jueves, 18 de enero de 2018

OBJETOS PERDIDOS

Ella llevaba varios días anunciándole que estaba considerando volverse a poner zapatos con tacones. Hacía años que había optado por la comodidad del calzado plano. Aunque ambos sabían que la realidad distaba bastante de ser esa. Ella había perdido, en algún momento indeterminado, la necesidad de sentirse bella para sí misma, tal vez porque no hubiese nadie que la dijese lo bien que la sentaba un vestido, unos zapatos nuevos o lo hermosa que lucía cuando cambiaba sus gafas por las lentillas, que dejaban ver en todo su esplendor sus ojos glaucos. 
Él se sentía bien con esa pequeña y continua sucesión de cambios. No ignoraba que su reciente aparición en la vida de ella tenía mucho que ver con este proceso. A veces él tenía la extraña sensación de que conseguía ejercer un efecto positivo en los demás, que se traducía en que las personas de su entorno se querían más a sí mismas. Esta impresión  solía desvanecerse con la misma facilidad con la que aparecía, pero en el caso de ella tenía constancia de que no se trataba de un delirio ególatra. 
A él no le costaba en exceso decir lo que pensaba, para bien y para mal. y eso ella lo apreciaba. Lo apreciaba mucho más porque él tenía por costumbre ensalzar lo que consideraba bueno de ella: su belleza, su sentido del humor, su visión realista de la vida, y ella necesitaba borrar años de soledad acompañada con palabras que la recordasen la necesidad de sentirse querida por sí misma.
Cuando le conoció ella jamás pensó que ese tipo con un aspecto algo desaliñado, que no cuadraba en sus esquemas previos, tuviese esa capacidad de hacer renacer sensaciones olvidadas hacía años. Sin embargo, algo la empujaba hacia él y aprovechó la primera oportunidad que tuvo para poner alrededor de él un lazo sutil. Por suerte, eso pensaba ahora, él se dejó atrapar.
Él, por contra, tenía la sensación de tener parte de la partida ganado de manera previa. Su problema se resumía en la forma de abordarla con un mínimo de probabilidades de conseguir acabar con ella en la cama, al menos esa su intención primigenia y única en un primer momento. En el contexto en que se movían, por mucho que ella le mirase con cierta asiduidad, él no podía afrontar la situación como deseaba. Fue un día, en un encuentro casual, donde él no dudó en dar el primer paso y todo se desencadenó sin prisa, pero con la inflexibilidad de lo que estaba escrito en las miradas de ella y en la paciencia de él.
Y allí estaba ella frente a él, con los zapatos de tacón alto, sus lentillas, su olor a ese caro perfume y su ropa elegante, que la hacían parecer aún más bella y se sintió afortunado. Se sintió afortunado por poder contemplar a solas, sin prisa, a esa hermosa mujer que se estaba dejando admirar. Se sintió afortunado porque sabía que, además de para ella, todo lo que contemplaba tenía que ver con él. La encontraba fascinante, y se lo dijo. Esta vez lo pudo hacer. Dos días atrás le fue imposible. Ella también estaba radiante, pero en el entorno donde se habían conocido no resultaba apropiado manifestarlo. Äunque le hubiese encantado hacerlo. Casi tanto como a ella, que contempló con satisfacción como él también se había vestido de manera diferente, más elegante que de costumbre. No le cabía duda de que lo había hecho porque él tenía la necesidad de volverse a sentir como hacía tiempo no se sentía, pero ella también comprendía que, en buena parte, su cambio de imagen también estaba relacionada con la necesidad de agradarla a ella y de que ella le dijese lo atractivo que le resultaba así.

lunes, 15 de enero de 2018

AQUÍ Y AHORA

"Es grande ser grande,
pero es mayor ser humano"

