidente, la concentración de capital en las democracias burguesas contribuyó a que los ciudadanos tuviésemos cada vez peores condiciones de vida y que buscasen alternativas a esta situación, que los partidos "tradicionales" no les ofrecían. Además, estos partidos tradicionales se habían enfrascasdo, una parte de ellos, en historias woke, que iban más allá de la plena igualdad, se trataba de vertebrar todo en función de determinados aspectos, obviando las necesidades de las personas de a pie, que veían como no encontraban respuestas a sus cada vez mayores problemas. Además, las élites gobernantes, bien las que gobiernan los distintos países, bien los que se aferran al sillón, aunque sea cambiando de cargo (Rutte, Von der Leyen, a la que pillaron con el carrito de los helados, Kaja Kallas, Nadia Calviño, de Guindos, Michelle Bachelet, António Gutérres, Christine Largarde...) han formado un club exclusivo, donde poca importancia tienen las necesidades de los ciudadanos, sólo su visión conspiranoica de las relaciones internacionales y mantener o aumentar todos los privilegios resultan cruciales.
Es entonces cuando aparece, tras décadas en la marginalidad, la extrema derecha de Trump, Bolsonario, Milei, Orban (y la de su sucesor, que simplemente es un tipo del partido de Orban que se cabreo con él), Abascal, Meloni, Netanyahu (este tipo surgió antes en un país con una mayoría supremacista, racista y colonialista, basada en el sionismo, que en poco o nada difiere de la ideología de Adolf Hitler).
El ciudadano de a pie busca soluciones dentro de un marco político, las democracias burguesas, en los nuevos partidos, pues los clásicos han demostrado su incapacidad para solucionar cuestiones acuciantes como la seguridad económica, la vivienda, el deterioro de los servicios... Estos líderes de extrema derecha basan su discurso en la crítica a un sistema que no funciona, en culpar de ello a los inmigrantes, que, en realidad, son explotados por los empresarios, y a una supuesta izquierda (hace falta tener valor para llamar a los partidos socialistas que quedan en Occidente izquierda), que con su discurso woke está acabando con una serie de valores, que los mismos tipos de extrema derecha se pasan por el forro de sus caprichos cuando les interesa. En el fondo, toda esa extrema derecha no va a acabar cn el funcionamiento económico que ha llevado a esta situación, pero si grita mucho y atrae a muchos ciudadanos descontentos.
Esa extrema derecha llega al poder, presentando diversas caras. El caso de Meloni es el más asimilable a lo conocido hasta ahora en las democracias occidentales, a pesar de su intento fallido de reformar el funcionamiento del poder judicial, para tener las manos más "libres". Otros, como Trump o Milei, resultan ser dos personajes cuya gran virtud es su logorrea, que intenta ocultar su absoluta incapacidad para resolver ninguno de los problemas existentes, al contrario. Llegan al poder y sus actos contradicen lo que prometieron en campaña electoral, con unas consecuencias nefastas para los ciudadanos. No sólo eso, ni tan siquiera son capaces de acometer con éxito lo que prometieron, en algún caso, según ellos, expertos. Los dos países que más empresas han perdido en 2024 y 25 han sido: en primer lugar Hungría y en segundo Argentina
La gente no ha votado a estos tipos porque sean lo mejor, sino por cambiar. Una argentina me dijo hace no mucho, que la mayoría sabía que Milei era un personaje, pero que querían acaba con el kichnerismo, el clientelismo. Acabaron con él, pero salieron de Málaga para entrar en Malagón.
Llegados aquí, una vez descrito el panorama, conviene reflexionar sobre qué ha llevado a que personajes como estos, o la hija de Fujimori en Perú, hayan llegado al poder o estén cerca de él. Lo importante en este caso es el marco, la democracia liberal. Se trata de un sistema que permite votar cada cierto tiempo a los representantes (democracia repesentativa) que se comprometen a cumplir un programa electoral. Estos políticos solo pueden llegar a la cima de sus partidos y tener posibilidades de gobernar, si sus programas no dañan a las élites económicas y, en muchos casos las favorecen. El ejemplo más claro lo tenemos en EEUU, una auténtica plutocracia. En este país sólo puedes optar a ciertos cargos públicos, entre ellos el de presidente, si tienes detrás un respaldo económico mayúsculo. Eso que llaman donacione son realizadas tanto en pequeñas cantidades, por ciudadanos de a pie, pero, sobre todo, se hacen en grandes cantidades por parte de millonarios y de grandes empresas. Obviamente, estos magnates y corporaciones no dan dinero de manera altruista, buscan su propio beneficio. Este beneficio no es otro que acaparar cada vez más dinero. 
Alguien podrá decir que en España y en Europa no pasa. Error. Para pasar el filtro se debe contar con el apoyo mediático de algún grupo de comunicación o de varios, que vendan el producto que es el candidato. Estos grupos de comunicación pertenecen a grandes corporaciones económicas, que, de nuevo, buscan su propio beneficio. El lector puede bucar a quién pertenecen los medios de comunicación y verá que pertenecen a grandes grupos, bancos y ciertos nombres muy conocidos. 
Por tanto, el elector, que busca soluciones a sus problemas y constata que los partidos de toda la vida no solucionan sus problemas, busca solución en los nuevos partidos de extrema derecha, que son más de lo mimo, porque el sistema no permite crear opciones que reforme ese marco, pues perjudicaría a los que realmente lo manejan. El problema es realmente la democracia liberal. Y con esto no estoy defendiendo una dictadura. Me refiero a que los cauces de participación suponen una tomadura de pelo, incluso si se milita en un partido o en un sindicato mayoritario, donde los dirigentes no reman a favor del trabajador. Los cauces de participación suponen solo, como en las "democracias" del siglo XIX un embudo para que las élites económicas sigan teniendo el poder.
Solo la organización desde abajo, con el fin de demoler el funcionamiento del sistema actual, podrá conseguir algo. 
Voy a terminar con un ejemplo, que expone la fuerza de la organización desde abajo. Existe un cierto colectivo en este país, he trabajado varias veces con ellos, incluso de voluntario, y tengo un colega que lleva trabajando tres décadas con ellos de manera ininterrumpida, que cuando tiene algún problema manda a sus representantes a hablar con el alcalde o politico de turno. Generalmente consiguen lo que quiereN sin ningún exabrupto ni nada parecido (mi amigo salvó su trabajo de mediador durante la crisis de 2008 así). La cosa funciona de esta manera:. los encargados de negociar por parte del colectivo le plantean al político de turno algo como esto: o conseguimos... o todos los votos del colectivo que represento van para otro politico. En el caso de mi amigo bastó una pequeña reunión. En otro que conozco sobre la ubicación de determinados negocios que regentan también fue suficiente con una única reunión. 
Organizarnos, no solo para cambiar ciertos aspectos, si no el marco general, superando estas democracias liberales, buscando formas de representación directas, de abajo a arriba, que contribuyan a la distribución real de la riqueza debe ser el verdadero objetivo. Votar cada cierto tiempo no supone que vivimos en una democracia. Más bien se trata de una ilusión, creada para que nada cambie, y si lo hace sea a favor de los que tienen la sartén por el mango y es por esa desesperación que surgen botarates como Trump, Milei y compañía, porque se busca soluciones dentro de un sistema que no las puede dar.
Concluyo con una reflexión. Cada vez que los trabajadores hacen una huelga, los que en teoría crean la riqueza, no son capaces de crear nada. La fuerza la tenemos nosotros, los ciudadanos y los trabajadores.