jueves, 14 de abril de 2022

EL ETERNO RETORNO

Solo veía sus ojos verdes, que penetraban en él con la dulzura de lo que conmueve, porque la mascarilla tapaba el resto de su rostro. También cabe la posibilidad de que se fijase en ellos, casi en exclusiva, por su belleza. Jamás se lo planteó. No lo necesitaba. Nadie reflexiona sobre aquello que resulta más poderoso y placentero que la lógica de los hechos.

Varias veces se había armado de valor para hablar con ella, pero nunca encontró la situación adecuada. Bien porque la osadía se había diluido en el intervalo de tiempo que discurría desde que él se lo propuso hasta que tuvo ocasión de hablar con ella; bien porque no encontró la situación adecuada o bien porque se sentía tan feliz junto a ella, hablando de temas baladíes o importantes, que le resultaba suficiente con disfrutar de esos momentos, que con casi total probabilidad resultarían los mejores del día.

A pesar de sus dudas, inseguridades y demás cuestiones relacionadas con un posible fracaso, consecuencia de algo parecido a una declaración de sus poderoso y confusos sentimientos hacia ella, no podía obviar que ella había cambiado su forma de actuar, mostrándose cada vez más cercana a él. Mucho más cercana, implicase esto lo que pudiese implicar. Desconocía sí solo buscaba paliar la soledad que sabía sentía ella, o había algo más profundo. Tampoco había realizado cábalas sobre esta nueva situación, simplemente la aceptaba y la disfrutaba, ni tenía la más mínima intención de hacerlas. Sólo sabía que se había entreabierto una puerta.

No recordaba el momento en que se sintió atraído por ella, ni tan siquiera si en un principio solo existió atracción física o hubo algo más. Sí tenía conciencia, con la nitidez del relámpago que asalta la oscuridad de la noche, del momento en que haciendo el amor con su expareja se la imaginó a ella, con sus caderas voluptuosas, ocupando el lugar de la persona con la que se encontraba en esos momentos  practicando sexo. Lo rememoraba casi tan diáfanamente como la excitación que eso le supuso. 

Desde ese momento, con vaivenes debidos a diferentes cuestiones, siempre pensó de manera regular en ella como algo más que una amiga. De hecho, esa parecía ser la única certeza que tenía sobre la cuestión. Podía asegurar que la deseaba, casi de manera irracional. A veces tenía dificultades para no confesarla en voz alta todo lo que despertaba en él su pequeño y a la vez rotundo cuerpo. Sus caderas, sus no muy grandes pero bonitos pechos, su aparentemente duro y bonito trasero... Pero, en otras ocasiones sentía la necesidad de que ella estuviese cerca, como si se tratase de  un creyente que está perdiendo la fe y necesitase una señal de su dios. Precisaba de ella con la vehemencia de quien no quiere que su mundo se desmorone.

En ese estrecho margen, entre lo carnal y lo platónico se movía él...hasta el día que él, con otras palabras, le contó todo lo anterior y sintió, a la par, alivio y vergüenza, amor y deseo, fracaso y valentía, invierno y verano, el universo y un átomo y silencio... El de ella.

A partir de eso momento todo aconteció con la naturalidad de aquello que, desde hace tiempo, solo hace falta ensamblarlo para que tome sentido. Robaron a Cronos tiempo para sellarse el uno al otro, para mirarse, para acariciarse, para hablarse palabras propias, para quererse por sus imperfecciones o para hacer el amor de nuevo, ya que ambos hacía tiempo que habían olvidado lo que suponía esto, aunque hubiesen practicado sexo en muchas ocasiones desde aquel la última vez que sintieron algo más que placer junto a otra persona. Después, él acariciaba su pelo negro y la abrazaba y ella se dejaba abrazar, haciéndose un ovillo, sintiéndose protegida y amada  y él sentía el aire de su respiración lenta sobre su pecho, mientras la besaba la frente. Hasta que ella, poco después, huía hacia su otra vida. 

Él volvía a su cama tras acompañarla y cerraba los ojos, dejándose llevar por el olor del perfume de ella, uno, único e inconfundible, aún presente en la habitación , a la par que rememoraba lo ocurrido hacía no más de una hora. No se lamentaba de no poder disfrutar junto a ella más tiempo. Al revés, daba gracias por saber que se sentía correspondido y poder disfrutar de su atención, de sus sentimientos compartidos, de su cuerpo, de su respiración cuando la abrazaba.

Y allí, en su cama, escuchó de improviso: "Pick me up been bleedin too long. Right here, right now..." y, tras un primer momento de desconcierto, comprendió que en el despertador de su móvil sonaba Alone i break de Korn. En ese instante una nube de frustración descargó sobre su aún abotargado cerebro y maldijo todo lo que había soñado o, tal vez, haber despertado. Despertar de nuevo solo o, al menos sintiéndose solo, a pesar de que a su lado dormía una mujer, a la que la voz de Jonathan Davis no había conseguido desvelar de su profundo sueño. 

El sentimiento de vacío y de frustración le hizo plantearse que no se trataba de un sueño lo que su mente pergeñó hacia unos minutos, más bien se podía considerar una pesadilla. Como una pesadilla había sido la noche anterior practicar sexo con la mujer que yacía al otro lado de la cama, mientras él pensaba en una mujer morena, de ojos verdes...



