miércoles, 23 de mayo de 2018

AJUSTES DE CUENTAS

"Tengo más respeto hacia un hombre
que me permite conocer donde se encuentra,
incluso si está equivocado,
que a otro que viene como un ángel,
pero resulta ser un demonio".

Malcolm X


Lo ocurrido con Cristina Cifuentes, todo, me parece algo importante, fiel reflejo de lo que ocurre en este país.. No tanto porque una persona, con muchas cosas que ocultar, se haya erigido en adalid de las buenas costumbres y haya acabado atrapada por su inmoralidad, como por el proceso que ha llevado a su defenestración, que se asemeja mucho a lo vivido por otras personas más relevantes.
El lector recordará que el diario digital de Ignacio Escolar, eldiario.es, publicó, dosificando la información, que la expresidenta de la Comunidad de Madrid había obtenido un titulo expedido por una universidad, sin haber hecho nada para merecerlo. A pesar de que las pruebas son abrumadoras, Cifuentes sigue en su cargo. Sin embargo, cuando todo parecía que no iba a llegar a ningún sitio, Okdiario.com, dirigido por Eduardo Inda, ofrece, en primicia, unas imágenes de la política robando en unos grandes almacenes, hace ocho años. Consecuencia: dimisión del cargo de la líder del PP.
Este relato deja varias cuestiones claras, que vamos a analizar, y a engarzar con otras.
En primer lugar, los periódicos son utilizados a voluntad por personas, o grupos de poder, que poseen información que administran como desean, en función de sus intereses.
Algunos medios, como el de Ignacio Escolar, son irrelevantes y, a pesar del autobombo del burgalés, viven de tratar sobre ciertos temas, por lo general distorsionados, que tienen un público fiel, al que le gusta más que confirmen sus creencias que estar informado. De hecho, gran parte del material que venden como investigaciones magníficas resultan pequeñas escaramuzas, tendentes a contentar a sus suscriptores. Me viene a la mente el absurdo despliegue sobre el caso De Gea. A pesar de ello, y  tal vez para alejar sospechas sobre la procedencia de la ifnormación, esta vez sí le dieron algo jugoso a Escolar, que fue incapaz de conseguir algo más allá de la plena denuncia del fraude.Sin embargo, cuando los que estaban detrás de la campaña tuvieron que dar el golpe definitivo tiraron del que les merece toda su confianza: Eduardo Inda.
Eduardo Inda se ha convertido en el mercenario ideal, capaz de cargar contra cualquier figura pública que moleste a quien sostiene su periódico. Pero, ¿quién paga su periódico? Si el lector busca en la red no encontrará nada, al menos yo no lo he conseguido encontrar, y la publicidad del medio no parece suficiente para sostener todo ese entramado. Conozco una persona, que se mueve cerca del poder, que me dijo dos cosas:

  • A Cristina Cifuentes la llamaban la Señorita del gin tónic cuando comenzó su "carrera".
  • A Inda lo financia un exbanquero, que fue amigo de Juan Carlos, el Borbón, y que pasó por la cárcel. 
No tengo pruebas ni de una cosa ni de la otra, pero esa persona me merece confianza, bastante, al menos cuando se trata de este tipo de informaciones. 
Esto no quiere decir, de ser cierto lo expuesto con anterioridad, que el exbanquero haya filtrado la información. Cualquiera persona cercana a él , que tenga algo pendiente con la expresidenta, puede haberlo hecho, encontrando en el medio de Inda el canal adecuado para apuntillar a la expresidenta del PP madrileño.
Por supuesto, antes de volver al tema de Inda, merece la pena tratar un tercer aspecto: la acumulación de determinado tipo información en ciertas manos, que puede servir para comprar voluntades o para acabar con alguien. 
Es evidente que a Cifuentes, como le ocurrió al Borbón emérito, alguien le tenía ganas y filtró la información pertinente para minar su posición, hasta hacerla insostenible. No se trata de investigaciones judiciales, realizadas por cuerpos policiales, al menos en un principio, Hablamos de hechos dirigidos a restar toda la credibilidad posible. Intuyo que se trata de luchas de clanes dentro del poder. Tal vez el ejemplo de Losantos y la monarquía sirva para ilustrarlo.
Por razones que se me escapan, Losantos y Pedro J. Ramírez comenzaron una campaña para que el monarca Borbón abdicara. Parece obvio que, a largo plazo, lo consiguieron. Pero en ese proceso hubo todo tipo de tratos, presiones y conversaciones para intentar arreglar la situación: 


