jueves, 9 de mayo de 2013
miércoles, 8 de mayo de 2013
HÉROES ANÓNIMOS Y UN VILLANO CONOCIDO
Con el paso del tiempo, de los años, la vida te va ofreciendo nuevas experiencias, algunas traumáticas, de las que se obtienen conclusiones, tanto positivas como negativas. En los últimos tiempos, como ya dije, murió un familiar que necesitó cuidados paliativos durante sus últimas semanas de vida. Reconozco que ese mundo lo conocía de oídas, ahora tampoco sé mucho sobre él, y no me parecía especialmente "atractivo". Sin embargo, fruto de lo que he comentado con anterioridad, me aproximé un poco más a ese tipo de actuaciones, cuyo objetivo no es otro que procurar que cualquier de nosotros, o de los nuestros, tengan una muerte lo más humana posible. De hecho, en el caso que me atañe, mi familiar falleció sin apenas dolor, gracias a un coma inducido en su último día de vida.
En esta época convulsa, en que un trabajador representa poco más que un número para algunos, uno no puede dejar de sentir, y expresar de manera pública, la admiración que siente por todos aquellos que con su trabajo ayudan a morir dignamente a un ser humano. Médicos, ATS, auxiliares y, por qué no decirlo, hasta el personal de limpieza, contribuyen con su esfuerzo diario a que tanto las personas moribundas, como los familiares, vivan esos trágicos momentos con la mayor calidad de vida posible. Pocos profesionales pueden tener, a priori, tan poca gratificación como éstos. Sus pacientes no van a salir del trance, a pesar de todo el empeño que puedan poner los profesionales, y, difícilmente (tal vez me equivoco) nadie ajeno al sistema sanitario les va a agradecer su labor. Sin embargo, considero que estas personas que trabajan, bien de manera ambulatoria, bien en una unidad, merecen el máximo reconocimiento de todas y cada una de las personas bien nacidas. Su labor, que no suele aparecer en los medios, contribuye a dignificar la vida de los seres humanos hasta el último segundo de su vida.
Por todo lo expuesto anteriormente, no me cabe duda de que personajes como el tipo que fue detenido conduciendo ebrio hace bien poco por Madrid (cometiendo, presumiblemente, un delito, debido a la tasa de alcohol en sangre del fulano) , Miguel Ángel Rodríguez, merece todo el desprecio que cada persona de bien pueda acumular. Este pollo, que se atrevió a acusar de nazi al doctor Montes, por su trabajo, ayudando a pacientes terminales en sus últimos momentos, muestra la calidad moral que atesora, siendo capaz de denigrar, sin prueba alguna, a un trabajador, a un colectivo entero, por cuestiones de ideología, no importándole las consecuencias de la campaña en la que participaba para muchas personas que se encontraban en un momento en que se encontraban, más que nunca, necesitados de ayuda.
Este fulano, que ejercía de periodista en Valladolid, en el Norte de Castilla (gloriosa cabecera donde han trabajado Don Miguel Delibes, Manu Leguineche...), e iba de izquierdista, conoció a José María Aznar López, en su viaje desde Madrid hasta Madrid, pasando por Logroño, Soria y Valladolid, dejándose convencer por las artes del madrileño (Aznar es nacido y criado en Madrid). A partir de ese momento este tipo secundó al gachó que mejoró su golf gracias al dinero público, que acaba de devolver, en todas sus andanzas. Fruto de ello no dudó en seguir a pies juntillas las diferentes campañas de la extrema derecha aznariana, no dudando en mentir sobre la autoría del mayor atentando habido en España o, como en el caso que nos ocupa, sobre la honorabilidad profesional de una persona que nada tenía que ocultar, como demuestra el siguiente enlace:
http://elpais.com/elpais/2011/04/25/actualidad/1303719423_850215.html
Resulta doloroso que alguien enturbie, de manera espuria, la biografía de un sanitario dedicado a ayudar a que la muerte, inevitable, de seres humanos sean lo más "humanas" (perdón por repetir el término) posible.
