sábado, 23 de octubre de 2010

¿CUÁLES SON LAS PRIORIDADES DEL SISTEMA EDUCATIVO?

El hecho de trabajar en un campo determinado conlleva una mayor atención personal a las referencias que sobre tu profesión, o sobre cualquier aspecto relacionado con ella, se hacen desde los medios de comunicación y/o desde tu entorno más próximo.
Como es sabido, mi campo de trabajo es la educación. La educación es el como fútbol, todo el mundo sabe de ella y opinar es gratis. Aunque en este sentido me gustaría hacer una distinción entre las experiencias personales, la anécdota, y las visión globlal que sobre el tema poseen ciertas personas, la categoría.
La anécdota se trata de vivencias personales, puntos de vista basados en experiencias propias, de familiares o de personas cercanas. En definitiva, lo podemos comparar a cuando comentamos que tal médico es bueno o malo, sin criticar por ello el sistema sanitario, el único fundamento para ello es nuestra propia vivencia o la de alguna persona cercana.
Sin embargo, existen otras personas, generalmente contertulios y políticos, que disertan sin cortapisa alguna sobre la utilidad del sistema educativo. Me explico. Seguramente, el amable lector habrá escuchado en cualquier medio de comunicación pontificar a un fulano cualquiera sobre carencias y posibles soluciones de nuestro sistema educativo. Cuando hablo de carencias no me refiero a la lectura comprensiva (tremendo lunar de nuestro sistema educativo), más bien me refiero a hechos como formar a ciudadanos para que no existan asesinatos por parte de maridos cabrones a sus parejas, para mejorar la seguridad vial, la alimentación, la salud en general, el bilingüismo, educación crítica hacia los medios de comunicación, para saber apreciar el arte, para preparar a los niños para ser ciudadanos europeos, para concienciar a los niños de que van a vivir en un mercado competitivo, para conocer los rudimentos económicos, etc.
Aunque he concluido la frase con un etc., aseguro al lector que al menos podría haber añadido cinco o seis supuestos más. 
La verdad, que visto así, la labor en colegios e institutos es ingente y atractiva. Ingente y atractiva sino fuera por que además se debe enseñar a escribir, a sumar, a restar, decimales, historia, naturaleza, música, biología y, curiosamente, lo que se evalúa son los conocimientos de matemáticas, historia, literatura, filosofía
Además, todos estos ideólogos educativos parten de un supuesto falso: la escuela o el instituto son instituciones formales, con una educación de tipo formal. Es decir con un tipo de educación que en determinados ámbitos no puede ser más que teórica (conceptual), mientras que muchos de los conocimientos que demandan son prácticos (procedimentales). 
 Seguramente con un ejemplo se comprenda mejor lo que quiero decir.
Alguien se imagina qué para aprender a conducir un automóvil la única formación sea teórica. Y ,para mayor escarnio, la administración utilice para convalidar la aptitud del aspirante a conductor un examen práctico. Pues en determinados momentos, y por determinadas personas, eso es lo que se pide. Un auténtico sinsentido.
Si a esta indefinición de la escuela, añadimos dos aspectos como son la difusa responsabilidad de los padres (concretamente de algunos padres) sobre la educación de sus hijos (ya me contarán a mi que expectiativas familiares y sociales tiene un niño de ocho años al que yo debo empezar a inculcar valores, porque no tiene ninguna norma en casa) y, en segundo lugar, la concepción de la escuela como un aparcamiento de niños cuyos padres trabajan, muchos de ellos porque no los queda más narices (si encima las actividades extraescolares son en el centro o cerca de él mejor, menos jaleo). Es evidente, que este segundo hecho resta credibilidad o respetabilidad al trabajo de los docentes y a la importancia de la formación de los pequeños.
Tal vez, si en vez de tanta ley educativa nueva, se consensuara sobre las prioridades y las finalidades del sistema educativo, al menos en su etapa obligatoria, a todos nos iría mejor y conseguiríamos hablar en un lenguaje parecido.
Un saludo.