lunes, 2 de julio de 2012

SERES HUMANOS TODOS

Los que me conocen saben que el heavy es uno de los tipos de música que me hacen tilín. No descarto escuchar otro tipo de músicas, ni mucho menos, pero para plantear inicialmente el tema que debe dar cuerpo a  esta entrada esta opción sonora, amplificada hasta sus máximos extremos, me resulta muy útil.
Grupos carismáticos de esta tendencia musical han escrito temas en el que el suicidio es el eje central de los mismos. Posiblemente la mejor canción de Metallica, Fade to Black, una de las mejores de System Of A Down, Chop Suey, o la esplendida Inside the Fire, de Disturbed, versan sobre el asunto, de manera explícita y sin tapujos. 
A Metallica el citado tema, grabado hace unos treinta años, le trajo algún problemilla con asociaciones de personas biempensantes. Systema Of A Down no "acertó" con el momento de su publicación, pues la canción, convertida en sencillo, apoyada en un vídeo bastante currado, pegaba fuerte cuando unos locos asesinos decidieron estrellar unos aviones secuestrados contra edificios civiles y militares en EE.UU., lo que favoreció la existencia de un pensamiento monolítico, que no contemplaba cuestiones como el suicidio como parte del nuevo orden imperante (no dudaban en matar a civiles en países extranjero, en torturar a personas consideradas como enemigos, pero el suicidio era un tabú, aunque fuera llevado a cabo por los "heroicos" combatientes patrios). El vídeo realizado por Disturbed para apoyar la difusión de la canción se inicia con una advertencia del vocal del grupo. Durante el pequeño parlamento que realiza el cantante, a modo de introducción, aparece un número de teléfono al que, según creo entender, deben dirigirse las personas que se encuentren en esa desesperada situación (una grandísima idea, ayudar a personas con una fortísima problemática de esta manera).


Ha llegado el momento de dar un pequeño salto, olvidarnos del heavy y hablar un poco de mi experiencia personal, para luego hilvanar, lo mejor que pueda, lo anterior con lo expuesto a continuación, buscando con ello dar sentido a la argumentación con la que quiero concluir la entrada.
Como los seguidores de este blog saben tengo un hijo, un terremoto según le definía alguien de manera cariñosa el otro día. Como suele ser normal mi hijo tiene una madre, mi pareja, que, hasta hace bien poco, trabajaba como Terapeuta Ocupacional. Su especialidad, y el mercado laboral, conlleva trabajar con personas con diferentes problemas fruto de accidentes, enfermedades mentales, demencias... Cuando nació nuestro pequeño la mujer que me soporta ejercía su labor profesional con personas con Alzheimer en un grado no muy avanzado. Desde muy pequeño nuestro churumbel se acostumbró, especialmente en verano, (donde mis vacaciones eran muy largas, mucho más que las de mi pareja, y la falta de tiempo para mi era muy acuciante) a visitar el centro donde su madre realizaba su actividad. Recuerdo como los ancianos mudaban su rostro y su voz, volcando en nuestro hijo toda su ternura, en algunos casos algo inimaginable un cuarto de hora antes de nuestra visita.
Por avatares de la vida mi pareja cambió de centro de trabajo y acabó trabajando en un centro psiquiátrico. De nuevo, ya más mayor, nuestro hijo realizó alguna visita en horario laboral, aprovechando algún hueco de mi pareja, al centro de trabajo de ésta. De nuevo mi hijo entró en contacto con las personas internadas en esas institución, más concretamente con aquéllas con las que trabajaba mi pareja y el resto de compañeras de la unidad donde desempeñaba su labor la persona con la que comparto lecho. Aunque ya con más edad, no llegamos a explicarle con exactitud la problemática de las personas que allí estaban, limitándonos a decir al peque que eran personas que tenían una enfermedad. Nuestro campeón se movía por las salas como Pedro por su casa, mientras las personas que allí realizaban sus tareas, encaminadas a su rehabilitación psicosocial, le colmaban de atenciones. Le preguntaban su nombre, le dejaban pinturas, hojas para garabatear, le querían cerca de ellos... Y él se dejaba querer. Aunque a fuerza de ser honesto, debo reconocer que lo que más le gustaba era el bar; especialmente después de que en su primera visita la persona que lo regentaba le regalara un montón de chuches.