Will Rogers


Hace una semana me recomendaba un amigo un libro sobre nuestros antecesores, los primeros sapiens, y ambos defendíamos que se trataba de tipos muy inteligentes que supieron sobrevivir en condiciones muy adversas. 
Al día siguiente de esa conversación uno tuvo que realizar un viaje y pudo comprobar como la nieve, que me acompañó durante más de dos horas, se adueñaba de todo lo que las nubes dejaban ver, incluido, de vez en cuando, algún carril de la autovía por la que transitaba. Llevaba en mi coche ropa de abrigo, comida, agua, así como el móvil pleno de batería y el depósito repleto, pero, lo reconozco, no llevaba cadenas y, es más, aunque las hubiese tenido, reconozco que no sé como se ponen. 
Por suerte, mi imprudencia no tuvo consecuencias. Los quitanieves funcionaban a todo trapo y, con un poco de cautela, el viaje transcurrió sin incidencias, aunque un poco más lento que de costumbre. Pero, sabe, querido lector, tengo muy claro que si me hubiese quedado atrapado por no llevar cadenas, la culpa hubiese en exclusiva mía y no iba a quejarme de lo mal que funcionan los medios. 
Un par de días después, o al día siguiente, apareció en los medios la noticia de los aguerridos jóvenes que subieron al Angliru, con su 4x4 (16) para hacer la gracia y se quedaron allí a pasar la noche, a pesar de todas las peticiones que hicieron para que les sacaran del lío en el que ellos solitos se habían metido. Lo curioso del asunto es que, al final, la mañana siguiente subió un paisano a rescatarles y bastó con desinflar las ruedas bastante para que pudiesen bajar. 
Uno, que se acordó de los sapiens que nos precedieron, no pudo evitar pensar que, desde un punto de vista intelectual, no podían ser tan poco lúcidos como los chavales que tuvieron la ocurriencia de subir a uno de los puertos míticos del ciclismo mundial a hacerse los valientes. Entre otras cosas porque una imprudencia grave podía costarles la vida o ponerles en una dificultad de la que la UME, la Guardia Civil o quien sea no iba a poderles sacar. 
Recuerdo que me estaba riendo con una persona que trabaja en la Sanidad, escuchando el audio de los fulanos del 4x4 (16) y me comentaba que esa forma de proceder, la de exigir respuesta inmediata, era muy común en su ámbito de trabajo. Personas que iban, por ejemplo, por una gripe al Servicio de Urgencias, y se quejaban ante los medios de comunicación de que les habían tenido esperando ocho o doce horas, hasta que les habían atendido, viendo además como otras personas que habían llegado después de ellos, eran atendidos antes que ellos. Resulta obvio, que si pasaban antes al box correspondiente era porque tras la valoración previa esas personas tenían problemas que debían ser resueltos con mayor celeridad por ser una verdadera urgencia. También resulta obvio que, como en el caso de las cadenas en los coches, las indicaciones de no usar el Servicio de Urgencias si no se tiene fiebre alta durante un determinado número de días, se lo saltan a la torera, pero los medios, que tampoco hacen mucho por preguntar a los responsables del servicio, sacan al fulano o al familiar de turno, poniendo el grito en el cielo, echando la culpa al sistema de lo que ellos hacen mal. Sin embargo, de nuevo, se exige una respuesta rápìda y efectiva a algo que no la tiene. 
Reconozco que no sé lo que hacían los sapiens cuando tenían gripe, pero, intuyo, que, además de pedir a la/las deidad/es correspondientes una pronta cura, no irían al Servicio de Urgencias. 
Voy a volver la vista atrás. El mismo día que hablaba con mi amigo sobre el libro, que ya me ha prestado, ocurrió que en la AP-6 se quedaron atrapados durante horas, en algunos casos muchas, un gran número de personas, porque sus vehículos no podían avanzar.
La gente que se vio atrapada protestaba, primero porque se metieron en un atolladero y, en segundo lugar, porque una vez dentro no había manera de salir ni de recibir un atención mínima (los medios pasaron por alto a aquellos que sí que pudieron ser desviados a localidades donde pasar de la mejor manera posible el temporal). Como de costumbre, unos y otros cargaron contra el Gobierno (aunque la autopista fuera de pago y los medios los debía poner la autopista), porque las cosas deben funcionar siempre bien y la culpa siempre es suya.
Antes de seguir voy a hacer un alto para explicar una cosa. El lunes por la mañana Pepa Bueno entrevistó al Director de la DGT y cuando el tipo (por el que no siento especial simpatía) se cansó de responder a la vocera del grupo dirigido por un personaje importante en el periodismo del tardofranquismo (ése al que le hace entrevistas ad hoc) que los quitanieves de esa autopista de pago no dependen de la DGT, y que ellos sólo supervisan si tienen los medios adecuados, no como los emplean en cada ocasión, la otra, con su tono de peculiar de fastidio, vio que ante las preguntas absurdas que repetía una y otra vez, la respuesta era siempre la misma, no tuvo otra idea que largar al tipo que si había pensado en dimitir. Me parece lamentable, cuando lo que tenía que haber hecho era haber intentado hablar con alguien de Abertis y contrastar la información. Pero claro, Pepa Buena sabe que La Caixa es accionista mayoritario de Abertis y que esta misma entidad financiera también es una de los accionistas importantes del Grupo Prisa, al que pertenece la SER.
Volvamos a los hechos de los días 6 y 7 de enero. La gente se quedó atrapada y la ayuda tardó en llegar. Hasta aquí los hechos objetivos. Las quejas, con mayor o menor fundamento, y la defensa de cada uno, son bien conocidas. Lo que no resulta tan conocido es la opinión de los profesionales, los que van con el quitanieves, por ejemplo, y, por casualidad, di con la de uno de ellos, que expuso en este hilo de Twitter.

https://twitter.com/kebrantaguesos/status/950368167481823233

De nuevo, se habla de gente imprudente y, de nuevo, se hace referencia a situaciones sobre las que el ser humano tiene poco control (como en el caso de la gripe y su curación). Sin embargo, existen expertos que hablan de que otros países, del Norte de Europa, donde según ellos no se producen estos problemas. Mentira, sí que ocurren, pero, la diferencia es que ellos tienen la obligación de calzar a sus vehículos con neumáticos de nieve en invierno, pudiendo ser multados o inmovilizados si no lo hacen, y ante nevadas ligeras sus vehículos pueden transitar sin problemas. Es lo que tiene ser experto en todo desde el sofá y decir que aquí no estamos preparados. En los países del Norte de Europa muere mucha más gente que en los países del Mediterráneo cuando llega una ola de calor, precisamente porque es tan infrecuente como en determinadas zonas de España las grandes nevadas y resulta imposible estar preparado para todas las situaciones extraordinarias que puedan acontecer.
Esta necesidad de que todo funcione bien las 24 horas del día, los 365 días del año que mucha gente tiene en el fondo encierra una verdad dura: nuestros ancestros sapiens eran mucho más inteligente que nosotros. Ellos sabían, les iba la vida en ello, que podían surgir incovenientes, algunos serios, que tenían que arreglar por sus propios medios; nadie iba a venir de fuera a echar una mano. Sin embargo, una parte de nuestros tecnológica sociedad ha olvidado que somos un bicho más sobre la faz de este planeta y que, en ocasiones, somos un juguete más en sus manos. Un virus, una bacteria, una nevada, lluvias torrenciales, calor excesivo... pueden ponernos en jaque y ser más fuerte que nosotros. No existen soluciones inmediatas. Por mucho que nos vendan maravillosas aplicaciones que nos permiten hacer "cosas maravillosas" desde nuestro móvil, seguimos siendo unos animales que han olvidado que surgen imprevistos, que, en ciertos momentos, no se pueden solucionar todo lo deprisa que nos gustaría y que, a veces, nosotros, me incluyo, con nuestra imprudencia acrecentamos los problemas.
No podemos pensar que todo es perfecto, que siempre se puede solucionar todo y, mucho menos, que esta solución va a ser inmediata. Tal vez hemos perdido esa parte de la humanidad que seguro tuvieron nuestros ancestros y hemos sustituido esa humildad que proporciona saber que somos vulnerables, por esta prepotencia e ignorancia tecnológica, que nos aleja de nuestra realidad y de nuestra esencia.
Un saludo.

jueves, 11 de enero de 2018

LA MODERNIDAD

 "La cultura de la modernidad líquida
ya no tiene un populacho que ilustrar y ennoblecer,
sino clientes que seducir".

