lunes, 17 de septiembre de 2018

EN LOS PEORES DÍAS

Sentado en el banco, mirando al río de manera distraída, recordaba como, hacía menos de una semana, yacía desnudo en el lado derecho de la que durante un tiempo fue también su cama. En su mente, como ocurrió aquel día, escuchaba esa estrofa: "I will make it go away, can't be here no more. Seems this is the only way . I will soon be gone these feelings will be gone. These feelings will be gone ", desgranada por la inconfundible voz de Jonathan Davis. En su recuerdo también aparecía ella, ocupando desnuda la izquierda de su lecho. Por supuesto, ella no oía la predicción del vocalista de Korn, que sonaba en su cabeza, como ahora. De hecho, sabía que a ella no le gustaba ese tipo de música. Algo más que añadir a la larga lista de incompatibilidades que habían ido descubriendo durante este tiempo. 
Ese día había vuelto a ocurrir, una vez más, había practicado sexo de manera instintiva, con una impulsividad casi atlética, desprovisto de todo aquello que en realidad buscaba y que se le antojaba indispensable para que todo cobrase el sentido necesario, incluidos los pequeños actos rutinarios de su vida diaria.
El silencio que se extendía entre ellos tras los embates furiosos, le permitió pensar en los últimos años y en el camino que había recorrido hasta llegar allí. Hasta alcanzar esa nueva ausencia. Rememoró lugares, rostros, oportunidades, problemas, anhelos cumplidos, despedidas, desilusiones, madrugadas de alcohol y alejamiento; alejamientos, mejor en plural. Todo en un perfecto orden, aunque no siguiendo una línea temporal. El criterio de aparición de nombres, caras, sitios seguía un principio básico: lo que cada una de ellas había aportado a su vida o, por qué no, lo que se había llevado de ella. En este recorrido interior subir a una montaña podía dejar paso a una noche de sexo repetitivo, casi hasta la saciedad, a modo de despedida, para, acto seguido, rememorar una noche de Navidad con buen vino y una pizza de una cadena de pizzerías como cena y preludio de unos magníficos días.
Lo que servía de hilo conductor a todos estos acontecimientos, rostros, nombres es que, en ningún caso , él quiso hacer daño a ninguna de ellas, aunque sabe que, en ocasiones, resultaba inevitable porque nada es tan imposible como domesticar los sentimientos y la esperanza de ser correspondido suele ser lo lo último que se pierde. Tampoco él había querido salir damnificado de ese juego de búsqueda, pero, por desgracia, el dolor, provocado por la sensación de fracaso, se encontraba aparejado a la experiencia, como ocurre en cualquier otro ámbito de la vida. Lo sabía bien. Conocía a gente, demasiada, en su opinión, cuya situada, desde hacia tiempo, en el rango difuso que existe entre el desconsuelo y el tormento. Amistades, conocidos, a los que que vivir el siguiente segundo les supone un reto desgarrador. Sin embargo, sabía que, en su caso, el fracaso, esa sensación que se había convertido en vieja compañera, estaba aparejada a circunstancias reversibles, no a una forma estable de abordar la vida.
El día declinaba y la luz horizontal, proveniente de un sol casi engullido por el horizonte, dotaba al río y a la arboleda que le flanqueaba de un colorido magnífico, que dejaba entrever ribetes del otoño. Su estación favorita. En la que nació y, según intuía él, en la que se encontraba si atendía a lo que esperaba fuese la duración de su vida. Le encantaba el otoño. Le encantaba la luz crepuscular. Le encantaba ese momento, ese preciso instante, en el que se encontraba. Allí, mirando, sin otro objetivo que dejarse envolver por todo lo que sus ojos eran capaces de contemplar.
Por un resquicio de colores y se coló la idea de tener paciencia en la búsqueda, o lo que fuese. Desterrar la idea de que, a cambio de compañía física, todo valía la pena. No. No todo valía la pena y no se trataba de compañía física. Ya había vivido la impresión de acarrear toda la soledad del mundo, durmiendo día tras día junto a alguien. Había conocido a mujeres, que habrían dejado todo por él, pero ellas no eran lo que buscaba o no era el momento o... No sabía muy bien.
Todo ello le llevaba a cuestionarse si encontraría lo que perseguía, o, mejor dicho, lo que quería: sentirse querido, amar, convivir, reír... Ser él mismo, disfrutando de otra persona que también es ella misma. En momentos como ése, una vez más, dudaba que alguna vez lo conseguiría, incluso pensaba que tanto esfuerzo no merecía la pena, pues conseguir el objetivo se planteaba casi imposible. Vivir como ahora, a salto de mata, tampoco se planteaba como la peor de las opciones, porque, cada cierto tiempo, iba surgiendo algo. Sí, sería mejor así. No buscar nada serio y vivir al día.
Había tomado la decisión. La mejor decisión de todas, la que no le haría daño y le permitiría vivir sin la preocupación
En ese instante una voz femenina le dijo hola. Giró su cabeza hacia la derecha y vio a Marta, una mujer que le había presentado una amiga,  con la que había hablado dos veces. Las dos ocasiones en que habían hablado, de manera breve, ella le había causado causó una buena impresión, no sólo física. La segunda vez se había planteado que debía volver a quedar con ella, con más calma, pero hasta hoy no había habido ocasión.
Él devolvió el saludo, cuando ella ya se había alejado unos pasos. Ella correspondió levantando la mano derecha y moviéndola de manera perceptible, gesto que acompañó con una sonrisa, mientras proseguía su camino. Él pensó que tenía que volver a verla, porque tal vez nada de lo que había pensado hasta ese momento tenía valor y empezó a canturrear en voz baja el final de la canción Du hast: "Willst du bis zum tod der scheide . Sie lieben auch in schlechten tagen", aunque tuvo la precaución de olvidarse el adverbio negativo nein, con el que concluye la estrofa.