jueves, 6 de enero de 2022

COMAMOS

16 de octubre de 1981, Villamarciel
 
Le resultaba imposible dormir. Por primera noche en muchos años, no compartía el lecho con ella y, también, por primera vez, sentía que el frío recién descubierto de la cama se componía de una infinidad de silencios y añoranza. 
Cuarenta y dos años juntos, que se dice pronto. Nueve hijos, de los cuales cuatro fallecieron en diferentes momentos de la infancia, debido a enfermedades conocidas o desconocidas. Siete nietos, por el momento, todos sanos como robles, que diría Don Nemesio, el viejo, y ya jubilado, médico del pueblo. Siete pequeños, alguno ya no tan pequeño, a los que echaba de menos, pues todos vivían lejos del pueblo, en la capital de la provincia o en Madrid. Todos sus hijos emigraron, en cuanto pudieron. Se marcharon de ese lugar donde él aún vivía, como buena parte de la gente de su edad, para buscar una mejor vida y, por lo que ellos cuentan, lo consiguieron. Él no podía juzgar si lo habían conseguido, pues sólo había estado en sus casas de visita y, por otra parte, la única referencia que poseía para poder comparar era su propia forma de vida en el pueblo, donde él se sentía feliz. Al menos hasta ese momento, en que todo constituía una novedad impregnada de dolor.
Ahora se encontraba solo y pensaba en todo aquello que anhelaba haber hecho o dicho. Haber hecho hecho o haberle dicho a ella.
Se desdibujaba en el recuerdo el día en que la conoció en la verbena de San Juan. Existía algo en ella que le llamaba poderosamente la atención. No la encontraba excesivamente guapa, tampoco fea, por supuesto. Su cuerpo, o lo que intuía de él, no podía considerarse un conjunto perfecto y excitante de curvas, aunque él si  intuía ciertas formas sensuales bajo su ropa de fiesta. A pesar de ese análisis lógico, que en realidad tenía mucho de instintivo e irracional, existía algo que hacía que la desease, como solo acontece cuando no existe explicación ni resulta necesaria. Y así comenzó todo en esa noche de junio de hace más de cuatro décadas.
Muchas veces pensó, y nunca se atrevió a decir a nadie, incluida su mujer, que podía considerarse afortunado. Él se desposó con una mujer por la que sentía algo, aunque jamás tuvo interés en poner nombre a ese estado que provocaba María, que así se llamaba su esposa, en su interior. ¿Para qué? 
Sin embargo, otros amigos suyos, unos cuantos, acabaron contrayendo matrimonio con mujeres cuya aspiración era la misma que la de la ellos: no acabar solos y señalados por la gente de orden del pueblo, que eran casi todos. Podía decirse que seguían una política de evitar problemas individuales y disfunciones sociales. 
Tras la boda todo discurrió como debía. Al año siguiente, casi un año y medio después de los esponsales, nació el primer hijo, Lorenzo, que murió meses después debido a una infección. Tal vez ese fue el momento en que más unido estuviese a mi mujer. Por primera, y casi última vez, se permitió llorar en público. En aquella época mostrar no se consideraba apropiado que los hombres mostrasen sus emociones. Existían excepciones como la muerte de un hijo, en especial si era el primogénito, y algún otro hecho aislado. 
El llanto no ocasionó esa unión, más bien puede decirse que esa comunión vino propiciada por el hecho, socialmente aceptado en estas circunstancias. de compartir el dolor con María. Pero pronto todo volvió a su ser. La rutina, las jornadas interminables de trabajo de ambos, en las que no se veían, porque cada uno tenía su cometido establecido desde mucho antes de que ellos nacieran. Dos personas que convivían bajo el mismo techo, con una ocupación común: subsistir. Y el domingo, el día de holganza, la misa, el bar para él, y las amigas para ella, constituían un breve quiebro a la variada rutina marcada por las estaciones. 
Llegaron más hijos, otros ocho, como antes se dijo, y con ellos nuevas ocupaciones y preocupaciones.  María, la mayor, rápidamente se puso a cuidar de sus hermanos más pequeños y a ayudar en los quehaceres de la casa. Encarnación, la tercera, en cuanto tuvo edad, alivió las obligaciones de la primogénita, ayudando en las labores del hogar.
 Ellos, a los 9 años, cuando terminaba la escuela, echaban una mano al padre en las tareas del campo. 
Las unas y los otros aprendieron en la escuela las letras y a hacer cuentas. Lo básico para poderse desenvolver en la vida, les dijo el maestro a los padres un domingo después de la misa. 
Si alguna vez tuvieron aptitudes para el estudio nunca lo supo. El docente nunca les dijo nada al respecto, ni lo contrario tampoco, y las circunstancias en aquel entonces tampoco .
Tuvieron hijos por lo mismo que sembraba el trigo a finales de octubre, porque es lo que tocaba y no se podía hacer otra cosa. 
Ahora, con la perspectiva que produce el paso del tiempo y las circunstancias vividas, le hubiese gustado estar más tiempo con ellos. Mejor dicho, le hubiese apetecido conocer como pensaban, como sentían, pero ahora ya era tarde. Ellos tenían sus parejas, sus hijos y él para sus descendientes se podía definir como el padre que los crio, que trabajó de sol a sol para que siempre tuviesen algo que llevarse a la boca, en una época de hambre. Un hombre recio, de pocas palabras y parco en afectos. Un anciano que parecía diferente cuando estaba con sus nietos, que sin ellos pretenderlo, le dibujaban una sonrisa perenne cuando estaba en su presencia. Una sonrisa pocas veces vista por sus hijos y que, en un principio, les resultó tan extraña como desconcertante, pero a la que se acostumbraron con el paso del tiempo. Al igual que se acostumbraron a ver como jugaba, como si le fuese la vida en ello, con esos pequeños que conseguían extraer de él algo desconocido hasta entonces para sus propios hijos.
Su cuerpo y lo que quedaba de su alma en esos momentos seguían en esa solitaria casa en aquella fría noche castellana de octubre. Sin María. Con su presencia constante, pero incompleta. Con el peso de todo aquello que tuvo que haberla dicho en todas aquellas ocasiones en que la miraba embobado porque la encontraba guapísima o cuando llegaba más allá de donde él podía llegar o cuando, simplemente, algo en su interior le hacía sentirse bien junto a ella y sentía la necesidad de decírselo, pero no lo consideraba apropiado, porque nunca vio a un hombre hacer ese tipo de cosas. 
Ahora sabía que era tarde. Ya no podía remediarlo. Se sentía huérfano de María y traspasado de decepción hacia sí mismo, por todo aquello que esquivó durante muchos años de convivencia con ella y que ahora fluía casi tan intenso como el dolor de la pérdida.


24 de diciembre de 1981, Villamarciel.

