martes, 14 de agosto de 2018

HACER, PENSAR...

"Un hombre con una nueva idea
es un loco,
hasta que triunfa".

Mark Twain


Hace un tiempo circularon unas imágenes en las que unos niños sostenían la  divertida idea que defendía que los huevos tienen su origen en el frigorífico. Así, a primera vista, no deja de ser una ocurrencia más de unos niños, pero, salvando el nivel cognitivo, tiene bastante que ver con una manera, bastante común, de interpretar la realidad. Bastan un titular o dos de prensa, cuando no de un programa sensacionalista, para interpretar la realidad.
No, querido lector, no voy a volver a hablar de personajes de la carcundia patria como Losantos, Ignacio Escolar (su visión, real o fingida para sacar rédito, de las relaciones hombre/mujer no disgustarían a muchos curas nacionalcatólicos) o demás tropa abominable, que mancilla el nombre de la información. El objetivo de esta entrada, veremos si lo consigo, es algo un poco distinto: hablar de la casi imposibilidad de tener tiempo para realizar actividades desde el principio hasta el final. Actividades que van desde lo material a lo intelectual.
El análisis simplista de los niños, que se basa en lo inmediato, recuerda bastante nuestra forma de actuar y pensar. Si algo tiene un pequeño defecto compramos un objeto similar nuevo y tiramos el viejo. Si quiero hacer tal o cual cosa (desde una comida nueva a arreglar un pequeño problema con el ordenador) mejor compro o pago por ello, en vez de dedicar parte del tiempo a probar, experimentar, a veces equivocarnos y, si sale bien o medianamente bien, sentirnos orgullosos de nuestra pequeña/gran hazaña.
Ese aspecto de intentarlo, de enfrentarse a algo nuevo, de lograr pequeñas/grandes satisfacciones por nuestro trabajo (manual o intelectual) lo estamos perdiendo. Nos estamos convirtiendo, en muchos aspectos, en seres humanos capaces de buscar todo aquello que necesitamos a cambio de dinero, despojando de valor a los objetos que poseemos y a nuestra propia capacidad de cambiar las cosas con nuestro esfuerzo.
Se puede pensar que estamos faltos de tiempo y que resulta mejor dedicar los escasos momentos del día o de la semana que no tenemos obligaciones a descansar... por ejemplo viendo una serie de una cadena norteamericana o jugando al FIFA. Consumiendo algo que nos dan precocinado y que, por hache o por be, se ha puesto de moda.
Cierto que siguen existiendo personas, no pocas, que dedican parte de su tiempo a realizarse con actividades completas, pero la tendencia es la contraria. En una sociedad industrial, que se asienta sobre el consumo de objetos y de ideas simples, no conviene mucho que la gente se arregle sus cosas, haga parte de sus objetos de uso cotidiano o no, indague en profundidad sobre asuntos y formas de pensar distintas (que no tienen que ser acertadas). Se trata de satisfacer lo inmediato, con la mayor facilidad posible. Si te puedo llevar la comida a casa, aunque sea explotando a quien lo hace, mejor que mejor, pues te lo doy todo hecho, sólo falta que te lo comas tú (acto que, por el momento, no pueden hacer por ti).
Alguien podrá alegar que vivimos en una época con poco tiempo para nosotros y mucho para el trabajo remunerado. En determinados casos puede ser, y es, cierto; pero, también existe una cultura del ocio basado en consumir los productos que nos venden como lo mejor de lo mejor.
Por supuesto, no propugno la necesidad de seguir los pasos de Gandhi en aspectos como tejerse la propia ropa. Sin embargo, si creo que existe una deshumanización cuando todo lo que conseguimos lo hacemos a cambio del dinero que nos dan a cambio de vender nuestra fuerza de trabajo, en muchas ocasiones puesta al servicio de actividades repetitivas o en condiciones que socavan la dignidad.
Trabajar, conseguir dinero a cambio de ese trabajo, consumir lo que nos venden como fuente primordial de placer. Trabajar, conseguir dinero a cambio de ese trabajo, consumir lo que nos venden como fuente primordial de placer... Trabajar para consumir lo que nos obligan a producir a cambio de nuestro tiempo. O, mejor dicho: trabajar para consumir la parte del producto que nos obligan a producir. Porque ese es el problema: hemos perdido la perspectiva del proceso global de producción. Somos conocedores de una parte, por lo general ínfima, del objeto que producimos, vendemos...
Tal vez, esto forme parte de la alienación de este capitalismo que se alimenta de nosotros y al que alimentamos nosotros con nuestros hábitos. Lo que sí puedo afirmar es que algo se pierde cuando somos incapaces, por mentalidad, más que por posibilidad real, de producir bienes materiales o intelectuales completos, o lo más completos posibles, por nuestros propios medios. Estamos vendidos a lo que nos quieran ofrecer o a lo que con nuestro ingresos podamos acceder. Y, tal vez, conseguir los mayores ingresos posibles se haya convertido en una forma de realización, porque nos permite acceder a objetos a los que otros no pueden acceder con su dinero. Competir contra el otro, en vez de competir contra uno mismo, pidiendo ayuda si es necesario, para realizar un buen objeto o una actividad intelectual. Competencia contra el otro, contra satisfacción personal por lo logrado por y para uno mismo.
Un saludo.

