martes, 26 de junio de 2018

UN MUNDIAL A MI MANERA

Aparecen muchas mujeres iraníes con el rostro descubierto, siguiendo a su selección en los estadios donde juega su once nacional. Esta visión choca con la realidad del país persa, donde este tipo de manifestaciones resultan impensables. Las teocracias siempre han sostenido que unos dioses imponen unas normas. La vida dictamina que, salvo caso puntuales, las personas quieren disfrutar de la vida o, aunque vean como a su equipo se le anula un gol, que le hubiese proporcionado un valioso empate en la fase de liguilla.



Resulta incontestable que en las selecciones de los países europeos, desde hace tiempo, no existe una uniformidad racial (o como se diga). Jugadores, nacidos en Europa, pero con padres o abuelos de origen africano forman parte de una buen parte de selecciones europeas, en especial aquellas que no provienen del bloque de Este. Sin embargo, en los combinados africanos o asiáticos no sucede que haya una parte de jugadores blancos, como mucho algún seleccionador o ayudante. Tal vez esta radiografía futbolística deje bien a la claras como ha sido la historia del mundo durante los últimos dos siglos.


Una parte significativa de los jugadores que conforman las selecciones de los países de las que proceden los inmigrantes que se juegan la vida en el Mediterráneo juegan, sin problemas de papeles o visados, en países que no acogen a los inmigrantes que se juegan la vida en pateras. Al final todo se trata de un problema económico: quién genera dinero a espuertas tiene las puertas abiertas, quien genera dinero en la economía sumergida (a mayor gloria de algún empresario mafioso) tiene un mar para ahogarse.



Hasta el momento no han hecho acto de presencia los cafres rusos, que bajo la bandera de la ultraderecha, provocaron peleas y disturbios en recientes competiciones. A pesar de la alarma previa generada por los medios de comunicación parece que Putin ha cuidado mucho la imagen del país y ha tomado medidas para que estos fascistas no hagan de las suyas. Desconozco si esto se ha conseguido negociando con ellos o mediante coacción, pero parece claro que es posible controlar, la menos en gran medida, a los neonazis que utilizan el fútbol como excusa para ejercer la violencia.




Escucho a ciertas personas hablar de que este país está desmovilizado e idiotizado debido al Mundial. Siempre me sorprende escuchar hablar de este país, pareciera que se conocen todos los demás países con pelos y señales, para incidir en algo que no le gusta al orador. Parece notorio que un mundial de fútbol, como unas olimpiadas supone un evento tan importante que "paraliza" a una infinidad de habitantes de una buena parte de los países del mundo. Pero, tranquilos, que cuando acabe el mundo lo teóricos de la revolución se pondrán al frente de la masa, ya carente de distracciones, y empezarán el asalto del Palacio de Invierno, para dar todo el poder a los soviets. Aunque, tal vez, haya que esperar al final de las vacaciones, porque los ideólogos es posible que se hayan ido a disfrutar de un merecido descanso.



Tras lo ocurrido en el partido España-Marruecos y en el Irán-Portugal en los últimos minutos se puede explicar parte del éxito de este tipo de eventos. En los dos o tres minutos todo puede cambiar de manera sorprendente, para bien de unos y mal de otros. La sorpresa, el suspense, la tristeza y la alegría repentina, forman parte de este espectáculo, y de otros similares, aportando algo tan poderoso como fugaz a nuestras vidas.






martes, 19 de junio de 2018

DIARIO DE UN MAESTRO GRUÑÓN (18-6-2018)

