sábado, 22 de octubre de 2011

HOMENAJE A ZAMORA

Por motivos personales que no vienen al caso, la ciudad de Zamora ha vuelto a aparecer con tremenda fuerza en mi vida. Si la primera vez fue asociado a un período de transición, que pudo haberse constituido en una constante, esta segunda vez se erige en solución de cuestiones que durante décadas llevan minando la vida de varias personas muy cercanas y que, por mor de esa cercanía, me afecta de manera directa.
Como todo parece encauzarse hacia un final esperanzador me he permitido utilizar la entrada de hoy para rendir cumplido homenaje a la ciudad  limitada hasta hace bien poco por el corte certero del Duero sobre una loma abrupta, a la ciudad del traidor Bellido Dolfos o de doña Urraca. A Zamora.

Catedral de Zamora desde el otro lado del Duero.

Las fastuosas arquivoltas de la no menos fastuosa Iglesia de la Magdalena

Dentro de la Iglesia de la Magdalena podemos encontrar este maravilloso
sepulcro con clara influencia bizantina.

Aún no siendo la más espectacular, ni mucho menos, Santiago el Viejo,
fuera del casco de la ciudad, me trae excelentes recuerdos envueltos en
frío e ilusión de algo totalmente nuevo.

Santa María la Nueva, de la cual contemplamos el
ábside y no deja intuir las tres naves que la conforman
 es una auténtica joya románica, como todo lo visto
hasta ahora.

Entre la arquitectura civil destaca el Palacio del Cordón, de principios del
siglo XVI.

Hermosa ventana perteneciente al Palacio del Cordón.

Si el Parador de Turismo no llama especialmente la atención,
al menos visto desde fuera,  merece la pena entrar en él,
aunque sea para tomar un café.
 El bellísimo interior sorprenderá al visitante.

Claustro del Parador.

La Fundación Rei  Alfonso Henriques es un guiño a la modernidad y a
la colaboración tranfronteriza.

Pero, tal vez, lo que representa la perfecta fusión entre lo moderno
y la tradición sea el Museo de Semana Santa donde se pueden observar
alguna de las joyas que podemos contemplar en la Semana Santa zamorana.

2 comentarios:

Carlos Galeon dijo...

Es curioso que hasta en esto coincidamos. Varios años de mi vida (para ser exactos toda mi adolescencia) los perdí entre cuatro muros en Zamora. Al leer la entrada no he podido evitar la añoranza de los tiempos perdidos.
Saludos y un abrazo.

PACO dijo...

Ayer, en mi ciudad de origen, visité la estación de trenes y leí los sitios a los que podía ir y sabía que no iría en un cierto tiempo y entonces yo también añoré algo que sabía que nunca tendré: la libertad.
Un saludo.