jueves, 9 de agosto de 2018

COMENTARIOS

Parece que mucha gente no se quiere enterar, y los medios contribuyen con su gusto por sembrar desinformación, que Donald Trump gobierna para sus votantes (ni tan siquiera para todos los estadounidenses). Se trata de un cálculo electoral, que busca conseguir un triunfo en las próximas legislativas y una futura reelección como inquilino de la Casa Blanca. Esta política llega a extremos tales como provocar un enfrentamiento con otro países. Valga como ejemplo el caso de Turquía. En la actualidad EE.UU. y Turquía mantienen un enfrentamiento, siendo un clérigo evangelista el último asunto que ha elevado la tensión, ver aquí. ¿Por qué un clérigo es capaz de provocar esta tensión? Porque, además de que el Vicepresidente de EEUU es evangelista, resulta que los seguidores de esta facción cristiana son los votantes más fieles de Trump, como se puede leer aquí. Pero, ¡ojo!, todos los presidentes han gobernado para los "suyos" (sin olvidar posicionarse siempre a favor de las grandes corporaciones y del capital). Cuestión bien distinta es que los suyos, o sus gestos, nos cayeran mejor o peor.



No echo de menos a esa gente que te apaga incendios desde el sofá de su casa, aunque sólo sea porque eso implica que apenas hemos tenido grandes fuegos en nuestro país. En realidad, esa gente, que siguiendo el discurso oficial (en este caso el de los recortes), sabe de todo me enerva bastante. Por supuesto, muchos de ellos desconocen aspectos como la diferencia entre un bombero forestal, un agente forestal y un peón forestal. Preguntarles por la campaña de incendios o la temporada de quema puede resultar un absurdo. Pero ellos saben que todos los incendios se consiguen detener contratando a más gente. Por desgracia, los grandes fuegos nos seguirán asolando, esperemos que de manera ocasional. El fuego, junto con el calor, el viento, la orografía van a seguir provocando desastres naturales. Y no, no es algo privativo de España. Ejemplos los tenemos en California, Suecia, Grecia... No me gustaría acabar sin mencionar a algunos estúpidos que presentaban el año pasado la colaboración de recursos de otros países en fuegos patrios como una forma de demostrar la falta de medios. Si el lector ha leído el enlace de Suecia comprobará que habían acudido hidroaviones italianos. Pero aquí todo vale para olvidar la labor de los grandes héroes: los tipos que se juegan la vida apagando esos fuegos, en ocasiones por un sueldo miserable.



Me genera sentimientos contradictorios la salida de la cárcel de Santi Potros. Por un lado, ha cumplido su condena, o el máximo que se puede cumplir con la aplicación de las ley. Por otro, parece que el tipo no sólo no se arrepiente, lo cual es una cuestión personal, sino que, si su edad se lo permitiese, parece que volvería a cometer similares atrocidades a las que perpetró en nombre de su patria (la del asesinato por una bandera). Mi visión respecto a este tipo de asuntos creo haberla expuesto en otras ocasiones, pero considero oportuno volver a hacerla pública. 
Creo en la reinserción de las personas. No considero que treinta años de cárcel, pagados por todos, sean mejores que diez o doce, si la persona tiene (comprobada) intención de cambio. No creo en el ensañamiento ni que diez o doce años más de cárcel vayan a reparar lo hecho.  Cuestión diferente me merecen aquellas personas, como Santi Potros, sin ningún atisbo de cambio. Para ellas el cumplimiento integro de las penas se convierte en inexcusable. 
Cuando se habla de cumplimientos de penas se suele invocar a las víctimas. Para empezar no todas piensan iguales (véase a las víctimas del terrorismo de ETA). Para continuar, las víctimas no tienen el don de la infalibilidad y, en muchos casos, se mueven por un sesgo lógico provocado por el dolor. Las víctimas deben recibir todo el apoyo de la sociedad, pero en este aspecto su opinión cuenta como la de cualquier otra persona.