Un año más todos sus hijos, sus parejas y sus nietos se encontraban en la casa familiar del pueblo. En Nochebuena siempre había acontecido así, excepto el año que Encarnación dio a luz a su segundo hijo, Andrés, que fue así llamado en honor a su abuelo materno, el 23 de diciembre. 
Todos menos María. Al menos en cuerpo presente, porque su recuerdo envolvía a los adultos que se encontraban ese día allí. 
Cuando comenzó la cena, también por primera vez, Andrés, el anfitrión, interrumpió todas las conversaciones porque quería dirigirse a todos los que allí se encontraban: "Tengo algo importante que contaros".
Esas palabras abrieron un silencio denso. Un silencio denso y expectante, cargado premonitoriamente de recuerdos y de ausencia, al menos para los adultos. Un silencio de extrañeza entre los niños, que nunca habían presenciado ese rostro serio y grave en el rostro de su abuelo, que acompañado de ese tono de voz desconocido, resultaba desconcertante para ellos.
Comenzó a hablar con de manera pausada, con la facilidad de quien ha estudiado un guión y tiene capacidad para la interpretación. En el fondo, iba a interpretar la obra de su vida, y aunque no estuviese acostumbrado a la oratoria, esto facilitaba la fluidez del discurso.
"María, mi mujer, vuestra madre, vuestra suegra, vuestra abuela, nos dejó hace dos meses. La hecho de menos. Mucho. Imagino que vosotros, sus hijos, mis hijos, también sentiréis esa pena por su partida. 
Sabéis, durante este tiempo, estas semanas sin mi mujer, he tenido ocasión de vivir el dolor, la soledad, el vacío más absoluto y otras cosas a las que no sé poner nombre. De todo ello lo que más me duele es aquello que yo pude hacer y no hice cuando ella se encontraba entre nosotros. Y no, no me refiero a tratar mejor a vuestra madre. Jamás la falté al respeto. Al contrario, siempre la respeté. Jamás visité un prostíbulo ni la insulté ni mucho menos la pegué. Sin embargo, lo que jamás oyó de mis labios es que la quería, y la quería mucho. En ninguna de las muchas veces que lo pensé, que lo sentí, tuve el valor de comentárselo, aunque sintiese una necesidad imperiosa de ello. Cuando esto ocurría existía en mí un vacío generado por la cobardía, que se rellenaba, en falso, porque sabía que hacía lo que se esperaba de mi, de un hombre. Fuimos educados para trabajar de sol a sol, con la única finalidad de crear y mantener una familia. 
En aquella época no se nos permitía pensar ni expresar sentimientos. Todo lo más ahogar nuestra monotonía en el vino peleón del bar; lo que llevo a más de uno al alcoholismo. Como a Lucio, que cuando llegaba borracho a su casa era frecuente que pegase a Charo, su mujer. Por más que hablé con Lucio no conseguí que la dejase en paz. Cuando estaba sereno lloraba y decía arrepentirse de ello, pero tras beber se convertía en otra persona, una bestia para la persona a la que debía respetar por ser su mujer y por la consideración que debía sentir hacia la persona que en el día a día del pueblo intentaba tapar la miseria en que se había convertido la vida de Lucio y de los que le rodeaban.
Sin embargo, jamás la dije . que la quería ni lo guapa que la encontraba cuando se vestía para la fiesta o para ir a misa ni lo feliz que era con el nacimiento de cada uno de vosotros ni...
Pero eso, por desgracia, ya no puedo remediarlo. Sin embargo, sí puedo contaros lo feliz que me sentí cuando María aprendió a leer. Sabes, fuiste la primera persona en mi familia que leyó con fluidez y que escribía sin tener que deletrear. También me sentí orgulloso cuando el maestro me contó que tú, Mauro, eras muy bueno haciendo cuentas. Cuando tú, Andrés, me dijiste que querías irte a la ciudad y que además de trabajar ibas a estudiar, aunque no hice ningún comentario, la alegría y el sentimiento de felicidad me invadió por dentro. 
Podría seguir hablando largo rato, pero la cena se enfriaría, y a vuestra madre eso no le gustaba. Recordad como se ponía cuando no teníamos prisa en sentarnos a la mesa porque las conversaciones atrasadas se convertían en más importante que lo que ella había cocinado durante todo el día para nosotros, su familia. 
Sólo quiero añadir algo más: Aunque a ella no se lo dije nunca, quiero que sepáis que amaba a vuestra madre con todas mis fuerzas. Y también me gustaría que supieses que me siento orgulloso de todos vosotros, hijos míos. Os quiero y os agradezco que estéis aquí en este día con vuestras parejas y con vuestros hijos, mis nietos.
Al final, ha resultado mucho más fácil decirlo de lo que pensé durante décadas que sería.
Gracias por escucharme y hagamos caso a vuestra madre. Comamos". 




lunes, 1 de noviembre de 2021

CUENSOS (CUENTOS DE VIDA CASI EN VERSO)

FOTOGRAFÍAS


 SIEMPRE REHUÍ  LAS FOTOGRAFÍAS,

ESAS PEQUEÑAS AUTOBIOGRAFÍAS DEL INSTANTE,

PENSANDO QUE NUNCA ME ENCONTRABA EN ELLAS,

 MI ALMA PARECÍA ESCAPAR

SIN REMISIÓN

A LOS COLORES CONGELADOS DE ESE SEGUNDO VENCIDO

EN EL QUE SE PLASMA LA IMAGEN,

 PERO AHORA SÉ LO INCUESTIONABLE

LOS COLORES NO VENCEN

LOS SEGUNDOS FUERON Y SON DE MI PROPIEDAD,

SIEMPRE ME PERTENECIERON,

Y NADA, NADA,

TIENE  SIGNIFICADO SI NO EL ATRIBUIDO

EN LA CRUZADA DE CADA INSTANTE VIVIDO

EN ESA LUCHA ENTRE LA ACEPTACIÓN Y LA NEGACIÓN

A VECES CONSCIENTE,

ILUMINADA COMO ESE NEÓN PEREZOSO Y SEMPITERNO,

CONOCIDO PERO OBVIADO

Y EN OCASIONES CALLADA, ENMASCARADA

ENTRE LAS ESQUINAS,

 APACIGUANDO LA EXISTENCIA DE LA AGONÍA

NINGUNA INSTANTÁNEA REFLEJARÁ ESA LUCHA

POR MUCHA PRECISIÓN QUE EN ELLA EXISTA

LA ÚNICA INTERPRETACIÓN, 

LA INFALIBLE INTEPRETACIÓN DE LO CAPTURADO

RESIDE EN LA MEMORIA PROPIA

ANEXA A MÍ HASTA EL FIN.




ME GUSTÓ


ME GUSTÓ TU INSISTENCIA

EN LA QUE DESCUBRÍ LA LUNA,

 EL DESASTRE

Y QUE EL MAR ES ALGO PARECIDO A TUS MANOS

ENTRELAZADAS CON LAS MÍAS.




SIN...


NO EXISTE UN UMBRAL

ENTRE LA VEJEZ Y LO ANTERIOR

¿ALGUIEN LO CONOCE?