Acaba el curso, ¡por fin!, y todo el pescado está vendido. Nada que no se haya hecho ya se podrá cambiar de manera significativa. Alguna duda sobre la nota de uno de esos alumnos que caminan entre Pinto y Valdemoro y muchos informes y burocracia, que, al menos, en muchos casos no consume papel de manera absurda, gracias a la informatización de muchos de esos trámites. 
Sin embargo, querido diario, todo lo escrito arriba no implica que no existen cuestiones sobre las que pensar u opinar, y hoy lo voy a hacer sobre los dos extremos de este negocio que nos ocupa, preocupa y mantiene: los telepredicadores educativos y los adeptos al sistema clínico. 
Lo sé, caro diario, todo suena un poco raro y, si me apuras, hasta fuera de época; pero cuando desarrolle lo que tengo que contar, casi seguro que estarás de acuerdo conmigo. Vamos a ello.
Hace unos días leía a un tipo, ingeniero, que impartía su docencia a través de una red social (YouTube, aunque a alguien le suene raro, también es una red social) y criticaba a los docentes por su mala práxis. Este telepredicador, premiado por un banco (creo que el mismo que avala fianzas a implicados en casos de corrupción del Partido Popular), hablaba de lo bien que él hace las cosas y lo mal que lo hacen los demás. Y uno, que es así, aún si dudar que  el tipo en cuestión lo puede hacer bien, desconfía por sistema de los telepredicadores, salvapatrias y demás asadores de manteca, e indagó un poco. Para empezar parece que tiene un público muy determinado, alumnos con un nivel bastante bueno y, sobre todo, con motivación de aprendizaje. ¿Qué es la motivación de aprendizaje? Ganas de aprender con la única finalidad de tener más conocimientos. Sí, querido diario, esos alumnos que aprenden solos (incluso a veces a pesar de los docentes). 
En otras palabras, los alumnos que entren en sus clases grabadas lo hacen de manera voluntaria. Y ese pequeña variable, que parece mentira que se le haya olvidado, resulta crucial. Resulta crucial que en una clase hay que enseñar, o al menos intentarlo,  al que quiere y al que no quiere aprender y aquí, en ocasiones, es donde empieza la problemática; pero a todos nosotros nos pagan porque esos chavales, que jamás visitarán el canal de YouTube del fulano en cuestión, aprendan lo máximo posible. 
Según escribo esto me acuerdo del nieto de Tomás y Valiente, que en una entrega de premios a los alumnos más brillantes, calló a todos los vencedores recordando que el sistema también procura dar las mismas oportunidades a los que no son tan brillantes, a los que tienen una vida familiar compleja, a los que acaban de llegar a este país y no hablan ni papa de español, a aquellos alumnos con plurideficiencias y a aquellos otros que tienen necesidades educativas especiales de cualquier tipo. La vida no sólo está compuesta por triunfadores y por personas cuya motivación de aprendizaje les hace buscar tapar las carencias del sistema, o de ciertos docentes, con aportes externos. 
La mayoría de los alumnos no tienen motivación de aprendizaje, sí de logro (de alguno de los diferentes tipos de motivación de logro); pero también hay chavales que no tienen ningún tipo de motivación, y no sólo porque los docentes seamos malos. Todos los docentes, querido diario, conocemos casos de esos en los que piensas: ¿cómo puede haber padres así? Pero eso, no lo va a contar ningún telepredicador ni ningún pedagogo intelectual, de esos que no pisan un centro educativo ni para supervisar las prácticas de sus alumnos de Magisterio. Y sabes, es posible que algunos no seamos unas joyas de la docencia, pero la gran mayoría intentamos que todos aprendan, y, a veces, eso supone que unos se conformen con adquirir lo trabajado con carácter general, para intentar que otros adquieran lo máximo posible. 
A algún intelectual de la creatividad le puede parecer injusto, pero el sistema educativo debe intentar proporcionar las mismas oportunidades a todos.
Por otra parte, todavía existen compañeros, algunos sorprendentemente jóvenes, que siguen apelando al modelo clínico.Ése que sigue preocupándose por la patología y no por lo próximo que tiene que aprender y, lo que resulta aún más desconcertante: opinan que llegará un momento (que sólo ellos podrán determinar) en el que no podrán aprender más. 
Uno, querido diario, que siempre ha considerado que todas las personas pueden aprender algo, con la excepción de aquellas que sufren algún tipo de demencia, siente cierta irritación cuando escucha esto. Poner etiquetas y justificar un enfoque erróneo (o una falta de actitud) me parece grave. Todo cometemos errores y tenemos mucho que mejorar, pero seguir etiquetando a niños y considerar que no pueden aprender nada supone un paso más allá.
Puede que un alumno no sea capaz de aprender a resolver problemas complejos, debido a una discapacidad cognitiva, pero seguro que se pueden trabajar conceptos relacionados con su vida diaria y su experiencia próxima: dinero, pago con monedas y billetes, vueltas (uso del móvil para calcular las vueltas)...
No todos nuestros alumnos pueden ser ingenieros con canales en YouTube con lecciones magistrales, pero, al menos, sí les podemos ayudar a desenvolverse en su vida diaria, cuidando de no ponerlos etiquetas, que les puedan acompañar toda la vida.
Querido diario, comienzo a sentir la llamada de las vacaciones, y una cierta pereza me empuja a dejar de arreglar el mundo y a pensar en si el bañador del año pasado me estará bien. Dejémoslo aquí, por el momento y ya seguiremos, más adelante, con estos y otros asunto.
Nos vemos pronto.

