viernes, 15 de junio de 2018

DE SALÓN

"Nunca odies a tus enemigos,
no te permite juzgarles".

 El Padrino


Hace unos días leía algo muy gracioso en una red social. Una usuaria de la misma colgó un tuit criticando al Vaticano por no hacer nada para acoger a las personas que huyen de sus países y que se encuentran en el Aquarius. Alguien respondió con un enlace en el que se podía leer que lo que decía no era cierto y que, incluso, este caso ha creado roces entre el nuevo Gobierno de Italia y algún cardenal. La respuesta de la que persona que escribió el primer tuit fue la esperada: ¿por qué no les acogen en el Vaticano? Fue la esperada, porque, por supuesto, la tuitera en cuestión ni se había molestado en leer el articulo, en el que ponía que el Papa había mandado a las parroquias del lugar donde fuesen dar acogida a las personas que viajaban en el Aquarius.  Sin embargo, este suceso me hizo pensar, y mucho, sobre lo que subyacía detrás de toda esta visión anticlerical. Y esta entrada va sobre eso.
Para empezar, los que me conocen saben que huyo de cualquier religión o creencia mágica. Respeto a quienes la profesan, pero igual que intento no influir en ellos, agradezco, y exijo, que ellos no intenten venderme a mí sus creencias. Ya me condeno, si fuera el caso, yo solito, aunque pienso que ni unos ni otros vamos a tener un alma inmortal que pueda corroborar mi error.
No creo en ninguna religión porque todas las religiones se basan en lo mismo: legitimar un poder temporal apelando a lo espiritual. En otras palabras: justificar el poder a través de una ficción, aprovechándose de ello  la casta sacerdotal para medrar en este mundo y crear un mundo a su imagen a semejanza. Eso contra lo  que la Razón,en el siglo XVIII, clamaba.
Con lo expuesto en el párrafo anterior no quiero decir que todos los creyentes ni toda las personas que forman parte de la casta sacerdotal sean unos sinvergüenzas o unos aprovechados. Al contrario, existe gente seguidores de una u otra religión, con sus virtudes y sus defectos, que luchan por hacer realidad lo de construir un mundo mejor. Y en eso me diferencio de los anticlericales, por lo general de salón (algunos acaban casándose o  bautizando a sus hijos), creo que en todos los lugares existe gente que si hace honor a esos valores que defienden. Desconozco si, desde un punto de vista porcentual, son muchos o pocos, pero los hay y conozco alguno. En el fondo, esta visión de las cosas vuelve a retrotraer a la Razón: no existen verdades absolutas, ni cuestiones buenas o malas per se. Esa idea de bondad y maldad absolutas, encarnada en ideas o personas, que la Razón intentó enterrar, volvió a reaparecer con el Romanticismo y arraigó con fuerza, hasta la fecha de hoy.
La perspectiva del Romanticismo tiene una gran ventaja sobre la Razón: se apela a los sentimientos y a lo absoluto, no se necesitan datos, ni análisis sobre ellos. Resulta suficiente con decir: esto es bueno, esto es malo. La verdad no tiene importancia; lo trascendental es la idea. Esta visión simplista de los hechos resulta muy conveniente para quien tiene el poder.
Vamos a volver a la Razón y a su lucha por separar la verdad, de lo mágico. Durante los últimos tres siglos, al menos en Occidente, ha existido una lucha entre aquellos que apuestan por la explicación científica de los hechos (con todas sus rectificaciones)  y aquellos que apelan a libros inspirados por dioses para la comprensión de la realidad. Huelga decir que la Ciencia ha ganado la batalla, a pesar de creacionistas y otro tipo de gente de este jaez. Es más, el sistema capitalista no podría haber funcionado sin el desarrollo, en los últimos tiempos acelerado, de la Ciencia. La religión, al menos en Occidente, ha quedado en el ámbito de lo particular, aunque intente seguir teniendo protagonismo, cuestión que consigue colocando a algunos de sus fieles más ortodoxos en gobiernos y entidades económicas relevantes, para hablar de moral, pero seguir engrasando el sistema neoliberal, como el resto de sus compañeros no religiosos.
Por tanto, queda muy bien hablar de la hipocresía del Vaticano, de los cardenales, obispos y todo lo que se quiera, pero su importancia no resulta fundamental para explicar lo que ocurre en muchos casos, y en el de los acogidos en el Aquarius menos. 
Si abandonásemos el Romanticismo y volviésemos a la Razón, deberíamos qué está haciendo Francia, el primer país que bombardeó a Libia (el hecho de que no compraran Gadafi los carísimos cazas Rafale a Francia o de que existieran turbios manejos que ocultar, con Sarkozy implicado, pueden tener algo que ver) con los refugiados. Digo Libia, porque antes de la caída del dictador Gadafi, Libia acogía a muchos de los emigrantes que hoy llegan en pateras (algo más de dos millones de personas eran emigrantes en la Libia de Gadafi, contando con los mismos derechos sociales, que eran los más avanzados de África) y, porque además, la caída de Gadafí llevó a cosas como éstas:

http://www.lavanguardia.com/internacional/20180217/44855501757/la-guerra-y-el-contrabando-dominan-libia-7-anos-despues-de-la-revolucion.html