SE PUEDE HABLAR DE AÑORANZA

DE BÚSQUEDA DE PAZ ENTRE BRAZOS AJENOS

DE AMAR DESPACIO

SINTIENDO EL SEXO,

EL TUYO Y EL MÍO,

COMO COMUNIÓN ENTRE EL SENTIMIENTO Y EL DESEO

DESBROZANDO LO INNECESARIO

CON LA SOLA HERRAMIENTA DE LA ENTREGA

PERO NO EXISTE UN UMBRAL

ENTRE LA VEJEZ Y LO ANTERIOR

SOLO LOS CUERPOS CURVADOS EN EL ESPACIO

ATRAYÁNDOSE DE MANERA IRREMISIBLE

SIN EDAD, 

SIN RECUERDOS,

SIN PASADO.











domingo, 17 de octubre de 2021

LA ÚNICA DIVERSIDAD

"Lo mejor que el mundo tiene
está en los muchos mundos 
que el mundo contiene"

Eduardo Galeano

La reproducción sexual de los animales produce individuos distintos, incluso dentro de una misma camada. Resulta obvio, que esto ocurre exactamente igual en nosotros, seres humanos, que no dejamos de ser un animal. Fruto de este tipo de reproducción, cada uno de nosotros es diferente a cada uno de los, aproximadamente, siete mil millones de personas que pueblan este planeta. Y eso, querido lector, es la diversidad, que tanto aporta para que no se transmitan errores genéticos, al menos una parte de ellos, a nuestros descendientes. 
Por supuesto, reconocer que todos y cada uno de nosotros somos diferentes (tal vez, con la excepción de los gemelos univitelinos), a ciertas personas les chirría y no les convence, porque es más fácil, al menos para ellos, agrupar a las personas por cuestiones anecdóticas secundarias, como pueden ser el color de la piel, la religión, el sexo, la edad o cualquier otra cuestión que el amable lector pueda conocer o imaginar. Cabe destacar, que esto se puede utilizar para despreciar a las personas que responden a las características elegidas o para ensalzarlas, bien como héroes,  bien como víctimas. 
Durante siglos las personas que practicaban la religión judía estuvieron perseguidos por el hecho de pertenecer a esta fe. Véase los pogromos, las expulsiones de los practicantes de esta creencia de Francia, siglos XII y XIV, Inglaterra, siglo XIII, Granada (almohades), siglo XII, o España, siglo XV. O asuntos mucho más cercanos en el tiempo como el Caso Dreyfus, Francia  siglo XIX. Sin olvidar la barbarie nazi, que alcanzó, por desgracia, no solo a personas judías, también personas de etnia gitana, eslavos, personas con discapacidad, homosexuales (aunque no debemos olvidar que Ernst Röhm y parte de su cúpula de las SA eran homosexuales)... sufrieron la locura de unos tipos que les negaban cualquier derecho, solo por ser "distintos".
¿Distintos a qué? A un ideal que no deja de ser eso: un ideal, algo inexistente en la vida real. Todos, repito, todos, somos distintos, irrepetibles, con nuestras virtudes y nuestros defectos, que variarán en función de quién los analice. El ideal de persona es, únicamente, un intento vacuo por unificar aun colectivo con una doble finalidad: que una minoría alcance el poder político, buscando para ello crear unos enemigos o unos tipos distintos, que impiden que ese ideal se lleve a cabo. No se juzga a las personas por sus actos, se les encasilla por un estereotipo, pretendiendo borrar la esencia del ser humano: su irrepetibilidad.
Como dije al principio este intento de unificar, de no juzgar a las personas por sus actos si no por una característica, generalmente aleatoria y que no depende del individuo, no solo se aplica con un sentido discriminatorio. En nuestros días se utiliza por parte de cierto sector de la que antes era la izquierda, para justificar una pretendida superioridad de ciertos colectivos por ser "discriminados", generalmente por el mismo colectivo los hombres blancos. 
Ni que decir tiene que la vida de Carmen Polo, esposa de Franco, Pilar Primo de Rivera o cualquier mujer noble durante el franquismo, no se acerca, ni de lejos, a la vida que a tenido mi padre (trabajando de sol a sol desde los nueve o diez años, aprendiendo a leer y escribir ya adulto), pero ese detalle no importa a cierta gente, porque no importan las circunstancias y los hechos, importa el colectivo.
Esa importancia del colectivo les lleva a cometer disparates como el de recomendar a una pretendida mujer, Carmen Mola (en realidad tres hombres que escriben bajo ese pseudónimo) como un ejemplo de escritora feminista (véase que el Instituto de la Mujer de Castilla la Mancha solo recomienda leer a mujeres).


Un breve inciso. Cuando uno lee esto se acuerda de la película Europa Europa, que narra la experiencia  real de un joven judío que se hace pasar por ario para escapar a una muerte casi segura. Y me recuerda ese film, porque en un fragmento de la película el experto nazi pone como ejemplo de ario puro al protagonista de la película, el joven hebreo Solomon Perel. 
Pero volvamos a la diversidad y su utilización espuria por parte de unos y otros.
 La bandera de la diversidad, sea eso lo que fuere, la ha enarbolado una pretendida izquierda, mejor llamarlo progresía, que se ha dedicado a realizar paquetes de personas, atendiendo a una característica, dos a lo sumo, con una única finalidad: poner la etiqueta de buenos o malos. Para colocar dicha etiqueta solo es preciso un aspecto: haber sufrido discriminación o no. ¿Discriminación? Sí, discriminación y, a ser posible, por el hombre blanco heterosexual. Eso ya da carné de colectivo discriminado para la eternidad. 
Pero, pero, pero, es que la mujeres de la jerarquía franquista vivían mucho mejor que mi padre, mis tíos o mi abuelo. 
Ya, pero ellos oprimían a las mujeres. 
Pero es que eso no era así en casa de mi5s padres. 
Eso es mentira, porque lo digo yo y porque lo dice fulana o fulano de tal.
Por no hablar de quién preside el mayor banco español o quién es la número dos, que será la uno cuando muera su padre, de la empresa más grande española, y una de las más importantes del mundo, Inditex. Pero es que la mujer está discriminada. Y el hombre que se pasa años en paro también. Pero es que...
No. Ni la gente de extrema derecha ni la gente progresista defiende la diversidad humana, que, a pesar de ellos es la base de nuestra existencia. Unos y otros defienden concepciones de la sociedad que distan muy mucho de la realidad diaria, que es la que vemos envueltos las mayoría de nosotros, pero, en ambos casos, intentan hacernos creer que su visión, por lo general rayana en la paranoia, es la verdadera.
Además de esta percepción distorsionada de la realidad, unos y otros tienen otra cosa en común: no quieren acabar con un sistema irracional y cruel, que solo interesa a quienes acumulan las riquezas de todos, privando en muchos casos hasta de lo más básico, casi un 10% de la población mundial, manteniendo en un estado de precariedad severa a cerca del 40% de la población mundial.