viernes, 15 de junio de 2018

DE SALÓN

"Nunca odies a tus enemigos,
no te permite juzgarles".

 El Padrino


Hace unos días leía algo muy gracioso en una red social. Una usuaria de la misma colgó un tuit criticando al Vaticano por no hacer nada para acoger a las personas que huyen de sus países y que se encuentran en el Aquarius. Alguien respondió con un enlace en el que se podía leer que lo que decía no era cierto y que, incluso, este caso ha creado roces entre el nuevo Gobierno de Italia y algún cardenal. La respuesta de la que persona que escribió el primer tuit fue la esperada: ¿por qué no les acogen en el Vaticano? Fue la esperada, porque, por supuesto, la tuitera en cuestión ni se había molestado en leer el articulo, en el que ponía que el Papa había mandado a las parroquias del lugar donde fuesen dar acogida a las personas que viajaban en el Aquarius.  Sin embargo, este suceso me hizo pensar, y mucho, sobre lo que subyacía detrás de toda esta visión anticlerical. Y esta entrada va sobre eso.
Para empezar, los que me conocen saben que huyo de cualquier religión o creencia mágica. Respeto a quienes la profesan, pero igual que intento no influir en ellos, agradezco, y exijo, que ellos no intenten venderme a mí sus creencias. Ya me condeno, si fuera el caso, yo solito, aunque pienso que ni unos ni otros vamos a tener un alma inmortal que pueda corroborar mi error.
No creo en ninguna religión porque todas las religiones se basan en lo mismo: legitimar un poder temporal apelando a lo espiritual. En otras palabras: justificar el poder a través de una ficción, aprovechándose de ello  la casta sacerdotal para medrar en este mundo y crear un mundo a su imagen a semejanza. Eso contra lo  que la Razón,en el siglo XVIII, clamaba.
Con lo expuesto en el párrafo anterior no quiero decir que todos los creyentes ni toda las personas que forman parte de la casta sacerdotal sean unos sinvergüenzas o unos aprovechados. Al contrario, existe gente seguidores de una u otra religión, con sus virtudes y sus defectos, que luchan por hacer realidad lo de construir un mundo mejor. Y en eso me diferencio de los anticlericales, por lo general de salón (algunos acaban casándose o  bautizando a sus hijos), creo que en todos los lugares existe gente que si hace honor a esos valores que defienden. Desconozco si, desde un punto de vista porcentual, son muchos o pocos, pero los hay y conozco alguno. En el fondo, esta visión de las cosas vuelve a retrotraer a la Razón: no existen verdades absolutas, ni cuestiones buenas o malas per se. Esa idea de bondad y maldad absolutas, encarnada en ideas o personas, que la Razón intentó enterrar, volvió a reaparecer con el Romanticismo y arraigó con fuerza, hasta la fecha de hoy.
La perspectiva del Romanticismo tiene una gran ventaja sobre la Razón: se apela a los sentimientos y a lo absoluto, no se necesitan datos, ni análisis sobre ellos. Resulta suficiente con decir: esto es bueno, esto es malo. La verdad no tiene importancia; lo trascendental es la idea. Esta visión simplista de los hechos resulta muy conveniente para quien tiene el poder.
Vamos a volver a la Razón y a su lucha por separar la verdad, de lo mágico. Durante los últimos tres siglos, al menos en Occidente, ha existido una lucha entre aquellos que apuestan por la explicación científica de los hechos (con todas sus rectificaciones)  y aquellos que apelan a libros inspirados por dioses para la comprensión de la realidad. Huelga decir que la Ciencia ha ganado la batalla, a pesar de creacionistas y otro tipo de gente de este jaez. Es más, el sistema capitalista no podría haber funcionado sin el desarrollo, en los últimos tiempos acelerado, de la Ciencia. La religión, al menos en Occidente, ha quedado en el ámbito de lo particular, aunque intente seguir teniendo protagonismo, cuestión que consigue colocando a algunos de sus fieles más ortodoxos en gobiernos y entidades económicas relevantes, para hablar de moral, pero seguir engrasando el sistema neoliberal, como el resto de sus compañeros no religiosos.
Por tanto, queda muy bien hablar de la hipocresía del Vaticano, de los cardenales, obispos y todo lo que se quiera, pero su importancia no resulta fundamental para explicar lo que ocurre en muchos casos, y en el de los acogidos en el Aquarius menos. 
Si abandonásemos el Romanticismo y volviésemos a la Razón, deberíamos qué está haciendo Francia, el primer país que bombardeó a Libia (el hecho de que no compraran Gadafi los carísimos cazas Rafale a Francia o de que existieran turbios manejos que ocultar, con Sarkozy implicado, pueden tener algo que ver) con los refugiados. Digo Libia, porque antes de la caída del dictador Gadafi, Libia acogía a muchos de los emigrantes que hoy llegan en pateras (algo más de dos millones de personas eran emigrantes en la Libia de Gadafi, contando con los mismos derechos sociales, que eran los más avanzados de África) y, porque además, la caída de Gadafí llevó a cosas como éstas:

http://www.lavanguardia.com/internacional/20180217/44855501757/la-guerra-y-el-contrabando-dominan-libia-7-anos-despues-de-la-revolucion.html

A pesar de que el dictador avisara, antes de ser asesinado, de lo que podría pasar si le dejaban caer, y que, por desgracia, está ocurriendo. Vaticinaba que ell Mediterráneo iba a ser un autopista de gente huyendo de sus países, en parte por la pujanza de Al Qaeda, que se encuentra instalada en la actualidad, además del ISIS, en Libia y en otros países africanos.

http://www.publico.es/internacional/gadafi-europa-sera-invadida-miles.html

Por supuesto, de las mafias que transportar, en condiciones inhumanas, a los que huyen y de las mafias que esclavizan a personas en Libia, algo impensable hace una década en ese país, no tienen culpa de lo que ocurre. Resulta más moderno culpar al Vaticano, porque es más cómodo y nos evita pensar en lo que está ocurriendo con los cristianos en Egipto (perseguidos y asesinados por los radicales islámicos) o nos permite analizar la cuestión de fondo: ¿por qué huyen? ¿Qué podemos hacer para que no tengan esa necesidad? ¿Qué medidas urgentes debemos exigir a nuestros gobiernos o a organismos como la UE o la ONU, que viven de nuestros impuestos? Pero entiendo que resulta más fácil echar la culpa al lucero del alba y a quien no piensa como tú. Siempre resulta más fácil criticar que proponer. Otra rémora de ese romanticismo de buenos y malos.
De igual forma, si se apelase a la Razón y no al ideal romántico, nos preguntaríamos que están haciendo Gran Bretaña, Francia o EEUU por acoger a los inmigrantes sirios que huyen de la que guerra azuzada por ellos, entre otros. Ya se habló en este blog sobre los correos de Hillary Clinton hablando sobre Siria y seguir avivando la guerra por cuestiones de geoestrategia o la existencia de militares de cuerpos de élite estadounidenses y británicos al lado de las tropas sirias "rebeldes" (como el lector asiduo sabrá en la entrada: Siria, un complejo entramado, podrá encontrar una información bastante amplia sobre el asunto, por lo menos sobre lo que ocurría hace un año y medio). Pero esto no importa, importa más un viejo argentino y sus secuaces, que intentar parar los genocidios que se producen en nuestro alrededor.
Por supuesto, estos románticos no se preguntan por qué descendió el número de inmigrantes que llegaban a nuestro país en la época de ZPpero. Es posible que si en vez de utilizar ese espíritu maniqueo de buenos y malos indagasen sabrían que los convenios económicos con Marruecos y Malí (el país del mundo con mayor tasa de esclavitud) que suscribió su gobierno, sirvió para llenar bolsillos y parar, a veces de manera poco acorde con los Derechos Humanos, la emigración de personas procedentes de países situados en el sur de África. De hecho, cuando el eterno presidente de Malí ganó por enésima vez las "elecciones", uno de los pocos gobiernos en felicitarlo fue el de ZPpero.
Todos estos datos parecen importar poco a mucha gente, que apuesta por el maniqueismo, por el ideal romántico.