Recuerdo como cuando contaba estas "excursiones" a algunas personas les resultaba difícil entender que nuestro pequeño acudiera a ese lugar. Lo que a su madre y a mi nos parecía algo normal (la única premisa que teníamos, aunque nunca lo habláramos de manera explícita, era la seguridad física de nuestro hijo cuando acudía a cualquiera de los dos centros) a otras personas, en su total derecho, les parecía algo negativo. 
Creo que ha llegado el momento, tras esta narración de una experiencia personal, de mezclar lo escrito en primer lugar y esto último, para intentar llegar a algo que al lector le pueda parecer atractivo y, sobre todo, que tenga un cierto sentido.
El nexo que une la temática de las canciones que abordan el tema del suicidio con las experiencias que he narrado de mi hijo, especialmente los comentarios que jalonaron lo narrado en este aspecto, sin duda alguna es el intento de ocultar una realidad, desagradable para muchas personas, pero que, a pesar de todo, forma parte de la existencia del ser humano y por ende de la sociedad en la que vivimos. Podría hablar de los valores que nos intentan inculcar: el éxito, pisar al de al lado, el trabajo como única forma de realización... pero la negación de una parte de la realidad ha existido antes de que todo ello ocurriera. Sería absurdo negar que también ha existido la solidaridad, incluso entre homínidos anteriores al sapiens sapiens (invito al amable lector a que visite Atapuerca, si no lo ha hecho ya, y le contarán una historia de solidaridad bastante interesante, descubierta gracias a los registros fósiles). Sin embargo, nos encontramos imbuidos, a pesar de considerarnos unos seres muy refinados y solidarios, en una cultura del silencio de aquellos aspectos que se alejan de lo "normal". Los arquetipos, muchos de ellos gestados siglos atrás, suponen una barrera mental infranqueable para muchas personas. El sufrimiento, lo distinto, lo patológico se intenta obviar, como si no existiera y como si nunca nos fuera a tocar a nosotros. La depresión sólo les toca a los demás, el Alzheimer es cosa de ancianos, incluso las consecuencias de un accidente de tráfico como mucho le afecta a algún conocido. Nosotros vivimos en un mundo perfecto en el que sólo cabe la pena hacia aquellas personas que no participan, por lo que fuere, de esa realidad pata negra.


Me gustaría, antes de acabar con una pequeña reflexión, contar una anécdota personal, que al lector puede parecerle digna de un macarra, pero que sigo recordando con mucho cariño. 
Como el lector sabe mi profesión es la de maestro de Educación Especial y yo comencé trabajando en centros específicos (centros donde personas que no pueden utilizar las vías "ordinarias" reciben la educación y el apoyo necesarios para realizar una vida lo más normalizada posible). En mi primer trabajo, que me marcó decisivamente, se encontraba una chica, cuyo nombre no voy a dar, con una grandísima afectación motora, pero con un intelecto bastante bien conservado, a pesar de no poder hablar. Otro de los rasgos de esta persona era su bellísima cara, aún recuerdo sus preciosos ojos azules. Como parte de las actividades del centro de vez en cuando salíamos por el barrio a realizar compras y yo me llevaba, entre otros a dicha chica. No recuerdo como surgió el asunto, pero sí que sigue en mi memoria que especialmente esta adolescente suscitaba mucha "lástima" entre los viandantes de la zona, lo que a ella y a mi nos cabreaba bastante. ¿Cómo remediamos el asunto? Burlándonos de los que se acercaban a expresar su pesar. La cosa consistía más o menos en lo siguiente: alguien se acercaba a "interesarse" por la lamentable y lastimosa situación de la persona  (considerando al ser humano objeto de interés como poco más que una atracción de feria) que iba postrada, o casi (en su caso no podía ir en la típica silla de parapléjico), en una silla de ruedas y yo le susurraba: a por él, o ella, tras lo cual se incorpora un poco y emitía un sonido amenzante, lo que asustaba sobremanera a aquella persona caritativa. Ella se partía de risa y yo me contenía hasta que se alejaba la caritativa persona, visiblemente asustada o, tal vez contrariada. Debo reconocer que tal vez mi labor hubiese sido explicar que ella comprendía lo que le decían y que se dirigiese a ella con total normalidad, pero tras varios intentos de hacerlo, y comprobar que nada cambiaba, desistí y preferí tomar esta actitud macarra, que tanto nos divertía a ambos.
Tras este aspecto oscuro de mi labor profesional, me gustaría concluir con una reflexión que espero pueda interesar al lector. 
Lo que pretendo con esta entrada dista mucho de intentar que la amable persona que lea esto se involucre en proyectos solidarios, si lo hace me parece fenomenal y superará todas las expectativas iniciales que tenía al empezar a garrapatear estas líneas; mi intención no es otra que recordar que existen diferentes realidades, diferentes problemas, que viven otros SERES HUMANOS, y que una patología, un déficit o una discapacidad no les hace menos seres humanos, aunque sus circunstancias vitales no coincidan con lo que tendemos a considerar como normalidad. La compasión o la ocultación, tal vez, sólo tal vez, no sean más que el reflejo de nuestro miedo hacia lo diferente, que en este caso son personas.
Un saludo.