No, ninguno de ellos quieren abordar los problemas reales, en España el porcentaje de personas que viven en pobreza extrema es casi del 10% de la población, (y no, las mujeres no son más pobres que los hombres en España , como se puede encontrar en los datos del INE). Ni unos ni otros quieren luchar contra la desigualdad económica, buscando el reparto real de la riqueza, aunque sea confiscándola. Queda mucho mejor culpar a los "moros" o al hombre blanco de todo. Y esto resume bien lo que son ambos enfoques: una panda de débiles intelectuales, con el mismo trasfondo ideológico, que lucha contra la diversidad, la que dice que cada ser humano es diferente y especial, para buscar una uniformidad ideológica, evitando con ello analizar y luchar contra el problema que hombres, mujeres, blancos, negros, indios, chinos, heterosexuales, homosexuales, transexuales... tenemos y padecemos: la desigualdad económica.
La verdadera diversidad es respetar a todas y cada una de las personas por el mero hecho de serlo. Y, si a nivel individual, hay que juzgar a alguien por sus actos, se juzgan los hechos de esa persona, no a toda la persona, porque a pesar de todo, por lo general, los seres humanos tenemos muchas facetas, en función del papel que asumamos en cada momento (padre, pareja, trabajador, hijo...). Alguien puede atropellar a otra persona y dar positivo por alcohol. Ese acto reprochable no conlleva el infractor pueda ser un tipo maravilloso con su pareja, un excelente padre, un amigo leal... 
Me gustaría concluir con una reflexión: piensen en un colectivo "malo" para un facha o "discriminado" para un progre. Imagínese ahora que ese moro pertenece a la familia real saudí o que esa mujer o esa persona homosexual sean hijos de un multimillonario. ¿Cree de verdad en lector que el facha pensara que ese miembro de la realeza saudí o esa mujer o homosexual están discriminados? 
Un ejemplo que sirve para desmitificar a esos colectivos "perseguidos". Siempre se ha dicho que los homosexuales han estado perseguidos, no es cierto, aunque no voy a profundizar en ello. Solo quiero poner un ejemplo de que incluso en los peores momentos, cuando una ley de la II República, la de Vagos y Maleantes, se amplió durante el franquismo para incluir en dicha ley a personas homosexuales. Sin embargo, sí que había homosexuales que no corrían peligro en ese periodo: los sacerdotes, que violaban a niños de manera impune. 
Tal vez, aceptar la diversidad depende en un alto porcentaje del dinero o poder que se posea o de hablar de actos individuales y no de colectivos.
Un saludo.



sábado, 11 de septiembre de 2021

11- S. CULPABLES.

Hace veinte años que se produjeron los ataques terroristas contra varios símbolos de Estados Unidos. Cuatro aviones secuestrados se estrellaron, al menos tres de ellos (el cuarto fue derribado por cazas estadounidenses, por mucho que lo intenten vestir de otra forma) contra edificios emblemáticos del país norteamericano. 

No es mi intención narrar que estaba haciendo ese día, me acuerdo perfectamente, ni hablar de que este hecho cambió el mundo, una mentira como otra cualquier, como se ha demostrado veinte años después (lo que realmente ha cambiado el mundo es el auge de China). Tengo mucho más interés en hablar de una realidad poca veces contada. 

En 1978, como respuesta a la dura represión del Gobierno afgano hacia el partido comunista, anterior aliado suyo en la lucha que concluyó con la deposición del monarca cinco años antes, se produjo un golpe de estado, denominado Revolución de Saur. Cuando los nuevos gobernantes comienzan a aplicar programas como la condena de las deudas de los agricultores, muchas de ellas verdadera usura, el acceso de la mujer a la vida pública, programas de sanidad o de alfabetización (el 95% de las mujeres y el 90% de los hombres lo eran), reparto de tierras... se encuentran frente a ellos a los grandes terratenientes, que poseían más del 50% de las tierras fértiles del país, siendo ellos una minoría, y a otros ultraconservadores, los muyahidines. Unos y otro se organizan y plantan cara al nuevo gobierno. 

En el gobierno se suceden las tensiones y los intentos de golpe de estado, promovidos por diferentes facciones, o personas, del partido en el poder. En el fondo, se trata de un juego de geopolítica, EEUU y la URSS mueven a sus peones para controlar el país. Finalmente, a pesar de haberlo descartado con anterioridad y de hacerlo más por necesidad, para proteger sus intereses en un país limítrofe, que por convencimiento (intuían las dificultades, o algunas de las dificultades, que podían ocurrir) la URSS invade a su vecino afgano, con las consecuencias, una derrota, que por todos es conocido.

Desde el primer minuto, tras la revolución de Saur, Occidente apoya a la resistencia, de corte ultraconservador e islámica. Dicha ayuda se ve incrementada con la invasión de las tropas soviéticas, a partir de 1985 se dota a los muyahidines de misiles Stinger, por ejemplo. Hasta aquí nada anormal, en el juego de la geopolítica unos y otros llevan décadas haciendo eso mismo, como se ha hecho durante toda la Historia (EEUU debe, en parte, su independencia a españoles y franceses que apoyaron con armas y hombres su alzamiento contra los británicos, enemigos de hispanos y galos). Lo que llama mucho más la atención es el blanqueamiento de estos aliados ocasionales por parte de las  potencias occidentales, que decían representar la democracia y la libertad.