Desde hace tiempo considero que el mayor fracaso del sistema educativo español, no conozco los demás, es no formar a personas en los postulados de la Razón. La incapacidad para variar el pensamiento, en función de los datos que, además, se deben buscar, para tener una idea lo más completa de asuntos trascendentales. La distinción entre lo correlativo (lo que ocurre a la vez que otra suceso, pero no lo motiva) y lo causal., se plantea crucial. Así como profundizar en los hechos y, sobre todo, la ausencia de verdades absolutas maniqueas, ancladas a los sentimientos, que impiden ver los matices, a veces fundamentales, para abordar las soluciones a los problemas.
Resulta fácil manipular a alguien que acomoda todas las interpretaciones a sus verdades absolutas. Que tiene enemigos que sirven para acoplarlos a cualquier tragedia. Si yo fuera un tipo del FMI o de FEDEAS estaría encantado de que gente así se postulase como la alternativa., porque esa gente no comprende que la verdadera cuestión reside en el reparto de la riqueza, que es, en lo esencial,  lo que proporciona o quita derechos, provoca guerras, que expulsa a las personas de sus hogares, provoca hambre, que hace emigrar a quienes la sufren y, en fin, provoca que los que viven bien, puedan perder el tiempo echando la culpa a los demás.
Un saludo.

martes, 12 de junio de 2018

PEQUEÑA DESAÑORANZA

Existe un tiempo de nostalgia, a veces, de manera curiosa, activado por una canción nueva de un grupo de "aquellas" épocas. Nostalgia que tengo el convencimiento sólo supone la evidencia del paso de los años y la resistencia que genera este hecho, que, de alguna manera, nos sentimos atrapados en una línea temporal finita. Tal vez, todo gire en torno a esa constancia de la limitación de este argumento, aún incompleto, que es nuestro paso consciente por este planeta. Puede que no echemos de menos los viejos tiempos. Puede que la añoranza se deba a la imposibilidad de tener tanto tiempo por delante como teníamos hace veinte, treinta, o cuarenta años. O, también cabe la posibilidad, de que tenemos tiempo presente vacío y hemos decidido llenarlo, pergeñando un pasado donde lo agradable se sucedía sin tregua posible. 
Porque tengo la firme convicción de que aquello que ocurrió no fue ni mejor ni peor, sólo fue aquello que era pertinente en ese preciso instante. Tocaba construirlo y vivirlo; como ahora toca construir y vivir, con los mismos pros y las mismas contrariedades. Sin embargo, nuestra memoria, muy cuca ella, se esforzó en reconstruir unas vivencias aceptables y hasta, en algún caso, magníficas. Pero, todos sabemos que en esa visión existe una mentira, que sólo conocemos los dueños de esos recuerdos.
Desconozco si el lector ha intentado traer el pasado al presente. Yo lo he hecho hace no mucho y llegué a la firme conclusión de que la distancia resulta la mejor forma de preservar lo bueno que hubo, o que la memoria se empeña en guardar. Huir del presente, rescatando los recuerdos, supone desandar un trayecto complejo, buscando un atajo, que sólo existe en el imaginario de cada cual. Puede que resulte un entretenimiento momentáneo, pero justo ahí, en lo perecedero de la situación, empieza y acaba todo. Desarreglar el presente, pintándolo de ayeres inexistentes, no resulta ni bueno ni malo, sólo un paréntesis en una realidad enraizada en el interior de cada cual. 


