domingo, 26 de agosto de 2012

CREAR RIQUEZA, REPARTIR RIQUEZA

La expresión crear riqueza la escuchamos por doquier siempre asociada a la creación de empleo y una mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos. Prueba de ello la tenemos en nuestro país con nuestro Desgobierno, que, al menos según ellos, todas sus acciones van encaminadas a crear riqueza. En el fondo el Desgobierno encabezado por Mariano Rajoy Brey no hace más que seguir las directrices impuestas por los teóricos de la Economía Patológica, los neoliberales de mierda que se han adueñado de nuestros destinos. 
Estos tipos, estultos hasta la saciedad, consideran que por el mero hecho de que una persona, o un pequeño grupo de ellas, acapare más capital esto va a redundar automáticamente en beneficio de la ciudadanía. ¿Cómo han llegado a esta conclusión? Imagino que de la misma manera que han llegado a otras muchas: por inspiración divina o imbecilidad supina y persistente. Baste recordar, a modo de ejemplo, que cada vez existe más dinero en paraísos fiscales que, obviamente, no repercute en beneficio de los ciudadanos. 
Podríamos exponer asuntos como la especulación en eso que se llama mercados secundarios que, no hace falta ser muy listo, para determinar que encarece el precio de los productos destinados al consumo y que sólo enriquece a una minoría, pero no deseo explayarme en demasía sobre el asunto y aburrir al amable lector.
Asunto bien diferente es el de repartir la riqueza, frase desterrada casi por completo del vocabulario político actual, por asociarlo con... Tal vez, sólo tal vez, con la palabra justicia, a la que si le place al lector le podemos añadir la coletilla de social; aunque creo que el derecho a comer, a la sanidad, a tener acceso a agua potable, a educación no debe ir acompañado de apellido. Justicia es palabra suficiente para definirlo. Sin embargo, lo que a una parte importante de los ciudadanos nos parece claro: un reparto de la riqueza redundaría en beneficio de la mayoría y constituiría un acto de justicia para otros no es así. Es más, asocian Justicia, con o sin mayúsculas, con el mantenimiento de un estatus quo en el que las leyes se diseñan para mantener los privilegios de unos pocos.


Una vez realizadas estas dos distinciones me gustaría incidir en el significado de una de las palabras, que nos ayudará a comprender mejor de que pie cojea el personal, al menos cierto personal.
Si recurrimos al diccionario de la R.A.E. y buscamos la palabra crear nos encontramos con lo siguiente: "Producir algo de la nada". Efectivamente, querido lector, nuestros amigos de la Economía Patológica, asimilan a aquél que gana dinero mediante un negocio a una deidad, que según los seguidores de las religiones, sean éstas cuales sean, son los únicos en crear cosas de la nada. ¡Con dos cojones! 
Estos "creadores", deidades para la gente más cercana, no necesitan un capital previo, el esfuerzo de trabajadores, unos materiales, una información privilegiada, los contactos adecuados... para que el dinero se multiplique, aunque sea por una cantidad decimal menor a uno. Su inteligencia, buen hacer, oportunismo y unas frases mágicas constituyen arsenal suficiente para que su dinero aumente. Ríete tú del milagro de los panes y los peces. 
La utilización del lenguaje, al menos en este caso, no constituye cuestión baladí. Asociar al "triunfador", o al "emprendedor", palabra muy de moda en el ámbito político, especialmente en el pepero, la capacidad de crear algo de la nada sitúa en un nivel superior, o eso pretende, a este tipo de personas. El trabajador, productor en los primeros años del franquismo, se considera poco menos que un mal necesario con el que deben apechugar los magnánimos creadores de riqueza. 
Una vez realizada esta acotación, creo que necesaria, me gustaría profundizar en la diferencia entre crear y repartir riqueza.
Los manuales de la Economía Patológica abogan por la defensa a ultranza de un mercado que tiene vida propia (de hecho de vez en cuando se permite algún desliz sexual y millones de personas sienten que el Mercado les ha realizado una penetración anal cuando su calidad de vida desciende vertiginosamente), siendo capaz el citado Mercado de corregir todos aquellos entuertos que se originan en él, y todo sin cobrar horas extras por tal labor. Esta misma capacidad de analizar y superar problemas es la que permite, según los fundamentalistas de la Economía Patológica, que esa generación de riqueza sea repartida de manera automática entre unos y otros. ¡Menudo es el Mercado! Esta idea, revelación divina, constituye una estupidez más de unos tipos que, a pesar de su titulación universitaria y sus masters del Universo, muestran que los títulos y la inteligencia no se asocian de manera unívoca e incuestionable. Se trata de una creencia con una base tan sólida como la que sostenía que la Tierra era plana.
A diferencia de extraña idea, que la Historia ha demostrado una y otra vez que es un majadería (nadie quiere repartir el pastel cuando tiene la sartén por el mango, la psicología, no sé si la social, también debería ser tenido en cuenta) existe otra teoría que defiende que la repartición de la riqueza provoca mayor calidad de vida en los ciudadanos y, a su vez, genera mayor creación de riqueza (aunque sea a base de cargarse el medio ambiente, ya casi cuarto ambiente debido a su deterioro). Obviamente, esta teoría necesita de unos estados con una capacidad de maniobra suficiente para que esto ocurra, lo que es algo así como una apostasía de la supuesta y verdadera religión: el neoliberalismo. Hasta un tipo tan poco sospechoso de rojo, Henry Ford (primer extranjero condecorado por el régimen de Hitler, condecoración de la que no renegó), se dio cuenta de ello.