Escucho a determinada gente hablar sobre la juventud y su falta de valores. Puede que tengan razón, pero creo que esta batalla entre generaciones ya aparece en los clásicos como Aristóteles, y seguirá ahí durante milenios. Tal vez más preocupante sea lo que estemos legando nosotros, los adultos, a nuestros jóvenes: consumismo, asunción de pérdidas de derechos de todo tipo como forma de alcanzar bienes materiales, cultura del usar y tirar para tener lo último en tecnología, ropa, uniformidad cultural, basada en lo superficial...
¿De verdad el problema lo tienen sólo nuestros jóvenes?



Sobre el tema de la inmigración tengo tantas dudas, para empezar por qué la gente suele generalizar sobre el asunto, que no me atrevo a dar una opinión. Las personas que tienen una opinión inquebrantable, me da igual en que bando se encuentren, me resultan sospechosas. Las unas por decir una cosa y hacer otra (por ejemplo aprovecharse de los inmigrantes para explotarles, siendo contrarios a la inmigración), las otras por decir una cosa y, en su mayoría, no hacer nada (solidarios de boquilla), interesándose sólo por el asunto en aquellos momentos en los que la prensa se hace eco de casos puntuales. Tal vez, en los unos y los otros reside una perfecta descripción de nuestra sociedad: la capacidad de aceptar que nuestras palabras choquen con nuestros actos, así como que nuestras opiniones no se basen en un análisis del mayor número de variables posibles, sino en criterios asociados a los sentimientos (o a los pseudosentimientos).



Me ha ocurrido por segunda vez y me ha dado que pensar. Comienzas las vacaciones en un momento de finales de julio con poca gente o, al menos, no mucha, en el lugar donde te encuentras. De repente, unos pocos días después, empiezan a aparecer colas interminables para todo, donde antes no las había y te das cuenta que aquello que empezó como una forma de desconectar, se convierte en un eterna espera para conseguir lo más básico. ¿De verdad este estilo de vida sirve para desconectar de la rutina diaria? A mí no, detesto las colas. Al final, el turismo se ha convertido, en parte, en un producto de consumo más, en el que no importa tanto relajarte, desconectar, como contar que has estado aquí o allá; enseñar selfis y fotos, cuantas más mejor, junto a un monumento, que, en muchos casos, el autor del retrato no sabe cuándo ni quién lo construyó y mucho menos el estilo. No intento criticar a quién hace esto, es muy libre de vivir como desee, el objeto de esta reflexión es intentar hacer ver que se ha perdido ese espíritu que considero deberían tener las vacaciones como una forma de desconexión, de relax (que no implica zanganear, sino conocer, no ver, cosas distintas, salir de la rutina y de las hábitos rutinarios).



Lo que más me gusta de la prensa es no leerla de manera habitual.

martes, 7 de agosto de 2018

LA MODERNIDAD (MONÓLOGO)