Lo que en un principio era un ataque visceral, acabó derivando en un continuo fluir de datos contra el jerarca Borbón, que, ¡oh casualidad!, comenzó con una investigación realizada por Eduardo Inda, junto con otro periodista, en la que se sacaban los trapos sucios del yerno del rey. Se rompía el pacto de silencio entre la prensa, toda, y la monarquía. A partir de ese momento aparecen trapos sucios, que consiguen, tras una campaña sistemática, la abdicación del anciano Borbón.
Cuando esto ocurre, Jiménez Losantos, que durante lustros ha pegado fuerte a Juan Carlos, se deshace en elogios a su hijo y sucesor, Felipe. ¿Por qué? No puedo dar una respuesta. ¿Quién decide cuándo comenzar a sacar los trapos sucios y romper el estatus quo? Tampoco lo sé a ciencia cierta, aunque tengo alguna sospecha, que no puedo fundamentar, por lo que no voy a escribir nada al respecto, pero nada parece suceder de forma azarosa. Siempre hay beneficiados y perjudicados, tanto de manera individual como grupal. Y, dato importante, estos ataques no se hacen contra instituciones para realizar cambios bruscos en la forma de vertebrar o estructurar el país. Al contrario, se pretende que todo siga igual, pero cambiando los rostros. El ascenso de Ciudadanos, con el apoyo de todos o casi todos los grandes medios de comunicación, resulta un ejemplo de ello. Sobra el PP, que se asocia con el inmovilismo, con ciertas ataduras al franquismo, y se crea una franquicia mejorada; con caras jóvenes y atractivas, que, como no han copado poder, no tienen ataduras con el pasado ni cicatrices y pueden prometer lo que sea.
En el fondo, uno piensa que la caída del Borbón, y el ascenso de su hijo, la llegada de Ciudadanos y hasta la disminución del rechazo que en ciertos medios genera Podemos, es una gran jugada para intentar rejuvenecer, sólo de manera estética, un régimen continuista del franquismo, al menos en lo que se refiere a las élites económicas (con algunas nuevas entradas como Florentino, Amancio Ortega, lo que sirve para transmiteiruna imagen de coto abierto a la gente emprendedora y lista). Tal vez, lo de Cifuentes sea sólo un rifirrafe entre sectores de un partido que luchan por el poder. Y, tal vez no sea más que una manifestación menor de un juego mucho más amplio en el que periodista como Pedro J., Anson o Cebrián sí que tienen, o han tenido, voz y voto, pero en el que gente como Escolar sólo son el tonto útil para ocultar la realidad de las cosas.
En el fondo, todo lo escrito con anterioridad demuestra que la finalidad de todos estos escándalos, cambios de rostros y nacimientos y muertes de lĺideres, no es más que una guerra entre unos pocos, que cuando lo desean nos hacen partícipes de una parte de las miserias de unos cuantos de ellos. No se trata de Justicia, sino de ajustes de cuentas y de luchas intestinas por el poder, que nunca compartirán con la ciudadanía. 
Un saludo.

domingo, 20 de mayo de 2018

DIARIO DE UN MAESTRO GRUÑÓN (20-5-2018)

El otro día, querido diario, hablaba con una amiga que se dedica a la abogacía y los dos coincidíamos en la visión absurda que tiene mucha gente del Sistema Judicial, en el que no se defiende la verdad, sino ganar, navegando entre unas leyes que resultan imperfectas en determinados casos. Esa misma perspectiva deformada de la realidad la tienen quienes defienden que el sistema educativo debe servir para que todas las personas que por el pasan se conviertan en lo que unos teóricos quieren que sean. 
Estoy leyendo lo que he escrito y me he dado cuenta de que la que quiero expresar no ha quedado claro. Lo siento, querido diario, Voy a intentar explicarme mejor con un par de ejemplos.
Existen personas, colectivos, que consideran que el sistema educativo debe fabricar al trabajador perfecto, al ser humano sin tacha y lleno de virtudes o cualquier otra cosa que se pueda imaginar. Conciben la Educación como una cadena de montaje donde se ensamblan mentalidades, virtudes y hábitos a todas y cada una de las personas que por el pasan... sin tener en cuenta sus circunstancias, sus necesidades y, sobre todo, la gran cantidad de variables que influyen en todos y cada uno de los seres humanos y la importancia de ellas, mucho más en edades tempranas.
Los neoliberales quieren trabajadores eficientes, creativos, emprendedores, que se adapten a todas las circunstancias y, a ser posible, que se conformen con las migajas que el capital les da.
Los teóricos del buen rollo desean que la Escuela fabrique adultos buenos (flower power), creativos (como los neoliberales), respetuosos con las leyes (como los neoliberales en lo que respecta a las leyes del capital) , que no sufran y otra sarta de cuestiones muy ideales, que se asemejan a las de los católicos, pero sin dios.
