domingo, 9 de septiembre de 2012

RABIA

Vosotros, hijos y padres de la ciénaga moral que intentáis difundir como salvación para todos nosotros os habéis convertido en la lacra que extermina a cientos de millones de personas en nombre de vuestra codicia. 
Vosotros, que difundís la mentira como forma de vida y muerte os habéis convertido en el objetivo a desterrar de nuestras vidas, de las de nuestros hijos, de las de nuestros mayores, que con sus manos agrietadas construyeron todo lo que anheláis derribar para regocijo del poderoso.


Refugiados en vuestra moral, de un Dios que creasteis a vuestra sucia imagen y semejanza, purgáis vuestra infamia en templos construidos con todo aquello que vuestros chamanes decidieron expropiar durante siglos a los que os daban de comer con su esfuerzo diario. 
Nunca os pareció suficiente lo que acaparasteis, aunque para ello tuvierais que aniquilar a vuestros iguales. El presente no os ha cambiado, al contrario, seguís exigiendo vuestro tributo sempiterno a todos aquellos que sólo se afanan por vivir junto a los suyos, viendo crecer a sus hijos, enterrando a sus padres y compartiendo vivencias con los amigos.


Del odio entre personas y países hacéis bandera para seguir engrosando vuestros amorales ingresos, que no entienden de padres de hijos muertos en territorios lejanos y desconocidos o en la propia puerta de su casa, por aquel con el que no ha muchos años era su compañero de juegos. Todo se tiñe de indiferencia cuando se trata de saciar la voraz ansia de acumular un dinero excedente e innecesario, que sólo os aporta la satisfacción de poseer más que ayer, aunque para ello hayan muerto miles de personas en absurdas confrontaciones diseñadas en despachos que jamás conocerán el hedor de la muerte provocada por vuestras armas, según vosotros concebidas para defendernos de un enemigo al que la mayoría no conocemos, ni tenemos deseos de conocer. 


Traficáis con cualquier materia que os pueda enriquecer, desdeñando las consecuencias letales para aquellos a los que vuestras artimañas criminales les provocan la muerte por inanición o enfermedades de fácil curación. Exigís a vuestras marionetas que modelen las leyes a vuestra conveniencia para poder atesorar mayores beneficios que os hagan sentir los más poderosos entre los humanos. Sin embargo desdeñáis algo sustancial: os comportáis como aquellos seres que se encuentran entre la vida y lo inerte, los virus, pues todo aquello que necesitáis para vivir acaba degenerando en padecimiento, en dolor para todos aquellos elegidos por vosotros para poder seguir generando vuestro estilo de vida. El dolor ajeno es vuestra enseña.


Necesitáis esbirros que en nombre de la democracia lleven a cabo vuestras genocidas ideas y no dudáis en aupar a nulidades intelectuales y éticas a lo más alto, buscando arropar vuestra avaricia criminal con una legitimidad pretendidamente política, que forma parte del teatro que promovéis como única forma de vida. Vuestro títeres representan un papel bufo, en el que intentan convencernos de que su prioridad única es la representación y defensa de nuestros intereses, pero todo es una histriónica  puesta en escena, que intenta enmascarar la realidad: los bufones bailan al son de vuestra música, la provocada por el flujo de billetes constante, fruto de vuestra odiosa rapiña.


Alimentáis a hienas en vuestras manos para transmitir el mensaje, el único que deseáis que sea conocido, con la intención de ocultar vuestra sinrazón. Culpáis al débil de vuestros desmanes, tiñendo el desastre generado por vuestra sed infinita de recursos colectivos, con titulares que glosan mentiras convenientes para vuestros intereses. Soflamas que olvidan que la acaparación, vuestro modus vivendi, provoca la muerte, la desesperación y la pérdida de la esperanza. Vuestros voceros, un calco de vuestra forma de entender la vida, no muestran pudor alguno a la hora de mentir, cargando contra el oprimido, contra aquel que no puede pregonar a los cuatro vientos las verdades fundamentales. Quintacolumnistas de la verdad, que revestidos bajo el manto de la palabra libertad, desmontan, letra por letra, todo lo referido a la dignidad humana.


Sin embargo, ni aún así os mostráis capaces de que enmudezcan los ciudadanos que exigen sus derechos, su dignidad,  a los que no dudáis en reprimir de cualquier forma posible: mediante la actuación violenta o la distorsión de lo ocurrido por parte de vuestras alimañas. opíparamente alimentadas por vosotros, con el fin de que vuestros designios se vuelvan verdades indiscutibles. Sabéis que la calle puede ser nuestra arma y os desagrada que alguien plante cara.


No dudáis en crear guerras, apalear ciudadanos, difamar a los mismos o condenar a la muerte, por hambre y enfermedad, para poseer algo más que habéis robado previamente a alguien. Lo divertido del asunto es que moriréis, igual que todos, y en vuestro lujoso ataúd os descompondréis, exactamente igual que todos aquellos a los que habéis despreciado en vida. 

4 comentarios:

Piedra dijo...

Vale la pena hacer lo posible por que ese último momento llegue lo antes posible, de eso también dependen la vida y la felicidad de millones de seres.

PACO dijo...

Hola Piedra.
Ellos y su ideología del terror deberían morir lo más pronto posible. Cualquier demora supone sufrimiento en masa.
Un saludo.

Carlos Galeon dijo...

Ese final filosóficamente estoico, debería de bastar para hacerles entrar en razón, pero curiosamente no entran en ella por el simple motivo de que fueron educados en la Verdad Única, la incapacidad crítica, y el dogma como norma. Son incapaces de razonar. Se dice que a un fascista no se le discute, se le combate. Pues eso.
Saludos.

PACO dijo...

Hola Carlos.
Totalmente de acuerdo contigo, aunque haría una puntualización, matización o ampliación: su Verdad Única, casualmente, les favorece a ellos y a los suyos. Más bien se trata de egoísmo o avaricia.
Un saludo.