Pero, afortunadamente, personajes como Miguel Ángel Rodríguez, desde mi punto de vista un parásito, no tienen la responsabilidad de ayudar a que lo inevitable ocurra de la mejor manera posible. Por lo que me gustaría concluir esta entrada obviando a ese ser miserable y agradeciendo a todos aquellos que conviven con la muerte ajena sus desvelos, haciendo más fácil la vida y el tránsito hacia el final de enfermos y familiares. De todo corazón, ¡gracias!
Un saludo.
Resulta doloroso que alguien enturbie, de manera espuria, la biografía de un sanitario dedicado a ayudar a que la muerte, inevitable, de seres humanos sean lo más "humanas" (perdón por repetir el término) posible.
Pero, afortunadamente, personajes como Miguel Ángel Rodríguez, desde mi punto de vista un parásito, no tienen la responsabilidad de ayudar a que lo inevitable ocurra de la mejor manera posible. Por lo que me gustaría concluir esta entrada obviando a ese ser miserable y agradeciendo a todos aquellos que conviven con la muerte ajena sus desvelos, haciendo más fácil la vida y el tránsito hacia el final de enfermos y familiares. De todo corazón, ¡gracias!
Un saludo.
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lunes, 6 de mayo de 2013
LA MADEJA NO ES TAL
Día a día, con alguna puesta en escena incluida, los dirigentes neoliberales europeos, por ende los españoles también, muestran una mayor flexibilidad ideológica, lo que conlleva que sus absurdos, y desvergonzados, planteamientos vayan trufándose de planteamientos keynesianos. Su fundamentalismo se derrumba de manera progresiva y sin remisión, debido a los trágicos hechos que, día a día, afectan, nos afectan, a millones de europeos.
En realidad, todo lo ocurrido hasta el momento se puede resumir en unas pocas líneas y para encontrar soluciones, a corto y medio plazo, también bastan unas pocas lineas. A riesgo de simplificar en exceso y de cometer ciertos errores, una vez más, expondré, de manera sintetizada, como se ha llegado a esta situación y las opciones más racionales para salir de ella.
Respecto a como se ha creado esta situación bastará un espacio muy reducido de esta entrada para describirlo.
Los teóricos del neoliberalismo (esos que hablan de manos invisibles y el orden natural de las cosas) optaron por desregularizar todo lo fiscalizable, al menos en lo referido a la economía, para que no existiese freno alguno a la avaricia de los "inversores". El desmantelamiento del Estado, la debilitación del mismo (excepto en aquellos aspectos que pueden provocar el enriquecimiento de la empresa privada, industria de la guerra o en los relacionados con mantener el orden establecido), facilitarían esa desregulación y el enriquecimiento, aún mayor, de unos pocos. La mentalidad, cada vez más extendida durante la década de los 80, 90 y la primera del siglo XXI, de que todo valía para ganar pasta de manera rápida, creó el escenario perfecto para que las burbujas financieras surgieran por doquier. Este aspecto conllevó dos consecuencias fundamentales: la inversión en la economía productiva perdió importancia y el crecimiento, ese que Friedman decía, a mediados de la primera década del siglo XXI, que sería eterno, existía sólo sobre el papel. Fruto de estas inversiones suicidas, perpetradas por estúpidos formados en escuelas de negocios y universidades de renombre, el sistema financiero sufrió, sufre, graves problemas.
Resulta evidente que la apuesta por la especulación y la pérdida de importancia de la economía real genera un problema serio, muy serio, que nos conduce al abismo.
A la par que ocurría ésto, la ideología imperante, la de los economistas patológicos, conseguía detraer dinero de las nóminas de los trabajadores (rentas del trabajo), dinero que iba a los accionistas, empresarios, especialmente los grandes y a gestores que inflaban su sueldo día a día. En un sistema basado en el consumo masivo esta pérdida de poder adquisitivo se debía compensar de alguna manera y a algún lumbrera se le ocurrió que proporcionando créditos a todo bicho viviente se podría cuadrar el círculo. Una vez más los imbéciles integrales de la economía patológica cavaban su tumba ideológica, y la nuestra en muchos aspectos. Como era de esperar cuando aparecieron los primeros impagos la burbuja, otra más, explotó y se descubrió que le bienestar generalizado era una vana ilusión. Los que en realidad movían la economía real, los ciudadanos, habían perdido capacidad para seguir moviéndola, lo que genera una espiral de difícil salida.