La añoranza de tiempos distorsionados puede contribuir, en ocasiones, a bloquear circunstancias presentes. Miedos, expectativas excesivas o irreales, hastío, incluso, en el otro extremo, necesidad de compañía a toda costa, porque nunca se vivió en soledad, contribuyen a no percibir ese pequeño racimo de sucesos pequeños e interesantes de los que está salpicada la vida de cada uno. La vida privada, personal y reconstruida mil veces de cada persona.
Tras leer todo lo que he escrito he llegado a la conclusión de que yo sólo añoro un castillo de antes de ayer, envuelto por la niebla imposible del final de primavera. Tal vez no tenga capacidad para añorar más allá de hace dos días. Tal vez no me interese añorar ninguna otra cosa en este momento. Imagino que mi necesidad vital en este momento se detiene ahí, en un pequeño lugar entre muros y la humedad de quién necesita acogerte en lo más hondo de sí.
Al final, puede que lo que añore sea los planes que quedan por realizar, los lugares que quedan por atrapar en la retina y las formas diferentes de vivir, soñar, querer y amar que se encuentran en los sillares de los lugares construidos entre los fluidos de la saliva que habla, gime y se queja de la lejanía.

jueves, 7 de junio de 2018

...

Existe una forma de racismo encubierta, basada en denominar a personas no por lo que hacen, sino por su procedencia o por su etnia. Resulta muy moderno y apropiado hablar de colectivo gitano, marroquí o africano. Uno, que trabaja y/o trabajado con niños y adolescentes marroquíes, gitanos, algún mechero y con niños y adultos con discapacidades varias, piensa que las personas no se pueden definir por pertenecer a tal o cual etnia, país o religión. Los seres humanos somos nuestros actos, nada más. Hablar de colectivos supone una forma de racismo y xenofobia, envuelta en el buen rollo. ¡Pobrecitos! Están puteados por los blancos malos. O por los cabrones, del mismo color de piel, de la misma religión, de la misma nacionalidad que generan las terribles desigualdades. Y no, no se trata de pobres imbéciles a los que las multinaciones engañan. Se trata de auténticos cabrones que se aprovechan de las multinacionales y de os gobiernos de otros países (igual que las multinacionales y los gobiernos de otros países se aprovechan de ellos, estableciéndose una relación en la que ambos salen beneficiados, a costa de una mayoría explotada) para llevar a cabo sus planes. Porque, querido buenistas, hijos de puta hay en todos los sitios.


Cuanto más leo y escucho en la prensa hablar sobre los temas que conozco, pocos, a presuntos expertos, tengo una mayor conciencia de que existen unas personas que se ganan la vida batiéndose el cobre y otras que ganan la plata mareando la perdiz. ¿A nadie le extraña que todos aquellos que viven de explicar soluciones, cuasi mágicas, a todos los problemas, siempre lo hagan desde la teoría?


Una empresa no había abonado a sus trabajadoras las subida de sueldo acordada en el convenio, porque en dicho convenio figuraba que de este incremento retributivo se beneficiarían los trabajadores, pero no, según la empresa, a las trabajadoras. Los dirigentes de esta empresa me merecen la consideración de sinvergüenzas, por intentar no pagar a sus tres trabajadoras lo que les corresponde. Sin embargo, esta situación, ya subsanada, deja a las claras algo: la estupidez de la vanguardia "revolucionaria". Los desaprensivos se aprovechan de un cúmulo de majaderías que han desviado la atención de lo importante, la explotación, el reparto de la riqueza, a cosas insustanciales, la a o la o al final de la palabra. Sin embargo, este hecho ha mostrado la otra cara de este negocio: una situación que se debería haber sustanciado, se sustanciará, en los tribunales, ha movilizado a secciones femeninas de sindicatos, al Instituto de la Igualdad... sólo ha faltado Jorge Javier Vázquez. Esta cuestión se debe solucionar en los tribunales, basta un abogado, si así lo desean las perjudicadas, el resto, son personas pagadas con nuestro dinero, que tienen que justificar su  magno salario apareciendo de vez en cuando en los medios, siempre indignados. Pero, en el fondo, estos indignados son los que crearon la idea de los trabajadores y las trabajadoras.