Ronald Reagan, presidente de EEUU en esos momentos, llegó a comparar a los muyahidines con los padres fundadores de EEUU (pinchar aquí) y desde el país norteamericano no se sonrojaron en llamar a estos fundamentalistas islámicos como luchadores por la libertad.

 https://elpais.com/diario/1982/12/27/internacional/409791609_850215.html

Por supuesto, su gran amiga y aliada Margaret Thatcher no se queda a la zaga y dice en una reunión con representantes de los fundamentalistas islámicos que estos están luchando por defender su libertad y su religión (recordemos que por esa época la británica consideraba a Nelson Mandela como terrorista)

https://gustos-personales.blogspot.com/2017/05/thatcher-los-muyahidines-en-1981-los.html

Obviamente, como he dicho con anterioridad, se trata de geopolítica y se buscan aliados para combatir al enemigo, pero lo chocante es como se intenta vender a unos tipos, fundamentalistas, ultraconservadores, que nada tienen que ver con los valores que decía defender Occidente como unos luchadores por la libertad. Cuando, en realidad, hasta los líderes tribales de algunos de los grupos que luchan contra los invasores soviéticos, son conocidos por las atrocidades que han cometido, no solo contra los soviéticos, sino también contra miembros de otras tribus afganas. 

Por supuesto intervienen otros actores durante este tiempo, en especial Pakistán, con fuertes vínculos con los talibán afganos, y Arabia Saudí, que proporciona ingentes cantidad de dinero y armamento a los muyahidines, sunitas como ellos y, en muchos caso, wahabitas, como el país donde se encuentra La Meca. 

Obviamente, el cóctel, no puede ser más prometedor: dinero a raudales, fundamentalismo islámico, geopolítica, preparación militar y experiencia en la guerra, lavado de cara de aliados con una ideología anclada en el medievo...  ¿Qué podía salir mal? Pues, como todo o casi todo lo que se gestó en esa época auspiciado por Reagan y Thatcher todo fue un desastre que arrastramos cuatro décadas después: el apoyo a fundamentalismos de ideología medieval, la desregulación económica y las políticas de privatización que iniciaron estos tipos, el apoyo a regímenes dictatoriales que derrocaron a gobiernos legítimos cuya preocupación era un mayor reparto de la riqueza en sus países... Todo lo que estos nefastos personajes, que sí cambiaron el mundo, pero para peor, algún día será juzgado con la suficiente objetividad y entonces, cuando se hable del 11 de septiembre, lo primero que aparecerán serán los rostros de el exactor y de la mujer que reprimió el movimiento obrero con saña.

No me gustaría concluir esta entrada dejándome en el tintero una curiosidad. Una fuente principal de financiación del talibán ha sido la venta de amapola, que sirve de base para fabricar heroína.

 Durante los años 90 y principios de siglo los médicos en EEUU recetaban opiáceos para cualquier dolor, el dolor no debía existir. La famosa Vicodina que tomaba el doctor House es uno de esos opiáceos. Esta forma de actuar por parte de los médicos generó pingües beneficios a las farmacéuticas, que alentaron esta forma de actuar. En un momento determinado este tipo de prácticas médicas comenzaron a remitir, debido a lo innecesario de las mismas en muchos casos. La retirada repentina de este tipo de medicación hizo que muchas personas, adictas a estos opiáceos, buscasen quitarse el mono en el mercado negro, consumiendo heroína. Heroína que provenía, en un alto porcentaje, del talibán, que en esos momentos estaba luchando contra las tropas estadounidenses. Dándose el curioso caso de que los propios estadounidenses ayudaban a financiarse a un ejército que estaba luchando contra el suyo propio.

Aquí dejo un vídeo, extremadamente duro, sobre este problema en una ciudad como Filadelfia.




Un saludo.


Para una mejor comprensión o conocimiento de lo ocurrido durante esos años en Afganistán, recomiendo este magnifico artículo.

https://www.despertaferro-ediciones.com/2021/afganistan-historia-invasion-derrota-sovietica-ascenso-talibanes/

martes, 7 de septiembre de 2021

RELATOS CORTOS EN EL CAOS

"Buscas alguien con quién convivir. Buscas una pareja". Cuando ella se lo dijo no dio importancia a estas palabras. Un par de días después comprendió que tenía razón, pero que el mensaje obviaba algo: ella también la buscaba, pero ambos sabían que no podían reconocerlo en voz alta; como tampoco permitirse el lujo de decirle el uno al otro que se habían encontrado hacía tiempo.



Recordó, una vez más, que la empatía navegaba lejos de las fórmulas preestablecidas y de las apariencias de persona enrollada. Cuando recibió una de esas respuesta por su parte, comprendió, una vez más, que aquella persona que se encontraba enfrente y que tanto le excitaba desde un punto de vista sexual, solo era eso: deseo.



Nunca llegó a comprenderla del todo bien. Sabía que en ella existía una parte de personaje de culebrón, de mujer esquiva, que apela al histrionismo para hacerlo notar. También poseía la certeza de que existía un problema de autoestima (¿quién no tenía problemas de autoestima?), que condicionaba su comportamiento, pero, por otra parte, existía en su interior una necesidad de dominar la situación, dirigiendo desde un pedestal invisible, todo lo que ocurría entre ellos. A él le daba igual todo eso, solo recordaba cuando desnudos en la cama en la cama ella decía: "Estamos locos". Para construir algo se necesita entregarse y esa forma de locura ella no la tenía.



Navegaba por uno de esos mares en los que el autoconcepto se encontraba en una fosa abisal. Con la edad había aprendido a torear con cierta eficacia esas situaciones, dando mucha más importancia a lo que se ha de hacer, que a los sentimientos que esa situación genera, pero tenía el convencimiento más absoluto que, incluso cuando emergiese y el Sol volviese a colorear su universo, necesitaría seguir haciendo para encontrar alguien que tapase la oscuridad que seguiría existiendo en la parte superior izquierda de su tronco.


Ella le dijo que buscaba a alguien normal. Una persona con la que compartir los buenos y los malos momentos. Él desconocía si entraba en lo que ella consideraba una persona normal, pero prometió esforzarse en serlo durante los pocos días que estuviese con ella, conociendo su paraíso y practicando sexo.


No le interesaba en absoluto. No le atraía ni su forma de entender la vida ni su físico, pero estaba tan solo que hubiese muerto por verse rodeado por su brazos.

sábado, 14 de agosto de 2021

VIEJA HISTORIA

SERGIO 


 Su rostro yerto y cerúleo aún le atormentaba, en especial en las noches de insomnio, en las que el dolor y la añoranza le empujaban hacia un abismo, que le atrapaba sin remedio durante las prescindibles, al menos para él, no de madrugadas de tormento. La aparición en su mente de su imagen en el depósito de cadáveres, donde acudió para confirmar que se trataba de él, de Jaime, de su pareja, le suponía una tortura dolorosa e intuía que necesaria para superar, en el momento que fuese, el duelo por su pérdida.

