lunes, 22 de octubre de 2018

DIARIO DE UN MAESTRO GRUÑÓN (21-X-2018)

Hace poco alguien me hablaba de una patología que causaba más muertos en España que los cuatro tipos de cánceres con mayor índice de mortandad juntos. Sin embargo, de esta enfermedad, que afecta sobremanera a ancianos que no tienen un seguimiento adecuado, por carecer de los apoyos adecuados, sólo hablan los expertos. No existen campañas públicas, los medios de comunicación no se vuelcan con el tema, ni tan siquiera crean un ridículo lazo para "concienciar" a la gente de que existe un problema serio que mata a mucha gente, de la que nadie se acuerda. Personas, que viven en nuestro piso o tres portales más allá, pero no muy lejos de nosotros.
Te preguntarás, querido diario, qué tiene esto que ver con el asunto que nos suele ocupar, la Educación. Mucho, como intentaré demostrarte.
En ocasiones, bastantes, transmitimos a nuestros alumnos la existencia de problemas serios en ciertos lugares del mundo, cuando no la existencia de graves cuestiones que afectan al planeta de forma global. A mí esto no me parece mal, al contrario, cualquier intento para que nuestros alumnos conozcan la realidad resulta interesante. Sin embargo, en ocasiones, nos centramos en proyectos lejanos, que, al final, resultan cuestiones poco tangibles para nuestro alumnos. Sin embargo, como he expuesto antes, en nuestro entorno cercano existen personas con problemas y sobre ese asunto, en muchas ocasiones, pasamos de puntillas en las aulas, porque puede generar problemas actuar sobre nuestro entorno inmediato. Pongamos como ejemplo de este tipo de pensamiento un asunto que surgió con fuerza hace unos poco años: para mucha gente, en este caso sobre todo padres, resulta "más acertado" que los niños vayan uniformados, porque así ocultamos la realidad a los pequeños: que existen personas que viven peor que la mayoría. Tapamos la vergüenzas de la sociedad. 
Podrás pensar, querido diario, que unos críos no deben solucionar los problemas que sus mayores no consiguen subsanar. Cierto. Pero no está de más que sepan que también hay personas, cerca de ellos, que tienen problemas para conseguir comer, que existen personas, en especial ancianas, que viven solas y con pocos apoyos y/o amigos, que existen personas que viven en la calle por haber tenido o tener problemas de adicciones (tal vez evitaríamos que algunos niñatos malcriados se burlasen de personas en esa situación)... No se trata de presentar un mundo calamitoso, como hacen los informativos o algunos de los que van vendiendo la moto de moda a los centros. Se debe procurar hacer ver que existen personas, cerca de nosotros, que tienen dificultades más o menos seria y, lo más importante, que esas personas son seres humanos como nosotros que, por las cuestiones que fueren, están atravesando situaciones complicadas para ellos que, en ciertos casos, son transitorias y reversibles.
Tal vez, se trata de presentar a nuestros niños la idea de que para cambiar el mundo debemos poner nuestro empeño y nuestro esfuerzo en lo cotidiano. Y, de paso, hacer ver a los críos que no todos triunfan y que cualquier persona, incluidos nosotros, podemos tener problemas en la vida, siendo precisa ayuda para superar este tipo de hechos. En otras palabras, olvidarnos de la terminología hueca, tan de moda en nuestros días, hablando de realidades y no grandes metas inabarcables e irrealizables.
Tras esta reflexión, casi Metafísica, me vas a permitir, fiel diario, que dé un giro radical y aborde una cuestión que creo importante: el punto de partida.
En muchas ocasiones se analizan los informes sobre Educación comparando comunidades autónomas y comparándonos con otros países y, por lo general, los que acuden a esos datos (que vete tú a saber lo que miden en realidad) los utilizan para valorar o minusvalorar, en función del signo político, a unos y otros.
Sin embargo, para entender la realidad de nuestro país la gente se suele olvidar que hasta hace algo menos de medio siglo, aquí no hubo un ley de Educación con estándares occidentales, la Ley General de Educación de 1970. Nos olvidamos que en este país el índice de analfabetismo durante el franquismo era muy elevado. Basta ver estadísticas como ésta:

https://datosmacro.expansion.com/demografia/tasa-alfabetizacion/espana

Nos olvidamos de igual manera que en este país había una dicotomía entre regiones alfabetizadas y aquellas con los índices más altos de analfabetismo, que se corresponden a fecha de hoy con las comunidades autónomas con peores datos en los informes internacionales (puedes verlo, querido diario, en la  pagina 80 de este libro sobre el analfabetismo)

https://books.google.es/books?id=H5gWAHWGXKQC&pg=PA28&lpg=PA28&dq=analfabetismo+en+espa%C3%B1a+1970&source=bl&ots=kR5SlBzwSA&sig=0Pr56pygZpAoqncQkluWleuR9pQ&hl=es&sa=X&ved=2ahUKEwi4hKqYnJLeAhVNhxoKHbpkAdoQ6AEwDXoECAEQAQ#v=onepage&q&f=false

Por tanto, debemos empezar a valorar que en este país, y en determinadas comunidades autónomas con más énfasis, se ha migrado de una sociedad rural con altos índices de analfabetismo, a una sociedad enclavada en el siglo XXI, en las que el índice de alfabetización ronda el 100%. A partir de aquí podremos, y debemos, mejorar la calidad de la Educación, pero vamos a reconocer también el esfuerzo realizado. Y vamos a analizar por qué permanecen esas diferencias, en este caso cualitativas entre unas y otras regiones. Parece que las diferencias cuantitativas (número de personas que acceden al sistema educativa), con el paso del tiempo se han convertido en cualitativas (personas que optimizan su estancia en el sistema educativo). Sería interesante profundizar en si es algo causal o sólo correlacional y, faltaría más, analizarlo para mejorar la respuesta educativa, en busca de la ansiada calidad educativa.
Por supuesto, mejorar la calidad de la Educación no consiste en preparar al alumno para un futuro incierto, fruto de los cambios tecnológicos. Entre otras cosas porque es un bobada como un piano. Nadie se prepara para lo que desconoce. Cuando se preparaban los viajes espaciales de Gagarin, el primer paseo espacial o el aterrizaje en la Luna del Apolo XI, había incertidumbres, pero también una preparación sobre cuestiones como el retorno, el oxígeno necesario, el combustible... En otras palabras, no controlaban todas las variables, pero sí las principales. Sin embargo, en Educación se ha puesto de moda preparar a nuestro alumnos para un futuro cambiante, incierto... No. Una de las cualidades del sistema educativo debe ser transmitir toda el conocimiento acumulado durante milenios por el ser humano. Ese intento del neoliberalismo de borrar la huella de la historia y el pensamiento humano en pos de producir, consumir y la ganancia resulta un error, intencionado, mayúsculo. Después, los mismos que apuestan por un modelo del emprendimiento en la Escuela se quejan de que adolescentes no sepan quienes son los Reyes Católicos, satanizando al sistema educativo por su falta de calidad.
Al final, querido diario, estos vendedores de lo difuso, del futuro incierto, del emprendimiento y el éxito contribuyen a que debamos enseñar a nuestros niños que existen perdedores (ancianos solos, adictos, sin techo...) a los que debemos ayudar para hacer nuestro mundo mejor.
Creo, silente diario, que me ido enredando y he acabado donde comencé. Desconozco si lo que he escrito puede parecerte interesante. Si no ha sido así te pido disculpas por hacerte perder el tiempo y te prometo que la siguiente vez intentaré hacerlo mejor.
Nos vemos pronto.

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