Unos, otros y los de más allá lo que pretenden es crear robots, no construir personas, que, se haga lo que se haga, seguirán siendo imperfectas, porque todos somos imperfectos por varios motivos: por nuestra genética, por nuestras influencias externas y por un tercer punto muy importante: porque lo que me puede parecer correcto a mí y otras personas, a otra gente le puede parecer algo absurdo e incluso malo. Lo que demuestra que, quitando unos pocos valores, por ejemplo los que se recogen en la Declaración de Derechos Humanos, el resto de ocurrencias sólo son eso, ocurrencias y deberían desaparecer del sistema educativo, al menos de los primeros años del mismo.
Además, estos tipos que quieren insertar a sangre y fuego su ideología, que consideran que la  Educación lo puede cambiar todo, son tan torpes que no han aprendido de la experiencia y no tienen la habilidad de ver que ningún régimen político, por muy dictatorial que haya sido, ha conseguido que todos los individuos pensasen igual, a pesar de tener un sistema educativo creado para adoctrinar.
Tal vez, si todos estos teóricos del absurdo se pasasen por un aula, podrían ver que la realidad dista mucho de ese paraíso idílico que pretenden crear. Niños brillantes, junto a otros que podrían serlo, pero por circunstancias ajenas a ellos no lo son (por ejemplo a causa de unos padres, no necesariamente de bajo nivel socioeconomico, que no se preocupan de sus hijos). También verán niños ni brillantes ni torpes, que juegan a en los recreos y se lo pasan bien con sus amigos o, de vez cuando, se pegan entre ellos. y que son la mayoría. Descubrirían que existen niños con dificultades por causas varias (dislexia o discapacidad cognitiva por ejemplo). Incluso descubrirán algún caso sangrante, de esos que todos los docentes conocemos y no salen en los medios. Descubrián, ¡en fin!, un amplio abanico de situaciones, unas fantásticas y otros preocupantes, a los que se intenta dar respuesta desde el sistema educativo, con mejor o peor fortuna, Niños y adolescentes a los que  los teóricos de la perfección no conocen ni tienen en cuenta. Niños y adolescentes, que como el resto de personas, tienen sus problemas, sus fallos y, por qué no decirlo, sus virtudes, como el resto de seres humanos.. 
Tal vez, querido diario, el resumen de todo esto sea que los docentes, con nuestras virtudes y nuestros fallos, formamos personas, que también tienen sus cosas buenas y sus cosas malas. Formamos personas para que todos tengan, al menos en teoría, las mismas posibilidades de enfrentarse al mundo cuando sean adultos. Ésta es nuestra verdadera misión, no formar trabajadores o hermanitas de la caridad.
Resulta muy probable que los medios de comunicación contribuyan sobremanera a extender una imagen distorsionada de lo que es el sistema educativo. Lo impactante, como por ejemplo el acoso escolar, algún suceso turbio por parte de un docente, una agresión de un alumno a un docente... es lo que muestran los medios. Venden una imagen desfigurada del día a día, basada en anécdotas, que en muchos casos no han sido contrastadas y que transmite una imagen pésima de lo que ocurre en las aulas. Carnaza para el público e ingresos en forma de publicidad para los medios.
Echo en falta que los sindicatos que dicen representarnos no aparezcan en los medios hablando sobre los verdaderos problemas del sistema educativo y sobre lo que se hace bien, que se suele olvidar. Sindicatos o asociaciones de docentes que deberían decir a personajes como la Grisso o la Quintana que son unas manipuladoras y unas malas periodistas (en el fondo es la imagen que ellas transmiten en muchas ocasiones del cuerpo docente). Sindicatos o asociaciones que velen por nuestro intereses y, muy importante, por nuestra imagen y nuestra labor (siempre mejorable, como todo en esta vida).
Te voy a contar un secreto, querido diario, a todas esas personas que se fijan en mis vacaciones y no en mi labor, les digo que deberían haber estudiado para maestro, que es muy fácil, pues hasta yo, que no soy muy listo, he conseguido serlo. Merece la pena ver la cara que ponen.
Tal vez, ese sea parte de nuestro error como docentes y como padres: olvidarnos, en ocasiones, de la importancia de formar a las personas para ver lo positivo que han logrado, sin olvidar lo que queda por hacer. Parece pertinente educar a esa gente menuda en algo tan obvio como  que también se debe disfrutar con los logros conseguidos, por muy pequeños que sean. En el fondo, la felicidad tiene algo de eso.
Iba a adentrarme en le asunto de la genética y el contexto y nuestra labor en ese campo intermedio y difuso, pero creo que no hoy no corresponde, debes tener dolor de cabeza, sufrido diario, con tanto largar sobre unos y otros. Lo dejaremos para otro día, porque me parece una reflexión bastante interesante y necesaria para todos los que nos dedicamos a este tinglado de enseñar.

