miércoles, 27 de febrero de 2013

ORGULLOSO DE SER FUNCIONARIO

En estos tres años largos que llevo garabateando palabras, con mayor o peor fortuna, en blogs, más concretamente en dos blogs, he recibido todo tipo de mensajes: de felicitación, de adhesión, criticos e incluso alguno cuya mayor aportación ha sido algún insulto. Considero que esto forma parte del juego, en especial cuando no se censuran los comentarios de nadie (lo cual no significa que no reciban la contestación que creo merecen). Sin embargo, ayer escribió alguien, más concretamente "anónimo", una reflexión sobre una de las entradas que invitaban a la participación en las manifestaciones del 23 F, que rezaba más o menos lo que sigue: sin conocerte, seguro que vives del dinero público. En realidad, la observación no me indignó, por mucho que quisiera insinuar que los que trabajamos en la administración seamos todos unos parásitos, aunque reconozco que sí me hizo pensar. Fruto de ese instante de pensamiento profundo, no doy para más, nació lo que a continuación, de manera somera, el lector podrá encontrar en esta entrada.
Parece ser que tener un empleo público, ganado en unas oposiciones, para cierta gente supone algún problema moral o de cualquier otra índole, que no alcanzo a comprender. Para evitar que estas personas tengan esos problemas he decidido ilustrar sobre lo que supone vivir del trabajo para una administración y/o vivir del dinero público, que no siempre es lo mismo.

Hola, queridos niños. Hoy voy a explicar la diferencia entre:
trabajar para la administración y vivir de ella.

Como he expuesto anteriormente, yo, y otra mucha gente, trabaja, y trabajamos,  en y para la administración (para los ciudadanos) y a cambio de ese trabajo recibimos un salario, como cualquier otro trabajador. Para conseguir este trabajo necesité aprobar una oposición, cosa que hice sin necesidad de amigos o de carnés de partidos. El lector asiduo conoce que mi labor se centra en hacer que personas con necesidades educativas especiales adquieran aprendizajes, de todo tipo, que facilitan su integración en la sociedad. Como se puede observar todo es muy simple: hago un trabajo y recibo un sueldo mensual por ello. Por supuesto no me avergüenzo de ello, al contrario. Esto que he expuesto es cobrar de la administración a cambio de ofrecer un servicio, un trabajo, que redunda en beneficio de la comunidad a la que pertenezco.
Cuestión bien distinta es recibir dinero de una administración. Veamos por qué.
Una empresa X recibe dinero, subvenciones, de tal o cual administración, lo que, en teoría, permite que se contrate a más personal (lo que no siempre ocurre, como se ha demostrado en la industria del automóvil, una de las que más despidos ha realizado durante 2012). La diferencia entre el funcionario, que realiza un servicio, el maestro, el bombero, el policía, el médico... y la empresa que recibe la subvención consiste en que el funcionario recibe un dinero a cambio de su trabajo, la empresa recibe un dinero para contratar a personas, que necesita de antemano (no las contrata como acto de caridad), y el dinero público, de todos, que recibe ayuda a que aumenten los ingresos, las ganancias de esa empresa, que se ahorra un pastizal por contratar a personas que necesitaban.
Alguien me podrá decir que si no fuera por ese dinero publico que "donamos", las empresas se irían de este país. Posiblemente, en algún caso, sea cierto, pero las pruebas parecen indicar que las empresas que prefieren producir en otros lugares del planeta no tienen ningún problema en cerrar sus puertas y largar a los trabajadores. Por tanto, uno, de manera acertada o no, tiende a pensar que aquella industria que recibe la subvención muchas ganas de clausurar su negocio en nuestro país no tenía. 
Ilustremos con otro ejemplo la diferencia entre vivir del dinero público y cobrar un salario de la administración a cambio de un trabajo.