A pesar de que el dictador avisara, antes de ser asesinado, de lo que podría pasar si le dejaban caer, y que, por desgracia, está ocurriendo. Vaticinaba que ell Mediterráneo iba a ser un autopista de gente huyendo de sus países, en parte por la pujanza de Al Qaeda, que se encuentra instalada en la actualidad, además del ISIS, en Libia y en otros países africanos.

http://www.publico.es/internacional/gadafi-europa-sera-invadida-miles.html

Por supuesto, de las mafias que transportar, en condiciones inhumanas, a los que huyen y de las mafias que esclavizan a personas en Libia, algo impensable hace una década en ese país, no tienen culpa de lo que ocurre. Resulta más moderno culpar al Vaticano, porque es más cómodo y nos evita pensar en lo que está ocurriendo con los cristianos en Egipto (perseguidos y asesinados por los radicales islámicos) o nos permite analizar la cuestión de fondo: ¿por qué huyen? ¿Qué podemos hacer para que no tengan esa necesidad? ¿Qué medidas urgentes debemos exigir a nuestros gobiernos o a organismos como la UE o la ONU, que viven de nuestros impuestos? Pero entiendo que resulta más fácil echar la culpa al lucero del alba y a quien no piensa como tú. Siempre resulta más fácil criticar que proponer. Otra rémora de ese romanticismo de buenos y malos.
De igual forma, si se apelase a la Razón y no al ideal romántico, nos preguntaríamos que están haciendo Gran Bretaña, Francia o EEUU por acoger a los inmigrantes sirios que huyen de la que guerra azuzada por ellos, entre otros. Ya se habló en este blog sobre los correos de Hillary Clinton hablando sobre Siria y seguir avivando la guerra por cuestiones de geoestrategia o la existencia de militares de cuerpos de élite estadounidenses y británicos al lado de las tropas sirias "rebeldes" (como el lector asiduo sabrá en la entrada: Siria, un complejo entramado, podrá encontrar una información bastante amplia sobre el asunto, por lo menos sobre lo que ocurría hace un año y medio). Pero esto no importa, importa más un viejo argentino y sus secuaces, que intentar parar los genocidios que se producen en nuestro alrededor.
Por supuesto, estos románticos no se preguntan por qué descendió el número de inmigrantes que llegaban a nuestro país en la época de ZPpero. Es posible que si en vez de utilizar ese espíritu maniqueo de buenos y malos indagasen sabrían que los convenios económicos con Marruecos y Malí (el país del mundo con mayor tasa de esclavitud) que suscribió su gobierno, sirvió para llenar bolsillos y parar, a veces de manera poco acorde con los Derechos Humanos, la emigración de personas procedentes de países situados en el sur de África. De hecho, cuando el eterno presidente de Malí ganó por enésima vez las "elecciones", uno de los pocos gobiernos en felicitarlo fue el de ZPpero.
Todos estos datos parecen importar poco a mucha gente, que apuesta por el maniqueismo, por el ideal romántico.
Desde hace tiempo considero que el mayor fracaso del sistema educativo español, no conozco los demás, es no formar a personas en los postulados de la Razón. La incapacidad para variar el pensamiento, en función de los datos que, además, se deben buscar, para tener una idea lo más completa de asuntos trascendentales. La distinción entre lo correlativo (lo que ocurre a la vez que otra suceso, pero no lo motiva) y lo causal., se plantea crucial. Así como profundizar en los hechos y, sobre todo, la ausencia de verdades absolutas maniqueas, ancladas a los sentimientos, que impiden ver los matices, a veces fundamentales, para abordar las soluciones a los problemas.
Resulta fácil manipular a alguien que acomoda todas las interpretaciones a sus verdades absolutas. Que tiene enemigos que sirven para acoplarlos a cualquier tragedia. Si yo fuera un tipo del FMI o de FEDEAS estaría encantado de que gente así se postulase como la alternativa., porque esa gente no comprende que la verdadera cuestión reside en el reparto de la riqueza, que es, en lo esencial,  lo que proporciona o quita derechos, provoca guerras, que expulsa a las personas de sus hogares, provoca hambre, que hace emigrar a quienes la sufren y, en fin, provoca que los que viven bien, puedan perder el tiempo echando la culpa a los demás.
Un saludo.

martes, 12 de junio de 2018

PEQUEÑA DESAÑORANZA

Existe un tiempo de nostalgia, a veces, de manera curiosa, activado por una canción nueva de un grupo de "aquellas" épocas. Nostalgia que tengo el convencimiento sólo supone la evidencia del paso de los años y la resistencia que genera este hecho, que, de alguna manera, nos sentimos atrapados en una línea temporal finita. Tal vez, todo gire en torno a esa constancia de la limitación de este argumento, aún incompleto, que es nuestro paso consciente por este planeta. Puede que no echemos de menos los viejos tiempos. Puede que la añoranza se deba a la imposibilidad de tener tanto tiempo por delante como teníamos hace veinte, treinta, o cuarenta años. O, también cabe la posibilidad, de que tenemos tiempo presente vacío y hemos decidido llenarlo, pergeñando un pasado donde lo agradable se sucedía sin tregua posible. 
Porque tengo la firme convicción de que aquello que ocurrió no fue ni mejor ni peor, sólo fue aquello que era pertinente en ese preciso instante. Tocaba construirlo y vivirlo; como ahora toca construir y vivir, con los mismos pros y las mismas contrariedades. Sin embargo, nuestra memoria, muy cuca ella, se esforzó en reconstruir unas vivencias aceptables y hasta, en algún caso, magníficas. Pero, todos sabemos que en esa visión existe una mentira, que sólo conocemos los dueños de esos recuerdos.
Desconozco si el lector ha intentado traer el pasado al presente. Yo lo he hecho hace no mucho y llegué a la firme conclusión de que la distancia resulta la mejor forma de preservar lo bueno que hubo, o que la memoria se empeña en guardar. Huir del presente, rescatando los recuerdos, supone desandar un trayecto complejo, buscando un atajo, que sólo existe en el imaginario de cada cual. Puede que resulte un entretenimiento momentáneo, pero justo ahí, en lo perecedero de la situación, empieza y acaba todo. Desarreglar el presente, pintándolo de ayeres inexistentes, no resulta ni bueno ni malo, sólo un paréntesis en una realidad enraizada en el interior de cada cual. 


