miércoles, 4 de julio de 2012

LOS POLÍTICOS Y SUS AMIGUITOS

El lector habrá leído, escuchado o visto como la policía gala ha registrado la vivienda y algún otro inmueble relacionado con el ex presidente francés Nicolás Sarkozy. La causa de dicha intervención parece estar relacionada con la financiación ilegal de la campaña electoral del ex político que le llevó al poder en 2007.


Como no podía ser menos, los tertulianos de todo tipo y condición han realizado todo tipo de interpretaciones al respecto, predominando en algunos círculos la que vincula dicha forma, ilegal, de subvencionar el ansia de ciertos personajes por tomar el poder con una falta de leyes claras que permitan la financiación de los partidos que sustentan a estos tipos. Craso error. 
En primer lugar, parece obvio que las leyes de financiación existen, de otra forma un juez no tendría asidero legal para realizar las indagaciones que las fuerzas de orden han realizado, siempre por mandato judicial. En otras palabras: las leyes a ese respecto están claras. Cuestión bien diferente es si los gachós que se dedican a la política quieren cumplirlas o no. En este segundo caso surge, de manera automática, la siguiente pregunta: ¿con qué legitimidad nos van a representar estos tipos si llegan al poder? Unos tipos que se saltan la legislación a la torera para conseguir sus objetivos no parecen los más indicados para representar a los ciudadanos.


Un segundo aspecto, nada despreciable, sobre el que parece oportuno reflexionar deriva del hecho de por qué los partidos necesitan más dinero del inicialmente asignado. En el caso que nos ocupa parece claro: para financiar una campaña electoral. Campaña electoral en el que los mítines, las pegadas de carteles y otras fruslerías similares encarecen de manera ostensible el proceso. Sin embargo todos somos conscientes de que en los debates en televisión se encuentra el meollo de la cuestión, o eso dicen los expertos en el asunto. Los mítines los podemos definir como una puesta en escena para los fieles seguidores del partido, o del líder, en cuestión. Pero en los debates televisivos encontramos el lugar donde los candidatos pierden o ganan credibilidad frente a los electores. La contraposición de ¿ideas? entre los unos y los otros, y la forma de exponerlas, pueden dar o quitar los votos necesarios para acceder al poder. El ejemplo prototípico lo encontramos en el primer debate televisivo que se produjo en EE.UU., entre Kennedy y Nixon, que acabó con las aspiraciones de este último. Una campaña basada exclusivamente en repartir, buzón a buzón, el programa electoral de cada partido y en debates televisivos o radiofónicos tendría un coste mucho menor y sería igual de efectiva, siendo infinitamente menos gravosa para los ciudadanos.
Cuando he empezado a desgranar este segundo punto me he asegurado de clarificar que en este asunto, el de Sarkozy, el meollo del asunto radica en financiar una campaña, pero los partidos políticos, como bien sabemos en España, se pueden definir como empresas semiprivadas, de las que viven una tropa diversa, compuesta de advenedizos, pícaros y diletantes profesionales. Esta troupe, que generalmente recibe unas gratificaciones sustanciosas, constituye una lacra para la ciudadanía, que ha de pagar sus sueldos, o ver como mediante componendas con el sector privado, lo que vulgarmente conocemos como corrupción, obtienen una forma de financiación para que la maquinaria siga funcionando; entendiéndose por funcionar mantener esos cuadros de mando compuestos por auténticos profesionales del medraje (creo que esta palabra no existe, pero no he encontrado otra que defina mejor lo que deseo transmitir). Por tanto, los partidos políticos han perdido su función esencial: constituir el agente político a través del cual los ciudadanos puedan ver expresados sus ideas en los diferentes órganos de representación del Estado, para convertirse en aparatos esclerotizados, gracias a una minoría de personajes que han hecho de la política un modo de vida muy lucrativo.


Antes de concluir me gustaría tratar un tercer aspecto que conlleva el análisis detenido de esta noticia: la vinculación del poder económico con los políticos de esta mal llamada democracia. Imagino que para el lector no resulta desconocido la forma de financiar las campañas electorales de EE.UU., donde fulanos forrados hasta las cejas apoyan, con millonadas en algunos casos, a su candidato preferido. Tenemos ejemplos en uno y otro bando. La cena que organizó George Clooney hace uno o dos meses para apoyar a Obama, o la gran cantidad de dinero que ha aportado el Sheldon Adelson, el dueño de la empresa que quiere instalar lo que se ha denominado Eurovegas en España, a la campaña electoral de uno de los candidatos republicanos. En Europa nos encontramos con la circunstancia de que ese apoyo de las grandes fortunas a los partidos o candidatos no puede ser tan abierta, pero continuamente conocemos novedades sobre casos de financiación de campañas electorales con dinero de empresarios, más o menos corruptos, cuyo dinero ampara a unos o a otros. En definitiva, cada uno apuesta al caballo que cree ganador y, lo más importante, que le puede hacer ganador si acaba primero en la carrera electoral. La gran empresa, o la banca, no dona desinteresadamente el dinero a unos tipos que le parecen muy majos o muy honestos. Siempre esperan recibir contraprestaciones, bien en forma de jugosos contratos, bien en forma de leyes que beneficien su actividad o bien en forma de cierta impunidad. A cambio, en muchos casos, estas mismas empresas ofrecen un retiro dorado a esos políticos que tanto han contribuido al bienestar de sus intereses. No creo necesario poner ejemplos. La endogamia entre el mundo del dinero y la política parece bastante obvia en muchos momentos, perjudicando al que debiera ser el dueño soberano de la política: el ciudadano; tanto como individuo que elige a sus representantes, como principal receptor de unas políticas que debieran responder, principalmente, a los intereses de éste y no a los de las grandes corporaciones. 


