miércoles, 11 de octubre de 2017

LA VIDA Y LA MUERTE (MONÓLOGO)

A mí vivir me parece una buena costumbre. Otra gente, bastante más aburrida, optar por morirse para siempre, lo cual tiene sus ventajas: no aguantas a la suegra, ni al cuñado en Navidad, te la refanfinfla lo que pase en Cataluña y nadie va a vivir de okupa en el lugar donde resides. Sin embargo, como todo en la vida, y en la muerte, existen ciertas desventajas: no te puedes dormir la siesta viendo el Tour por la tele, nunca te sale a devolver la declaración de Hacienda y no puedes leer el libro de Chenoa. 
Tal vez para no sufrir esas desventajas existen religiones que, de una u otra forma, burlan a la muerte. Nosotros estamos influenciados por una de ellas: el Cristianismo. Para los que hayan olvidado los aspectos fundamentales del cristianismo, les diré que un tipo, hijo de Dios, de una paloma y de una Virgen (de todos menos de su padre) vino a este mundo para dar su vida por nosotros, acabando sus días en un cruz. Pero, como toda buena historia que se precie, el finado resucitó a los tres días, para susto y regocijo del personal. Sin embargo, pensando sobre el asunto uno piensa que algo no debió salir muy bien, porque resucitó, se apareció a los colegas un ratito y no se volvió a saber de él. Yo sostengo la teoría de que al ser Mesías novato no hizo bien su trabajo, porque mucha gente dice que es guay, pero pasan de seguir lo que dijo como de comerse un abedul, y el colega dijo: ¡Qué os den! Me piro con el viejo que tengo casa, papeo y Netflix gratis. Y desde entonces lleva sellando el paro cada tres meses, con la esperanza de que no sigan sin llamarle para trabajar de Mesías. 
Existen otras religiones que intentan que los finados no sufran los inconvenientes de estar muertos. A mí la que más me llama la atención es el budismo. En esencia viene a decir que todo depende del Karma, que viene a ser algo así como las consecuencias de lo que haces de manera consciente. Imaginemos que en tu vida te niegas a leer el libro de Chenoa, porque intelectualmente te atrae más la figura de David Bisbal. Obviamente eso tiene una serie de consecuencias: ahorrarte una pasta en el libro, ahorrarte un tiempo precioso y no preguntarte por qué se hace fotografías en la cama a la una de la madrugada totalmente maquillada. Pero, claro, todo tiene una serie de consecuencias y en otra vida te puedes reencarnar en el representante de Chenoa o en su barra de labios, lo que te augura una vida corta. 
Luego existen otras religiones que hablan de torturas y cosas harto desagradables cuando te mueres. La gente cree eso sólo ocurre aquí, pero no, andan muy equivocados.
Por ejemplo en la religión islámica, o parte de ella, hablan de que quién caiga luchando por su religión irá al paraíso con 72 huríes (vírgenes), que, cosa rara siendo vírgenes, estarán de toma pan y moja. Lo que no les han contado a buena parte de los combatientes de ISIS y de Al Qaeda es que los tiempos han cambiado y que el colectivo LGTB ha tomado cartas en el asunto, pidiendo igualdad de trato. Tras mucho porfiar el citado colectivo se ha salido con la suya y a los muertos en combate por la fe les tocarán 36 vírgenes heterosexuales y 36 vírgenes homosexuales. Se sabe que están empezando a llegar las primeras reclamaciones de combatientes muertos por la fe de Alá ante semejante panorama, que, recordemos, es para toda la eternidad. 
Como he dicho el infierno existe en otras religiones, en China, influenciados por el budismo, tienen un infierno para quien se ha portado mal. Pero, a diferencia de aquí, en función de lo que has hecho así te castigan. Si, por ejemplo, tiras comida te ponen encima de una piedra, te estiran y te ponen otra piedra encima para machacarte. O bien, si trabajas para un gobierno y eres un corrupto, tu castigo sería morir quemado dentro de una montaña de fuego. ¡Qué! ¿Cuántas personas se os han ocurrido que podían pasar por allí? Una cuantas, ¿verdad? Es por eso por lo que aquí somos católicos. Si nosotros siguiésemos la religión china, budismo, taoísmo, o lo que fuere, existirían cordilleras enteras de montañas de fuego con nombres comos: la Cordillera de los gerentes del PP, la Cordillera de la familia Pujol o una cordillera donde las montañas echasen fuego como sin ganas, que recibiría el nombre de Cordillera de los ERES. 
Yo, como he dicho, tengo la costumbre de vivir. Igual algún día cambio de costumbre, pero por el momento como que no. Ni tan siquiera me atrae la idea de ser un muerto viviente. Sí esos que se pasan horas, y hasta días, haciendo colas para comprar el iPhone 23 o para ser los primeros en ver la última película de la saga Star Wars, a la que lo mejor que le puede pasar es que tenga un argumento exactamente igual que las tres primeras pelis de la saga, porque si no se acaba convirtiendo en una película de ninjas que han sufrido una mutación nuclear y se dan de leches sin ton ni son, como si de verdad hubiesen sufrido una mutación nuclear o se hubiesen leído el libro de Chenoa.
Tal vez por es, antes de convertirme en un zombi prefiero hacerme seguidor de Enrique Iglesias.
¡Hostias! Perdón. Ahora que lo pienso, tras una buena sesión de escuchar al de los gallitos cuando se va la luz no creo que queden muchas neuronas sanas, si queda alguna. Casi prefiero ser zombi de los del iPhone, que, al menos, no tiene porque generar daños irreparables, a no ser que te explote en la oreja.
Para concluir, que lo mucho desagrada, me gustaría insistir en que me gusta vivir a tope. Vivir cada segundo como si fuera el último. Por eso ahora mismo estoy dudando entre irme a una manifa de indepes catalanes con la bandera de España con el pollo o irme a la sede de Hogar Social con una estelada. Ya os contaré o ya os enteraréis por los medios.
Un saludo.

1 comentario:

Daniel Mendoza dijo...

Hola que tal soy de México y me gustaría representar tu monologo en un evento sobre el día de muertos el cual es una tradición muy importante en mi país
Mi correo es 15100747dmh@gmail.com espero su pronta respuesta
Saludos