La añoranza de tiempos distorsionados puede contribuir, en ocasiones, a bloquear circunstancias presentes. Miedos, expectativas excesivas o irreales, hastío, incluso, en el otro extremo, necesidad de compañía a toda costa, porque nunca se vivió en soledad, contribuyen a no percibir ese pequeño racimo de sucesos pequeños e interesantes de los que está salpicada la vida de cada uno. La vida privada, personal y reconstruida mil veces de cada persona.
Tras leer todo lo que he escrito he llegado a la conclusión de que yo sólo añoro un castillo de antes de ayer, envuelto por la niebla imposible del final de primavera. Tal vez no tenga capacidad para añorar más allá de hace dos días. Tal vez no me interese añorar ninguna otra cosa en este momento. Imagino que mi necesidad vital en este momento se detiene ahí, en un pequeño lugar entre muros y la humedad de quién necesita acogerte en lo más hondo de sí.
Al final, puede que lo que añore sea los planes que quedan por realizar, los lugares que quedan por atrapar en la retina y las formas diferentes de vivir, soñar, querer y amar que se encuentran en los sillares de los lugares construidos entre los fluidos de la saliva que habla, gime y se queja de la lejanía.

jueves, 7 de junio de 2018

...

Existe una forma de racismo encubierta, basada en denominar a personas no por lo que hacen, sino por su procedencia o por su etnia. Resulta muy moderno y apropiado hablar de colectivo gitano, marroquí o africano. Uno, que trabaja y/o trabajado con niños y adolescentes marroquíes, gitanos, algún mechero y con niños y adultos con discapacidades varias, piensa que las personas no se pueden definir por pertenecer a tal o cual etnia, país o religión. Los seres humanos somos nuestros actos, nada más. Hablar de colectivos supone una forma de racismo y xenofobia, envuelta en el buen rollo. ¡Pobrecitos! Están puteados por los blancos malos. O por los cabrones, del mismo color de piel, de la misma religión, de la misma nacionalidad que generan las terribles desigualdades. Y no, no se trata de pobres imbéciles a los que las multinaciones engañan. Se trata de auténticos cabrones que se aprovechan de las multinacionales y de os gobiernos de otros países (igual que las multinacionales y los gobiernos de otros países se aprovechan de ellos, estableciéndose una relación en la que ambos salen beneficiados, a costa de una mayoría explotada) para llevar a cabo sus planes. Porque, querido buenistas, hijos de puta hay en todos los sitios.


Cuanto más leo y escucho en la prensa hablar sobre los temas que conozco, pocos, a presuntos expertos, tengo una mayor conciencia de que existen unas personas que se ganan la vida batiéndose el cobre y otras que ganan la plata mareando la perdiz. ¿A nadie le extraña que todos aquellos que viven de explicar soluciones, cuasi mágicas, a todos los problemas, siempre lo hagan desde la teoría?


Una empresa no había abonado a sus trabajadoras las subida de sueldo acordada en el convenio, porque en dicho convenio figuraba que de este incremento retributivo se beneficiarían los trabajadores, pero no, según la empresa, a las trabajadoras. Los dirigentes de esta empresa me merecen la consideración de sinvergüenzas, por intentar no pagar a sus tres trabajadoras lo que les corresponde. Sin embargo, esta situación, ya subsanada, deja a las claras algo: la estupidez de la vanguardia "revolucionaria". Los desaprensivos se aprovechan de un cúmulo de majaderías que han desviado la atención de lo importante, la explotación, el reparto de la riqueza, a cosas insustanciales, la a o la o al final de la palabra. Sin embargo, este hecho ha mostrado la otra cara de este negocio: una situación que se debería haber sustanciado, se sustanciará, en los tribunales, ha movilizado a secciones femeninas de sindicatos, al Instituto de la Igualdad... sólo ha faltado Jorge Javier Vázquez. Esta cuestión se debe solucionar en los tribunales, basta un abogado, si así lo desean las perjudicadas, el resto, son personas pagadas con nuestro dinero, que tienen que justificar su  magno salario apareciendo de vez en cuando en los medios, siempre indignados. Pero, en el fondo, estos indignados son los que crearon la idea de los trabajadores y las trabajadoras.