Se habían conocido cinco años atrás, estudiando inglés en la Escuela Oficial de Idiomas de su ciudad y antes de acabar el primer trimestre ya se había convertido en pareja. Ambos tenían muchas cosas en común, pero, sobre todo, la atracción mutua que sentían por el otro. Se habían convertido en una especie de agujeros negros, que atraían irremediablemente al otro, con la virulencia de lo que no se ha vivido con anterioridad. Agujeros negros, que alumbraban el interior del otro con la llama de lo más imprescindible. 

Si le hubiesen dicho en aquella época que viviría sin él, aunque fuese atravesado por las puñaladas de dolor que sentía cada vez que le recordaba, como durante aquella noche de vigilia, no lo hubiese creído. De hecho, tampoco hubiese pensado que él, su gran amor, Jaime, hubiese desaparecido así, de repente, sin previo aviso. Ni tan siquiera su trabajo conseguía apartarle de ese talud por el que despeñaba una y otra vez. En realidad, debería considerarse afortunado en ese aspecto. Tras más de una década persiguiendo su sueño, había conseguido hacerse un nombre en el mundo de la actuación. Desde hacía un par de años su rostro y su nombre, Sergio Andrés, aparecían en diversas series y comedias, tan previsibles como taquilleras. Pero, a pesar de su éxito profesional, nada ni nadie podía alejar esa angustia, ese sufrimiento que le invadía por la desaparición repentina y violenta de su pareja.

Su ascenso en el mundo del espectáculo se lo debía a Jaime, que fue quien le presentó en una fiesta a un conocido productor, Julián Altuna, que le dio la oportunidad decisiva. Altuna apostó por él en una serie que consiguió un gran éxito en la pequeña pantalla. A partir de ese momento, siempre bajo el paraguas de Julián, le comenzaron a llegar propuestas de trabajo de manera regular, teniendo que rechazar algunas, por ser imposible abarcar tanto trabajo. De igual forma tuvo que declinar varias ofertas de su mentor en el mundo del espectáculo para practicar sexo con él. Aunque le parecía un tipo con cierto atractivo, él se sentía unido y enamorado de Jaime, al que no pensaba traicionar de manera alguna. 

En realidad las insinuaciones y proposiciones de Altuna no le preocupaban lo más mínimo, a lo sumo le resultaban un halago, o algo parecido, como podía serlo toda proposición de interés en cualquier aspecto de una persona hacia otra. Sí, le generaba cierta desazón esa sensación de ausencia que le transmitía su pareja cuando hablaba con él. Algo parecía preocupar a Jaime, pero éste se escudaba en el ritmo de trabajo, el calor o en cualquier otra excusa, cuando era preguntado por él respecto a esa actitud distante. Esto sí le preocupaba, y mucho.

Recordar aquellas últimas semanas de convivencia y la sensación de que la persona que más quería en el mundo le ocultase algo tras esa expresión abstraída y las respuestas huidizas cada vez que le preguntaba por su ensimismamiento, provocó que volviese a llorar, que desease morir y que se maldijese por no tener el valor de acabar con todo. Nada merecía la pena sin Jaime.



JAIME


Le preocupaba el estado anímico de Sergio. Cada vez gestionaba peor la situación que estaba viviendo. Los continuos rechazos en los casting para interpretar papeles importantes y que solo consiguiera participar en anuncios o con apariciones casi residuales en series de no gran categoría estaban afectando a su ánimo y, como consecuencia, a la relación entre ambos. No sabía como abordar la situación, hasta que se acordó de un antiguo amigo de correrías, algunas poco confesables, que ahora era alguien importante en el mundo del espectáculo patrio, al que no dudó ni un segundo en llamar.

Dos días después se volvieron a ver, tras varios años sin contacto alguno, y, sin dilatarlo mucho en el tiempo, él le habló a su amigo Julián de su pareja y de su situación laboral. Julián omitió que, en su fuero interno, consideraba que Sergio no era lo que podía denominarse un gran actor,  porque en ese momento lo único que deseaba con toda su alma era ayudar a su pareja. No podía soportar ver sufrir a la persona que le había enseñado lo que era el amor y la felicidad.

El productor no le prometió nada. Simplemente le invitó, a él y a Andrés, a una fiesta que celebraría el sábado en su casa, donde iría mucha de la gente con capacidad de decisión en el mundo del artisteo, como llamaba Altuna a su entorno laboral. "Es posible que allí alguien pueda echarle un cable", concluyó Julián.

Jaime comprendió que esa puerta entreabierta constituía una buena oportunidad para su pareja de meter en el mundo del espectáculo y, aunque hubiese preferido una audición para algún papel protagonista, agradeció a su viejo amigo el ofrecimiento. Asegurando que no faltarían al evento.

Cuatro días después Sergio y él se encontraban en la fiesta sabatina, a la que no parecía faltar nadie o casi nadie de los que se encontraban en lo más alto del mundo de la televisión y el cine nacional. 

Al poco de llegar ambos a la fiesta el anfitrión se acercó a saludarlos. Dibujó una sonrisa, que igual podía ser la de un profesional que sincera, que volvió a ejercitar cada que vez que coincidía con ellos durante la noche. Una sonrisa que resultó ser de aprobación, pues dos días después, el lunes, Jaime recibió una llamada de la productora de Altuna, Trampantojo S.A., para que Sergio se presentará el miércoles para realizar una prueba para una serie de televisión. 

Y ese fue el inicio de su carrera meteórica. 

Y ese fue su secreto. Jamás le contaría que ese primer papel protagónico lo consiguió gracias a que él había hablado con un antiguo amigo.

Tampoco le contaría que hacía unas semanas había hablado con Julián y éste le había contado que él también estaba enamorado de Sergio. Altuna también le dijo que se lo había dicho,  se lo había declarado, pero que éste le había respondido que estaba enamorado de él y que jamás le engañaría. En ese momento, Jaime se sentía, por un lado, repleto de felicidad por saber, aunque fuese por fuentes indirectas, que la persona que amaba y con la que compartía su vida, sentía lo mismo por él, pero, por otro lado, la declaración de su amigo y rival, le generaba malestar e intranquilidad; tal vez porque intuía que ese amor que su viejo amigo de juergas era, al menos, tan potente como el que él también sentía por su pareja.



JULIÁN


"La muerte, el asesinato, de Jaime, pareja sentimental del gran actor Sergio Andrés, al que hoy represento, nos ha dejado a todos conmocionados. Hoy estoy yo aquí porque Sergio necesita un tiempo para asimilar todo lo ocurrido y debemos respetar su dolor y su pérdida. 