Zigmunt Bauman

Uno asiste con deleite a la alegría que ciertos tuiteros muestran ante ciertas noticias venidas allende los mares.


No sólo gente, más o menos conocida, medios de comunicación también muestran su interés por lo que parece ser una nueva de alcance internacional. Como ejemplo, un tuit de un periódico serio.


No sólo eso. Partidos políticos a la vanguardia, siempre luchando por los avances sociales, se hacen eco de tan buena noticia para todos.

Creo que Ana Patricia Botín o Beatriz González agradecerán mucho esa lucha por la igualdad de oportunidades... sobre todo entre ricos y pobres de nacimiento.asas

Pero en esta sociedad de gente sin alma, siempre hay alguien que tiene a bien fastidiar la fiesta y le da por recordar una ley, ni más ni menos que el Estatuto de los Trabajadores, en concreto su artículo 2as8. Como imagino que el lector no se acordará de él en estos momentos, me permito adjuntar un enlace donde puede leer todo el articulado del texto de 1995, posteriormente reformado varias veces:


¡Vaya, somos un país pionerísimo y nadie aquí parecía saberlo! 
¡Hombre! Que no lo sepa un particular tiene un pase, nadie tiene la obligación de ser una biblioteca con patas. El desconocimiento aspor parte de la prensa resulta un asunto muy serio, pero lo del partido político, vanguardia de la vanguardia, clama al cielo, por no decir algo malsonante, pero más apropiado a la circunstancia que nos ocupa. 
Sin embargo, este hecho sólo puede considerarse como un reflejo de la sociedad. de una parte de ella muy vociferante, en la que nos ha tocado vivir. 
Antes de retomar el asunto vamos a echar la vista atrás, para lograr una mejor comprensión de la situación actual.
Cuando Ricardito "El Tramposo" (Richard Nixon) ganó las elecciones para conseguir la Presidencia de Estados Unidos a los demócratas en 1968, estos, que habían sufrido una división en su filas entre los demócratas pata negra y una parte de los demócratas del sur del país, que defendían postulados racistas, analizaron las causas de su derrota (obviamente presentar dos candidatos diferentes fue la principal) y llegaron a una conclusión: su nuevo caladero electoral eran las minorías, pasando un poco, bastante, del obrero blanco, que desde Roosevelt, con sus políticas dirigidas a la clase trabajadora, habían constituido la base del voto demócrata. 
Unos pocos años antes, tres o cuatro, Martin Luther King, uno de los líderes de la lucha por la igualdad de derechos más carismático, siguió el camino inverso: pasó de luchar por la igualdad de derechos de la minoría negra a comprender que, en realidad, la lucha debía ser por conseguir abolir la pobreza, sin importar raza, religión o cualquier otra cuestión. Revistas como Time o diarios como The Whashington Post ponían al Premio Nobel de la Paz a caer de un burro, debido a su giro intelectual. 
Como el lector habrá podido adivinar, estos dos hechos, ocurridos hace medio siglo, resultan trascendentales para explicar la situación actual, incluida la victoria de Donald Trump o el auge de la extrema derecha en Europa. Los partidos que, a un lado y al otro del charco, habían defendido al trabajador, al obrero (palabra que ellos mismos han contribuido a desterrar), optaron por buscar en las "minorías" su leivmotiv. 
Esta lucha por los derechos de las minorías conlleva un problema: siempre hay que pedir algo más y reivindicar algo más. En otras palabras: siempre se debe estar en la vanguardia, lo que, en ocasiones, provoca disparates como el que inició esta entrada.
Hace poco leía un ensayo en el que se defendía que el concepto de raza (tan típico del siglo XIX y de los fascismo del siglo XX) se ha cambiado por el de minoría, y, en lo esencial, estoy de acuerdo. Consideraasr que todas las personas de un determinado color de piel, sexo, procedencia o cualquier otro artificio clasificatorio que queramos utilizar son iguales y son buenos o malos por ello, recuerda a esas categorías estancas tan típicas de los fascimos: rojos, eslavos, judíos, gitanos... 
Sé que lo arriba escrito puede ofender a cierta gente, me resulta indiferente. Uno, que ya va sobrado de años, pasa mucho de críticas realizadas desde el esnobismo. Me resulta mucho más preocupante que los que se dicen la vanguardia, por lo general estómagos agradecidos o esnobs de sillón, se identifiquen con la revista Time o con The Washington Post y no con el último Martin Luther King. 
Personajes de los medios en España como Pepa Bueno, Carlos Francino, Julia Otero o Ignacio Escolar, por citar a algunos, ejemplifican esta perversión, lo que Gustavo Bueno denominó izquierda difusa, "que no es izquierda", y que, en realidad, no quiere cambiar el fondo de las cosas, la desigualdad, sino que, desde su púlpito, intentan sentar cátedra moral (a los tres primeros se les llena la boca con la palabra igualdad y feminismo, peroas los tres tienen en sus programas publicidad de una empresa condenada en firme por discriminación salarial), cuando lo que en realidad hacen es perpetuar una situación de injusticia, con sus cortinas de humo y sus distracciones sobre una cada vez mayor desigual distribución de la riqueza y, lo más importante, sobre las opciones reales para cambiar la situación.
Mientras, resulta más fácil hablar de minorías, metiendo a veces mucho la pata, el ejemplo de arriba no es más que una muestra, de los tres voceros mencionados en el párrafo anterior podría contar unos cuantos más. Ellos, junto con unos políticos profesionales, que se dicen de izquierdas o progres, que viven de dar gusto a estos y otros tipos que dicen ser periodistas, son tan culpables como el neoliberalismo de que personajes como Donald Trump lleguen al poder o de que la extrema derecha empiece a levantar cabeza en Europa, incluso en Alemania, donde, como dije en otra entrada, la líder es una mujer lesbiana. Lo curioso es que esta extrema derecha también está utilizando el discurso de la minorías para atraerse seguidores. Varios partidos buscan el voto de la mujer alegando que la religión musulmana y sus seguidores, las tratan como seres inferiores o, incluso, así:


Y, ¡cuidado!, esa falacia vende, en una sociedad depauperada por la avaricia de unos pocos, que no es otra cosa que eso que se denomina neoliberalismo.
Sin embargo, como se trata de ser moderno, de sumarse a la causa, sin importar mucho el trasfondo, resulta muy fácil para cualquiera, aunque sea la extrema derecha, subirse al carro de esa modernidad. La prueba la tenemos en los tuits del principio de la entrada, donde lo importante es la causa y ser moderno, estar a la última, no si lo que defiende en este caso es algo importante, real o una chorrada como un piano. Sólo hay que estar presente, hacerse notar, estar a la última. Se trata de ir un paso más allá, de romper con lo que se cree preestablecido, sin importar si lo anterior está bien o está mal. Si yo fuese parte de la oligarquía financiera estaría encantado. Los modernos intentan destrozar el pasado, no rescatar lo bueno que hemos heredado de él y eso, querido lector, es lo mismo que llevan haciendo los neoliberales durante tres décadas: demoler el pasado, nuestros derechos, porque dicen que no valen. Entrar en esa dinámica absurda nos lleva a estupideces como las del comienzo de este post y a perder aún más, pues no se persiguen metas reales, sólo estar ahí, apuntarse al carro, cuando no mamar de lo público. 
En el fondo, todos estos modernos son hijos de ese Romanticismo basado en lo exótico, en lo irracional, en pretendidos ideales, en falsear la Historia que acabó con la Ilustración y con la Diosa Razón. Estos hijos del Romanticismo son los que linchan en los medios y en las redes sociales, sin conocimiento alguno del asunto sobre el que tratan. 
Resulta curioso que una victoria de Richar Nixon, una derrota de los demócratas en realidad, junto con la caída del Muro de Berlín, sirvieran para acabar con la izquierda obrera y dejar todo el poder a los soviets de la Escuela de Chicago y de las escuelas de negocios, con el beneplácito, por acción y omisión, de los que deberían haber sido la izquierda.
Resulta dramático que la modernidad, felicitarse por los supuestos logros o luchar por ciertas causas, sólo sirva para generar más injusticias y para que la extrema derecha resurja. ¡Enhorabuena a todos los modernos por imponer sus ideas de una sociedad estanca, con buenos y malos por su origen y no por sus actos! 
Aunque la otra opción, la de enfrente, tampoco parece muy apropiada. Cuando la que se postula como candidata demócrata, Oprah Winfrey, resulta ser una defensora de la no vacunación de los niños, una defensora de la medicina alternativa, incluso para "tratar" cuestiones como los trastornos del espectro autista, algo falla. En el fondo la modernidad puede que sea eso, estar a la vanguardia y ser la punta de lanza de la crítica de aquello que se conocía, se callaba, aunque fuese evidente la amistad que le unía al hoy vilipendiado, cuyas añagazas eran de todo conocidos. Sabe, querido lector, nadie se acordó de aquellas chicas que se negaron a plegarse al chantaje del productor y que vieron como su sueño se truncó porque ellas querían desarrollar un trabajo sin pagar peajes. Es posible que alguna de ellas haya sentido un profundo desprecio por todo lo que vio en el televisor de la casa, que puede estar en un pueblo perdido de Indiana o de Arkansas, muy lejos de los focos y el glamour.
Por cierto, para cerrar el círculo que se inició con los comentarios sobre la nueva ley islandesa, no me resisto a volver a poner el vídeo donde explican que no existe una brecha salarial (esa realidad que le costó el puesto a un directivo de una multinacional informática por atreverse a decirlo), aunque sí existan casos de discriminación, como he escrito más arriba. Cuando el cálculo se hace por hora trabajada, no por salario mensual, los resultados son distintos por las causas que se exponen en este reportaje de La Sexta, pero a los bisnietos del Romanticismo se la sudan los datos y la razón.



