miércoles, 15 de marzo de 2017

ENTRADA DE URGENCIA

Me preocupa que una buena parte de este país, la más sensata, tenga como un héroe a un tipo que dice cosas que se caen por su propio peso, como el juez Calatayud. Me preocupa, no porque muchas de las cosas que defienda sean disparatadas, al contrario, me preocupa, porque hemos llegado a tal nivel de estupidez y esnobismo que alguien que hable con coherencia deba ser elevado a los altares. Tal vez, sólo tal vez, todo se deba a dos cosas: existen un montón de zotes con carrera universitaria y Twitter y, en segundo lugar, entre cierta gente se ha establecido una carrera sin fin por aparentar ser muy enrollado y partidario de vete tú a saber qué.


Parece que no suena muy bien, al menos entre cierta gente,  eso de que un niño lo pase mal por no conseguir siempre lo que quiere. Eso, que se llama tolerancia a la frustración, se está convirtiendo en uno de los males de nuestra época. Resulta más fácil comprar a los churumbeles que educarlos y, aún más fácil, culpar a los demás de aquello que ciertos padres no son capaces de hacerlo. Yo también quería ser rubio, alto, guapo, tener ojos azules y mucho dinero, pero, de todo ello, lo único que tengo son ojos, y ni tan siquiera son azules. La vida no siempre resulta ser como queremos, pero, no por ello debemos refugiarnos bajo las faldas de mamá. 


La campaña de Hazte Oír ha conseguido lo que se proponía: que se hable de ellos. Con unos recursos no muy grandes, buscando a un público objetivo al que provocar han obtenido una notoriedad significativa. Desconozco quiénes son esos tipos de Hazte Oír (aunque la extrema derecha, los ultracatólicos o gente de esa calaña no tienen que ser ajenos a la asociación), ni de dónde sacan el patrocinio para la campaña (aunque este aspecto me parece más significativo y aclaratorio), pero, parece claro, que detrás existe una planificación magnífica. En el fondo, todos se basa en lo siguiente: una minoría insignificante del país, con dinero detrás, provoca a una gente que no entiende: que siempre habrá gente que tenga un pensamiento conservador, que sus insultos van a afianzar, y que esos insultos o menosprecios solo sirven para dar más bombo a unos pocos, que de otra manera no conocería ni dios, nunca mejor dicho.


Por si alguien no se ha dado cuenta de lo que está ocurriendo en Cataluña: el Gobierno de la Generalitat ha sido incapaz de gestionar la crisis y ha culpado al Estado de ellos. Todo empezó como un pulso dialéctico, pero no supieron para. El Gobierno catalán empieza a hacer proclamas cada vez más osadas y el Gobierno de España responde destapando escándalos de corrupción, que sabían existían (recuerden el lector el 3% de Maragall en el Parlamento de Cataluña). Los de la Generalitat se obcecan aún más en estirar el alambre. El Gobierno de España, con la complicidad del sistema judicial, empieza a arrear a los políticos catalanes. Por el momento se ha llegado a los dos años de inhabilitación, acompañada de una multa, para Mas (que cada vez es menos) y dos de sus antiguas consejeras, a modo de ultimatum, antes de que empiecen a caer sentencias de cárcel a polílticos catalanes. Todo está calculado y medido. Veremos cuando paran unos y otros.


Leía un tuit de uno de esos modernillos de tres al cuarto, que afirmaba con la sentencia a Mas había nacido un mártir independentista. En el fondo, estos del martirologio y estas bobadas son los mismos de educar sin frustración. Vamos a ver, cómo, y sobre todo, para quién puede ser mártir un tipo que pertenece a un partido que ha robado a manos llenas a los ciudadanos a los que dice representar. Un tipo que ha pertenecido a esa élite política que ha arramplado con todo el dinero público que ha podido. ¡Por Dios! ¡Ya basta de modernos! El hecho de que Rajoy y su troupe sean deleznables no significa que los que estén enfrente, que han votado los recortes en el Parlamento junto al PP, sean mejores. 


Entro muy poco en Twitter, pero, en los últimos tiempos, lo hago con ganas de tocar la moral al personal: me da igual el CM de IU en Madrid, un facha, independentistas catalanes o vascos. Lo que más me gusta es sacar al personal de su mundo maniqueo, rompiéndoles los esquemas. Reconozco que disfruté cuando aun fulano catalán, de los de Españistán, me respondió que si yo pensaba que los nacionalistas españoles del PP y Ciudadanos eran buenos (yo acababa de escribir que el nacionalismo era una estupidez), cuando le respondí que el PP y Ciudadanos eran la misma mierda que ellos debió sufrir un colapso. Me repugna la gente que basa su vida en categorías estancas, y la gente es buena o mala por una cuestión, que muchas veces no depende de esa persona, como el lugar de nacimiento. A las personas, si hay que juzgarlas, no siempre resulta necesario, ni pertinente, se las debe juzgar por sus actos individuales. 


A mi hijo le estoy intentando inculcar que a la gente no se la debe juzgar por su ideología, sino por sus actos. Espero conseguirlo. Estoy harto de escuchar y de leer a personas descalificando a otras por no pensar como ellas. La convivencia se basa en que personas con distintas ideas sobre diversos temas puedan compartir una conversación, un café, una amistad o una relación afectiva. Podemos buscar lo que nos une y, tal vez, a partir de ese momento podamos hallar otras cosas en común o, simplemente, valorar a la otra persona, porque, aún pensando diferente, nos aprecia por lo que somos.