Vivimos en un mundo donde lo moderno se impone a cada minuto. ¡Qué digo cada minuto! Cada segundo. De hecho, cuando el lector haya terminado de leer estas tres líneas ya se habrán quedado obsoletas y anticuadas como Pajares y Esteso, el Despacito o el Pokémon Go.
Lo nuevo, lo que casi nadie posee se ha convertido en el leitmotiv. Te compras la última tecnología, el último móvil, para luego meterlo en el microondas para recargarlo, porque en una página web te dicen que es lo que se lleva ahora. A ver, intelectual, si te compras un aparato de última tecnología no estaría de más que distinguieses entre un tazón de leche y un teléfono inteligente. Que uno dice: si les venden la Azada 6.0 y les dicen que hacen surcos innovadores, con influencias célticas, también serían capaces de hacer colas de dos días, para ser los primeros en disponer de esa maravillosa tecnología, que les permitirá tener unos geranios modernos que te cagas. 
Luego hay cosas que no, no se pueden consentir. Me contaban unos amigos que alguien había abierto en mi ciudad un negocio cuyo mérito era vender tazones de cereales con leche. Y por ahí no se puede pasar. Vale que la vieja costumbre del café y la copa de Soberano para desayunar que tenían los currito de mi ciudad, antes de coger el bus para ir a la factoría de automoción, hace tres o cuatro décadas, como que no era muy sana, pero, vamos a ver, la bobada  traída de Ámerica, de tomar cereales con miles de kilos de azúcar para parecer guay, es un poco absurda. Póngase el lector en situación. Cadena de montaje, doscientos y pico coches por turno, y un tipo diciendo al encargado: "Mariano, debo ir al baño. La fibra de los Chokoguays está haciendo su efecto". Y así, uno tras otro, durante las dos primeras horas de trabajo. 
Antes no. Antes las cosas eran distintas: "Mariano, sácate la petaca que esta puta tuerca no hay quien la apriete y antes de acabar a hostias con el Seat 127 prefiero darme un trago. ¡Me cago en Dios!". Y ahí iba el Mariano, con el Soberano, para mejorar la producción del trabajador, adaptándose a las necesidades del currito.
Obvia decir que a los meses el negocio de los cereales estaba cerrado. Creo que Mariano se hartó de sustituir a gente que iba a al baño y lo del incendio no fue tan fortuito como dicen los medios de comunicación.
Si se mira, la modernidad es que cierren las tiendas pequeñas y sean sustituidas por franquicias (¡Qué hijo puta!, cuando el dictador bajito, y con voz de pito, dijo que lo dejaba atado y bien atado se refería a esto) o que abrán tiendas bio, que parecen tener fecha de caducidad, pues cierran con la misma velocidad con la que abrieron. Uno ya no va a la tienda del Señor Abundio o a la de la Señora Aniceta. Ahora va a lugares donde lo importante es el producto, siempre fresco (no como el producto que vendía el pescadero de los cómics de Asterix). Pan, siempre fresco, y con masa madre (que te tira una zapatilla teledirigida si comes más pan de la cuenta). Huevos ecológicos de gallinas con las que se firma un contrato para que aporten dichos huevos de forma consentida. Ropa con algodón ecológico recogido por niños de doce años con todo el cariño del mundo. Y zumos de naranja que te puedes exprimir tú mismo, para que no pierdan la vitamina C. Si no la han perdido en su viaje desde Chile, porque el zumo te lo estás haciendo en julio, sería absurdo que lo perdiesen ahora. Todo sano y ecológico; porque antes comían mejor... cuando tenían para comer y no pillaban fiebre de malta, triquinosis... por la falta de higiene y de controles sanitarios. 
De hecho, cuando oigo lo de que antes comían sano me entran ganas de coger a esos defensores de lo original, soltarlos en un pueblo abandonado de Castilla, con un par de cochinos, una azada, que podía ser la 6.0,  pan de salvado para un mes (sin masa madre ni abuela), sin móvil ni Internet y a ver que  hacían.Tengo la impresión que tras 21 días acabarían como los de Aventuras en pelotas: escuálidos, en bolas y preguntándose cómo sobrevivían antes allí tíos pegados a una boina.
En el corazón de la modernidad se ha instalado el selfie. Voy a la playa, selfie. Me pica una medusa, selfie del pie y de la medusa. Le da un infarto a mi padre, selfie con él para demostrar lo mal que lo estoy pasando. Pago en negro la reparación del coche, selfie. Me devuelve dinero Hacienda, selfie, con el número de cuenta a la vista, para que la gente sepa que ya lo han ingresado. 
El selfie ha cambiado nuestras vidas. Antes se enseñaban varias fotos de las vacaciones, entre veintei cuatro  y cien mil, dependiendo del sujeto, pero todas del tirón. Ahora no. Ahora con las redes sociales y los móviles te encuentras fotos de la gente en todo momento y ocasión: selfie comiendo lentejas de primer plato; selfie comiendo pechuga a la plancha de segundo; selfie tomando profiteroles de postre; selfie yendo al baño a evacuar la comida.... Una locura.
Además, seamos honestos, más de la mitad de nosotros no deberíamos publicar nuestros retratos en las redes sociales. ¿Con qué derecho nos creemos para irrumpir en los móviles de otras personas con estos caretos tan horribles y estos cuerpos tan poco estéticos? 
Pero lo peor no es que aparezcan fotos del personal al natural. Mucho más daño se hace cuando aparece el personal, sobre todo las mujeres, poniendo morritos en los retratos. Vamos a ver, no vais a salir más guapas, al contrario y, además, la impresión de que te han pillado nada más sacarse el chupa chus de la boca, no produce buena impresión, porque es bien sabido que el azúcar produce caries y se puede llegar a pensar que pones ese careto porque tienes los dientes más negros que Morgan Freeman y así evitas que se te vean.
Si se miran las redes sociales, en especial Twitter, se comprueba como lo moderno es enfadarse por todo. Si dices que te ha gustado una tarta de manzana estás incitando al consumo de azúcar. Si respondes: ni de coña, porque referirse en femenino en esos términos resulta despectivo para todo el genero. Si dices tres o cuatro resulta discriminatorio para el número. Si dices que alguien es un lince estás contribuyendo a la desaparición de dicho animal por su uso indebido... Y así hasta hartarse. Esa es la pretendida modernidad en la redes sociales, pero, en realidad, a mi me recuerda a esas comadres de pueblo, aburridas tras hacer todas la tareas de la casa, que se dedicaban a despellejar a diestro y a siniestro para matar el tiempo. Al final, la modernidad va a ser la vuelta a los orígenes, gente haciendo lo de siempre (presumir de lo que se tiene y machacar al prójimo) , pero intentándolo disimular bajo la bandera de lo moderno. 
Yo, para no quedarme fuera de contexto, me voy a sacar un selfie con la Azada 6.0 y lo voy a publicar en Istagram para dar envidia al personal. 