Parece evidente, que en un sistema basado en el consumo masivo, la primera medida debía ir encaminada a que todo el mundo consumiese más, o que lo hiciesen los estados. Se hizo en un primer momento en Europa, al menos los estados invirtieron un pastizal, pero luego se descartó. Es más, se incidió en políticas tan estupidas como bajar los salarios a los que trabajan (es un fenómeno generalizado en todo el mundo, las rentas del trabajo cada suponen un porcentaje menor), que son los que deben consumir para seguir produciendo y generar más trabajo... engrasando así el sistema. Todo ello se hace para mejorar, según ellos, la competitividad. En el fondo, una patochada para seguir estirando el chicle todo lo que puedan.
Como se puede comprobar el camino que nos ha conducido a esta situación que padecemos no puede haber sido más estúpido. Cuando se deja que unos imbéciles, adornados con títulos universitarios, piloten la nave, lo más probable es que la nave encallé y haya víctimas. Nada nuevo bajo el Sol.
La solución para que este sistema, basado en el consumo masivo, funcione resulta mucho más simple de lo que pudiera parecer, aunque lleve un cierto tiempo.
En primer lugar se necesita enfocar la atención sobre la economía productiva. La producción de bienes debe convertirse en la prioridad absoluta de los estados, así como el pago de salarios dignos a los trabajadores (ampliando así su capacidad adquisitiva). Cuando hablo de bienes no me refiero, exclusiva, a fabricar automóviles, televisores... destinados al consumo privado. La compra de productos sanitarios, relacionados con la educación, la dependencia... por parte de las administraciones supone otro foco importante, que engrasará el sistema. ¿Cómo se consigue todo esto? Por dos vías:
- Mediante inversión pública. Que se recuperaría vía impuestos.
- Redefiniendo el sistema financiero, más concretamente la banca, para facilitar el crédito al sector privado (empresas y ciudadanos).
Este segundo aspecto, dotar de nuevas normas de funcionamiento al sistema financiero, a la banca de toda la vida de Dios, merece unas líneas por su importancia.
Uno de los problemas que arrastramos, reconocido por economistas patológicos y alternativos, consiste en que muchas de las políticas económicas de Europa, especialmente con los denominados países periféricos, se implementan pensando en que la banca alemana y francesa no quiebre. Las deudas de la banca de los países como España o Grecia con bancos galos y germanos es salvaje. El impago de la misma generaría la quiebra de algunas de estas entidades. Solución: dejar el contador a cero y nacionalizar parte de esa banca, tanto la de unos países como la de otros. ¿Por qué? Porque la nefanda gestión de los unos y los otros no puede ocultarse por más tiempo y porque esta ocultación está acarreando consecuencias terribles para decenas de millones de europeos. Y, además, porque la finalidad de la banca es engrasar el sistema con dinero, si durante un lustro no lo consigue hacer parece evidente que no tienen la capacidad de cumplir con la función que la sociedad tiene "asignado" a tales entidades.
La nacionalización de una parte de la banca generará que se empiece a conceder créditos, lo que conllevará un mejor, y mayor, funcionamiento de la economía productiva, con lo que se conseguirá que el paro disminuya y, de paso, que la banca privada pueda empezar a funcionar de nuevo, pudiéndose paliar de esta manera los problemas en los que se ve inmersa en estos momentos.
Sin embargo, uno que considera que el consumo excesivo, y el mal reparto de la riqueza, suponen una lacra, también apuesta porque los ciudadanos del primer mundo reduzcamos nuestro consumo y que parte de ese consumo se "trasvase" a los países del llamado tercer mundo. Por ejemplo en lo referente a productos sanitarios, educativos, etc. Además de consumir menos, deberíamos optar por potenciar aspectos como las energías limpias, los transportes públicos, el reciclado masivo... En el fondo, otra forma de producir, más respetuosa con el medio en el que vivimos, y del que formamos parte, que, como ya he escrito anteriormente, debería ir acompañado por un cambio de mentalidad progresivo de todos nosotros, para consumir menos y de manera más selectiva. En el fondo se trata de repartir lo que hay entre todos los que moramos en este gigantésco globo azul y verde.