 Eso sí, lo de que hombres y mujeres cada vez cobren menos y las rentas del capital sean cada vez mayores, parece importar bien poco a los modernos. 
Un saludo.

domingo, 7 de enero de 2018

DIARIO DE UN MAESTRO GRUÑÓN (7-1-2018)

Comienza un nuevo año y no he hecho propósitos de ningún tipo, al menos en lo que respecta a mi profesión. Llevo ya unos cuantos años en esto y sé que sólo existe el día a día. Tal vez por ello cada vez me parece más desacertada la idea del docente como un héroe; como también me parece un error significativo elogiar la influencia que los docentes tenemos sobre el futuro del alumno, al menos en lo referido a la formación de su personalidad. La gran mayoría de nosotros somos una circunstancia, una anécdota en la vida de los niños. 
No hace falta ser un experto para saber que existen muchas variables, demasiadas ajenas al centro escolar, que interaccionan para conformar la personalidad de los alumnos. Lo más que podemos esperar es que nuestros alumnos consideren que merece la pena cierta área del conocimiento y opten por ella cuando tengan que tomar la decisión de seguir sus estudios. Pero es bien sabido, que los docentes que han influenciado en nuestro gusto por tal o cual área del saber han sido uno o dos, de las decenas que hemos tenido. Por tanto, nuestra influencia en este sentido es mínima.
Sí he visto algún caso contrario. Las apuestas previas, las percepciones erróneas y el esfuerzo, consciente o inconsciente (efecto halo), por que esa visión se cumpla, ha llevado a alumnos a fracasar y a ser etiquetado de manera injusta.
Por otra parte, tampoco creo que seamos héroes unos tipos que hemos visto como la administración nos pisotea y, salvo el movimiento efímero de las Mareas Verdes, hemos callado y consentido. No me refiero sólo al tema de los recortes de los últimos años, también me refiero a asuntos absurdos como el de los deberes, la pérdida de autoridad y la distorsión que se ha realizado por parte de políticos, medios de comunicación y asociaciones subvencionadas de nuestro papel y de nuestro trabajo diario. Me irrita escuchar a gente, que hace siglos que no ha pisado un centro educativo, hablar sobre la necesidad de educar en tal o cual valor (que suele coincidir con el que le interesa a él y que en muchas ocasiones le da de comer). Palabras como igualdad, diversidad, respeto forman parte del manual de aquellos que quieren cambiar la Escuela y me irrita. 
La igualdad, por ejemplo, forma parte de la Escuela como elemento socializador. Los niños de tres años, cuando no antes, pasan de ser los reyes de la casa a ser uno más, con sus derechos y obligaciones. Por tanto, la igualdad se produce desde el primer momento y, por si algún iluminado aún no se ha enterado, en ese sentido no existe distinción entre niños y niñas. 
Por otra parte, los niños maman la diversidad desde bien pronto. Niños de diferentes procedencias conviven a diario sin producirse conflictos por ello,  los que no han pisado un centro educativo quieren impartir doctrina. 
Sobre el respeto no voy a hablar, porque debería meterme con aquellos que, no han pisado un aula en su vida, y creen que los docentes debemos ser colegas de los niños y no, no debemos serlos. Debemos ser respetuosos, comprensivos, pacientes, alegres en ocasiones, pero no somos sus colegas. Tenemos una serie de responsabilidades y un papel diferente al de los alumnos. Tal vez por ello nosotros nos dedicamos a enseñar y ellos tienen el deber de aprender. 
Retomando lo anterior, querido diario, si no somos capaces de plantar cara a gente que, en muchas ocasiones, nos quiere imponer un criterio sobre cosas que desconoce, ¿cómo vamos a considerar que nuestra profesión es la mejor y nosotros somos la repera?
Cada día que pasa estoy más convencido de que la nuestra es una profesión como otra cualquiera y como cualquier otra profesión, lo importante es hacerlo mejor posible. No, no creo que seamos héroes, somos unos tipos que, en su mayoría, intentan hacer las cosas lo mejor posible, lo que proporciona una satisfacción personal, que cuando se desborda nos lleva a perder el norte y bajar en nuestro rendimiento.
Por cierto, me gusta seguir sintiendo, de vez en cuando, esa satisfacción. De otra manera esta profesión no merecería la pena.
Nos vemos pronto.

martes, 2 de enero de 2018

EL HAMBRE DE LOS DEMÁS

Imagine el amable lector una vuelta atrás en las condiciones ambientales de nuestro planeta. Los bosques proliferan por doquier y la fauna crece de manera ostensible. Además, muchos de los animales domésticos dejan de vivir bajo el paraguas humano y retornan a su hábitat natural. Perros, gastos y algunos otros animales no tendrían graves problemas para conseguir su supervivencia (al menos, eso parece indicarnos la lógica). Sin embargo, otras especies, como gallinas y ovejas, tendrían muchas menos posibilidades de vivir, por su escasa capacidad o "inteligencia". Los depredadores tendrían en estos animales tan "torpes" una presa fácil. Es entonces cuando surge la pregunta: 
¿Cómo unos seres tan poco capaces para desenvolverse en la Natualeza pudieron llegar hasta el día de hoy?
La respuesta es evidente: La selección genética, que ha realizado el hombre ha través de milenios, ha convertido a esos animales, en su día salvajes, en seres mansos, más fácilmente manejables y  más productivos. 
Esto mismo se ha hecho con los vegetales que comemos, seleccionando los de mayor rendimiento.
Por tanto, en general sin saberlo, el ser humano ha procedido a una selección genética desde los albores de la Humanidad. 
En los últimos tiempos este tipo de modificaciones genéticas se está realizando de una manera mucho más acelerada y planificada hasta el último detalle. Ha aparecido una ingeniería, microingeniería, con la finalidad de dotar a los alimentos de unas cualidades que la Naturaleza no les puede conferir. Se trata de los conocidos como productos transgénicos. 
El uso de alimentos transgénicos, aunque el lector no lo sepa, resulta común en nuestra alimentación y en la de los animales, En el enlace que proporciono a continuación se incluyen un listado de alimentos que, de una u otra manera, son transgénicos:


Existen enlaces en los que se hablan de hasta veinte alimentos de este tipo, pero basta con siete para contar algo obvio: consumimos transgénicos todos los días.
La organización ecologista Greenpeace hace un listado de alimentos procesados de nuestro país. En esta lista se diferencian entre comidas procesadas que no contienen transgénicos y aquellas otras que no pueden demostrar que no contengan transgénicos. En otras palabras: hacen una lista en la que establecen sospechosos y no sospechosos de contener sustancias que han sido modificadas. La lista se puede encontrar en el siguiente enlace.