jueves, 13 de septiembre de 2018

DISIMULANDO

Nadie quiere que seas tú mismo.
Quieren que seas la versión de ti mismo 
que a ellos más les gusta.

Un amigo mío defiende que lo que necesitan mucha de esas personas que se quejan por todo, y de casi todo, es pasar por una guerra. No comparto el extremismo de mi conocido, pero sí el trasfondo de lo que plantea, que no es otra cosa que la sensación de que una parte de personas, con un poder adquisitivo medio reivindica como aspectos por los que luchar, casi revolucionarios, cuestiones vacuas, dignas de personas sin verdaderas preocupaciones. Reivindicaciones vacías de contenido y que, con un poco de suerte para algunos, acaban convirtiéndose en banderín de enganche para pícaros, que desean vivir del cuento. Y, tal vez, ése constituya el mayor acierto de la gente detenta el poder económico: desviar la atención de los verdaderos problemas, dando, de paso, de comer, muy bien, a cierta gente sin escrúpulos, que se alza como abanderado de causas pretendidamente nobles, que en nada contribuyen a repartir la riqueza, luchar contras las desigualdades reales, ni tan siquiera a conocer la realidad del mundo que le rodea. En otras palabras: se trata de dar voz a aquellos que no van a cambiar nada de lo sustancial.
Tal vez ésto duela más cuando, por cuestiones profesionales, tienes acceso a la vida de niños desfavorecidos de verdad y comprendes que a esas pequeñas personas nadie les va a ayudar y mucho menos estos profesionales de la distorsión y las consignas. La visión urbanita y acomodada de estos líderes de opinión, que en algunos casos han llegado hasta lo más alto gracias a su cuna, supone un retroceso para la dignidad de los que en realidad necesitan ayuda. Al final, estos niños, adultos y ancianos se convierten en una estadística, fría y arrojadiza siempre que la ocasión se preste a ello. Porque lo que subyace en todo ese movimiento liberador de los débiles, sin que importen en realidad los que ellos consideran débiles, es una lucha por el poder, utilizando la superioridad moral que les proporciona, o ellos creen que les proporciona, acordarse de aquellos que se encuentran en peor situación, reivindicando la necesidad de una vida más justa para ellos.
En realidad, una parte significativa de estos voceros de la estadística y de la vida acomodada, no se relacionan en su vida diaria con aquellos a los que dicen defender. Lo hacen, si llega el caso, de manera ocasional y siempre con su correspondiente fotografía o vídeo. Los que en realidad luchan por mejorar, día a día, la vida de las personas que lo necesitan no aparecen en los medios contando lo solidarios que son.
Esta gente bien, que en algunos casos provienen de familia bien y llegan a alcanzar en poco tiempo un lugar relevante en su profesión (como si la eugenesia fuese una realidad), nunca han conocido la necesidad, pero si parecen tener una cierta preocupación por las necesidades de aquellos que no han tenido tanta suerte en su pasar por este planeta. Nada más lejos de la realidad. En el fondo, han mamado que la mejor forma de que nada cambie es criticar cuatro cuestiones insustanciales, cuando no falsas (fruto de modas adoptadas y promocionadas por esas élites). Ponerse a la cabeza de la manifestación, gritando las consignas que interesan resulta una manera extraordinaria de dirigir la atención hacia donde ellos desean dirigirla. Con ellos se obvia, por ejemplo, que ellos han llegado donde están, en muchas ocasiones, por ser hijos de... Y qué mayor injusticia que el nepotismo, el enchufismo y demás tratos de favor.
Esta cuestión, que puede parecer baladí, ilustra de manera clara la finalidad última de esta élite, que por un lado se declara solidaria y por otro aprovecha sus ventajas.
Debajo de esta élite existe una tropa numerosa de estómagos agradecidos, esos que harían carrera en el franquismo, con el PSOE y con Stalin, que se apuntan a cualquier causa con tal de medrar, en especial de lo Público (éso que la delirante Carmen Calvo dijo que no era de nadie). Esta casta de profesionales de la divagación sirven de muestra para saber qué moda han impuesto las élites que no pretenden cambiar las estructuras reales. Su discurso, contradictorio y surrealista, basado en esas estadísticas de las que hablábamos antes y que, por lo general, suelen presentarse de manera descontextualizada y artera, para despistar  a cuantos más mejor, son el altavoz necesario de los amos. Los amos necesitan profetas de su buena nueva y estos mercenarios de las causas pérdidas son su herramienta indispensable. Constituyen el eslabón necesario entre esas élites y la gente normal, que debe recibir esas consignas. Estos asalariados contribuyen a la labor creando en su discurso un contexto irreal, pero ajustado a las necesidades de las élites pensantes y suyas propias, para seguir medrando. No importa cambiar, o intentar cambiar, el sistema que lleva a eso, resulta más eficaz hablar de minorías, de excluidos, de estadísticas.
Debajo estamos nosotros, que podemos creer o no esas soflamas (cierta gente las cree; como otra gente, o ésa misma, cree en extraterrestres) y otras personas no tenemos esa necesidad de sentirnos manipulados, cuando no maltratados, por esas mentiras repetidas hasta la saciedad.
Tengo la seguridad de que lo que más me molesta de esta gente progre es que ellos viven genial e intentan ocultar que quieren seguir viviendo de esta misma manera. Al menos los neoliberales y/o la derecha no ocultan que ellos quieren ser los amos del cortijo y, como mucho, podrás conseguir algo mejor cuando mueras. Ambos constituyen los enemigos de la igualdad de oportunidades y del reparto de la riqueza, pero, al menos, unos no intentan disimularlo.
Un saludo.