Parece que José María Aznar se ofrece para "salvar" al centro-derecha de este país. No me parece preocupante que un tipo que condujo a España al desastre con su política de la especulación urbanística o que vio como la corrupción floreció a su alrededor (ministros y convidados a bodas) se postule para "salvar" España. En el fondo, cada cual tiene su porcentaje de egolatría y el fulano en cuestión siempre andó sobrado. Me preocupa que una parte significativa de la derecha, hace tres o cuatro años (antes de la operación para encumbrar a Ciudadanos), no hubiese dudado en elegir a ese personaje como alternativa. Que alguien que arruinó en lo económico y en lo moral a este país, pudiese volver a gobernarlo, dice mucho de cierta gente.


Leo un cartel, pagado con dinero público, en el colegio en el que trabajo que los juguetes no tienen sexo. En efecto, llevo mucho en Educación y en las clases de Educación Infantil, que es donde suele haber juguetes, niños y niñas juegan con muñecas, con cocinas, las niñas juegan al fútbol en el recreo... O al menos algunos niños y algunas niñas lo hacen. El resto, hacen lo que les da la gana. Alguien puede pensar que hay que obligar a los niños con muñecas, ¿por qué? ¿Por los estereotipos? Recuerdo un par de niños "afeminados", que jugaban siempre con muñecas y querían ser princesas, ¿alguien se cuestiona que esto es un estereotipo y que hay que obligar a esos niños a jugar a fútbol? Seguro que no, pues con los otros niños pasa lo mismo. Si un niño no quiere jugar con muñecas o una niñas sí quiere hacerlo y no le gusta el fútbol, habrá que respetar sus elecciones. De lo contrario estaríamos en un mundo orweliano. Por cierto, esos carteles (llegaron varios), que habrán sido repartidos por toda la provincia, habrán costado una pasta. En mi colegio hay familias que necesitan ayuda para cuestiones básicas.


Los seres humanos somos muy parecidos en las distintas latitudes y en las distintas coordenadas temporales. Sólo han variado las formas de cotillear, linchar a otros y  de relacionarse personas (ahora puedes tener amigos "virtuales"); pero, en el fondo, lo que nos motiva en nuestro interior: amor, odio, envidia, compasión, racismo, respeto/falta de respeto... sigue siendo lo mismo, el envoltorio es lo que varía en los diferentes lugares y en las diferentes épocas. 