5 comentarios:

Carlos Galeon dijo...

Completamente de acuerdo con la conclusión que has sacado. Es el miedo a esa realidad el que hace que mucha gente la niegue y se aleje de ella. Se proyectan sobre ella y les entra pánico de acabar así en la vejez, por accidente, por enfermedad, o por cualquier otro percance. Creo que el asimilar esta realidad dentro de sus propios límites siempre es positivo, como lo es toda experiencia existencial.
Una entrada muy pedagógica.
Un abrazo.

McVilla dijo...

Hola Paco, hace unas pocas horas que he regresado de Berlin y lo primero que he hecho ha sido sentarme delante del ordenador, introducir toda la información de trabajo que he traído y aquí estoy leyendo tu entrada.
Te felicito, sabes calar hondo y seguro que más de una conciencia habrá recogido tu sentir... y bienvenido se echaban de menos tus palabras. Un abrazo.
Carme.

Juan Carlos Rey De España (suegro enfadado!!) dijo...

Qué bueno el artículo de esta semana!!!. Un abrazo

Piedra dijo...

Nuestra sociedad arrincona sus desechos y sus desechos son todo aquel no apto para triunfar al más puro estilo de jolibud. Se intenta que perdamos la solidaridad, y la empatía, que rompamos nuestros lazos con todos nuestros semejantes, quieren crear psicópatas, que solo se preocupen de ganar y consumir, que solo piensen en sí mismos.
Las grandes ciudades pervierten nuestro espíritu y nos aíslan e incluso nos enfrentan al resto de habitantes, nos convertimos en depredadores y finalmente, esto nos produce ansiedad, tristeza depresión... y es la mayor causa de los suicidios.
La "civilización", es una grave enfermedad de la que no nos libramos.

http://www.youtube.com/watch?v=d7Frq359CmE

PACO dijo...

Hola a todos.
Carlos, como dije cuando cerré tenía ganas de escribir sobre otros temas, como hacía hace tiempo, y este tipo de entradas me llenan más que hablar siempre de los manguanes que ningunean nuestra realidad. La realidad es mucho más amplia, afortunadamente, y creo que merece la pena detenerse algo en esa pluralidad existencial.
Carme, me alegra verte de nuevo por aquí. Me has puesto los dientes largos con tu visita laboral a Berlín. Ya sabes, si necesitas alguien que te lleve las maletas...
Gracias por el elogio y por no olvidarme.
Juan Carlos, y lo que sigue, me acordé de ti cuando escribí la entrada y estuve a punto de citarte por tu labor, pero al final no pudo ser y me centré más en mi experiencia personal. De todas formas, si quieres escribir algo sobre tu experiencia, ya sabes donde tienes un espacio.
Piedra, efectivamente arrinconamos todo lo que no nos gusta, aunque nuestra realidad en muchos casos forme parte de esa realidad desagradable. Todos tenemos cerca gente enferma o con problemas.
Un saludo.