domingo, 9 de septiembre de 2018

RADIOGRAFÍA

A veces no se sabe lo que se quiere, pero sí se es consciente de lo que no se desea.
En otras ocasiones la cuestión es la inversa: se conoce aquello que se anhela y, como resultado indirecto, se identifica todo aquello que no se pretende vivir.
Tal vez, lo interesante sea llegar a la disposición de saber lo que se quiere y lo que no se quiere, en especial tras un hecho traumático, que ha dejado al árbol sin hojas y sin necesidad de que llegue la primavera que vuelva a poblar las desnudas ramas. El fin del invierno se presenta como una cuestión de tiempo; de biorritmos anímicos, que nadie sabe cómo nacen ni por qué.
Resulta evidente que la única forma de detectar aquello que buscamos, que no buscamos o que nos deja indiferente es probando, acertando, equivocándose. Aceptando el acierto y el error, sobre todo éste último, como condición sine qua non para llegar a un lugar nuevo (o retornar a un estado similar al anterior, pero con una experiencia más el zurrón). 
Puede que la acumulación de experiencias de fracaso pueda minar la autoestima de manera momentánea, pero, como casi cualquier actividad humana, esta sensación se diluye ante la aparición de una nueva expectativa que, por lo general, surgirá fruto de una búsqueda, mayor o menor, activa y, más o menos consciente. En este sentido, el tiempo funciona como aliado y también como enemigo.
Como aliado, porque en su sucesión lineal se acaban encontrando nuevas oportunidades, nuevas expectativas, que llenen, de una u otra forma, de sensaciones positivas, más o menos fugaces, nuestro biografía.
Como enemigo, porque en nuestra cabeza podemos pensar, durante esos períodos de vacío, de búsqueda, que se nos escapa el tiempo entre los dedos, sin que sepamos hacer nada para utilizarlo de manera adecuada, sin ser capaces de hace honor a ese precioso tesoro que nos han prestado y que tiene una fecha de caducidad desconocida, pero cierta.
Tal vez, casi seguro, una y otra sensación sean fruto de nuestra subjetividad, capaz de hacernos llegar a lo sublime y a lo intrascendente con un insignificante cambio en las variables que nos rodean. La relevancia de la mirada interior, de la química en estado puro, para caminar con paso firme o para dejarse llevar ante lo cotidiano.
Creo que existe una circunstancia nada desdeñable que se debe tener en cuenta: la creencia previa en la existencia de lo sublime o la negación de ello. Reconozco que puede tratarse sólo de una cuestión semántica, o de imagen, personas que muestran, de manera interesada, una forma de ser, que no tiene que coincidir con lo que piensan en su fuero interno. Sea como fuere, el convencimiento previo de la existencia de ciertas situaciones deseadas genera, por un lado, un movimiento hacia el lugar donde se puede encontrar aquello que se busca y, como dijimos cuando hablábamos del tiempo, una frustración por no llegar a esa meta, aunque se lleve tiempo caminando hacia la consecución de ese objetivo.
De cualquier manera, intuyo que todos, o casi todos los seres humanos, caminan o han caminado hacia esas perspectivas ideales. Escribiendo ésto pienso que la verdadera vejez llega cuando, sin haber conseguido acceder a aquello que se desea, se renuncia a ello de manera definitiva, rindiéndose con armas y bagajes. Ésta es la verdadera, y más importante, derrota.
Aunque pueda parecer inoportuno, por obvio, durante todas estas líneas previas no hablaba de ambición, ni de conseguir dinero, poder o cuestiones similares. Todos estos párrafos, más o menos afortunados, han versado sobre sentimientos.
Un saludo.

jueves, 6 de septiembre de 2018

IDIOTARIO (CI)

Barquillo: nombre con el que se conoce a los establecimientos donde los clientes consumen bebidas y comida por parte de los lugareños de Cádiz, que suele ir precedido de las palabras vamos al...


Documental de la 2: somnífero.


Fake news: manipulación periodística de toda la vida de dios.


Morera: árbol de tronco recto, copa abierta, de hojas caducas ovaladas, que produce unos frutos denominados moras, que todas siguen la religión islámica.


Mundo rural: entorno con baja densidad de población, caracterizado por la importancia de las actividades agrarias, distinguible con facilidad por el uso intensivo por una parte significativa de sus habitantes de gorras de Caja Rural o piensos Biona.


No ser capaz de hacer la o con un canuto: disgrafía transitoria provocada por el consumo de cánnabis o  marihuana fumada.


Sonidos graves: sonidos cuya vida corre peligro.


Teléfono de emergencias: cualquier teléfono en el que se escucha a la suegra decir que va a venir a pasar unos días en casa.


Tostón: tosta muy grande con forma de lechón asado.

