Escucho a un fulano del P.P., desconozco su nombre y no me importa, que van a invertir en una determinada zona de una región para mejorar la formación de los dueños de comercios, que servirá, según el iluminado de turno, para crear crear empleo. La idea no parece mala a priori. Tal vez podamos destacar la salvedad de que estos mismos fulanos impulsan leyes comerciales que favorecen a las grandes superficies comerciales, las grandes competidoras del pequeño comercio.
Pero lo que me ocupa el tiempo mientras redacto esta entrada dista bastante de la estupidez y descaro de ciertos personajes (esos que no dudan en cercenar las Mancomunidades, bastante más ágiles y eficientes que otro tipo de administraciones, no alterando ni un ápice instituciones tan anquilosadas como la Diputaciones, donde el poder, caciquil en muchos casos, del partido en el gobierno es mayor). De la ¿noticia? que encabezaba la entrada me llama la atención el uso indiscriminado y fariseo de la expresión: para crear empleo. Dé el amable lector un cargo político, o asimilado, al más tonto de la vecindad que lo primero que aprenderá a decir será: "esto, lo que fuere, servirá para crear empleo". El fulano decide tirar un árbol que le molesta: sirve para crear empleo. El pollo en cuestión decide hacerse un chalet en la sierra en un lugar hiperprotegido: sirve para crear empleo. Se gasta la pasta en un campaña de exterminio de cucarachas porque vio en un documental que hay muchas por el mundo: sirve para crear empleo.
¡Joder!, si todo lo hacen para crear empleo ¿por qué hay casi seis millones de parados en este país? ¿Tan tontos somos que no sabemos aprovechar las múltiples y fascinantes oportunidades que nos ofrecen nuestros rectores políticos?
Estos tipos, salidos de la papeleta, el mamoneo en el partido y, en muchos casos, la falta de escrúpulos para medrar a costa de lo que sea, no constituyen el único reducto donde la manida expresión se esgrime como arma para defender sus propias causas.
Imagino que el amable lector estival se acordará de aquel momento en que el Desgobierno de España aprobó la reforma esclavista, quise decir laboral. Además de las impresiones de la ministra del ramo, la que paga a una empresa externa por hacer, mucho peor, lo que es función de los trabajadores públicos de su departamento, y de los parabienes que el doble de Chiquito de la Calzada, ése que tiene un cargo ministerial especializado en recortes y conducir a la ruina al país, lanzaba sobre una reforma necesaria que daría sus frutos a final de año (parece que hasta sus aliados de los bancos contradicen tal asunto), toda una troupe de personas que se consideran a si mismos economistas, generalmente con título universitario, y de soplagaitas mediáticos defendían, casi con su honra (si la tuvieren) la necesidad de tal medidas semiesclavistas para crear empleo. Sí, SIRVE PARA CREAR EMPLEO. ¡Te cagas!
Obviamente, todas las medidas llevan su tiempo. Unas unos pocos meses, otras años y algunas, algunas... bueno, algunas de esas "medidas" cualquier tipo con dos dedos de frente saben que se basan en soberanas majaderías, que sólo aportan a la ciudadanía sufrimiento y a los que las aprueban poner en práctica su carga ideológica, eso sí siempre en los demás. Ellos viven muy bien y no se van a largar a su casa, por mucho que cada medida que tomen dé menos resultados que la anterior. Pero amigos, hemos encontrado el elixir mágico que vuelve invisible a los estúpidos y justifica cualquier atrocidad. Más concretamente hemos hallado las palabras mágicas que todo lo curan: "sirve para crear empleo". Esta frase sirve igual para devastar bosques que para ganar campañas electorales, a sabiendas de que no se va a crear empelo ni de coña. La elasticidad es tal que cubre aspectos que oscilan desde contratar a tropecientos asesores hasta privatizar servicios públicos. Todo cabe bajo el caparazón de la famosa frase. ¡Pierda usted, oiga, derechos que en un futuro servirá para crear empleo! Y de regalo un recorte en la cuantía de la prestación por desempleo.
Este credo neoliberal, dicen hacer todo para crear riqueza que, a su vez, creará empleo, se ha convertido en el soniquete de una casta de incapaces con el estómago lleno, y la cabeza vacía, que han de justificar su situación y cualquier tropelía que les apetezca cometer, generalmente para justificar el cada vez mayor enriquecimiento de sus amigos y, en ciertos casos, sus protegidos/protectores: las grandes fortunas.