Parece que José María Aznar se ofrece para "salvar" al centro-derecha de este país. No me parece preocupante que un tipo que condujo a España al desastre con su política de la especulación urbanística o que vio como la corrupción floreció a su alrededor (ministros y convidados a bodas) se postule para "salvar" España. En el fondo, cada cual tiene su porcentaje de egolatría y el fulano en cuestión siempre andó sobrado. Me preocupa que una parte significativa de la derecha, hace tres o cuatro años (antes de la operación para encumbrar a Ciudadanos), no hubiese dudado en elegir a ese personaje como alternativa. Que alguien que arruinó en lo económico y en lo moral a este país, pudiese volver a gobernarlo, dice mucho de cierta gente.


Leo un cartel, pagado con dinero público, en el colegio en el que trabajo que los juguetes no tienen sexo. En efecto, llevo mucho en Educación y en las clases de Educación Infantil, que es donde suele haber juguetes, niños y niñas juegan con muñecas, con cocinas, las niñas juegan al fútbol en el recreo... O al menos algunos niños y algunas niñas lo hacen. El resto, hacen lo que les da la gana. Alguien puede pensar que hay que obligar a los niños con muñecas, ¿por qué? ¿Por los estereotipos? Recuerdo un par de niños "afeminados", que jugaban siempre con muñecas y querían ser princesas, ¿alguien se cuestiona que esto es un estereotipo y que hay que obligar a esos niños a jugar a fútbol? Seguro que no, pues con los otros niños pasa lo mismo. Si un niño no quiere jugar con muñecas o una niñas sí quiere hacerlo y no le gusta el fútbol, habrá que respetar sus elecciones. De lo contrario estaríamos en un mundo orweliano. Por cierto, esos carteles (llegaron varios), que habrán sido repartidos por toda la provincia, habrán costado una pasta. En mi colegio hay familias que necesitan ayuda para cuestiones básicas.


Los seres humanos somos muy parecidos en las distintas latitudes y en las distintas coordenadas temporales. Sólo han variado las formas de cotillear, linchar a otros y  de relacionarse personas (ahora puedes tener amigos "virtuales"); pero, en el fondo, lo que nos motiva en nuestro interior: amor, odio, envidia, compasión, racismo, respeto/falta de respeto... sigue siendo lo mismo, el envoltorio es lo que varía en los diferentes lugares y en las diferentes épocas. 



lunes, 4 de junio de 2018

TIEMPO DE RECUERDO

Por motivos personales he vuelto a pasar al lado del instituto donde curso la Educación Secundaria, BUP y COU. Lo reconozco estoy en esa edad en la que se puede decir, sin miedo a equivocarse, que soy viejuno. 
Hecho este inciso conviene aclarar que hacía  muchos años, más de veinte, que no pasaba por allí a pie. 
Como ocurre en estos casos todo me parecía mucho más pequeño de lo que mi memoria había tenido a bien recordar. Cuando vi la tapia que delimitaba el recinto me vino a la memoria un test de resistencia que hacíamos en Educación Física, consistente en dar varias vueltas, por fuera, al perímetro del centro educativo. Lo que con catorce años me parecía una proeza y generaba un cansancio indescriptible, hoy apenas constituiría el inicio de una sesión de carrera continua de, al menos, cuarenta y cinco nutos. Sin embargo, en aquella época todo era hercúleo: aprobar, tener novia, los rechazos amorosos...
El edificio, construido sobre un diseño estándar, que igual servía para hacer un centro en Castilla que en Almería, se conservaba con dignidad y con una presencia aceptable. Los años habían pasado por él, como por mí, pero los arreglos que había sufrido le habían mantenido bien parecido.
De repente tuve una idea que me descolocó un poco: si quisiera volver a vivir y trabajar en mi ciudad de origen existía la posibilidad de que hiciera esto último en el mismo instituto donde desempeñé la profesión de alumno.
La perspectiva me descolocó un poco. Volver a mi ciudad de origen ni me agradaba ni me desagradaba. Lo veía como una opción remota, improbable, pero no imposible. Tenía claro que, de retornar a mi lugar de nacimiento, ejercer en ese centro no sería una prioridad, sólo una circunstancia posible. Y cuando analicé esa circunstancia posible pensé sobre el presente de esos profesores, que a mi me parecían tan mayores en aquel entonces, y que, con la visión de hoy, sé que, salvo alguna excepción, no lo eran. Intuyo que los que no estén jubilados estarán en un tris de hacerlo. Imagino que alguno habrá fallecido y que del conjunto de profesores que conformaban el claustro cuando yo estudiaba allí ninguno de ellos seguiría ejerciendo allí y ninguno de ellos sería mi compañero si obtuviese plaza en el centro.
Sin embargo, si volviese, quedaría el gusto por la Historia que Ana, la profe de Historia, me inculcó. Quedaría la necesidad de demostrar a ese profesor de Filosofía democratacristiano que no existen malas personas y, si existieran, no parece muy oportuno decírselo aprovechándose de que se está en un plano de superioridad (por cierto, no copié en ese examen que aprobé, en el que me bajaste nota de manera injusta, porque te caía mal y pensabas que era mala persona).
Sí, si volviese quedaría algo de esos profesores: lo que me enseñaron a ser y a no ser.
De los compañeros sólo queda un lejano y difuso recuerdo. De algunos lo único que tengo son noticias puntuales de su vida: una profesión, un encuentro con algún amigo común. De otros no tengo más que un nombre y un rostro adolescente en el recuerdo. De la gran mayoría no conservo nada de nada. Ni las conversaciones que me parecieron trascendentes en su momento. Ni tan siquiera un sentimiento de indiferencia. Sin embargo, en alguna ocasión me vino al presente Montse, una chica rubia de piel pálida y ojos azules. Me gustó. creo que mucho, a pesar de saber que no tenía ninguna oportunidad con ella. Tenía la impresión de que vivíamos en mundos paralelos y de que su mundo era mucho mejor que el mío. Errores de ese momento de la vida en la que empezamos a ser adultos sin dejar de ejercer de niños.
Mientras escribía esto sopesaba si merecía la pena saber de ella en estos momentos y, de manera automática, aparecía en mí un fuerte rechazo a la idea de ver como he envejecido a través de su rostro. Prefiero recordar ese rostro hermoso e inalcanzable tal como lo conocí.
No pude evitar fijarme en que seguían abiertos los dos bares, uno al lado del otro, donde realizábamos horas extras jugando al mus. Acabo de rememorar que aprendí a jugar al mus en el instituto. Nosotros solíamos ir al Francis, pero, de vez en cuando, frecuentábamos el Zeppelin. Bares de barrio, adaptados a los alumnos o alumnos adaptados a bares de barrio, que se contentaban con el escaso consumo que realizaban unos chavales que llenaban sus mesas, con todo un futuro por delante y que en ese momento lo apostaban todo a que les saliese un par de marranos en el próximo descarte.
Ahí sigue todo: el edificio, los bares, los amores, los libros, los aprobados, los suspensos... Sólo han cambiado los protagonistas y las circunstancias superficiales, pero las historias, con pequeños matices. Seguirán existiendo Montses de las que enamorarse, profesores que motivan, profesores que yerran, alumnos que aprenden a base de fracasos, vidas que están por construir... Y también existirán personas que, muchos años después, traen al presente todo eso y sienten respeto por Ana, la profesora de Historia, recuerdan con cierta nostalgia a Montse y piensan que esa etapa, con sus aciertos y sus fracasos, les ha ayudado a ser quienes son.
Un saludo.