lunes, 3 de septiembre de 2018

POCAS GANAS

Reconozco que en estas últimas semanas escribir en este blog no ha constituido una de mis preferencias. Salvo alguna excepción no encontraba excesivo interés en abordar ciertos temas, por no considerar que tuviesen enjundia suficiente o por verlos como una vuelta de tuerca más de asuntos ya manidos.
Tenga como ejemplo el lector el asunto catalán: una lucha en torno a unos lazos de plástico, en la que los contendientes sólo buscan conseguir rédito político, aún a costa de tergiversar la realidad y de convocar a los más extremistas de uno y otro bando, para satisfacer sus ansias de notoriedad. Lazos que piden la libertad de unos presos encarcelados en prisiones gestionadas por uno de los partidos políticos, el más votado de todos ellos, que se indigna por la permanencia de dichos presos en la cárcel. Lo tienen fácil, tienen la llave para que su salida sea una realidad. Por un lado critican, pero por otro ejercen de carceleros. Sinsentidos y demagogias varias.
Sí, escribir sobre asuntos, que podíamos llamar cotidianos, genera cierto hastío. No parece aportar nada al que suscribe e intuyo que a muchos de los que leen estas líneas. 
Vayamos al tema del dictador Franco, varias rectificaciones sobre lo que hacer y a qué dedicar el mausoleo construido sobre la sangre y las condiciones de semiesclavitud de los derrotados. Sin embargo, siguen existiendo miles de personas, anónimas, que fueron asesinadas por el bando del dictador y que siguen enterradas en cualquier lugar, incluido el Valle de los Caídos. ¿Qué se hace para cumplir la voluntad de familiares y ciertas sentencias judiciales que desean o conminan a inhumar sus cuerpos y darles sepultura en los lugares elegidos por los familiares? Vende más, para una minoría hablar del genocida, del uso del Valle de los Caídos, pero dar respuesta al ciudadano anónimo, al que lucha por lo suyo, no ocupa titulares ni debates entre absurdos personajes, que copan, a sueldo, las parrillas televisivas.
Cuando escucho que se va a crear una Comisión de la Verdad para determinar que fue el franquismo siento vergüenza, mucha. Considero que bastaría estudiar la Historia de este país en profundidad, tal vez conocer a los personajes bastaría para desprestigiarlos y, en algún caso, para desmitificar a otros, como a ése al que los líderes socialistas en el exilio no le saludaban en el funeral de su padre, también socialista, por una carta al final de la guerra donde renegaba hasta de su padre, para abrazar la causa revolucionaria.
Tal vez, lo más interesante de todo lo ocurrido en las últimas fechas haya sido lo del sindicato de los trabajadores del sexo. No conozco en profundidad quiénes han impulsado esta asociación, aspecto crucial para saber de qué palo van los promotores y su finalidad, pero me resulta un asunto fascinante. Pocas dudas caben respecto a que en lo referente a la prostitución existe un mercado negro de tráfico de personas, casi siempre mujeres (a veces niños), que debe ser perseguido de manera implacable. También existe una variante en la que mujeres ejercen la prostitución por obligación económica, una muestra más de un sistema económico con muchos, muchos fallos. Pero también existen personas que ejercen la prostitución o trabajan en el mundo de la pornografía, mujeres y hombres, de manera voluntaria (desconozco el porcentaje) y que han elegido ese modus vivendi como forma de ganarse la vida. ¿Por qué no dotar a esa personas de derechos, y deberes, como al resto? ¿Por qué está el sexo por medio y eso quebranta la moral de estos progresistas conservadores que nos han tocado en suerte?
Uno se acuerda del tema del aborto suscitado hace unas semanas en Argentina, salvando las distancias, y piensa: ¿si existe, por qué no explicitar unas normas que intenten evitar, en la medida de lo posible, los abusos o la mala práxis? Nadie debería estar obligado a ejercer la prostitución, aspecto punible, pero el que quiera hacerlo, al menos que tenga un cierto marco de seguridad.
Todo esto lo dice alguien que jamás ha usado los servicios de una prostituta ni lo hará, pero que piensa que existe una realidad a la que hay que dar respuesta.
Cuando escribía esto me acordaba de las feministas que jamás irá frente a un prostíbulo a luchar contras la esclavitud a la que son sometidas otras mujeres y a su huelga feminista y pensaba: ¿que ha cambiado desde hace seis meses que tuvo lugar para las mujeres? El único cambio significativo que he constatado ha sido el acceso al poder de un Gobierno con mayoría de mujeres donde los dislates de la Vicepresidenta (el número uno sigue siendo un hombre) se han sucedido uno tras otro y donde las rectificaciones de ellas y de ellos se han sucedido a velocidad de vértigo. Cambios, ninguno sustancial.
Durante estos días me ha surgido una duda: Donald Trump lleva casi dos años en la Casa Blanca, me gustaría saber cuántos votos recibiría en unas elecciones en este momento. No tengo tan claro que fuese a sufrir una severa derrota en la urnas.

http://www.m-x.com.mx/2018-07-23/una-encuesta-senala-que-la-aprobacion-de-trump-en-estados-unidos-aumento-a-su-maximo-nivel/