Antes de concluir me gustaría incidir, someramente, en un aspecto que he citado en el párrafo anterior de pasada: la relación entre la banca y los grandes partidos políticos. La banca, me centraré en nuestro país, que es lo que conozco, concede créditos, préstamos o como queramos llamarlo, a los grandes partidos para que puedan funcionar (entendamos la palabra funcionar como queramos entenderla). Seguramente el amable lector conocerá casos en los que estos bancos han prorrogado sin ningún tipo de gravamen, o condonado, créditos a las agrupaciones políticas, especialmente a aquellas que tienen más posibilidades de acceder al poder, de manera harto sorprendente. Como dije con anterioridad, nadie en la empresa privada hace nada por nada, especialmente en ciertos sectores de la misma, lo que hace surgir la duda: ¿qué consiguen a cambio? A esta pregunta le podíamos diversas respuestas: mantener la burbuja del ladrillo, que tanto beneficiaba a las entidades financieras; no auditar las cuentas de dichas entidades en profundidad; permitir aumentar los márgenes de beneficios con actividades que diversos tribunales y órganos competentes han definido como turbias... Pero como todo lo dicho anteriormente, y todo lo que puedo escribir ahora, son meras especulaciones, no voy a hacer perder el tiempo al amable lector con mis fantasías estivales.
Un saludo.

3 comentarios:

Piedra dijo...

Para mi hay dos problemas, uno la farsa donde una campaña política pasa a ser una campaña de marketing, donde ni se da a conocer el programa político, centrándose en la imagen de una persona o un eslogan. Esto ya es triste, pero el otro problema que creo que es peor, es que la ciudadanía, acepte esta mamarrachada, que seamos tan cretinos y tan incultos políticamente para comprar la moto.

Por supuesto, bancos y grandes fortunas sobornan a los partidos, que no tienen legitimidad ninguna, ya que no representan los intereses del pueblo, sino los de esos capitales.

PD: en la primera foto, donde sale junto al asesino, es una pena que al político que representaba y luchaba por su pueblo, lo masacraran. Es otro ejemplo, de como el capital convierte a alguien que realmente lucha por su pueblo, en un monstruo que come niños y viola ancianas, mientras al títere lo ensalzan como un héroe, hasta que finalmente los chanchullos son tantos que salen a la luz; Pero no pasa nada, su crimen no ha sido tan grave como el de oponerse al expolio de su país por potencias extranjeras.

Carlos Galeon dijo...

Por desgracia, no son fantasías estivales lo que fabrica tu mente, sino putas realidades. Los créditos condonados de la banca a los partidos políticos en España, los podemos constatar, tanto con los casos del Banco Santander en su día, como ahora Bankia y todo el complejo de cajas que la componía, cuyos consejos de administración eran políticos de todos los colores (predominantes unos sobre otros, lógicamente).
Sobre otras donaciones particulares o de industrias, no tenemos nada más que ver quién es el actual Ministro de Defensa y que conseguido a cambio la empresa Instalaza, en la que el señor ministro trabajaba. No hace falta hablar de otros entes menos visibles, como el Opus, del que hay varios ministros, y otros más vaporosos todavía que prestan servicios de tipo transcendental y se mueven en el mundo de los fenómenos paranormales, como es la Iglesia Católica, quien en lugar de dar cobra, por sus servicios a favor de una determinada causa.
Saludos, y un abrazo.

PACO dijo...

Hola a los dos.
Piedra, efectivamente la culpa, en parte, la tenemos nosotros por elegir a los mismos partidos. Aunque el "sistema", incluido el mediático, impulsan a ello. La diferencia entre el político y el ciudadano, es que el primero se aprovecha de su situación, pues, como en el caso de Rajoy, sabe que de lo prometido, nada de nada.
Carlos, efectivamente, Bankia es el ejemplo más palmario de como la política, el sindicalismo, el mundo del dinero... son un todo que sólo miran por sus intereses.
Respecto a los intereses de los políticos y la empresa privada, el ejemplo de Arias Cañete es tremendo, no sólo del pollo de defensa. Pero imagino que si escarbamos encontraremos que todos, de todos los colores, de una u otra manera están relacionados con una industria privada que tras su paso por la política les acogerá con los brazos abiertos.
Un saludo.