Reconozco que he consumido alguno de esos productos sospechosos y que, de manera consciente o inconsciente, lo volveré a hacer. 
Sin embargo, creo que falta alguna otra fuente de información, por ejemplo la Organización Mundial de la Salud. ¿Qué dice al respecto? En este enlace traducido se puede acceder a un resumen de lo que este organismo defiende.


Parece que difiere, de manera significativa, de lo que la asociación ecologista defiende. No se habla de peligros para la salud y sí de beneficios para personas, en especial para las más vulnerables, como veremos más adelante con un polémico ejemplo. 
Es más que posible que el lector piense que la OMS esté financiada por empresas como Bayer (que ha adquirido Monsanto hace bien poco) y que estos expertos estén untados. Como lo pueden estar los expertos, los mejores del país, de la Academia Nacional de Ciencia, Ingeniería y Medicina, organismo asesor para temas científicos de EEUU, que defienden que los transgénicos no resultan peligrosos. 


De igual los 109 galardonados con el Premio Noble que defienden que el cultivo de arroz dorado resulta vital para la población más desfavorecida, también pueden estar corrompidos.


O no. A lo mejor, organizaciones como Greenpeace, se equivocan. No resulta normal que 109 de los científicos más brillantes del planeta acusen de crímenes contra la humanidad a una organización tan reconocida. O que organizaciones como la OMS y la FAO, aboguen por la diversidad de los cultivos desde hace décadas.
Tal vez la clave esté en lo que dice el artículo que hemos leído con anterioridad. 
En primer lugar, el arroz dorado ha sido testado y mejorado durante 18 años, para adaptarse a los requerimientos de las personas, en especial niños, que carecen de vitamina A, lo que les causa ceguera, cuando no la muerte. Por tanto, si se ha demostrado su eficacia. Se estima que todos los años mueren el el Sudeste de Asia entre 250. 000 y 500.000 niños por esta causa. 
En segundo lugar, este cultivo no tiene patente, por tanto no se beneficia nadie más que quien lo planta y lo consume. Ni los investigadores ni la empresa cobrarán derechos por el cultivo de esta semilla, siempre que se dedique al cultivo humano.
En tercer lugar, hace dos días Australia y Nueva Zelanda, países que podemos llamar "serios", aprobaron su aptitud para el consumo, sin que en estos países exista un déficit de vitamina A, lo que nos indica que las diferentes organizaciones encargadas de aprobar su idoneidad dan por bueno este cultivo. 


Entonces, ¿por qué Greenpeace y otras asociaciones están contra el cultivo de transgénicos y del arroz dorado en particular? Pues no lo sé, pero sí es claro que Greenpeace se gasta mucho dinero en este tipo de campañas.
También puede ayudar leer este enlace, donde se desmotan algunas de las teorías de Greenpeace y se hace referencia a un hecho curioso: Greenpeace comercializa semillas, de las que, por cierto, tiene su patente una empresa de la que hemos hablado antes: Monsanto, que como ya se dijo ha sido adquirida de manera reciente por Bayer.
Merece la pena echar un vistazo a este enlace de uno de los mejores divulgadores científicos de este país, que igual arremete contra Greenpeace, que contra los dogmáticos católicos.


La entrada está quedando larga, por lo que no me voy a extender, abordando el tema de la agricultura ecológica: ésa que, como me decía alguien que se dedicó a ello, vendes a precio normal, hasta que te dan el certificado ecológico y luego lo vendes al triple de precio.
Sin embargo, si me gustaría acabar con un reflexión sobre esta sociedad de consumo de ricos, en la que nos pobres interesan una mierda.
Vivimos en una sociedad del postureo, donde eso que Gustavo Bueno denominó la izquierda difusa, se ha apoderado de los medios, creando unos valores basados, en muchas ocasiones en creencias y no en datos. Tal vez el mejor ejemplo sea el del vegetarianismo y el veganismo en particular, que defiende que matar animales con fines alimenticios no resulta apropiado. Pues hombre, comerse seres vivos, como lo son los vegetales que ingieren, ingerimos, en las que aún se observan respuestas ante los cambios de luz y en sus propiedades tras su recolección tampoco resulta la panacea.


Un saludo.