jueves, 2 de agosto de 2018

JUANA NO ESTÁ EN MI CASA, PERO EN LA VUESTRA TAMPOCO HA ESTADO NUNCA

"En un mundo de injusticia,
la justicia ha de parecer injusta
por necesidad casi matemática".

Arthur Schnitzler

Al final salió la sentencia, no firme, contra Juana Rivas, por el secuestro de sus hijos y ha sido condenada a cinco años y a la pérdida de seis años de la patria potestad, lo que no significa que no pueda verlos (algunos han publicado esto). Este asunto, que tanto revuelo ha causado, refleja a la perfección todo lo que ocurre en este tipo de asuntos.
Antes de comenzar me gustaría hacer una pregunta: ¿cuántos de los que dicen defender a Juana se han preocupado este tiempo de los hijos de ésta?
Una vez agitada unas cuantas conciencias vamos a empezar leyendo unos extractos de la sentencia:


En la sentencia se habla de varios aspectos básicos:
  • No hay pruebas de que exista violencia contra Juana Rivas. Hecho que ocurrió, una vez, de forma puntual y fue juzgado en 2009. Lo sé, hay gente que opina que la ha maltratado continuamente, porque según su entender, la gente no se rehabilita y alguien que ha sido condenado por maltrato, aunque sea por insultos (sí, querido lector, según la Ley de Violencia de Género puede ser) nunca se rehabilita. El estereotipo y la generalización funcionan. La ignorancia, el desconocimiento de las leyes, la falta de presunción de inocencia también. Los defensores de Juana no creen en la Justicia, creen en lo que ellos dicen. La misma forma de razonar que los neonazis que agreden a gays, personas de otra raza. Ellos dictan quiénes son inocentes y culpables.
  • Juana sabía lo que hacía, lo hizo público. No obró engañada, por nadie. 
  • Los equipos psicosociales del Juzgado no consideran que exista peligro para los niños proveniente de su padre. Aspecto éste que se ajusta, hasta el momento, a la realidad.
  • Los políticos, esa chusma oportunista, han cargado contra alguien no condenado, saltándose todas las normas democráticas del Estado de Derecho. Una ignorante del PSOE ha llegado a hablar de amnistía, cuando esto sólo puede ocurrir si hay sentencia firme, cuestión que sólo se da cuando ya no caben recursos y, en este momento procesal, ambas partes pueden recurrir el auto del juez. 