No cuento nada nuevo si afirmo que una parte significativa de la banca española ha recibido dinero público, de todos, para poder seguir llevando a cabo su labor, sea ésta lo detestable que sea. En este caso, sin temor a equivocarnos, podemos decir que cierta parte de la banca privada vive del dinero público (es más, si no fuera por ese parné ciertas cajas y algún banco habría desaparecido). ¿Se beneficia la sociedad de esta inversión de dinero en la banca? La respuesta no puede ser más evidente: no. Más bien al contrario, estamos sufriendo en nuestras carnes las consecuencias de la incapacidad de ciertos personajes.
Para cerrar este apartado, dirigido a aquellos que no diferencian entre recibir dinero público por realizar un trabajo, y vivir, o sobrevivir, gracias al dinero público, me gustaría citar al programa El Intermedio, que tuvo a bien hacer un listado de todas las subvenciones que benefician a empresas, más concretamente a empresarios que, en algunos casos, pueden sobrevivir gracias a planes renove, no sólo de coches, y sandeces similares, que permiten a pequeños negocios, sería más oportuno decir a sus dueños, sobrevivir, gracias al dinero público.
Imagino que a estas alturas de la fiesta la diferencia entre vivir del dinero público y recibir dinero de las arcas públicas por realizar un trabajo que redunda en la sociedad ha quedado meridianamente clara.


Antes de concluir, recuerdo que prometí no extenderme en demasía, me gustaría, aunque pudiera no venir mucho a cuento, hacer una reflexión.
Personas como las que parecen desdeñar el trabajo de los funcionarios, personal laboral e interinos muestran una extraña predilección por llorar en las esquinas, basándose en los problemas que tienen los emprendedores (nuevo y estúpido nombre que se da a la persona que monta un negocio con el fin de ganar dinero). Si muchos de los docentes, médicos, ATS, policías, trabajadores sociales, auxiliares administrativos, etc. hablasen podían contar historias sobre tenerse que separar de la familia durante semanas, de miles de kilómetros de carretera en un mes, de jefes ineptos, elegidos por tener un carné de partido, de accidentes de tráfico, de... Sin embargo, con la excepción de las familias y los amigos más íntimos nadie conoce nada de eso, ni tiene porque conocerlo. Optar por una u otra profesión suele ser una opción personal y aquél que elige trabajar en ciertas especialidades de la administración, en muchas, sabe lo que hay.  Sin embargo, los voceros de los emprendedores, que realmente responden a los intereses de la gran empresa, aunque digan preocuparse por autónomos y pequeños empresarios, se pasan el día quejándose de las, presuntas, dificultades que tienen. Muchas dificultades, entre las que los más ortodoxos neoliberales suelen olvidar la principal: la falta de crédito. 
Rogaría a todos los botarates que se dedican a loar el coraje de los "emprendedores" por quererse lanzar al ruedo, a pesar de los hándicaps, que dejen de soltar estupideces a través de los micrófonos o de los artículos correspondientes. Dificultades, queridos imbéciles, son las que tienen en España más de 11 de millones de personas, que se encuentran por debajo del umbral de la pobreza.
Dicho ésto, sólo me queda por añadir que me siento orgulloso de ser funcionario y de mi labor.
Un saludo.

2 comentarios:

Marco Montero dijo...

No protestemos tanto, si queremos la vida del funcionario, que supuestamente es la mejor del mundo, pues a opositar, lo que no podemos pedir es algo sin hacer nada, que nos gusta mucho protestar por envidia y cuando tenemos que protestar realmente, como el momento actual en este país nos callamos y no salimos a la calle a reibindicar nuestros derechos pero si estamos para quitarselos al de al lado.
Que conste que no soy funcionario.

http://marcomonterofer.blogspot.com.es/

PACO dijo...

Hola, Marco Montero.
Coincido contigo en lo de que la solución es exigir derechos,más derechos, para todos y no, como cierta gente defiende, quitar derechos para igualarnos todos por abajo.
Un saludo.