Posiblemente alguien me acuse de demagogo, es posible, pero también lo hacían con los que exigían trabajar ocho horas al día hace poco más de un siglo.
Un saludo.
domingo, 5 de mayo de 2013
IDIOTARIO (LXXII)
Calumnia: apoyo cilíndrico y largo que sirve para sujetar construcciones, acusada falsamente, con la finalidad de causarla daño.
Calvo: persona que ha perdido el cabello. Cuando un hombre no tiene pelo en la parte externa de sus genitales se le denomina calvo de los cojones.
Camino de cabras: senda, ruta o camino difícil de transitar. Cuando las decisiones de unos pocos afectan negativamente a la senda, ruta o camino vital de muchos se denomina camino de cabrones.
Ensaladilla rusa: típica comida de verano comuesta por patata cocida, huevo, atún, pimiento, mayonesa, aceituna... Los chinos la denominan ensaladilla portuguesa o ensaladilla lusa.
Fusión nuclear: dícese del momento en que los núcleos de los átomos tienen ganas de juerga y deciden juntarse todos para montar una fiesta muy caliente. Cuando acaba dicha juerga, y cada uno se va para un lado, se produce la fisión nuclear.
Inspección de Hacienda: miedo.
Instrumento de viento: familia de instrumentos musicales que producen el sonido debido a la vibración de la columna de aire que se encuentra en su interior. Entre ellos encontramos el saxofón, la flauta, la tuba, el clarinete, la fabada...
Libros de autoayuda: tipo de libros que,en teoría, buscan aportar alguna técnica para mejorar la vida del lector. Aunque la utilidad de dicho tipo de obras para el que las lee es cuestionable, lo que no se pone en tela de juicio es la autoayuda que reciba la cuenta corriente del autor de dicho tipo de libros.
Minutos de la basura: tiempo que tardan en decidir los miembros de una pareja quien es el encargado de bajar la bolsa de la basura y echarla en el contenedor más cercano, generalmente este período de tiempo suele coincidir con los momentos finales de las retransmisiones deportivas donde ya no hay emoción, por estar el resultado final decidido.
Pantalla plana: dícese la pantalla que tiene poco pecho.
Partícula: en andaluz, propio o privativo de una persona.
viernes, 3 de mayo de 2013
jueves, 2 de mayo de 2013
RELATOS CORTOS PRIMAVERALES
La fiesta de despedida podía considerarse un éxito. Compañeros, de los que hacía décadas no sabía nada, antiguos alumnos, que reconocía con facilidad, a los que colocaba nombres y apellidos sin equivocación, a pesar de los visibles cambios y el tiempo transcurrido desde la última vez que les vio, su familia, una representación de las autoridades locales, todos estaban allí para acompañarle en su último día como maestro. Sin embargo, a pesar de las lágrimas que habían desfilado por sus mejillas, fruto de la emoción, en algunos momentos del acto, su única preocupación en esos momentos no era otra que intentar aplazar la cena en homenaje a él que sus compañeros habían planeado al final del trimestre. Si todo transcurría como le habían contado los médicos, por aquellas fechas acabaría de recibir su segundo ciclo de quimioterapia.
Miraba de manera compulsiva el reloj de su muñeca, lo que unido al lugar donde se encontraba, dando pequeños paseos de ida y vuelta, no dejaba lugar a dudas sobre lo que hacía, esperar a alguien. Su forma de vestir, ropas recientemente estrenadas y de cierta calidad, parecía indicar que la cita constituía algo más que una rutina en la vida de ese hombre que, de nuevo, acababa de consultar la hora. En el tramo de tiempo que duró la espera, casi media hora, el gesto se repitió varias docenas de veces. Todo acabó cuando apareció ella. Radiante, deslumbrante, pensó nada más verla.
