sábado, 25 de agosto de 2012

RELATOS BREVES ESTIVALES

Sabía que en poco tiempo se apagaría de manera definitiva. El médico había pronosticado una esperanza de vida de, a lo sumo, un mes. No se arrepentía de nada. El récord mundial que estableció hace más de quince años aún seguía vigente. Había brillado, y en cierta forma lo seguía haciendo, de manera extraordinaria. No dudaba de que las mismas sustancias que habían ayudado de manera decisiva a alcanzar todos sus logros deportivos le habían conducido a esta situación en la que se encontraba en la actualidad, pero todo había merecido la pena. Su legado, su vida, quedaría en forma de marca deportiva que difícilmente se superaría en las próximas décadas.


Marta, la psicóloga, se encontraba frente a él. La conocía desde hacia bastante tiempo, no sabría decir cuanto. Jamás la llamó psicóloga o doña Marta, para él siempre había sido Marta, una amiga o algo parecido. La acababa de contar que una chica le gustaba muchísimo; sentía algo que nunca había conocido antes. La chica, Lidia, le había contado que también le pasaba lo mismo cada vez que le veía. Intuía que aquella conversación con Marta iba a tener una importancia trascendental en su vida, de la que ya habían transcurrido veinticuatro años. Del punto de vista de aquella mujer dependía que pudiera pasar más tiempo junto a Lidia; tal vez todo el tiempo del mundo. Sabía que la asociación de personas con discapacidad intelectual que se encargaba de que su vida fuera lo que es permitía, en ciertas ocasiones, que dos personas que se gustaban mucho convivieran en un mismo piso tutelado.


Sus padres se sacrificaron durante una buena parte de su vida para que él consiguiera llegar a la posición que ahora ocupaba. Estudió en los mejores colegios e institutos, al menos eso pensaban sus progenitores. Cuando cursó los estudios de Medicina sus notas, las mejores de la clase, eran motivo de orgullo para ellos. Tras años de especialización nadie dudaba de que se había convertido en uno de los mejores especialistas en su rama. Todo ello no le había servido para salvar la vida de la persona que se encontraba tendida frente a él. Ya le había ocurrido otras veces, pero en este caso sintió un vacío interior y un dolor que le anulaba. Se preguntaba si todos los sacrificios para llegar hasta aquí habían merecido la pena. Se cuestionaba si merecía la pena salvar vidas ajenas cuando no había sido capaz de salvar la de la aquella mujer que yacía sin vida en aquella fría camilla. Aquella mujer que le había llevado a él en sus entrañas durante los primeros nueve meses de su vida.


Celebraban sus bodas de plata. Veinticinco años de matrimonio que habían transcurrido sin apenas darse cuenta. Toda su familia: padres, hermanos, sus tres hijos y demás familia política se habían reunido en aquel restaurante para festejar tan magno acontecimiento. Miró a su alrededor y se sintió henchido de orgullo, había sido capaz de crear una familia que se quería y respetaba. Fijó la vista en su mujer y recordó aquel momento, ya tan lejano en el tiempo, en que se conocieron. Ella era, y sigue siendo, enfermera en el hospital de la pequeña ciudad donde residen y fue allí, en el hospital, donde coincidieron por primera vez. Ella reconoce que se fijó en él desde el primer momento. A él no le ocurrió lo mismo, pero tal vez exista una explicación para ello: la primera vez que su actual mujer hizo acto de presencia en su vida él se encontraba hospitalizado en la planta de psiquiatría del hospital. Hacía tres días que se había intentado suicidar sin éxito.


- Le aseguro que su esposa no mantiene ninguna relación con ningún compañero de trabajo- aseveró el detective.
- Me quita un peso de encima- respondió el cliente.
- La persona a la que ama su mujer se encuentra en esta habitación y estoy convencido de que ella no desea que nada cambie en su vida- apostilló el investigador privado mientras le acercaba al hombre con el que hablaba el expediente que contenía toda la información referente al caso.
Tras revisar someramente toda la información que contenía el citado expediente, la persona que había encargado la investigación se sintió satisfecha y procedió a resolver todo lo referente a los emolumentos convenidos con anterioridad.
Media hora después el sabueso cerró la puerta de su oficina y se encaminó hacia su casa. Apenas tuvo tiempo de abrir la puerta de su vivienda, pues una mujer se abalanzó sobre él abrazándole y besándole. Un rato después, desnudos ambos en la cama, ella le dijo que había disfrutado mucho haciendo el amor con él.
- Te amo, mi pequeño detective- dijo, con una sonrisa en la boca, la mujer.
-Yo también, mi pequeño gran amor- respondió el aludido-. Por cierto, hace un par de horas le he entregado a tu marido  el expediente referente a la investigación que tu marido me encargo sobre ti. Lo curioso es que no he necesitado mentirle para que siguiera confiando en ti.


Llevaba más de una hora jugando con su hijo pequeño de siete años antes de que le dijera que debía ducharse. Cuando su vástago le abandonó para cumplir con los requerimientos de su aseo hizo balance mental del día. Había sido un buen día. El trabajo le había dejado tiempo para poder compartir tiempo para jugar con Pepín, así llamaban en casa al menor de los hijos, y su jornada laboral había conseguido llevar a buen puerto su misión: tras un interrogatorio en profundidad, eufemismo que utilizaban para ocultar los métodos de tortura que usaban, dos detenidos habían proporcionado toda la información necesaria para desmantelar un grupo insurgente que luchaba contra el nuevo orden establecido por los militares del país.

4 comentarios:

Piedra dijo...

Una crítica constructiva, advierte entre el fin de un relato y el comienzo de otro, que hasta que me dí cuenta no me enteraba de nada. :D

PACO dijo...

Hola Piedra.
Tomo nota e intentaré facilitar la lectura cuando escriba este tipo de historias para evitar problemas al lector.
Un saludo.

Carlos Galeon dijo...

Te digo lo mismo que Piedra. He estado despistado un rato, hasta que he vuelto al inicio y he leído el título, lo que me ha aclarado que eran "relatos". Por cierto, buenos y bien realizados.
Un abrazo.

PACO dijo...

Hola, Carlos.
Algo idearé para ayudar a leer los relatos cortos sin que lleve a confusión.
Gracias por tu apreciación sobre la calidad de los mismos.
Un saludo.