Nos vemos pronto.

miércoles, 16 de mayo de 2018

IDIOTARIO (XCVII)

Aprender una lengua: darse, por primera vez, un beso de tornillo con otra persona.


Autobiografía: conjunto de mentiras escritas por uno mismo, sobre sí mismo.


Deportista limpio: 1. Persona que, tras practicar deporte, se ducha. 2. Deportista que tira a los contenedores adecuados los envases de los productos que ha usado para mejorar su rendimiento.


Electro latino: tipo de música que se basa en repetir una y otra vez la misma música, cambiando las caras de los intérpretes.


Las verdades del barquero: forma objetiva de determinar la belleza de las mujeres, mediante la exención o no, en función de la hermosura de las féminas, del pago por el uso de la barca. Se cree que constituye un antecedente de los actuales concursos de belleza (se cree que algún antecesor de Luis María Anson fue barquero).


Política de empresa: putada segura para el trabajador.


Prensa seria: tipo de prensa en la que los periodistas no ser ríen cuando cuenta las mismas mentiras que los demás. 


Punto limpio: signo de puntuación que no está sucio.


Servicio de Inteligencia: baño para los más listos.

domingo, 13 de mayo de 2018

EL TURISTA DIEZ MILLONES

Hace unos días, visitando un Parque Nacional que tengo muy cerca de mi casa, viajaba en un autobús que me permitía acceder a uno de los lugares de dicho parque. Un fulano, que no era del lugar, apostaba por cobrar una entrada simbólica, cinco euros, para poder acceder al Parque Natural y contribuir a su conservación. Uno, que ya está un poco cansado de visionarios e imbéciles varios, intervino en la conversación que el recaudador frustrado mantenía con el conductor del microbús en el que viajábamos, para recordar al émulo de Cristóbal Montoro, que yo, y casi seguro que él también, ya contribuimos con nuestros impuestos a que ese magnífico lugar se conserve en perfecto estado.
El hombre no se dio por aludido, pero su mujer sí y le hizo ver que alguien no estaba de acuerdo son su soflama de turista defensor de los sagrados y naturales sitios. El tipo salió como pudo del asunto y yo salí bastante cabreado, aunque se me pasó tras un minutos de insultos varios, eso sí, en voz baja.
Cuando perdí mi ofuscación entre alcornoques y el olor del cantueso y la jara, comprendí que el asunto daba para una entrada et, voila!