Miraba de manera compulsiva el reloj de su muñeca, lo que unido al lugar donde se encontraba, dando pequeños paseos de ida y vuelta, no dejaba lugar a dudas sobre lo que hacía, esperar a alguien. Su forma de vestir, ropas recientemente estrenadas y de cierta calidad, parecía indicar que la cita constituía algo más que una rutina en la vida de ese hombre que, de nuevo, acababa de consultar la hora. En el tramo de tiempo que duró la espera, casi media hora, el gesto se repitió varias docenas de veces. Todo acabó cuando apareció ella. Radiante, deslumbrante, pensó nada más verla.
Ella le sonrió y él hizo otro tanto. Un apretón de manos y un beso furtivo bastaron para que ambos emprendieran la marcha y comenzaran a conversar.
- ¿Llevas mucho esperando?
- Un rato, pero no importa. Ya estás aquí.
- Lo siento, me han surgido ciertas complicaciones de última hora.
- Olvídalo. Estás radiante.
- Gracias. Por cierto, sigues cobrando lo mismo que la última vez.
- Sí, mi tarifa es la de siempre, y más para clientas tan especiales como tú.
Allí, en su trabajo, no podía evitar acordarse de ella. Su sonrisa, atrapada de manera perenne en su recuerdo, iluminaba aquel cuarto impersonal. En su alma, de cuya existencia dudaba desde hacía muchos años, dos sentimientos luchaban por copar todo el espacio. La pena generada por la distancia física entre ambos y el amor, como nunca lo había sentido, que la anegaba. El impersonal reloj de pared le devolvió la mejor noticia que pudiese imaginar: en media hora estaría con la niña que había traído al mundo hacía algo más de cuatro meses, de la que se había separado por primera vez para reincorporarse a su trabajo.
- Fue una gran persona. Ayudó mucho a los demás cuando lo necesitaban- le dijo para intentar consolar a su viuda.
- Sí, siempre echó una mano a todos los que le necesitaban- respondió ella.
- Aún recuerdo como me dejó dinero cuando lo necesitaba y me aconsejó sobre lo que debía hacer cuando me quedé en paro. Le debo mucho- intervino una tercera persona, que se acababa de sumar al velatorio.
- A Mari Luz le hizo un gran favor, cuando intercedió por ella. De no haber sido por él ahora estaría en muchos problemas- volvió a intervenir el hombre que habló el primero.
- La verdad que sí. Y ahora... míralo. Ahí dentro de ese ataúd. Es una pena...- repuso una mujer que hasta el momento no había participado en la conversación.
Estas últimas palabras provocaron el llanto desconsolado de la viuda. Las frases incompletas, estereotipadas, actuaron como el percutor que golpea la bala y provoca una explosión con final incierto.
Las lágrimas y el sonido sordo que las acompañaban cesaron cuando un desconocido preguntó por el hombre que yacía en lo que iba a ser su última morada. Su mujer se apresuró a aclarar al recién llegado que la persona por la que preguntaba era la misma que el fallecido que se encontraba en la habitación contigua.
- Imagino que esta denuncia por malos tratos, interpuesta por su mujer ya no tiene ningún sentido- advirtió aquel hombre, mientras se encaminaba a la puerta.
Allí, en su trabajo, no podía evitar acordarse de ella. Su sonrisa, atrapada de manera perenne en su recuerdo, iluminaba aquel cuarto impersonal. En su alma, de cuya existencia dudaba desde hacía muchos años, dos sentimientos luchaban por copar todo el espacio. La pena generada por la distancia física entre ambos y el amor, como nunca lo había sentido, que la anegaba. El impersonal reloj de pared le devolvió la mejor noticia que pudiese imaginar: en media hora estaría con la niña que había traído al mundo hacía algo más de cuatro meses, de la que se había separado por primera vez para reincorporarse a su trabajo.
- Fue una gran persona. Ayudó mucho a los demás cuando lo necesitaban- le dijo para intentar consolar a su viuda.
- Sí, siempre echó una mano a todos los que le necesitaban- respondió ella.
- Aún recuerdo como me dejó dinero cuando lo necesitaba y me aconsejó sobre lo que debía hacer cuando me quedé en paro. Le debo mucho- intervino una tercera persona, que se acababa de sumar al velatorio.