Resulta curioso que todo el proceso de Juana Rivas comience cuando se quiere separar, por segunda vez, de su pareja, con la que volvió de manera voluntaria y parece que convivió en bastante buena armonía, como aparecen en comentarios de terceras personas en Trypavidsor o cuentan algunos allegados a ella, y aparece una tal Francisca Granadaos que la asesora legalmente (aunque no esté colegiada como abogada, aunque si tenga la titulación en Derecho) y que la anima a denunciar a su marido y, parece ser, poco después a secuestrar a sus hijos.
La tal Paqui Granados, ha sido tan nefanda para Juana Rivas, que hasta su propia defensa utilizaba su influencia para buscar la exculpación de Juana. 


Y uno se pregunta: ¿Cómo una mujer, que desempeña un trabajo pagado con dinero público, que asesora de manera tan desastrosa a otra mujer, puede haber estado al frente de un organismo público?
La respuesta es evidente: porque hay un gran negocio en ese mundo y mucha gente vive muy bien a costa de él. De hecho, parece ser que es la propia Granados la que la anima a denunciar a su expareja, no pudiéndose demostrar nada. 

Siempre podemos encontrar a personas que van de progres, que en el fondo son unos niños pijos (a ésta la iban a premiar con un puesto en el Consejo de RTVE, pero salió rana)  en busca de causas nobles (jamás les veréis en un barrio obrero y, como en el caso de la Pardo de Vera, son clasistas hasta el punto de despotricar de un taxista por querer hablar con ella durante un recorrido) que defiendan la labor de Granados.


http://ctxt.es/es/20170816/Politica/14465/Juana-Rivas-hijos-maltrato-indefension-Cristina-Fallaras.htm

Por supuesto, la prensa ha empezado a cargar contra el juez. Hace poco expliqué en una entrada como se movían todos estos pijos progres (gente clasista y muy conservadora en el fondo) cuando algo no les cuadraba. No dudaban en despotricar contra los funcionarios en cuestión, acusándoles de todos los males, basándose en cuestiones inexactas, cuando no falsas. En la entrada de la que hablo, aquí, pongo un ejemplo. 
Por supuesto, el primero en cargar, fue el hijo de Arsenio Escolar, director de periódico por la gracia de sus contactos y no por haber terminado la carrera de periodismo, que empezó a hablar de una opinión del juez. El colega, Nachete, ya no se corta en reconocer que quien no tenga la misma opinión que él merece lo peor. Tal vez desconozca que existe cosas como la Declaración Universal de los Derechos Humanos o la Constitución que hablan de una cosa que se llama libertad de expresión.
Lo que el hijo de Arsenio insinuaba era que el juez había prevaricado, un paso más en la campaña de desprestigio. La tropa fiel ardía en las redes al respecto. Y uno, que se dedicó a intercambiar pareceres con una persona de esa tropa, le dijo que si tenía pruebas de eso, y si quería ayudar a Juana, que lo que debería hacer era presentarse y denunciarlo (cosa que tampoco hizo el abogado defensor, curioso, y que a nadie parece sorprender si tan claro era). Por supuesto no hubo respuesta. 
Luego leí al periodista Toño Fraguas, casualmente hijo de otro famoso, Forges, despotricar contra una sentencia, que no había tenido tiempo de leer, hablando de justicia patriarcal y a uno le vino a la mente esa gran cantidad de gente que tiene carreras universitarias y tienen muchas dificultades para hacerse un hueco, si lo consiguen, para hacerse un hueco en su profesión. Eso se llama igualdad de oportunidades y vale igual para hombres y para mujeres.
Pero lo mejor vino cuando otro periodista progre colgó en Twitter que la sentencia estaba hecha de manera previa, porque el juez había tomado la decisión de la condena ese mismo día. Merece la pena leer el cachondeo generalizado de jueces y magistrados ante el argumento del colega. Torpe por no informarse, torpe por demostrar su torpeza.
Dejo aquí el tuit por sí alguien quiere leer las respuestas.


En todo este meollo faltaba el períodico neoliberal progresista, El País, que acusaba al juez de hacer un corta y pega y quitar las partes de los párrafos que no se ajustaban a la sentencia. Reconozco que he buscado y no he encontrado esos textos, pero sí que este periódico tiene la costumbre de acusar a jueces de practicar el corta y pega:

https://elpais.com/politica/2017/06/22/actualidad/1498130999_436553.html

Pero, si indagas un poco más, te encuentras que los jueces, como otros muchos profesionales, utilizan esta técnica, modificando los datos pertinentes al caso concreto:


https://delajusticia.com/2017/10/16/sentencias-matrioska-cortar-y-pegar/

Merece la pena leer el enlace anterior y ver que, entre otros, una de las cuestiones que puede facilitar el corta y pega es:

 "Facilitar al Tribunal de apelación o casación la revision de la sentencia, indicándole las fuentes exactas de fundamentación".