jueves, 31 de mayo de 2018

ESTE MOMENTO

Se ha montado un gran revuelo, sobe todo en los medios de comunicación, con la moción de censura presentada por Pedro Sánchez. A uno le parecen fuegos de artificio, cambiar de collar al mismo perro. Sin embargo, un tema trascendental para todo nosotros, las jubilaciones, ha pasado, pasa, de largo. Leo que los trabajadores que se jubilen en el 2045 cobrarán en torno al 50% de su sueldo como pensión (la tasa actual es del 80%). A nadie parece interesarle poner medidas, reales y que no vayan contra todos nosotros, a este asunto (de hecho, el PSOE, del que ya formaba parte Pedro Sánchez, contribuyó a la perdida de calidad de vida de los pensionistas).



Escucho a miembros del PP asociar la caída de la Bolsa y la subida de la prima de riesgo a la moción de censura para intentar justificar que deben seguir en el poder. Aún considerando que el hecho de que suba uno, dos o tres días la Bolsa no significa nada (lo que se ha de valorar es la tendencia en un período largo) y que la subida de la prima de riesgo tiene que ver con factores como lo que ocurre en Italia, estos tipos del PP lanzan un mensaje que dice algo así como: a los poderes económicos no les importa que nos saltemos y que nos condenen por ello, lo que ellos valoran es que sigamos nosotros.. El mensaje no puede ser más... sorprendente y no puede hablar peor de la moral de los poderes económicos.



Hace unos días se ha extendido una noticia inventada, a través de un tuit, que decía que una chica de Cáceres había ganado las Olimpiadas de Física y Química, pero que nadie se había enterado por no ser futbolista o por no salir en los realities. Antes de que se desmintiera y se dijera que la fotografía que acompañaba al tuit era la de una actriz porno, los biempensantes de este país se lanzaron a criticar la situación, entre ellas la periodista y escritora Marta Robles. Esta situación deja bien a las claras que muchos de estos tipos abrazacausas "justas" no son más que una panda de ignorantes (jamás van a las fuentes ni indagan sobre el funcionamiento de las cosas), que se suman a lo que sea, con tal de parecer modernos y enrollados. Son carne de cañón y hacen el trabajo sucio al neoliberalismo, pues es fácil enfocarlos hacia donde se desee, siempre insustancial, para desviar la atención de los primordial.



Enlazando con lo anterior, resulta sorprendente que todos estos vigilantes de lo correcto jamás hagan propuestas antes de que ocurran los hechos, o las presuntos hechos. Siempre a la zaga. No me imagino a nadie cambiando nada de manera radical si siempre se va detrás de lo que ocurre y nunca se plantean alternativas para cambiar lo que ocurre. Ir detrás de la noticia es ir detrás de lo que los que dan importancia a la noticia quieren que vayas. Todos sabemos indignarnos, anticiparnos a los hechos y plantear respuestas ya resulta harina de otro costal.


Leo que la serie Roseanne se ha cancelado tras un tuit racista escrito por la protagonista de la serie. La cadena que la producía y emitía, a pesar del éxito de la serie, ha cancelado su producción y su emisión. La deriva represora de las grandes productoras no es nueva; desde la censura de besos hasta la persecución del macartismo a los "disidentes comunistas" han sido una constante por parte de la empresas de entretenimiento norteamericanas. La intromisión en la vida privada de los actores, y de otros trabajadores de ese tipo de empresas, resulta aterradora. Se intenta ofrecer una imagen de uniformidad de pensamiento rayana en el totalitarismo, basada en el linchamiento público. Sin embargo, para juzgar lo que es o no correcto existe un poder, el Judicial, que debe ser el encargado de dilucidar si alguien ha atravesado el umbral de lo delictivo. Tengo para mí que a la hora de repartir sus beneficios estas empresas no tienen entre sus prioridades construir un mundo mejor sin desigualdades, pero para el reparto de sus ganancias no escucharán el sentir de la muchedumbre.