Creo que el sentir del sujeto que abogaba por una tasa para acceder a un lugar público no se trata de algo ajeno a otras muchas persona, que, por un extraño proceso mental, han llegado a la conclusión de que quienes pagan una pequeña cantidad van a ser más respetuosos que quienes acceden a los lugares de manera gratuita. O, en otras palabras, si tienes dinero mostrarás más respeto hacia las cosas que si no lo tienes. Una visión del triunfo y de éxito (aunque el éxito sea trabajar como una mula para poder viajar una o dos veces al año, renunciando a vivir cinco o seis días a la semana, en lo que se vive para trabajar) traslada a un producto de consumo: viajar. Un producto de consumo que, además, sirve para dar estatus. Existe un número apreciable de personas cuya mayor preocupación cuando visita un lugar es desenfundar su móvil y disparar a quemarropa fotografías de todo, con selfies incluidos, aunque no se sepa que coño se fotografía. Da igual un cuadro de Tiziano, que la restauración del Cristo de Borja. Todo suma para fardar ante las amistades a la vuelta del periplo vacacional.
Antes de continuar me gustaría aclarar que no intento de intelectual ni de tipo elitista que sabe de todo o que sabe mirar las cosas como nadie cuando va a un lugar. No, nada de eso. Lo que intento transmitir es que el turismo se ha convertido en otro objeto de consumo, de ese consumo de usar y tirar, donde lo que importa es lo que se posee, no como se usa.  En el caso del viaje lo importante es el relato, apoyado por las fotos realizadas en un móvil de última generación, de la gran cantidad de sitios visitados, en muchos casos a uña de caballo.





Como consecuencia de lo expuesto en el párrafo anterior, también hay una necesidad, por parte de ciertas personas, de exhibir la capacidad económica, la capacidad para ser "distinto" a los demás, cuando en realidad está mostrando su incapacidad para comprender que no por pagar por ver lo que es de todos se van a conservar mejor las cosas. Esa idea de pagar por todo, neoliberal hasta la médula, lo único que denota es que quien la defiende consume turismo, no realiza turismo por el mero hecho de salir, ver, conocer, sino por transitar, por narrar que él estuvo allí. Pagar por algo no te va a hacer disfrutar más de ello, sólo te va a aligerar el bolsillo, consiguiendo, casi seguro, que parte de ese dinero vaya a los propietarios de una empresa privada que gestionara ese acceso. Te hará más pobre y a unos pocos, a los de siempre, un poco más rico.
También existen otros individuos que confunden la masificación turística, en especial de ciertos lugares naturales de especial belleza, que implica una necesaria regulación del acceso para su preservación, con pagar por acceder. No es necesario que por acceder a una playa o a un camino de montaña de manera regulada y con cita previa, se deba pagar. Sólo se trata de preservar esas zonas, no de hacer negocio con quien va a ver el patrimonio natural, que lo es de todos los habitantes del planeta y, por ello, se debe preservar, no privatizar.
Aquí volvemos a lo tratado con anterioridad: si la gente paga debe molar mucho. Pues sí, pero también existen otros mil rincones, mucho menos transitados y sin pago por acceder, que resultan, al menos, tan fascinantes como los de pago. Pero, con el esnobismo turístico hemos topado y con la mentalidad de que nos pueden hacer pagar por todo. Así nos va.




Cuestión aparte es la de la masificación del turismo, en especial en los meses estivales, en algún otro período vacacional y en puentes (esos que iba a quitar Rajoy para que produjésemos más, como defendían los imbéci... digo los expertos economistas). Como he repetido varias veces en esta entrada, viajar se ha convertido en un producto más de consumo y, además, en un derecho de todos los ciudadanos. Estos dos aspectos conllevan que todos nos movamos por cualquier lugar y muchos por aquellos lugares más publicitados (la publicidad forma parte de las estrategias consumistas), pudiendo llegar a saturar ciertos, muchos, lugares. Por supuesto esto genera incomodidad, tanto a los lugareños como a algunos visitantes, a los que nos les gusta las colas, los apretones...
Los movimientos que han surgido en los últimos tiempos abogan por un control de este turismo, pero, como ya dije en una entrada anterior, este movimiento (moderno según ellos, aunque basado en ideas antiguas de "revolucionarios" como Jiménez Losantos) pretende limitar este flujo. Es obvio que esas medidas nos van a afectar a usted y a mí, querido lector, que no disponemos de los recursos suficientes para viajar cuando nos salga de ahí y alojarnos en sitios de alto nivel, contra los que parece nada tienen los puritanos antiturismo. Pero, eso es otra cuestión.
Tal vez, la historia de profundidad sea determinar para qué coño nos movemos de un lugar a otro y si merece la pena pasarnos nuestras vacaciones haciendo colas para ver un museo, una iglesia o catedral (por la que tienes que pagar entrada, aunque se haya restaurado con dinero público, de todos) o para...
Tal vez el truco sea cambiar "yo he estado", por "me impresionó tal o cual cosa y me detuve diez, veinte minutos ante ella".
Un saludo.

miércoles, 9 de mayo de 2018

IDEOLOGÍA

"Intento comprender la verdad,
aunque eso comprometa mi ideología"