Tal vez todo se deba al mismo fenómeno que está empezando a dar la cara, ya no sólo en las urnas, en Europa. Neonazis organizándose, varios millares, para tomarse la justicia por su mano. Una posible agrupación de fuerzas de extrema derecha para presentarse a las elecciones al Parlamento de Europa... Señales todas en la misma dirección: un resurgimiento de las posiciones de extrema derecha como respuesta al neoliberalismo que ha campado a sus anchas durante treinta años, con las funestas consecuencias que todos sabemos. Y, por desgracia, el olvido de lo que supuso dicha ideología para el mundo, tanto por parte de los ciudadanos como de las élites políticas, que han apostado por la desregulación, la preponderancia de los financiero sobre lo tangible y, el enterramiento de derechos ciudadanos y de la dignidad humana en pos de un ideal neoliberal, que ni es ideal ni es neo. De nuevo surge el asunto del desconocimiento de la Historia, de enterrar los hechos entre ideales, absurdos, y soluciones mágicas y fracasadas. Aprovecharse unos pocos de todos los demás basándose en la ignorancia.
Creo que voy a parar de escribir, pues me he animado y esto está quedando largo. Al final sólo era cuestión de ponerme frente al teclado e ir largando. Ya sé el truco para la siguiente vez que sienta pereza.
Un saludo.

viernes, 31 de agosto de 2018

DIARIO DE UN MAESTRO GRUÑÓN (30-VIII-2018)