Una de las cuestiones que más me llama la atención de estos asuntos es que asociaciones financiadas con dinero público se dedican a denunciar las prácticas de los jueces, acusándoles de todo, pero de ahí no pasan. Si de verdad estuviesen interesados en ayudar a sus defendidos acudirían a donde correspondiese e intentarían que el juez o magistrado fuese cesado o sancionado. Jamás ocurre eso. Sus pruebas se reducen a su percepción, a la perspectiva de género, que es algo así como la verdad revelada del nacionalcatolicismo. Nada. Pero, mientras, las Franciscas Granados de turno siguen llevándoselo crudo.
No me gustaría terminar sin hacer mención al hashtag #juanaestaenmicasa.
Esta frase, que puede leer de manera repetitiva cuando Juana Rivas secuestró a sus hijos, sirvió para "movilizar" desde la redes sociales a mucha gente. Gente que, en su mayoría, con "gestos" como éste ya tienen su dosis de solidaridad. Por supuesto, a la gran mayoría, el 99,99% de los que utilizaron este HT, les importará una mierda lo que le ocurra a Juana dentro de tres meses y les ha importado la misma mierda lo que les ha ocurrido a sus hijos durante este tiempo. Resulta muy fácil manipular a la gente, especialmente si no se molestan en indagar. Necesitan gente fiel a la causa. Soldados obedientes.
No, yo no soy Juana, no creo en Juana, pero los que se rasgaban las vestiduras tampoco lo eran. ¡Hipócritas! 
Un saludo.

martes, 31 de julio de 2018

IDIOTARIO (C)

Crono: cuerpo geométrico divino compuesto por una superficie lateral curva, acabada en un vértice y sustentada sobre una base circular, que en la mitología griega derrocó a su padre Urano y, a su vez, fue depuesto por su hijo Zeus.


Diálogo de sordos: conversación mediante lenguaje de signos.


Jesús Gil y Gil: empresario y político español fallecido en 2004. Su vida fue controvertida, en especial en el aspecto profesional, lo que le llevó a estar varias veces encarcelado por homicidio involuntario, por malversación de fondos públicos, por prevaricación y tal y tal.


Libros sagrados: relatos en los que un ser superior crea las cosas y explica por qué los hombres estamos puteados y, en teoría, cómo dejar de estarlo, por lo general tras la muerte.


Máster: curso de especialización en una materia, generalmente dirigido a estudiantes postuniversitarios. Un máster puede facilitar la integración  y el éxito en la vida laboral, como en el caso del Master of Puppets de Metallica, una de las obras maestras del heavy, o todo lo contrario, como en el caso de Cristina Cifuentes.


Paso del tiempo: momento de la vida en el que las mujeres empiezan a quitarse años.


Periodista de raza: persona que practica el periodismo siendo, al menos, uno de sus progenitores periodista famoso, cuestión que no tiene nada que ver para que lleguen, con celeridad, a lo más alto de la profesión, a pesar de la cantidad de meteduras de pata cometidas. 


Transparencia: todo aquello que los políticos o los periodistas nos cuentan para intentar hacernos olvidar de aquello que no nos quieren contar.



jueves, 26 de julio de 2018

TE ANUNCIO UNA COSA

Desde hace tiempo me llama la atención un anuncio radiofónico en el que un fulano insta a comprar un detector de radáres, para evitar que la Administración, sedienta de recaudar según el anunciante, cruja a los pobrecitos conductores que se saltan los límites de velocidad.
En realidad, intuyo que el invento se limita a almacenar los lugares donde la DGT avisa de que suelen ponerse los radáres, para multar a los conductores que no respetan las normas sobre velocidad que todos hemos estudiado en las autoescuelas, cruzando esos datos con los datos de la posición del vehículo. El aparato en cuestión lo que hace es dar fe de que en ese lugar puede haber un cinemómetro. 
El comentario sobre el anuncio no estaría completo si no hiciese referencia a otro aspecto del mismo, que, en teoría, pretenden utilizar como gancho para su venta: el ahorro que supone la adquisición del artefacto para el conductor. El salvamultas creo recordar que vale casi doscientos euros y, según el encargado de la publicidad, te lo puedes ahorrar evitando con él una sola multa.  
A uno, al que sólo le han puesto una multa una vez en su vida, que por pronto pago se quedo en 50 euros, le chocó esta aseveración y consultó las tablas de sanciones de la DGT.