viernes, 29 de diciembre de 2017

MONÓLOGO DE FIN DE AÑO

Vivo con miedo. Lo reconozco. Miedo a hablar y ofender a alguien. ¿Que soy un exagerado? Voy a contar varias experiencias que he tenido en los últimos tiempos y me comprenderéis.
Hace una semana hablaba con una conocida, de esas modernas y progresistas. Estaba contándola que había quedado dos días después con una pareja de amigos para tomar algo y me respondió que si la pareja era gay. Mi respuesta fue negativa. Al menos cuando estaban conmigo no lo eran, aclaré, para aportar más precisión al asunto. Ya empezó la cosa a torcerse: ¡A ver si eres homófobo! ¿Quién eres tu para criticar la vida privada de tus amigos? ¡Acojonado! Estaba acojonado. 
Intenté parar el chaparrón diciendo que a mi no me importa con quien se acuesta la gente, que yo juzgo a las personas por sus hechos. ¿Para qué lo haría? Que si la forma de practicar sexo implica muchas cosas. Que si el misionero es un reflejo del heteropatriarcado opresor. Que si la mujer no tiene orgasmos se debe a una sociedad alienante y machista: que si patatín; que si patatán. Y entre misioneros, patatines y patatanes, represión sexual y cosas por el estilo yo me iba poniendo fino de vino y me vine arriba. Ahí volví a cometer un error grande, muy grande. Interrumpí el animado monólogo de mi conocida y dije: Mira, yo quiero hacer un trío y me falta una tía. Te apuntas. Nada más decirlo sabía que había metido la pata. Me vino a la cabeza la imagen de la mujer que tenía delante desnuda, como yo y como otra amiga, apartándome de ella, y diciéndome que los hombres no teníamos ni puta idea de hacer tal o cual cosa y haciéndola ella con mi amiga, para mostrarme como debía proceder.
La realidad es que, tras la propuesta, a ella se le cambió el semblante del rostro, dijo algo así como que tenía prisa y no he vuelto a saber nada de ella. Me joder porque, en el fondo, era una chica agradable y porque aún no he encontrado a nadie para completar el trío.
Un par de días después estaba tomando unas cañas con unos amigos y alguien empezó a hablar de Política. El alcohol y la Política no resultan buenos compañeros, a no ser que seas político profesional, que entonces sí debes beber bastante para decir las chorradas que dicen sin partirse de risa. Estábamos ahí con Cataluña, con Tabarnia, con los independentistas corsos y con otros temas de actualidad, cuando uno de los del grupo, al que apenas conocía, comenta que con Franco esto no hubiese pasado. Adivinad, yo ya había bebido unas cuantas cervezas y volví a abrir el pico, para mi desgracia: "Pero vamos a ver, ¿cómo puedes tener tanta ley a un tipo bajito, feo, regordete y con voz de pito? No sólo eso. ¿cómo puede fiarte de un tipo que sólo tuvo una hija, que no se parecía a él, en una época en que los anticonceptivos como que no abundaban? 
¿Para qué hablaría? Tres colegas agarrando al amigo de Franco. Yo diciendo que todo había sido una broma. Que en realidad pasaba de Política, que yo era vegano y budista. Se armó la de dios. Menos mal que pedí una ración de jamón ibérico, que pagué yo, y todo se tanquilizó. Seguí  notando cierta hostilidad en el seguidor de Franco cada vez que iba a coger un loncha de jamón, o eso creo, por que me preguntaba: ¿tú no eras vegano? Estuve a punto de contestar una vez: Como el maricón de tu hermano, pero, por una vez, me mordí la lengua y creo que hice bien, porque si poniendo en solfa la hombría de un tío al que no conocía en persona, como Franco, se puso así, no quiero imaginar lo que habría pasado si hubiese hecho algo similar con un familiar. Me limité a responder que sí, que era vegano los días impares de mes y ese día era par.
No sé si contar lo que me pasó tres días después, tomando una copa con otros amigos. Lo voy a hacer, por mi espíritu didáctico,  con la finalidad de mostrar a todo el mundo lo que no debe hacer.
Como he dicho andaba con un grupo de amigos y amigas, no puedo precisar si eran heterosexuales, homosexuales o del Betis, y, a medida que avanzaba la noche, la cosa se iba animando. Conversaciones informales, bromas, risas, lo típico cuando sales tras la puesta del Sol y no lo haces con una excursión del IMSERSO. En una de estas, con mi proverbial sentido de la oportunidad, se me ocurrió decir: "¡Donde esté un buen solomillo de ternera de Ávila, que se quiten todas las ensaladas!" ¡Rediós! Los americanos en Guadalcanal tuvieron menos problemas que yo. Una mujer del grupo, a la que había conocido esa misma noche, empezó a adquirir un color de cara escarlata, clavó una mirada asesina en mi y  dijo con un tono bastante ofensivo algo como lo que sigue: "Eres un bárbaro. No sabes lo que sufre un animal, que tiene derecho a la vida, para que un salvaje como tú se lo coma. Me gustaría que te hiciesen a ti lo mismo".
¡Acojonado! En un principio pensé que ese estado de enfado se debía a que ella o su familia tenían un negocio de venta de carne de ternera de Galicia o de Aliste, y que los de Ávila les hacían la competencia. Pero de inmediato caí en la cuenta de que lo que no le gustaba era que yo comiese carne. No sabía como reaccionar y lo hice retomando lo último que había dicho: "A ver, mujer, si me comiesen a mí serían canibales y eso no está bien visto. De todas formas, si fuésemos caníbales comerse un vegano sería lo más parecido a tomarse una ensalada". Acerté de pleno y gané una amiga para siempre. "¿Por qué no te comes a tu madre? ¡Eres un gilipollas! Seguro que votas a Ciudadanos... Una ristra de insultos y descalificaciones, de las que me dolió en especial lo de Ciudadanos.
El resto de personas no sabían si hablar, callar o pedir otra copa. Optaron por esto último. Y justo en el momento en que todo parecía calmarse se me ocurrió algo para destensar la situación. Me dirigí a mi nueva amiga vegana y, para crear un buen rollo, la propuse lo del trío (aún andaba dando vueltas a la negativa sufrida unos días antes). Media hora les costó a los del grupo convencer convencer a mi amiga vegetariana para que no me denunciara por acoso. ¡La madre del cordero, vegetariano! Menos mal que no llegué a proponerla venir conmigo a las Ventas a ver a José Tomás, para aprovechar las dos entradas que ve había dado un amigo.
No he vuelto a ver esa mujer, tal vez sea porque desde hace tiempo esos amigos no han vuelto a quedar, o eso me han contado.
No quiero aburrir a nadie y voy a por lo último, aunque tenga muchas más anécdotas que contar.
Un día tomando un café con una amiga me presentó a su novio. Un tipo bien parecido y educado. Los tres nos pusimos a conversar sobre lo divino y lo humano y se me ocurrió hacer hincapié en lo divino. Un inocente comentario como éste: "¡Qué cabrones los curas, que con el rollo de la inmatriculación se están quedando con todo por la patilla!" A mi amiga le cambió la expresión y me indicó, con mucha suavidad, que el tío de su nueva pareja era el Arzobispo de no sé dónde. ¡Vaya! ¡Nunca antes había conocido a un sobrino de un arzobispo! Sabía de sobrinas jóvenes de curas, que vivían con ellos, pero el género sobrino de arzobispo me era desconocido. El devenir de los tiempos, pensé. Intenté salir del apuro lo mejor que pude y cambié de conversación. La cosa iba bien hasta que empezamos a hablar del campo y de la vida en los pueblos. Los tres estábamos de acuerdo en que la despoblación era un hecho y yo hice notar que desde que habían disminuido el número de pastores ya no había apariciones de la Virgen como antes. Al sobrino del arzobispo no pareció hacerle mucha gracia la observación y se dirigió a mí, con cara de templario antes de entrar en combate, y me habló sobre el respeto a la fe de los demás y cuestiones similares. Yo intenté arreglarlo y contesté que por mi no había problema, que yo respetaba todas las fes. Es más si él lo creía conveniente yo estaba dispuesto a ejercer la profesión de pastor, para ver si se restablecía la tradición de las apariciones marianas. ¡No he visto nunca a un hombre de fe soltar tantos exabruptos! La siguiente vez que fuese a confesarse debió pedir confesión Premium, para poder contar al sacerdote todo lo que salió por esa boca.
No hay mal que por bien no venga, tras su reacción no se me ocurrió ni por asomo ofrecerle participar en el trío que nos queríamos montar su novia y yo.
¡En fin! Tengo muchas más cosas que contar, pero no quiero aburrir más. Sólo espero que lo que he contado les sirva o, si no es así, que, por lo menos, lo hayan pasado bien.