Graham Greene

Que todas y cada una de las normas sociales son arbitrarias no se le escapa a nadie. En su libro "Sapiens. De animales a dioses", Yuval Noah Harari defiende que lo que en realidad diferencia a los sapiens de otros animales es la capacidad de crear ficciones, como las normas sociales, las patrias, las religiones o las ideologías económicas, bajo cuyo paraguas los humanos hemos podido crear las sociedades complejas que conocemos.
Esta teoría me parece elegante y bastante plausible, pues, desde mi punto de vista, explica que fue la utilidad del lenguaje oral y del simbolismo lo que en realidad nos diferencia de los demás animales y lo que ha contribuido, de manera decisiva, a formar las sociedades complejas que conocemos.
A pesar de lo arbitrario de las normas, bajo ellas debería subyacer una lógica, arbitraria también, pero que nos debe ayudar a plantearnos situaciones similares a las conocidas o, en determinados casos, nuevas por completo.
Un ejemplo, tal vez un poco chusco, puede aclarar, si resultara necesario, lo dicho con anterioridad.
Imaginemos que somos padres y uno de nuestros hijos pasa por esa etapa en la que quiere conseguir objetos de otros niños con métodos no muy apropiados, pegando. Parece obvio que cuando tengamos que actuar ante una situación como la expuesta vamos a actuar de forma muy similar tanto si nuestro descendiente pega una torta a otro niño, como si pega una patada. 
Resulta obvio, que en este tipo de casos el patrón de actuación nuestro será muy similar. Pero, ¿qué ocurre cuando no se trata de hechos tan obvios y la ideología impregna la forma de abordar el asunto? 
Para tratar el asunto lo mejor será exponer algunas situaciones reales, que nos ayudarán a enfocar el asunto.
A las lectoras no le hará falta imaginárselo, pero a los lectores sí. Imaginen los lectores hombres que son mujeres. Piensen unos y otras que les ha parado la Policía o la Guardia Civil y piensan que ustedes no son gente de fiar y proceden a su registro. Imagino que todo el mundo habrá pensado que lo apropiado es que el cacheo lo haga una mujer. ¿Por qué? No hace que lo responda. Todo el mundo da por hecho la respuesta. ¿Seguro? ¿Qué diferencia existe entre que una mujer policía lesbiana registre a una mujer heterosexual y un hombre policía heterosexual registre a una mujer heterosexual? A partir de aquí hagan todas las combinaciones que quieran con hombres heterosexuales y homosexuales y mujeres heterosexuales y homosexuales. Porque, ni en los cuerpos policiales ni en los cacheos se pregunta por la tendencia sexual de nadie (está prohibido por la ley, por suerte).
Demos otra vuelta más al asunto. ¿Por qué a mí me parece normal que una mujer médico me haga un tacto rectal, siendo yo heterosexual, o a una mujer heterosexual no le importa que un ginecólogo le explore los pechos? En el fondo el policía y el médico son profesionales (y el guardia civil además lleva unos guantes  gruesos y rígidos diseñados para evitar heridas de arma blanca) y unos y otros han sido preparados para hacer su trabajo.
Veamos otro caso real y bastante menos anecdótico.
En muchos casos, cuando existen personas que defienden la pena de muerte o la prisión permanente, utilizan el sufrimiento de los familiares muertos como ariete para intentar imponer sus ideales. Uno puede solidarizarse con esas personas que sufren por los suyos. De igual manera, todos los que hablan del sufrimiento de los padres se podrían solidarizar con esa madre que recorre una vez al mes mil kilómetros para ver a su hijo en la cárcel;  encerrado allí por cometer crímenes cuando pertenecía a una banda terrorista. Una madre que no tiene porque compartir lo que ha hecho su hijo, pero que olvida eso y sólo ve a un hijo al que ha parido y al que quiere por encima de todas las cosas. La madre tampoco es culpable de lo que ha hecho su hijo. 
¿Por qué el sentimiento de esa madre o padre es más importante que el otras madres? ¿Por qué se pueden cambiar las leyes para satisfacer a unos y no a otros?
En el fondo, los dos ejemplos tiene algo en común: se sustentan en una ideología. Una ideología que recela del policía, pero no del médico, siendo ambos trabajadores públicos. Una ideología mediatizada por el sexo y por una visión del sexo tradicional, donde sólo caben hombres y mujeres (visión defendida incluso por aquellos que se postulan más a la vanguardia del respeto a las personas y a sus distintas opciones sexuales). Una ideología basada en el castigo y no en la reinserción. Una ideología donde el que no piensa como uno merece lo peor.
En resumen, una forma de enjuiciar lo que sucede, que no tiene que ver con aplicar unos principios inquebrantables a todo aquello que acontece alrededor. Una incoherencia en la forma de actuar que se disimula bajo la forma de una idea superior, encaminada siempre al bien absoluto, a pesar de demostrar incoherencias una y otra vez. Eso es la ideología, que, por otra parte, todos tenemos.
El gran éxito de quien domina el cotarro, los poderes económicos, consiste en que la ideología de los ciudadanos se enfoque hacia aspectos insustanciales, generando, además, conflictos entre colectivos de distintas ideología, en torno a esos aspectos insustanciales o anecdóticos, que en nada alteran el orden imperante.
Esta reflexión, que suena a teoría conspiranoica, se sustenta además en otro pilar fundamental: se educa para producir y consumir, no para buscar datos y los principios de causalidad. En el fondo, la forma de interpretar la realidad que impera, propiciada por los medios de masas (cuyos dueños son el poder económico)  y el sistema educativo (encaminado, cada vez más, a producir excelentes operarios sin criterio), busca que nuestra opinión se rija por la inmediatez, la nula necesidad de profundizar en los hechos y el cambio continuo de cuestiones sobre las que centrar nuestra atención, lo que propicia una visión del mundo inconexa y regida por lo urgente (que es lo que nos presentan otros). No interesa la calma, la capacidad de analizar en profundidad, de indagar, de comparar opiniones y formar una opinión más compleja. La visceralidad, basada en la desinformación, resulta más cómoda. Buenos y malos absolutos. Ideología en estado puro, que, por ejemplo, sirvió para que el cardenal Gomá predicara la palabra de Dios y justificase los fusilamientos (asesinatos) de "rojos". Esa ideología que igual sirve para promulgar leyes que juzgan el odio, para castigar como actos de terrorismo hechos de la vida cotidiana o para promulgar leyes que castigan con mayor rigor a los hombres que a las mujeres, por el mero hecho de ser hombres. Esa ideología ciega, basada en el odio.
Contra ello sólo existe una solución: la razón, basada en el conocimiento, no en la percepción ni en lo visceral. Educar para el conocimiento, no para el instante.
El lector podrá pensar que lo que acabo de escribir difiere de lo escrito un poco más arriba, donde hablo de la ideología como algo consustancial a todos nosotros. Nada más lejos de la realidad. La ideología es necesaria, pues es lo que permite que el mundo cambie y lo que nos lleva a mejorar. Considero que la ideología debe servir para vertebrar los grandes movimientos sociales y no utilizarla, y mucho menos de forma exclusiva, para atizar a Inda o a Maruhenda a través de las redes sociales.
Tal vez el uso absurdo e inútil de la ideología haya vaciado a ésta de todo sentido, quedándose en lo meramente retórico. Puede que la ideología de salón de gente bien alimentada y muy consumista sea, para mucha gente, la única revolución que les apetece hacer. Opinar sin datos reales, no sopesar las contradicciones y el "y tú más", a eso ser reduce todo.
Un saludo.