Intuyendo que el pagador de la presunta multa busque reducir la cuantía de la misma mediante el pronto pago, resulta que, según la tabla, para rentabilizar el aparato, el infractor debería circular, al menos, a 171 km/h por una autovía o, como poco, a 151 km/h en una carretera convencional, donde el límite fuese 100 km/h.
Así, a bote pronto, no parece muy adecuado que alguien anuncie por un medio de comunicación que la gente puede conducir a la velocidad que desee, porque con el aparato que ellos le ofrecen no tendrán problema alguno (desconozco si este maravilloso artilugio también es capaz de localizar los cinemómetros que portan los helicópteros). Tampoco resulta muy elegante que este tipo de publicidad se emita en medios que emiten campañas de la DGT, por las que pagan con el dinero de todos, para evitar precisamente accidentes y muertes por pisar el acelerador más de lo que el reglamento de circulación permite. Y mucho menos es apropiado en un medio que dice luchar contra los accidentes de tráfico.
Voy a hacer un inciso, desviándome un poco del tema, para luego volver a retomarlo, porque lo anterior le  recuerda al que suscribe a las campañas que realizan las administraciones contra el tabaco, cuyo cultivo se subvenciona por la Unión Europea desde hace mucho tiempo, beneficiándose España de ello:



A uno se le escapa como se puede hacer publicidad contra algo y, sotto voce, impulsar su producción, subvencionándola con el dinero de todos (como ya dije en otra ocasión, España es un país que ya contribuye con más dinero a la UE del que recibe).
Volviendo al tema de la publicidad y de sus derivas, parece oportuno hacer un pequeño alto en la publicidad engañosa. Ese tipo de publicidad que encontramos en videntes y sanadores, alguno de ellos muy ecológistas, como éste, y muy peligrosos. Gente que se vende como chamanes que con hierbas u otro tipo de sustancias son capaces de curar todo tipo de dolencias, algunas de ellas muy graves, y que en ocasiones llevan a la muerte del crédulo y poco precavido seguidor:


No me quiero alargar mucho sobre el asunto, porque en este período estival el calor me deshace los sesos, que diría el clásico, y no pretendo que al amable y sufrido lector le ocurra lo mismo, pero aquí dejo estos ejemplos de publicidad que deja bastante que desear, cuando no resulta delictiva. En otra ocasión, con más tiempo, un poco más de fresco y, por qué no decirlo, abordaré el asunto con un poquito más de profundidad. Sirva estos datos como aperitivo y motivo de reflexión sobre como prima lo económico sobre la ética.
Un saludo.


lunes, 23 de julio de 2018

IDIOTARIO (XCIX)

Desastres de la guerra: serie de 82 grabados realizados por el pintor español Franciso de Goya, realizados entre 1810 y 1815, en los que describe de manera descarnada la crueldad de la guerra. Los expertos consideran que el pintor se negó a hacer oídos sordos a los acontecimientos que ocurrían en esos momentos en España.


Divorcio: fracaso de un proyecto vital compartido. Éxito de abogados.


Goma: instrumento utilizado para borrar letras, dibujos y la posibilidad de embarazo.


Memoria histórica: forma de explicar la Historia, por lo general limitada, a todos aquellos que no tienen interés en conocer la Historia real, mucho más compleja e interesante.


Pecado original: pecado nuevo, que aún no ha sido imitado ni copiado, pudiendo tener, incluso, derechos de autor.


Piscina: palabra compuesta por dos: pis: micción y cina: construcción llena de agua, donde algunos realizan la micción.


Posverdad: forma cool y nada random de decir mentira.


Racismo: ideología que sostiene la superioridad de una raza frente a otras, a no ser que los miembros de esas razas inferiores sean multimillonarios.


Viejas glorias: Gloria Gaynor, Gloria Stefan...