Parece que esta última visión, la del reparto, la justicia, ha quedado relegada a tesis marxistas, o eso nos quieren hacer creer los imbéciles de turno, pero nada más lejos de la realidad. Si bien el marxismo, como el anarquismo, fueron teorías que expusieron estas ideas como base de un cuerpo doctrinal, la implementación de dichas teorías se llevó a cabo durante varias décadas en Europa Occidental, Canadá y otros países con bastante éxito. De igual forma ciertos países Latinoamericanos lo llevan a cabo en la actualidad (tras abandonar las tesis neoliberales del F.M.I. que les condujeron a la ruina absoluta) logrando que una parte significativa de sus ciudadanos hayan alcanzado un mejor nivel de vida, aunque quede mucho camino por recorrer. El ejemplo paradigmático lo encontramos en Brasil.
Me gustaría realizar una breve reseña a un planteamiento, muy típico de teóricos y seguidores del neoliberalismo, que incide en que sólo existen dos alternativas: la suya o el marxismo, mejor dicho el estalinismo (juro por mis muelas que alguien me ha llegado a plantear ese ¿dilema?). No hace falta ser muy inteligente para saber que en la vida no sólo existen el negro y blanco, los colores y la infinita variedad de grises están ahí delante de nosotros. Por tanto, no cabe duda: si alguien presenta esa disyuntiva para defender sus tesis habrá que empezar a considerar que tal persona tiene una visión bicroma, como ciertos animales, y que, por tanto, su cerebro corresponde con el de semejante especie. Lo siento mucho por los pobres animales, que no tienen la culpa de nada.
A modo de resumen, para concluir, parece absurdo pensar que alguien pueda crear algo de la nada, el lenguaje es pérfido, y lo que pretenden los teóricos de esta doctrina no va más allá de perpetuar la riqueza de unos pocos, a costa del sufrimiento de la gran mayoría de los ciudadanos. Parafraseando el principio de la Termodinámica: la riqueza ni se crea ni se destruye, está en pocas manos o se distribuye entre muchas.
Un saludo.

3 comentarios:

Piedra dijo...

Yo no estoy de acuerdo, la riqueza si se crea; Cuando un artesano elabora un producto, cuando un obrero por su fuerza de trabajo aplicado a una tarea la culmina, cuando un campesino labra, ara, recolecta, cuando un trabajador en fin, cualquiera que sea invierte su fuerza de trabajo y su tiempo, lo que se obtiene es una riqueza que antes no existía. El aprovecharse de ella o comerciar con ella, es especular, no crear riqueza. Robar, espoliar, mercadear, no crea nada, solo atesora la riqueza creada por otros, en manos ajenas, las de especuladores, ladrones y/o explotadores.

Los políticos y economistas a su servicio, no son imbéciles y cuando no están en el poder lo tienen muy claro y defienden las teorías correctas. Estando en el poder, aunque continúan sabiendo que es lo correcto, no lo aplican porque no sirven al pueblo, sino al interés particular que más tarde les premia.

Un capitalista, por rico que sea, no crea riqueza, porque no produce nada, aunque pueda invertir lo robado a los productores legítimos, los que invirtieron su esfuerzo en crear esa riqueza.

PACO dijo...

Hola, Piedra.
Siento disentir contigo pero crear, hacer algo de la nada, no es real. Para que un producto cobre valor tiene que existir algo previo. Para que un zapatero haga un zapato, alguien le tiene que haber vendido los materiales, las herramientas... con los que se hace el zapato. Lo que el zapatero hace es transformar unos materiales existentes en otro que genera una ganancia.
Al menos desde mi punto de vista lo que hace un trabajador es utilizar unos materiales para conseguir un objeto que genera una plusvalía.
De todas formas es una cuestión léxica.
En lo demás estoy de acuerdo, excepto en los de los políticos, pues muchos, especialmente los seguidores de los neoliberales que no saben lo que es lo que tu denominas lo correcto. Su doctrina está por encima de todas las cosas.
Un saludo.

Judy Bermudez dijo...

Permíteme compartir excelente artículo que toca este mismo tema con ideas aplicables en la creación de riqueza... 4 efectivos hábitos