En unos días comienza un nuevo curso, querido diario. Como bien sabes, los docentes nos incorporamos unos días antes, menos los interinos que cubren vacantes en determinadas comunidades autónomas, que lo harán con el tiempo justo, para que la Administración se ahorre un dinero, que luego gastarán en publicidad sobre cuestiones absurdas. Pero en uno intuye que éso importa poco al común de los mortales y es el modus operandi de aquellos que rigen nuestros destinos.
Mucho más parece interesar el tema del costo del material escolar. Este asunto concierne a todos aquellos adultos que han de apoquinar cientos de euros para que sus hijos puedan asistir a clase en septiembre. Y a uno, querida bitácora, este asunto le lleva a un estado de perplejidad que limita con la indignación. Te cuento las causas del asunto, para que tengas opinión propia, que no tiene que coincidir con la mía de manera necesaria.
Quiero aclararte, antes de enfangarme, que voy a centrarme en el tramo que va de los tres a los dieciséis años, los estudios postobligatorios y, en especial, los universitarios son harina de otro costal y ahí deberíamos abordarlo desde una perspectiva distinta.
Me gustaría comenzar aclarando, puede que a mucha gente se le olvide, que existen becas de libros, como de comedor, que sirven para que aquellas familias que tienen problemas para la adquisición de libros puedan proporcionárselos a sus hijos. Cuestión aparte resulta si se deben ampliar los mínimos para poder disfrutar de esas becas.
Una vez expuesto ésto, parece obvio que existen personas que han de pagar los libros y el material escolar. Personas que parece tienen unos ingresos que les permiten gastarse, una vez al año, un dinero, doscientos, trescientos, cuatrocientos euros, para la educación de sus hijos. No parece mala inversión, por unos veinte euros al mes (tal vez lo que paguen de factura de teléfono a sus hijos cada treinta días).
Seguro, querido diario, que alguien podrá alegar que dos o tres niños en casa suponen un gasto enorme. Cierto. Pero, si uno mira los baremos para que se concedan las ayudas para libros, resulta que también sube el dinero que tiene que entrar en casa de media todos los meses cuanto más personas hay en el núcleo familiar. En resumidas cuentas, a más niños más posibilidades de que las administraciones ayuden en la adquisición de los libros. Por tanto, no resulta muy coherente quejarse del dinero gastado en material escolar, cuando se tienen unos ingresos que lo permiten.
Sería absurdo ahora argumentar que una parte significativa de esa gente que se queja no dudan en comprar la Play, el móvil o la PSP4 a sus hijos, que cuestan tanto o más que ese material escolar. No tiene sentido criticar a esos padres, que pueden hacer lo que deseen y dar prioridad a lo que les venga en gana. Son sus hijos y si quieren gastarse 300 euros en la Play y quejarse del precio de los libros, es su opción.
Por otra parte, están los teóricos de los libros electrónicos, que ya existen. Muchos creen que pagando una tablet bastaría para poder tener los temarios gratis en ella. ¡Error! Esos temarios los tiene que hacer alguien, al que hay que pagar, y las editoriales no son oenegés, deben ganar dinero también (lo que no implica que todo lo que hagan sea correcto). Por tanto, esos libros electrónicos también tendrán un precio, que unido al de la tablet, que en unos pocos años quedará obsoleta y, por tanto, habrá que cambiarla, no supondrá la desaparición del gasto en material educativo y causará sorpresas al respetable.
Cuestión aparte es el precio de la compra de uniformes, el chándal con el logo del colegio y demás pijadas de ciertos colegios concertados (que todos los que nos dedicamos a ésto sabemos la finalidad que persigue). Eso es un gasto no obligatorio. O, al menos, debería no serlo en los colegios concertados. En este sentido merecería la pena hablar de esa campaña que se hizo hace unos años para llevar a todos los niños uniformados por razones espurias, apelando a una pretendida igualdad (más bien a tapar la realidad), pero, querido diario, eso lo dejaremos para otro día, que no tengo tantas energías a final de curso.