Pablo Iglesias e Irene Montero han sometido a los afiliados de su partido, mediante un referéndum,  si está bien o mal comprarse un chalé, ligando su futuro al resultado de la votación. Como el lector sabrá todo viene motivado por un comentario anterior, un tuit, de Pablo Iglesias sobre lo inadecuado de comprarse una vivienda, de un precio similar al del chalé, por parte de un político del PP. Pablo e Irene pueden comprarse lo que quieran, siempre que lo hagan de manera lícita, lo que resulta más cuestionable es su viraje a la hora de enfocar moralmente las situaciones y lo que es más criticable es que un tipo que ha metido la pata, no dude en utilizar una maniobra tan artera para justificar su metedura de pata. Tal vez debamos cuestionarnos que no se trata de que todos vivamos mal y seamos muy solidarios y muy enrollados, sino de luchar porque todos vivamos medianamente bien. Esta votación lo que legitima es que dos tipos puedan vivir bien, sin cuestionarse nada más, como el caudillismo que parece enseñorearse de Podemos.





domingo, 27 de mayo de 2018

SOBRE MÍ, SOBRE TI, SOBRE TODO

"Salto montañas; no paro ni a mirar p´atrás.
Quítame el precio y la fecha de caducidad".

Roberto Iniesta. Pedrá



Lo reconozco, llevo una temporada con pocas ganas de escribir, creo que por falta de inspiración. Sin embargo, como en este caso, a veces las circunstancias te sirven en bandeja los temas a tratar. Conversaciones con amigos, a veces más de una y con gente que no se conoce entre sí, ayudan a construir un discurso, creo que coherente, sobre una realidad que nos aplasta por su inmediatez. 
Leo lo escrito y compruebo que me estoy enrollando e incluso gustándome en la forma de escribir, lo que me desvía de las cuestión que deseo tratar hoy. Por tanto, no me voy a liar más y vamos a ello.
Hace unos días hablaba por teléfono con alguien y me preguntaba sobre una cuestión, en la que creía había fracasado. Nada más lejos de la realidad, aunque un tipo de información muy en boga en los últimos tiempo defendiese que lo aquello que estaba ocurriendo podía considerarse un fallo esencial. Bastaba con haber buscado en Internet, en páginas serias, sobre el asunto y se habría deshecho, como un azucarillo en un café, la falsa creencia. 
Reconozco que si algo me alarmó del asunto no fue la zozobra de mi amiga, sino que hubiese llegado a creer lo que venden cuatro pagafantas como verdad, cuando no es más que otra forma de fundamentalismo, disfrazado de modernidad y, lo más peligroso, revestido de ignorancia. Me llamó mucho la atención que una persona culta hubiese caído en esa absurda idea, por mucho que en los últimos tiempos se haya convertido en una especie de obligación. 
Una semana después, ayer mismo, comiendo con otra amiga, me hablaba del ritmo de vida de su hijo y de su pareja, en una gran ciudad. Jornadas interminables, con los fines de semana para hacer en casa lo que no podían hacer entre semana... Y eso reforzó una idea que llevaba unos días rondando por la cabeza, tras la primera conversación: uno de los problemas sobrevenidos por este ritmo absurdo, generado por los horarios de trabajo, que muchas personas tienen es la imposibilidad de sentarse a pensar sobre su propia vida. No me refiero al sentido de la vida: ¿quiénes somos? ¿De dónde venimos?... Pero sí a preguntas como: ¿qué hacemos? ¿Cómo vivimos? ¿Por qué? ¿Cómo criamos a nuestros hijos? ¿Por qué? ...
Sin embargo, de una u otra manera, necesitamos una serie de certezas que nos guíen por el camino. Precisamos una serie de ideas que refuercen nuestras creencias y que nos aporten certezas en nuestra vida. ¿Dónde las encontramos ? Por lo general, en los medios de comunicación y/o en la redes sociales. Y esto lo hacemos, sobre todo, por dos motivos:
  1. Los medios presentan a supuestos expertos que nos facilitan la labor y nos muestran el camino exacto. Es más fácil en alguien que nos presentan como un tipo que lo sabe todo, que, por ejemplo, en un vecino o en un cuñado (aunque te esté contando, con pelos y señales, lo que debes hacer, fruto de su experiencia).
  2. Vamos a encontrar medios de comunicación y gente en las redes sociales que compartan nuestra ideología y eso simplifica la cuestión de pensar sobre determinados asuntos, pues, en muchos casos, se da por hecho una cierta uniformidad de pensamiento a la hora de interpretar la realidad y de abordarla. De nuevo la simplificación.
Pero, ¿qué consecuencias genera esta simplificación y esta falta de tiempo para pensar sobre la vida? 
En primer lugar, no tener tiempo para uno mismo. Parece obvio, pero, desde mi punto de vista, resulta fundamental resaltarlo. No tener tiempo para uno mismo y para los que quiere es un drama. Aunque personajes siniestros nos lo vendan como algo indispensable para poder vivir y hasta deseable. Nada más lejos de la realidad. De otra forma los que han triunfado no tendrían lujosos yates, posesiones en islas paradisíacas y aviones privados para poder viajar donde y cuando les salga de ahí. 
Por otra parte, esta simplicidad para explicar cómo vivir y por qué tiene un problema muy, muy serio, que es el que ha inspirado esta entrada: muchos de los que dictan lo que se debe hacer resultan ser personas iletradas, con una visión de la vida ligada a una "causa", presentando una visión de todo matizada por esa única variable. La llegada de las redes sociales ha generado la llegada inmediata a nuestros hogares de muchos datos, reales o falsos, que no se puede confundir con información y que se cuidan muy, muy mucho de decir que lo que ellos transmiten son opiniones, vendiendo su idea como una verdad. Los que crean opinión no son intelectuales que tras leer autores diferentes, que opinan cosas distintas sobre una misma cuestión, transmiten su propia opinión, fundamentada en lo que han leído y han reflexionado, con argumentos sobre por qué opinan así. Argumentos que pueden estar equivocados, pero se pueden rebatir, porque no suelen presentarse como verdades inmutables, y porque siguen una lógica.
La universidad se ha convertido en una fábrica de producir operarios con una cualificación media/alta, cuya formación gira en torno a la producción, la competencia y el éxito. Aunque siguen existiendo reductos de pensamiento, muchos de los tipos más capacitados desde el punto de vista intelectual, son preparados para ser peones cualificados; siendo casi despreciados los que optan por las "Humanidades". 
La inmediatez de Internet y las redes sociales (que también influyen en la forma de presentar el mundo de los medios de comunicación, hay temas tabú que mejor no tocarlos, porque se puede sufrir un linchamiento de miles de cobardes escondidos bajo un nick) propician que una minoría de iluminados, sin formación alguna, conviertan sus aberrantes opiniones en casi un dogma, sustituyendo a los que, de manera acertada o equivocada, si han reflexionado sobre ello. Por supuesto estos estultos líderes de la red no reflexionan sobre asuntos como: por qué un individuo no tiene tiempo para reflexionar por sí mismo. Pero sí son capaces de encabezar campañas sobre si las niñas deben ser princesas o sobre si debe jugar al fútbol o no.
Uno considera que, en estos tiempos, Marx no se hubiese comido un colín, porque esos líderes de la inmediatez se hubiesen comido el magnífico análisis que el alemán hizo sobre la sociedad capitalista. Y ése es uno de los problemas: el neoliberalismo apuesta por centrar todo en torno al trabajo, a producir, para luego consumir y quienes deben reflexionar sobre ello y sus nefandas consecuencias se encuentran oscurecidos por gurús de los absurdo y lo irrelevantes, que desde la mayor de las ignorancias pretenden crear una sociedad absurda, saltándose a la torera todos los conocimientos existentes, en pos de hacer crecer su ego estúpido.
Hace unos años viví una experiencia traumática. De ella saqué varias conclusiones y cosas buenas. Una de las conclusiones y cosas buenas que saqué es que necesitaba tiempo para mí, para pensar sobre mí, sobre como vivir.
Un saludo.