domingo, 6 de mayo de 2018

MONÓLOGO SOBRE INSEGURIDAD

Hace un par de meses explicaban en mi trabajo una serie de actividades que se iban a llevar a cabo y todas tenían que ver con la inseguridad: Curso para defenderse ante la posibilidad de que te toque Arguiñano como compañero de viaje en un vuelo transoceánico y empiece a contar chistes de los suyos, Seminario sobre asertividad para decir a la suegra que ya has comido bastante, tras hacerte repetir tres veces el segundo, Jornadas sobre autodefensa ante la posibilidad de que los Testigos de Jehová se planten a la puerta de tu casa... Y a uno le llamó la atención que esto ocurra, porque nos encontramos en uno de los países más seguros del mundo, si excluimos la existencia de Tele 5.
Las estadísticas confirman que vivimos en uno de los lugares donde el índice de criminalidad es más bajo. De hecho, si excluimos algunos reductos marginales, con gran índice de delincuencia, como las Presidencias de la Comunidad de Madrid, de Valencia o de Andalucía, el país marcha relativamente bien, a pesar de la campaña de cierta compañía de seguridad para que instales en tu casa aparatos que evitarán los robos sí o sí. Una compañía que dice prevenir los robos antes de que se produzcan. ¡Cágate, lorito! Llevo dando vueltas al asunto bastante tiempo y creo saber como funcionan los colegas para prevenir los actos delictivos. Los de la compañía tienen un fichero policial con todos los que se dedican a robar casas y pone un empleado detrás de cada uno de los delincuentes. La función del currito es la de advertir a los ladrones, cuando van a realizar un trabajo, que en la casa de al lado, la que no tiene contratada la seguridad con la susodicha compañía, hay más joyas, más dinero y el perro que vigila es de escayola. Así de sencillo. 
Esa empresa también tiene un anuncio en la que alguien pone una alarma, porque es la única persona que no la tiene en su calle. Tampoco me extrañaría que eso fuese verdad. Si hay gente que a una bebida que se llama Puerto de Indias cuando lo mezcla con tónica le llama gin-tonic, tampoco resulta raro que alguien ponga una alarma porque el resto de la peña lo tiene. 
La verdad, lo miremos como lo miremos, defender lo nuestro si resulta una preocupación para muchos de los ciudadanos de este país. Basta leer los periódicos para entender que cerrar nuestra puerta a quien quiere penetrarla sin nuestro permiso resulta fundamental: "Sergio Ramos falló en el primer gol"; "Semedo no parece un lateral con la calidad suficiente para la defensa del  Barça"; "Godin se lesiona y estará tres semanas de baja"... Porque, y ahora en serio, además de los cuatro o cinco casos puntuales con los que los medios nos bombardean durante semanas, ¿cuántos de nosotros en  nuestra vida tenemos problemas cotidianos  o frecuentes relacionados con la inseguridad? Por favor, absténgase aquellos cuyos familiares ven Sálvame de Luxe o Mujeres y Hombres y Viceversa. Ese tipo de tortura aún no está recogida en el Código Penal, aunque muchos coincidimos en que debiera estarlo. 
En realidad, en nuestra vida ocurren pocos, o muy pocos, hechos que tengan que ver con la inseguridad ciudadana. Si excluimos los comentarios del cuñado en la cena de Nochebuena, las putadas de ese compañero trepa y ese pequeño golpe que das a otro coche, tras lo que, como no te ha visto nadie, te das a la fuga, ¿cuántos actos violentos hemos vivido en nuestra vida? Puede que uno, dos, tres a lo sumo. Por que, seamos honestos, ninguno de los que estamos leyendo esto hemos sido asesinados.Por poner un ejemplo de que, en ocasiones, se sobrevalora eso de la inseguridad ciudadana.
Por si eso fuera poco, si uno se fija en la televisión los delincuentes lo tienen chungo que te cagas. Los avances en la ciencia forense son tales, al menos según las series televisivas, que si un criminal se tira un pedo en le lugar del crimen, existe una máquina capaz de recoger del aire los restos mínimos del cuesco que permanecen en el sitio, obteniendo el ADN del sujeto y el resultado de su última declaración del IRPF. Tal vez por eso los mafiosos comen pasta y nunca se les ve comer legumbres. Son muchos años delinquiendo y se las saben todas.
Intuyo que a esa sensación de inseguridad también contribuyen esas empresas de asesoría y defensa jurídica que se pueden contratar por unos cuantos euros al mes y que son de gran utilidad. Si hay una disputa por un aparcamiento que han visto dos personas a la vez, se llama a los abogados y todo solucionado. Que una gitana te echa mal de ojo por no comprar el romero que te ofrece con la buenaventura, telefonazo a tu asesor jurídico y todo solucionado. A alguien le huelen los alerones en el metro, se tira de móvil y todo solucionado. A no ser, claro, que la otra persona también tenga contratada una empresa de asesoría jurídica (la del romero casi seguro que no), que, entonces te pueden demandar a ti por insinuar, por ejemplo, que el del alerón descuida su higiene, vulnerando su derecho a la imagen y a la falta de higiene. ¡Vamos!, que eso puedo convertirse en un sindiós.
Volviendo al tema. Me parece preocupante la sensación de inseguridad, por lo general fruto de la exageración, de la que los medios tienen mucha culpa. Me viene a la memoria un suceso que ocurrió en mi barrio y que fue tratado por los medios en función de su ideología, como un problema de convivencia y de inseguridad ciudadana.
En mi barrio vive los García. Los García son una familia compuesta por padre, madre e hijo. El padre trabaja más horas que un esclavo en una plantación de algodón de EEUU en el siglo XVIII. La madre tiene trabajos ocasionales: en esta ocasión no trabajas, en ésta tampoco y en ésta, que libra tu marido, sí trabajas para putear y que no coincidáis en casa, pero sólo dos días.
Un día el niño se negó a comerse las lentejas y la madre le dijo que si no se las comía en la comida lo haría en la merienda. A través de la cotilla del bloque los medios de comunicación se enteraron del asunto y los programas de televisión y las tertulias radiofónicas dedicaron horas y horas al asunto. Por allí desfilaron la Grisso con su paquete de macarrones, Ana Rosa Quintana con un negro escribiendo el guión del programa, Ferreras con su pactómetro y otros muchos más comunicadores de radio y televisión. ¡Todo ello porque Miguelín no quería comerse las lentejas! Pero lo más alucinante era el tratamiento del suceso.
Los progres defendían que al niño no se le podía maltratar obligando a la pobre criatura indefensa a comer las lentejas, porque podía crear en él un trauma infantil que arrastraría toda la vida y que le podría conducir a tener comportamientos como los de Maruhenda. Por supuesto, todo ellos supone un claro ejemplo de conflicto social y de abuso de poder por parte de la madre, que, a su vez, estaba traumatizada por la continua ausencia de un padre, que trabaja catorce horas al día para no estar en casa, lo que denota su machismo..
Los de derechas presentaban el suceso como un claro ejemplo de pérdida de autoridad por parte de los padres y como una muestra más de la importancia de la familia tradicional, cuya disgregación genera multitud de problemas sociales, como no ir a misa los domingos, no marcar la casilla de la Iglesia en la Declaración del IRPF, escuchar heavy metal, contribuyendo todo ello al aumento de las enfermedades relacionadas con la visión, pues se ha observado que ha aumentado el número de personas invidentes, fruto de la masturbación juvenil, a la que conduce este tipo de situaciones.
¡Con dos cojones! ¡Una semana de programas especiales por las putas lentejas! Sociólogos, psicólogos, ciminalistas, expertos en medicina deportiva y nutrición,  profesores de yoga, ingenieros de la NASA, taxidermistas, Froilán, el Master de Cifuentes y hasta un primo tercero de la madre discutiendo sobre el asunto, como reflejo de una sociedad al borde del caos, precipitándose hacia la locura y la violencia absoluta.
¡Menos mal que pillaron al presidente de una comunidad autónoma en un caso de corrupción y los macarrones, el negro y el pactómetro se fueron a otro lado!
Aunque todo lo anterior pueda parecer una exageración describe como funcionan los medios de comunicación, cuando no hay noticia cualquier cosa sirve para rellenar espacios y no siempre hay políticos proclamando independencias o presidentes de comunidades autónomas del PP apoyados por Mariano Rajoy.
Todo ello no quiere decir que en este mundo no haya problemas y hechos desagradables. Yo, por ejemplo, temo que Dan Brown publique otro libro o que Santiago Segura haga la enésima parte de Torrente. Sin embargo, procuro vivir sin pensar en este tipo de situaciones o en que me puede pasar alguna otra cosa desagradable. A mí me gusta vivir al día y lleno de ilusión, por eso prefiero pensar que esa vecina tan buena, que vive en el piso de arriba, algún día se fijará en mí y practicaremos sexo día y noche. Todo ello, por supuesto, cuando al entrar en su casa desconecte la alarma de esa compañía de seguridad que hace que a mí ya me hayan robado tres veces y a ella ninguna.