Una vez que ya tenemos solucionado el tema del material escolar -ya quisiera yo-, vamos a centrarnos en otro aspecto que me hace mucha gracia: lo que se debería enseñar en la Escuela, más en concreto la copla de estudiar Historia de las religiones.
Como bien sabes, fiel diario, uno considera que cualquier creencia religiosa se encuadra dentro de lo privada y, por consiguiente, debería desaparecer de las aulas. Existen personas que opinan como yo, pero que proponen que esas horas docentes se completen con historia de las diferentes religiones. Y uno se pregunta: ¿qué entiende esta gente por Historia de las Religiones? Porque la historia de las religiones puede ser algo como: un tipo lucha contra el poder romano, lo crucifican y entre sus seguidores aparece uno nuevo, más culto y con más pasta, que forma la base de la religión. Esta religión ha tenido escisiones, algunas por cuestiones como mandar un obispo intransigente a reunirse con el patriarca de otra facción o por asuntos como que un rey se ha querido divorciar, y una sucesora de éste monarca aprovechó esta nueva religión para formar un estado digno de la Edad Moderna.
También se puede estudiar que una familia poderosa de la Meca acabó con casi todos los miembros de otra familia poderosa y uno de sus miembros huyó a Medina. A partir de ahí fue cimentando su poder, creando una religión nueva, y acabó conquistando La Meca. A su muerte había dos facciones enfrentadas por acaparar el poder en la nueva religión (ambas encabezadas por familiares suyos), que acabaron conformando las dos grandes ramas de dicha religión.
O, había un príncipe que harto del mundanal ruido busco la paz, y tras diversos experimentos encontró el camino. Dicho camino era una filosofía de vida, pero no una religión, aunque muchos de sus seguidores lo convirtieron en religión, como por ejemplo el Tíbet, un estado feudal en pleno siglo XX, hasta la conquista de China. O, que existen religiones que defienden que en función de los padres de los que nazcas vas a pertenecer a una casta u otra. Invento de los arios que conquistaron la India mil y pico años antes de Cristo, para justificar su predominio sobre los nativos, siendo los conquistadores una minoría. Sin olvidar que el nacionalismo japonés tiene su base en el sintoísmo, que consideró al emperador una divinidad en el siglo XIX, lo que junto con su ascenso a religión oficial y su adaptación al sistema educativo japonés, contribuyó a la política expansionista japonesa, que acabó de la manera que todos conocemos en 1945, con el asesinato previo (considerado un genocidio) de unas treinta millones de personas por parte de las tropas japonesas.
¿Historia de las religiones? No. Conocer la Historia es lo que hará crecer a nuestros críos. Saber de dónde venimos y por qué existen, o existieron, diferentes hechos o formas de pensar. El pensamiento mágico se debe enseñar en el hogar, no en los centros educativos. En los centros educativos sólo debe tener cabida el conocimiento universal y la Razón. ¡Basta ya de modas y de las medias tintas! Al final las medias tintas sirven para que los conspiranoicos se reproduzcan y cada vez haya más gente defendiendo que nuestro planeta es plano, que las vacunas no sirven y que existen curas alternativas al cáncer.
Creo, querido diario, que por hoy vamos a dejarlo, porque la deriva que va tomando esta entrada se va alejando de lo meramente educativo y no parece lo mejor para el inicio del curso.
Dentro de poco volverá a juntar palabras y expresar algunas ideas que me preocupan o me hacen feliz, con la finalidad de que te enteres de mis penares y alegrías.
Nos vemos pronto.