- A Mari Luz le hizo un gran favor, cuando intercedió por ella. De no haber sido por él ahora estaría en muchos problemas- volvió a intervenir el hombre que habló el primero.
- La verdad que sí. Y ahora... míralo. Ahí dentro de ese ataúd. Es una pena...- repuso una mujer que hasta el momento no había participado en la conversación.
Estas últimas palabras provocaron el llanto desconsolado de la viuda. Las frases incompletas, estereotipadas, actuaron como el percutor que golpea la bala y provoca una explosión con final incierto.
Las lágrimas y el sonido sordo que las acompañaban cesaron cuando un desconocido preguntó por el hombre que yacía en lo que iba a ser su última morada. Su mujer se apresuró a aclarar al recién llegado que la persona por la que preguntaba era la misma que el fallecido que se encontraba en la habitación contigua.
- Imagino que esta denuncia por malos tratos, interpuesta por su mujer ya no tiene ningún sentido- advirtió aquel hombre, mientras se encaminaba a la puerta.
martes, 30 de abril de 2013
SUMISIÓN
Últimamente el cuerpo me pide escribir sobre cuestiones bien distintas a las habituales, cosa que procuraré hacer en la próxima entrada, pero, mientras llega la ocasión, desarrollaré una entrada corta, lo prometo, que girará en torno a la palabra que da título a la misma: sumisión.
Aunque se puede definir la actuación del Desgobierno del Reino de España de diversas formas, tal vez en un vocablo, sumisión, se pueda resumir a la perfección los hechos perpetrados por la panda de Mariano. ¿Por qué afirmo ésto? Ni más ni menos que por lo siguiente:
- El desgobierno del Partido Popular muestra una sumisión total ante los dictados del gobierno de Alemania, que, en el fondo, resulta ser quien dicta la abracadabrante política economica de la Unión Europea. Si afirmo que el desgobierno muestra niveles de sumisión inauditos es porque, como ellos mismos se encargan de decir en los medios, este país, el nuestro necesita inversiones y no sólo recortes, pero, en último extremo, acaban aceptando los dictados que provienen del país germano.
- Los miembros del ejecutivo, con Mariano Rajoy Brey a la cabeza, anteponen los intereses de la banca y la gran empresa al bienestar de los ciudadanos. Este tipo de sumisión, que aleja a los populares cada vez más de una parte de su electorado, no redunda en beneficio de la gran mayoría de los ciudadanos, al contrario, pero la sumisión a aquellos que les han ayudado a llegar al poder y, casi con total certidumbre, les darán suculentos sueldos en el futuro, resulta casi absoluta.
- Sumisión a la visión social de los sectores más radicales de la Iglesia Católica española, para intentar contentar a un grupo de fieles al partido, los más ultras, que, de esta manera consiguen olvidar el auténtico desastre de gestión que están llevando a cabo los conservadores en el poder.
- Y lo más grave, sumisión ante una situación insostenible que afecta a millones de ciudadanos españoles. Sumisión a unas cifras de sufrimiento colectivo, con las que conviven los chicos de Mariano sin inmutarse lo más mínimo. Sumisión ante los hechos, que intentan maquillar con "reformas" y medidas absurdas, pero que en ningún caso intentan cambiar tomando medidas totalmente distintas a las que se han mostrado ineficaces, y contraproducentes, hasta la fecha de hoy.
Sin embargo, aún queda una sumisión más, la que intentan imponernos desde el Desgobierno. Sumisión a su incapacidad, a la generalización de la injusticia, al empobrecimiento generalizado de los ciudadanos de este país. En el fondo, es en ese juego donde se sienten fuertes. En la distorsión de la realidad, ofreciendo datos estúpidos que nadan tiene que ver con la vida diaria de las personas. En la criminalización de los que levantan la voz contra su ineptitud y sus falacias. En el fondo, su juego consiste en pedirnos sumisión ante la situación que sus ideas políticas han generado (con la complicidad de personajes como el artista anteriormente conocido como ZP). En el fondo, su intento de que sigamos sumisos ante sus injusticias no es otra cosa que el robo de nuestros derechos y dignidad en el presente y el robo del futuro de nuestros hijos y de nuestros nietos.
Un saludo.
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