martes, 26 de diciembre de 2017

LA NAVIDAD

Un hombre bien vestido pidiendo dinero en un bar., con discreción y educación. Con la misma discreción y educación se aleja cuando se lo niegan. El dinero que recaudase parecía tener un destino: ser gastado en alcohol. En efecto, cuando termina su ronda se acerca a la barra del bar y le pide algo al camarero, que parecía conocer al cliente de antemano. Éste mete su mano en uno de los bolsillos del pantalón, saca varias monedas de diferente valor y busca la cantidad necesaria  para poder pagar la caña que un joven está sirviendo a través tirador de cerveza. 
Esta escena la observa un tipo de mediana edad, sentado al lado de otro de edad similar. Ambos le han negado un par de minutos antes dinero al hombre que ya tiene preparado el coste de la caña que está a punto de llegar a sus manos. El sujeto de mediana edad que se ha dedicado a mirar todo aquello se dirige a la persona que tiene frente a él y le comenta todo lo descrito hasta el momento. En ese momento se establece un diálogo, que, más o menos, discurrió de esta manera:
- He estado a punto de darle algo - responde el hombre que parecía mostrar menos curiosidad.
- Yo también. En el fondo ese tipo sí necesita el dinero - concluye mientras sigue observando al individuo de la barra que acaba de consumir medio vaso de cerveza de un trago.
- Nunca se sabe dónde podemos acabar - sentencia el más alto de los dos.
- Creo que le voy a dar algo - dice el hombre que no quita ojo al hombre del abrigo azul sentado en la barra, mientras coge una moneda.
Su amigo también saca dinero y le ofrece unas cuantas monedas para que escoja. Coge una moneda de igual valor a la que él ha seleccionado, se levanta y se dirige al hombre que minutos antes se había dirigido a ellos sin obtener nada y, cuando se encuentra a su altura, deposita el dinero y le dice en voz baja: "Para que tomes otra". No espera respuesta. Da media vuelta y vuelve a su asiento.
Los individuos que han ayudado al hombre que, tras vaciar de un segundo trago el vaso, ha abandonado el bar, se conocen desde hace mucho tiempo. No comparten ideas políticas ni religiosas, pero, cada vez más, tienen una forma de ver la vida similar: odian a los mercachifles del buenismo, saben, por experiencia, que la vida de es una alfombra de rosas y también comparten la idea de que el secreto de todo se encentra en vivir como se pueda y todo lo que se pueda.
Aprovechan el tiempo muerto del partido entre los Warrios y los Cavaliers, mientras suena de fondo Alone i break, para hablar sobre lo ocurrido. Ambos contaron anécdotas sobre personas necesitadas de una u otra manera y la expresión de extrañeza de cierta gente cuando se les había ocurrido ayudar con un poco de dinero a personas que pedían dinero, que sabían iba a ser destinado a alcohol o drogas. Lo que más les irritaba a ambos era saber que muchos de los que criticaban destinar un poco de dinero a gente enferma de alcoholismo o drogodependiente se consideraban a sí mismos como personas comprometidas y solidarias. Ambos sabían que algunos rasgos de su vida, criticable por mucha de esa gente de bien, era la otra cara de ese pensamiento. Odiaban a los tibios de corazón, que se amparaban en la palabra para no hacer nada.
Tomaron otra caña. Hablaron del futuro, de la soledad, de la educación de los hijos, del paso del tiempo, de lo divino y de lo humano hasta que agotaron su opinión realista/pesimista de la vida, momento en el que se pusieron los abrigos y salieron del bar. 
Un poco más adelante el tipo de menor estatura creyó ver al hombre del abrigo azul en otro bar, pidiendo. Entonces pensó en el sentido de ese día en el que se encontraban, el de Navidad, y llegó a la conclusión de que no existían días de Navidad o de Nochebuena. Sólo existen personas viviendo o malviviendo, que hacen un pequeño paréntesis durante estos días, si pueden, para volver de inmediato a vivir o a malvivir. Volvió a acordarse del tipo del bar y comprendió que para él la Navidad eran esas dos monedas que se estaría gastando en su enfermedad.