miércoles, 23 de mayo de 2018

AJUSTES DE CUENTAS

"Tengo más respeto hacia un hombre
que me permite conocer donde se encuentra,
incluso si está equivocado,
que a otro que viene como un ángel,
pero resulta ser un demonio".

Malcolm X


Lo ocurrido con Cristina Cifuentes, todo, me parece algo importante, fiel reflejo de lo que ocurre en este país.. No tanto porque una persona, con muchas cosas que ocultar, se haya erigido en adalid de las buenas costumbres y haya acabado atrapada por su inmoralidad, como por el proceso que ha llevado a su defenestración, que se asemeja mucho a lo vivido por otras personas más relevantes.
El lector recordará que el diario digital de Ignacio Escolar, eldiario.es, publicó, dosificando la información, que la expresidenta de la Comunidad de Madrid había obtenido un titulo expedido por una universidad, sin haber hecho nada para merecerlo. A pesar de que las pruebas son abrumadoras, Cifuentes sigue en su cargo. Sin embargo, cuando todo parecía que no iba a llegar a ningún sitio, Okdiario.com, dirigido por Eduardo Inda, ofrece, en primicia, unas imágenes de la política robando en unos grandes almacenes, hace ocho años. Consecuencia: dimisión del cargo de la líder del PP.
Este relato deja varias cuestiones claras, que vamos a analizar, y a engarzar con otras.
En primer lugar, los periódicos son utilizados a voluntad por personas, o grupos de poder, que poseen información que administran como desean, en función de sus intereses.
Algunos medios, como el de Ignacio Escolar, son irrelevantes y, a pesar del autobombo del burgalés, viven de tratar sobre ciertos temas, por lo general distorsionados, que tienen un público fiel, al que le gusta más que confirmen sus creencias que estar informado. De hecho, gran parte del material que venden como investigaciones magníficas resultan pequeñas escaramuzas, tendentes a contentar a sus suscriptores. Me viene a la mente el absurdo despliegue sobre el caso De Gea. A pesar de ello, y  tal vez para alejar sospechas sobre la procedencia de la ifnormación, esta vez sí le dieron algo jugoso a Escolar, que fue incapaz de conseguir algo más allá de la plena denuncia del fraude.Sin embargo, cuando los que estaban detrás de la campaña tuvieron que dar el golpe definitivo tiraron del que les merece toda su confianza: Eduardo Inda.
Eduardo Inda se ha convertido en el mercenario ideal, capaz de cargar contra cualquier figura pública que moleste a quien sostiene su periódico. Pero, ¿quién paga su periódico? Si el lector busca en la red no encontrará nada, al menos yo no lo he conseguido encontrar, y la publicidad del medio no parece suficiente para sostener todo ese entramado. Conozco una persona, que se mueve cerca del poder, que me dijo dos cosas:

  • A Cristina Cifuentes la llamaban la Señorita del gin tónic cuando comenzó su "carrera".
  • A Inda lo financia un exbanquero, que fue amigo de Juan Carlos, el Borbón, y que pasó por la cárcel. 
No tengo pruebas ni de una cosa ni de la otra, pero esa persona me merece confianza, bastante, al menos cuando se trata de este tipo de informaciones. 
Esto no quiere decir, de ser cierto lo expuesto con anterioridad, que el exbanquero haya filtrado la información. Cualquiera persona cercana a él , que tenga algo pendiente con la expresidenta, puede haberlo hecho, encontrando en el medio de Inda el canal adecuado para apuntillar a la expresidenta del PP madrileño.
Por supuesto, antes de volver al tema de Inda, merece la pena tratar un tercer aspecto: la acumulación de determinado tipo información en ciertas manos, que puede servir para comprar voluntades o para acabar con alguien. 
Es evidente que a Cifuentes, como le ocurrió al Borbón emérito, alguien le tenía ganas y filtró la información pertinente para minar su posición, hasta hacerla insostenible. No se trata de investigaciones judiciales, realizadas por cuerpos policiales, al menos en un principio, Hablamos de hechos dirigidos a restar toda la credibilidad posible. Intuyo que se trata de luchas de clanes dentro del poder. Tal vez el ejemplo de Losantos y la monarquía sirva para ilustrarlo.
Por razones que se me escapan, Losantos y Pedro J. Ramírez comenzaron una campaña para que el monarca Borbón abdicara. Parece obvio que, a largo plazo, lo consiguieron. Pero en ese proceso hubo todo tipo de tratos, presiones y conversaciones para intentar arreglar la situación: 


Lo que en un principio era un ataque visceral, acabó derivando en un continuo fluir de datos contra el jerarca Borbón, que, ¡oh casualidad!, comenzó con una investigación realizada por Eduardo Inda, junto con otro periodista, en la que se sacaban los trapos sucios del yerno del rey. Se rompía el pacto de silencio entre la prensa, toda, y la monarquía. A partir de ese momento aparecen trapos sucios, que consiguen, tras una campaña sistemática, la abdicación del anciano Borbón.
Cuando esto ocurre, Jiménez Losantos, que durante lustros ha pegado fuerte a Juan Carlos, se deshace en elogios a su hijo y sucesor, Felipe. ¿Por qué? No puedo dar una respuesta. ¿Quién decide cuándo comenzar a sacar los trapos sucios y romper el estatus quo? Tampoco lo sé a ciencia cierta, aunque tengo alguna sospecha, que no puedo fundamentar, por lo que no voy a escribir nada al respecto, pero nada parece suceder de forma azarosa. Siempre hay beneficiados y perjudicados, tanto de manera individual como grupal. Y, dato importante, estos ataques no se hacen contra instituciones para realizar cambios bruscos en la forma de vertebrar o estructurar el país. Al contrario, se pretende que todo siga igual, pero cambiando los rostros. El ascenso de Ciudadanos, con el apoyo de todos o casi todos los grandes medios de comunicación, resulta un ejemplo de ello. Sobra el PP, que se asocia con el inmovilismo, con ciertas ataduras al franquismo, y se crea una franquicia mejorada; con caras jóvenes y atractivas, que, como no han copado poder, no tienen ataduras con el pasado ni cicatrices y pueden prometer lo que sea.
En el fondo, uno piensa que la caída del Borbón, y el ascenso de su hijo, la llegada de Ciudadanos y hasta la disminución del rechazo que en ciertos medios genera Podemos, es una gran jugada para intentar rejuvenecer, sólo de manera estética, un régimen continuista del franquismo, al menos en lo que se refiere a las élites económicas (con algunas nuevas entradas como Florentino, Amancio Ortega, lo que sirve para transmiteiruna imagen de coto abierto a la gente emprendedora y lista). Tal vez, lo de Cifuentes sea sólo un rifirrafe entre sectores de un partido que luchan por el poder. Y, tal vez no sea más que una manifestación menor de un juego mucho más amplio en el que periodista como Pedro J., Anson o Cebrián sí que tienen, o han tenido, voz y voto, pero en el que gente como Escolar sólo son el tonto útil para ocultar la realidad de las cosas.
En el fondo, todo lo escrito con anterioridad demuestra que la finalidad de todos estos escándalos, cambios de rostros y nacimientos y muertes de lĺideres, no es más que una guerra entre unos pocos, que cuando lo desean nos hacen partícipes de una parte de las miserias de unos cuantos de ellos. No se trata de Justicia, sino de ajustes de cuentas y de luchas intestinas por el poder, que nunca compartirán con la ciudadanía. 
Un saludo.