miércoles, 2 de mayo de 2018

PANCARTAS Y POCO MÁS

"Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos para los demás,
que al final nos disfrazamos para nosotros mismos".

François de la Rochefoucaul


Cuando me planteaba el tema de esta entrada dudaba entre el humor y la realidad, que, en ocasiones, también tiene su punto de gracia. Al final, no puedo decir muy bien por qué, tal vez por la cercanía temporal, me incliné por la segunda opción, considerando que un monólogo puede encajar en cualquier momento y, casi casi, en cualquier situación. Por tanto, toca realidad.
Ayer, 1 de mayo, los obreros debimos celebrar nuestro día, pero, por hache o por be, los trabajadores pasamos cada vez más de salir a la calle un día determinado. éste, para celebrar y demandar nuestros derechos (o algo parecido). Intuyo que esto ocurre por una variedad de causas, que van desde las lúdicas al desencanto. No pretendo analizarlas  una a una con detalle una a una, sería imposible y resultaría presuntuoso por mi parte; aunque sí voy a intentar abordar de manera minuciosa una de ellas, la que creo crucial: el desencanto.
Hace ya un tiempo, en 1888, durante la Exposición Universal de Barcelona de 1888, una serie de líderes sindicales de diferentes sectores se reunieron y fundaron un sindicato que abarcaba todas las actividades obreras. Ese sindicato respondía la nombre de Unión General de Trabajadores. Se intentaba con ello unificar las reivindicaciones de todos los trabajadores, pretendiendo ganar fuerza con ello frente a empresarios y el Estado, cuya inclinación hacia el lado de los empresarios era explícita y, manifestándose en ocasiones de manera sangrienta. 
La historia de este sindicato es la de la todo la socialdemocracia: dos tendencias, una más o menos revolucionaria y la otra mucha más afín al poder establecido. Basta como ejemplo la colaboración de la UGT y el PSOE con la dictadura de Miguel Primo de Rivera, o, en sentido contrario, la ocupación pacífica de fincas ocurrida en 1936 impulsada por la Federación Española de Trabajadores de la Tierra, que formaba parte de UGT y que, tal vez, protagonizó el mayor acto revolucionario, y pacífico, de la II República.
Sin embargo, en los tiempos que corren los denominados sindicatos de clase, como la UGT, han perdido su ala revolucionaria, como toda la socialdemocracia, pasando ha convertirse en una parte más del sistema y, por tanto, en un aparato del mismo. Las viejas reivindicaciones de la izquierda se han visto ahogadas en el pactismo a costa de todo y el adocenamiento de la mayoría de los profesionales del sindicalismo. El gran capital y sus voceros nunca pudieron soñar con nada tan perfecto: una oposición que no es tal, cerrando el paso a otras opciones más radicales.
El lector podrá opinar que las aseveraciones del párrafo anterior carecen de fundamento o que no las he fundamentado de manera alguna y tendrán razón. La pérdida masiva de afiliados, el escaso seguimiento de las movilizaciones, casi siempre puntuales, que convocan, la aparición de organizaciones como la de los pensionistas o los logros conseguidos por colectivos donde la representación de los sindicatos de clase es mínima pueden ser indicadores claros e incluso suficientes. La "intesificación" de las protestas prometida para los próximos meses, puede ser otro síntoma, en especial si pensamos que en los últimos años los actos reivindicativos y las huelgas no han pasado de lo simbólico.
Sin embargo, existen también otro indicador importante del lugar donde están situados estos sindicatos de clase y que parece tener poca importancia: la asunción de reivindicaciones que nada tienen que ver con la defensa del derecho de los trabajadores. A uno se le salen los ojos de las órbitas cuando los sindicatos de clase apoyan una manifestación por la liberación de los políticos catalanes encarcelados y cuando observa que son asociaciones feministas las que encabezan manifestaciones del 1 de mayo. Sé que estas dos cosas pueden asombrar al lector, empujándole a pensar que en el alma de este bloguero se halla el espíritu más ultramontano del mundo. Nada más lejos de la realidad. Me explicaré.
A uno le parece bien que cada cual se posicione ante situaciones de la realidad como mejor crea. De hecho puede agruparse con otras personas o enrolarse en una asociación que defienda tal o cual idea. Sin problema y normal... siempre que esas asociaciones sirvan para eso y no para otra cosa. Porque los sindicatos existen para defender los derechos de los trabajadores, no las ideas sobre cuestiones de la realidad. Para eso existen otro tipo de agrupaciones, creadas para esos fines. Y es aquí donde los sindicatos muestran su verdadera faz: la del oportunismo y la de vaciar de contenidos obreros sus actuaciones. Quieren estar a la vanguardia alineándose con movimientos que tienen un cierto prestigio entre unas determinadas élites, llegándose a producir el caso de que pueden tener un número significativos de afiliados a los que se las trae al pairo que tal o cual político catalán esté en la cárcel o que piense que se lo ha buscado o, incluso que se ha leído los cuatro artículos sobre feminismo de este blog y piense que muchos de los postulados que defienden cierto sector del feminismo choca con los datos reales.
Sin embargo, a nadie se le escapa que la actuación de los sindicatos antes, durante y tras la crisis ha dejado mucho que desear. El porcentaje de las rentas del trabajo (lo que nos llevamos los trabajadores), incluso en la época de vacas gordas con Aznar o ZP, ha sido cada vez, mientras que las rentas del capital  han sido cada vez mayores, porcentualmente hablando. Es obvio que los sindicatos no se preocuparon mucho en su momento de deshacer este entuerto y que, a fecha de hoy, parezcan poder enmendar esta situación.
Lo expuesto en los dos últimos párrafos nos lleva a pensar que vaciados de objetivos reales, los sindicatos necesitan llenarse de ideas nuevas, que poco o nada tienen que ver con la defensa real de los derechos de los trabajadores.
Algún lector podrá alegar que los sindicatos se adaptan a los nuevos tiempos, recogiendo las reivindicaciones de ciertos sectores. Tal vez... pero creo que no. Los sindicatos de clase cada vez más van a rebufo de los sindicatos profesionales y de otro tipo de asociaciones, dispuestas a luchar sin cuartel, utilizando la huelga indefinida como arma, consiguiendo en la mayoría de los casos magníficos resultados para los trabajadores que representan. Y no, no necesitan cuestiones transversales.
Es más, el papel de los grandes sindicatos podía, y debería ser, unificar a todos los trabajadores ante reformas laborales como al de ZP o la de Rajoy,  pero incluso en ese aspecto, donde su tamaño podía competir contra un gobierno, se han mostrado pusilánimes y han desistido de defender a sus afiliados.
Se necesitan sindicatos fuertes y sin complejos en la lucha de los derechos de los trabajadores. Se necesitan porque los sindicatos de clase siguen mostrando su validez en muchos conflictos, pero no se necesitan estos engendros, que resultan un pastiche muy interesante para el gran capital.
Tal vez cuando todos estos profesionales del sindicalismo se den cuenta de que no se trata de subirse al carro de lo que está de moda, y sí de hacer lo de siempre: defender el derecho de los trabajadores, sea tarde, porque ya no representen a casi nadie. Si llega ese momento espero que los sindicatos profesionales hayan ocupado su lugar y hayan tenido la inteligencia de unirse entre ellos de manera puntual para abordar cuestiones que nos conciernen a todos los trabajadores.
Un saludo.