lunes, 4 de junio de 2018

TIEMPO DE RECUERDO

Por motivos personales he vuelto a pasar al lado del instituto donde curso la Educación Secundaria, BUP y COU. Lo reconozco estoy en esa edad en la que se puede decir, sin miedo a equivocarse, que soy viejuno. 
Hecho este inciso conviene aclarar que hacía  muchos años, más de veinte, que no pasaba por allí a pie. 
Como ocurre en estos casos todo me parecía mucho más pequeño de lo que mi memoria había tenido a bien recordar. Cuando vi la tapia que delimitaba el recinto me vino a la memoria un test de resistencia que hacíamos en Educación Física, consistente en dar varias vueltas, por fuera, al perímetro del centro educativo. Lo que con catorce años me parecía una proeza y generaba un cansancio indescriptible, hoy apenas constituiría el inicio de una sesión de carrera continua de, al menos, cuarenta y cinco nutos. Sin embargo, en aquella época todo era hercúleo: aprobar, tener novia, los rechazos amorosos...
El edificio, construido sobre un diseño estándar, que igual servía para hacer un centro en Castilla que en Almería, se conservaba con dignidad y con una presencia aceptable. Los años habían pasado por él, como por mí, pero los arreglos que había sufrido le habían mantenido bien parecido.
De repente tuve una idea que me descolocó un poco: si quisiera volver a vivir y trabajar en mi ciudad de origen existía la posibilidad de que hiciera esto último en el mismo instituto donde desempeñé la profesión de alumno.
La perspectiva me descolocó un poco. Volver a mi ciudad de origen ni me agradaba ni me desagradaba. Lo veía como una opción remota, improbable, pero no imposible. Tenía claro que, de retornar a mi lugar de nacimiento, ejercer en ese centro no sería una prioridad, sólo una circunstancia posible. Y cuando analicé esa circunstancia posible pensé sobre el presente de esos profesores, que a mi me parecían tan mayores en aquel entonces, y que, con la visión de hoy, sé que, salvo alguna excepción, no lo eran. Intuyo que los que no estén jubilados estarán en un tris de hacerlo. Imagino que alguno habrá fallecido y que del conjunto de profesores que conformaban el claustro cuando yo estudiaba allí ninguno de ellos seguiría ejerciendo allí y ninguno de ellos sería mi compañero si obtuviese plaza en el centro.
Sin embargo, si volviese, quedaría el gusto por la Historia que Ana, la profe de Historia, me inculcó. Quedaría la necesidad de demostrar a ese profesor de Filosofía democratacristiano que no existen malas personas y, si existieran, no parece muy oportuno decírselo aprovechándose de que se está en un plano de superioridad (por cierto, no copié en ese examen que aprobé, en el que me bajaste nota de manera injusta, porque te caía mal y pensabas que era mala persona).
Sí, si volviese quedaría algo de esos profesores: lo que me enseñaron a ser y a no ser.
De los compañeros sólo queda un lejano y difuso recuerdo. De algunos lo único que tengo son noticias puntuales de su vida: una profesión, un encuentro con algún amigo común. De otros no tengo más que un nombre y un rostro adolescente en el recuerdo. De la gran mayoría no conservo nada de nada. Ni las conversaciones que me parecieron trascendentes en su momento. Ni tan siquiera un sentimiento de indiferencia. Sin embargo, en alguna ocasión me vino al presente Montse, una chica rubia de piel pálida y ojos azules. Me gustó. creo que mucho, a pesar de saber que no tenía ninguna oportunidad con ella. Tenía la impresión de que vivíamos en mundos paralelos y de que su mundo era mucho mejor que el mío. Errores de ese momento de la vida en la que empezamos a ser adultos sin dejar de ejercer de niños.
Mientras escribía esto sopesaba si merecía la pena saber de ella en estos momentos y, de manera automática, aparecía en mí un fuerte rechazo a la idea de ver como he envejecido a través de su rostro. Prefiero recordar ese rostro hermoso e inalcanzable tal como lo conocí.
No pude evitar fijarme en que seguían abiertos los dos bares, uno al lado del otro, donde realizábamos horas extras jugando al mus. Acabo de rememorar que aprendí a jugar al mus en el instituto. Nosotros solíamos ir al Francis, pero, de vez en cuando, frecuentábamos el Zeppelin. Bares de barrio, adaptados a los alumnos o alumnos adaptados a bares de barrio, que se contentaban con el escaso consumo que realizaban unos chavales que llenaban sus mesas, con todo un futuro por delante y que en ese momento lo apostaban todo a que les saliese un par de marranos en el próximo descarte.
Ahí sigue todo: el edificio, los bares, los amores, los libros, los aprobados, los suspensos... Sólo han cambiado los protagonistas y las circunstancias superficiales, pero las historias, con pequeños matices. Seguirán existiendo Montses de las que enamorarse, profesores que motivan, profesores que yerran, alumnos que aprenden a base de fracasos, vidas que están por construir... Y también existirán personas que, muchos años después, traen al presente todo eso y sienten respeto por Ana, la profesora de Historia, recuerdan con cierta nostalgia a Montse y piensan que esa etapa, con sus aciertos y sus fracasos, les ha ayudado a ser quienes son.
Un saludo.