Este acto criminal, seguramente de carácter homofóbico, debe ser investigado y el, o los, autores deben ser castigados por tan cruel e inhumano acto. 

El respeto a las personas, sean cual sean sus preferencias sexuales y sentimentales, deben situarse por encima de cualquier otra cuestión. .

Este lamentable hecho nos demuestra que queda aún mucho camino por recorrer en este aspecto y debería hacernos pensar y replantearnos muchas de nuestras convicciones.

Respecto a la investigación del trágico suceso, solo puedo decir que está bajo secreto de sumario y desconozco cualquier aspecto de la misma.

¡Gracias!"

Julián terminó su discurso y se encaminó hacia una puerta situada a la derecha del atril, desde el que había dado este breve discurso a los diferentes medios de comunicación, que harían de altavoz para que el mensaje llegase claro y contundente a todos los rincones del país. 

Cuando llegó al cuarto contiguo, tras cerrar la puerta, se sentó en un sofá de dos plazas en silencio y dejó volar los recuerdos.

Rememoró el día que había conocido a Sergio Andrés en la fiesta que organizó en su casa y como sintió una punzada que le atravesó el alma cuando le vio por primera vez. Una punzada cargada de una sensación que, a pesar de no haberla sentido con anterioridad en su vida, no le costó identificar con esa sensación que se conoce como amor. Durante días no pudo borrar una sonrisa bobalicona de su rostro y no dudó, ni por un segundo, en contratar a Sergio como protagonista de la comedia que estaban a punto de rodar. Necesitaba estar a su lado. Precisaba compartir el mismo aire que el respiraba para sentirse vivo. 

Sin embargo, con el paso de los meses, esta cercanía no resultaba suficiente. Deseaba poseer su cuerpo y que él poseyera el suyo. Tenía la necesidad, casi obsesiva, de pasar del amor platónico a la traslación carnal de este sentimiento.

Armándose de valor, se declaró y Sergio le rechazó, con tranquilidad y amabilidad, argumentando que él también estaba enamorado, pero de Jaime y que, por nada del mundo, se separaría de él, ni mucho menos le sería infiel. Concluyó su respuesta negativa con aquello que más podía dolerle, diciéndole que siempre le estaría agradecido por todo lo que había hecho por él, ayudándole a llegar al estrellato, y que por eso él siempre le vería como un gran amigo... O mejor, como un hermano.

Recordó como esta vez también le atravesó una punzada, pero en esta ocasión la composición de la misma era dolor negro y viscoso, que se adhería a cada micra de su cuerpo. También le vino a la cabeza que en esa ocasión esbozó una sonrisa, como cuando conoció a la persona que estaba frente a él, pero esta vez la composición de la misma solo estaba formada por un ingrediente: la derrota. 

Sin embargo, el seguía enamorado, y eso nada podía remediarlo. Tras pensarlo, o tal vez sin pensarlo mucho, habló con Jaime y le expuso la situación. Jaime escuchó sus palabras con atención y, como única respuesta, le comentó que el sentía lo mismo que Sergio por lo que no había nada más que hablar. A pesar de la insistencia del productor, y de alguna amenaza velada sobre un futuro incierto para la carrera profesional de la persona que ambos amaban, no obtuvo ningún otro tipo de contestación del otrora amigo suyo.

El sufrimiento de aquellos días no lo había conocido con anterioridad. Ni tan siquiera cuando perdió a su madre, por la que sentía veneración. Decidió retirarse lejos durante un tiempo. Abandonó todas sus obligaciones y alquiló una lujosa casa en una isla del Mediterráneo. Allí, solo, el paso del tiempo le ayudó a mitigar, al menos parcialmente, esa sensación de desgarro. De hecho, una semana o diez después después de comenzar su exilio voluntario organizó una fiesta con unos pocos invitados y allí fue donde conoció a Mario, que no tardó en hacerle una proposición sexual, que aceptó inmediatamente. 

Vino a su cabeza el momento en que, a la mañana siguiente, mientras desayunaban él le conto a su amante ocasional todo lo que había motivado que se hubiesen conocido. Mario escuchó con atención y silencio el relato de su anfitrión. Al acabar el mismo, le pidió un bolígrafo y un papel, escribió un número de teléfono sobre la superficie de la cuartilla, se la acercó y le dijo que la forma de acabar con el problema es llamar a ese número de teléfono, diciendo que es amigo suyo, e indicando que tenía un problema con el que deseaba acabar. Le iba a costar varias decenas de miles de euros, pero el resultado estaba garantizado.

Parecía  estar viviendo en ese momento la sensación de perplejidad que sintió al recibir ese papel en el que siete números quebraban el blanco inmaculado del mismo. Ese instante de perplejidad fue roto por Mario que le recordó la decisión era exclusivamente suya, no habiendo necesidad alguna de marcar el número si el no lo consideraba oportuno. Ese aspecto solo dependía de él. Julián le dio las gracias y terminaron el desayuno en un denso silencio.

Algo menos de dos semanas después, repuesto en buena medida, de aquello que le había impulsado a alejarse de su día a día, volvió a su ciudad y a sus quehaceres diarios. Visitó el set de grabación de la comedia de situación que en unos meses iba a inundar las carteleras de todos los cines nacionales y allí vio a Sergio. Sintió algo muy tenue en su interior, pero nada que no pudiese controlar o que le hiciera sentirse desgraciado. De hecho, decidió hablar con él para superar esa situación y todo hacía indicar que la pasión por el actor se había reconducido hacia un lugar situado en el mundo de los recuerdos. 

Durante varios días todo discurrió de esa manera y tuvo la certeza de que la tormenta ya había escampado. De hecho, vio a Mario en el set de grabación un día y el rencor que sentía hacia él parecía constituir una cuestión lejana. Incluso llegó a acercarse a él y saludarle. Todo había pasado, pensó. 

Al finalizar la sesión de grabación Sergio se acercó a Mario y ambos se besaron, con la serenidad de quienes se aman sin más artificios. Él, desde la lejanía del productor, les miraba y sonreía. Lo tenía claro, no podía hacer nada para cambiar lo que sentían esas dos personas. Cuando lo comprendió se limitó a rebuscar en su cartera, extraer una cuartilla de la misma, sacar su teléfono móvil y marcar el número de teléfono que alguien había escrito en esa hoja en blanco.