Pero cuidado, querido lector, existe también el reverso oscuro de dicha frase: esto no sirve para crear empleo. El portavoz del P.P. en el Congreso largó el otro día que los 400 euros que reciben los parados que han agotado su prestación no sirve para que la gente encuentre empleo. Hombre, querido personaje, no conozco a nadie que se mantenga con 400 euros al mes, a no ser que reciba ayuda familiar o de organizaciones benéficas, por tanto el problema no reside en que la "magnífica" cantidad que reciben muchas personas (si al portavoz de marras le parece un exceso le propongo que el reciba ese sueldo mensual); más bien deberíamos centrarnos en por qué el sistema NO SIRVE PARA CREAR EMPLEO. Sin embargo, el uso de la demagogia, mediante la repetición ad infinitum de clichés, justifica la más absoluta de las indecencias, pronunciadas por cualquier tipo con la tripa llena y la sección de escrúpulos vacía.
Nos vuelven a vender cuentos, aprovechándose de la necesidad, extrema en muchos casos, de una buena parte de los ciudadanos españoles. El abuso de frases como la mencionada sólo esconde el fracaso más absoluto de un modelo. Oculta, de igual manera, el fracaso moral de unos tipos: políticos, los autodenominados economistas, soplagaitas mediáticos... que hacen de la necesidad de un cuantiosísimo número de personas la excusa para cometer todo tipo de tropelías. Y, en último lugar, y no menos importante, sirve de parapeto y de cortina de humo para no dejar entrever la realidad: no existe un plan viable y racional para acabar con el paro y la depauperización de un gran número de ciudadanos. Los parches son eso: parches, pero ocultan una falta de ideas, de planificación a medio y largo plazo que nos aboca a la incertidumbre y a la pobreza.
Pero ya sabe, estimado lector, mientras tanto ellos no tendrán problemas, porque resolver este problema sirve para crear empleo. Al menos para aquellos que viven a cuerpo de rey y que se llenan la boca, y los bolsillos, mientras utilizan dicha frase a diario.
Un saludo.
Este credo neoliberal, dicen hacer todo para crear riqueza que, a su vez, creará empleo, se ha convertido en el soniquete de una casta de incapaces con el estómago lleno, y la cabeza vacía, que han de justificar su situación y cualquier tropelía que les apetezca cometer, generalmente para justificar el cada vez mayor enriquecimiento de sus amigos y, en ciertos casos, sus protegidos/protectores: las grandes fortunas.
Pero cuidado, querido lector, existe también el reverso oscuro de dicha frase: esto no sirve para crear empleo. El portavoz del P.P. en el Congreso largó el otro día que los 400 euros que reciben los parados que han agotado su prestación no sirve para que la gente encuentre empleo. Hombre, querido personaje, no conozco a nadie que se mantenga con 400 euros al mes, a no ser que reciba ayuda familiar o de organizaciones benéficas, por tanto el problema no reside en que la "magnífica" cantidad que reciben muchas personas (si al portavoz de marras le parece un exceso le propongo que el reciba ese sueldo mensual); más bien deberíamos centrarnos en por qué el sistema NO SIRVE PARA CREAR EMPLEO. Sin embargo, el uso de la demagogia, mediante la repetición ad infinitum de clichés, justifica la más absoluta de las indecencias, pronunciadas por cualquier tipo con la tripa llena y la sección de escrúpulos vacía.
Nos vuelven a vender cuentos, aprovechándose de la necesidad, extrema en muchos casos, de una buena parte de los ciudadanos españoles. El abuso de frases como la mencionada sólo esconde el fracaso más absoluto de un modelo. Oculta, de igual manera, el fracaso moral de unos tipos: políticos, los autodenominados economistas, soplagaitas mediáticos... que hacen de la necesidad de un cuantiosísimo número de personas la excusa para cometer todo tipo de tropelías. Y, en último lugar, y no menos importante, sirve de parapeto y de cortina de humo para no dejar entrever la realidad: no existe un plan viable y racional para acabar con el paro y la depauperización de un gran número de ciudadanos. Los parches son eso: parches, pero ocultan una falta de ideas, de planificación a medio y largo plazo que nos aboca a la incertidumbre y a la pobreza.
Pero ya sabe, estimado lector, mientras tanto ellos no tendrán problemas, porque resolver este problema sirve para crear empleo. Al menos para aquellos que viven a cuerpo de rey y que se llenan la boca, y los bolsillos, mientras utilizan dicha frase a diario.
Un saludo.