martes, 28 de agosto de 2018

RETORNO A LEGIO VII

Había que zanjar una deuda y, a la vez, aprovechar un despertar al conocimiento. Una visita corta, con objetivos claros y cierto ánimo didáctico. 
Increíble encontrar aparcamiento gratis a tres minutos andando de la Pulchra Leonina, esa joya liberada de todo ornato innecesario y levantada sobre los conocimientos aún no escritos de la experiencia. 
Puede que haya transcurrido mucho tiempo, pero encontré la catedral más pequeña, más acogedora, a pesar de su altura. Recuerdo la primera vez que la visité, creo recordar que un domingo, cuando aún no costaba dinero conocer nuestro patrimonio. Una mañana soleada, en la que las vidrieras tamizaban la luz para conformar un ambiente de recogimiento, ayudado por un órgano y unas voces que cantaban algo que no fui capaz de identificar. Soy ateo, pero pensé que aquello era lo más parecido a encontrarse frente a Dios, frente a cualquier dios.
Sin embargo, como ya he dicho, en esta ocasión me pareció una construcción humana, de una belleza que ensalza la capacidad del hombre para crear piezas sublimes, casi atemporales. Como toda construcción ha sufrido reformas, chapuzas y auténticas genialidades, poco conocidas, que han conseguido que siga ahí, transmitiendo diferentes visiones de la vida, diferentes épocas en las que las ganas de vivir se anticipaban a la represión, el sufrimiento y la muerte. Tal vez el trascoro represente todo lo que somos: fe, renacimiento (con minúscula y con mayúscula) y Trento (los radicales aferrados al poder)
No, no es necesario saber sobre religiones para comprender ese arte. Es imprescindible conocer la Historia para entender que los burgos renacen en la Baja Edad Media, ganando poder económico y político, que les capacitan para poder pagar el nuevo arte nacido en Francia. El nuevo arte liviano, que abandona el arco de medio punto y la bóveda de cañón para preñar los edificios de luz, acercándolos a ese cielo que todos persiguen como culmen de una vida terrenal.
Una vez más pedí, en este caso a mi joven acompañante, que se pusiese en el lugar de un campesino del siglo XIV o XV, que venía por primera vez a la ciudad, lo que debía sentir al entrar allí. Tuve que recordarle que no había televisión, Internet ni fotografía. La impresión la ver por fuera, pero sobre todo por dentro, ese edificio debía ser indescriptible. La pequeñez frente a Dios. Incluso la indefensión ante aquella maravilla, que difícilmente podría describir a su vuelta.
Salimos de allí y descendimos para recordar que los verdaderos fundadores de esa ciudad fueron los romanos. El oro de Las Médulas debía protegerse y, de manera fugaz, la Legio VI Invictrix y, poco después, de manera permanente, la Legio VII Gémina, trazaron las líneas sobre las que se aposentó la ciudad.
 Resulta fundamental saber que sobre unas termas se pueden construir unas letrinas, justo al lado de una antigua puerta, enterrada por el tiempo y el olvido, de quienes tenían prisa por seguir viviendo y falta de tiempo para recordar. 
Cien, doscientos, trescientos metros más allá, el Renacimiento en todo su esplendor. Un palacio de ventanas en perfecta simetría, un claustro liviano en verano y un testigo del pulso que seguía teniendo la población dos siglos después. 
Cinco, diez, quince metros más allá Gaudí. El Modernismo. El dragón que no murió y transmitió una nueva forma de entender los volúmenes, las líneas curvas y el gusto por una impronta personal y universal. Dos mil años entre las escaleras que descienden a la funcional puerta de la ciudad romana y el uso del espacio por y para el arte. 
Pero aún hay más: el Panteón de una monarquía marchita (la leonesa), la narración en frescos de una vida de un salvador que no se salvó, que no se han retocado en ochocientos años y que nos siguen contando una historia conocida, que pierde todo su interés frente a ese titán que persiste en el techo de esa cripta y que nos cuenta que alguien, que no conocemos, recreó con sus pinceles unos hechos que estaban abocados a permanecer allí ocho siglos después, tal como los pergeñó el autor. 
Antes de que los arbotantes treparan hacia el cielo, allí, sobre los sepulcros de reyes, reinas y condes, alguien fantaseó sobre su obra, pensando que llegaría hasta el final de los tiempos, como una parte del cáliz que Doña Urraca mando construir y que fue fabricado por un contemporáneo de los primeros legionarios que se asentaron allí. El círculo, se cierra dos mil años.
Una vista rápida a la fachada de la Hostería creada a instancias de Fernando el Católico, que sirvió para albergue de peregrinos que recorrían el Camino de Santiago y hoy para solaz de los más poderosos, cierra este viaje rápido, casi prestado, ideado para compartir con quien se quiere el devenir de la humanidad en estos últimos dos mil años.