martes, 9 de agosto de 2011

LA MUJER, ESA GRAN DESCONOCIDA

En cierta manera, uno considera que el asunto tratado ayer, que trasciende al mero hecho educativo, pues es un apartado más de algo más amplio, algo que se engloba dentro de lo que podríamos llamar el respeto al ser humano, quedó incompleto (siempre quedará incompleto, pues los matices son muchos e inabarcables). Si ayer traté sobre la educación desde un punto de vista humano, por y para los hombres creo que escribí, hoy me gustaría ampliar esta concepción a otros aspectos, básicos, de nuestras vidas y que hemos decidido enterrar, a veces por necesidades y otras, directamente, por la estupidez de los biempensantes.
Antes de ayer, domingo, mi pareja me habló sobre un documental que había visto el sábado por la noche en la 2 (unos están pendientes de su abuela ligeramente enferma y otros, con bastante más morro, planchamos la oreja), que versaba sobre la mujer y aquellas cosas que la convierten en mujer: la menstruación, las hormonas y otras cuestiones que no recuerdo. El planteamiento del documental era harto interesante y "rompedor", pues defendía que la mujer tenía menstruaciones largas y dolorosas por el ritmo de vida que llevaba. Igualmente postulaba que la mujer no debía esconder su menstruación, así como los problemas que genera esta ocultación, más bien el uso de ciertos productos. Pero cuidado, tápense los ojos los políticamente correctos, defendía que la mujer tenía que reivindicar eso, ser mujer. Pedazo documental revolucionario, seguro que algún biempensante lo denominará carca. Pues no, querido imbécil. La naturaleza hizo que hombres y mujeres fuéramos diferentes en ciertos aspectos por algún motivo, tal vez uno sin apenas importancia: perpetuar la especie, y esas diferencias deben seguir siendo respetadas, pues es el fundamento por él que nuestra especie sigue sobre la Tierra. Nadie niega la igualdad, la real, no la estupidez que asimila exclusivamente igualdad a producir, entre hombres y mujeres, sería una desvergüenza no hacerlo, pero, queridos lectores, que hay de malo en que una mujer tenga que cuidar de un hijo lactante, lo hará mucho mejor que un hombre, básicamente porque no tenemos glándulas mamarias (puedo asegurar por experiencia que no hay nada más frustrante que intentar dar la leche, previamente extraída, de su madre, mi pareja, a un niño, mi hijo, y que éste apenas la quiera, mostrando un apetito desmesurado cuando su madre aparecía por casa después de trabajar. La frustración que sentí durante ese mes que cogí de permiso de lactancia, los lectores asiduos saben que de esta manera el niño tendría que ir una semana más tarde a la guardería, pues yo tenía más tiempo de permiso que mi pareja, fue la mayor de todo mi vida. Tal vez sea por ello, por haberlo vivido en mis propias carnes (aunque antes de tener a mi hijo consideraba que disponer del tiempo necesario para criar a los hijos era fundamental, no convenciéndome, ni poco ni mucho, la historia de las guardería desde los pocos meses de vida) por lo que me parece vergonzoso obviar las necesidades que la naturaleza nos han programado a fuego y sangre en nuestro genes en nombre de un pretendido progreso, material e igualmente pretendido en el aspecto social, que, por si alguien no se había dado cuenta, consiste, de manera exclusiva, en producir y consumir. 
En el fondo el esquema seguido es idéntico al de la educación, todo supeditado a la economía, o a la de cierta visión de la economía que subyuga el respeto al medio ambiente a la economía. La única diferencia en el caso de la mujer radica en que una tropa de imbéciles, que se autodenominan adalides de la igualdad, hacen negocio, viven de puta madre, a costa de decidir lo que es igualdad y no lo que no. Pero estos tiparracos y tiparracas, para ser políticamente correctos, no merecen mayor comentario. Por lo que vamos a volver al hecho de ser mujer.
Como he dicho con anterioridad, la Naturaleza, que es algo más que aquello que se ve desde la ventana de una casa rural, ha tenido a bien programarnos a hombres y mujeres con ciertas diferencias, buscando con ello que la especie siga sobre la faz de la Tierra el mayor tiempo posible. Estas diferencias no surgen de la nada ni porque sí. Durante centenares de millones de años la vida ha ido probando, fracasando y acertando, modificaciones para que la vida siga sobre el planeta y el hombre, que no es más que una forma de vida más, ha recibido, como otros muchos animales y plantas, esta sabiduría que la Naturaleza ha adquirido a base de continuas modificaciones aleatorias, de las que han sobrevivido las más útiles para las diferentes especies. Pero hete aquí que nosotros hemos decidido que somos más listos que la experiencia finisecular y decidimos que no, que todo debe ser distinto, que el hombre y la mujer sólo han de tener un fin común: producir. 
Tal vez sea necesario aclarar, que la mujer ha trabajado siempre, en muchas culturas más que el hombre, aunque en labores diferentes que el varón (la fuerza física y la crianza de los niños condiciona bastante, de nuevo la Naturaleza pone de su parte), pero nunca ha perdido el referente de la crianza de los niños. Tal vez sea necesario aclarar, una vez más, que el hecho de que la mujer trabaje lo considero normal, ni bueno ni malo, aunque no considero que en eso consista la "liberación" de la mujer, como ya he dicho con anterioridad. 
Lo siento, pero me parece triste que la mujer tenga que renunciar a la crianza de los niños, al menos los primeros meses, vendiéndonos la moto de que los niños de meses se socializan antes yendo a guarderías, hace falta ser imbécil y desconocer la más mínima noción de psicología evolutiva. Igualmente me parece triste que esté mal visto, al menos entre las feministas talibán, que la mujer pueda ser coqueta o aprovechar su belleza o sus atractivos físicos para encandilar al hombre. Lo siento, no, no lo siento, la Naturaleza nos ha programado para todas estas cosas, incluso para la de que las mujeres atraigan  a los varones (existen estudios científicos y de gran seriedad sobre que mujeres son más atractivas para los hombres y viceversa), queridos mojigatos guardianes de la ortodoxia del mamoneo y el chupar del bote, y sólo puedo concluir de una manera: a todos aquellos botarates que niegan la evidencia de la evolución, la evidencia de la especie, bien por cuestiones económicas, bien por cuestiones de pretendida igualdad, sólo les puedo desear una vida de trabajo, de trabajo real, por ejemplo en una mina,  y de castidad perpetua
Seguramente, dentro de un tiempo, trataré sobre como la actual visión de la economía, y, a lo mejor, algún estúpido visionario, intentan hacer primar ciertos aspectos, cierta visión social, sobre la lógica de la Naturaleza o de la convivencia social, pero, por el momento ya tenemos bastante con lo tratado durante los dos últimos días.  
Un saludo.

2 comentarios:

Carlos Galeon dijo...

Querido amigo, todos aquello que se dedican a estudiarnos bajo un prisma meramente economicista, no merecen ni ser leídos, y lógicamente mucho menos criticados.
El desprecio hacia la estupidez es el justo pago a estos perros domesticados y engreídos.
Saludos, y un abrazo.

PACO dijo...

No puedo estar más de acuerdo contigo. El problema, sobre el que trataré en algún momento, es que unos tipos se han adueñado de la economía, concibiéndola como un ente separado de la realidad humana en ciertos aspectos, los relacionados con su concepción teórica, aunque, por otra parte, intentan que en la práctica la humanidad esté sometida a esa llamada economía o ciencia, pseudociencia, económica, que ellos defienden.
Un saludo.